Presentación Apostólica en Colonia, Alemania

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Alemania, país del centro de Europa, en el que se encuentra el segundo vástago que Dios le concedió al Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, en el ministerio de la Nueva Era, en la ciudad de Colonia, cuyo nombre debe su origen a Roma, ya que fue precisamente una colonia establecida por el  imperio en el siglo I. Por ello es una ciudad muy antigua que se levantó de sus ruinas después de haber sido devastada casi en su totalidad en la Segunda Guerra Mundial.

Para recibir al Apóstol de Jesucristo, los hermanos prepararon una casa en Troisdorf, a unos 23  km de distancia de Colonia, la misma casa donde se llevó a cabo el primer bautismo, el 5 de junio de 2015, cuando el hermano José Amaya tomó una de las decisiones más importantes de su vida.

El día 12 desde temprano los hermanos se fueron acomodando con sus vestidos blancos y palmas en las manos, esperando el momento que más anhelaban. La celebración fue iniciada por el D.E. Alejandro Cruz quien hizo alusión a algunos momentos bíblicos en los que el pueblo recibió a  un mensajero de Dios y que ahora Alemania se unía a ese regocijo que hacía vibrar el corazón.

Eran las 10:24 de la mañana cuando comenzó a desbordarse la alegría con la llegada del apóstol, quien invitó a la iglesia a dar gracias en una oración, después de la cual los hermanos comenzaron a entonar su alabanza que tenían preparada:

“Alegría hay en nuestros corazones. El apóstol del  Señor aquí está. Ya no separan aguas ni distancia. Le contemplamos ya aquí en este lugar”

El coro final lo entonaron en alemán, expresando que le amaban de todo corazón. El ministro encargado de la iglesia, hermano Moisés Carmona, manifestó en nombre de todos los hermanos de Alemania, el gozo de recibirlo, externando que la iglesia era la casa de él.

Saludo apostólico

Que la bendita paz de Dios repose en el corazón de sus hijos aquí en Alemania y que la comunión de su hijo Jesucristo sea manifiesta en vuestras vidas. Llego hasta este país por primera vez y mis pies se posan en este lugar como un testimonio de la obra de Dios…  Representáis entonces. hermanos de Alemania, la puerta a la evangelización universal y el cumplimiento del deseo divino”.

Expresó el amor entrañable que sentía hacia la Iglesia, por lo que había anhelado en el corazón estar con ellos para decirles y hacerles ver que no estaban solos, que los miraba con la misma esperanza con la que el labrador mira  los primeros brotes de su sembradío, porque sabe que aquél verdor representa un grande fruto, y espera con paciencia a que se llene su campo. Con esa misma esperanza se presentaba ante un campo fértil, el cual sería muy pronto Alemania, que sería bendecida por el Señor.

Solicitó entonar la alabanza 174, aludiendo a los hermanos, cada uno de los cuales era una hermosa flor de ese huerto especial que exhala un perfume agradable para Dios. Resaltó las palabras de la estrofa tres:

“Hoy el pueblo que Jesús ha redimido, da aleluyas…” indicando el linaje del cual desciende la iglesia, la cual alaba a su Señor conforme lo demanda él, en perfecta adoración.

El canto también alude a otra situación a la que dijo, todos los escogidos para esta gracia, se van a enfrentar: “Y tendrá que vencer al enemigo…”, porque nos enfrentamos al principal enemigo de Dios cuyo trabajo es hacernos caer, pero si confiamos en Jesucristo vamos a vencer. Ese es el comienzo de nuestra labor, expresó y alentó a la Iglesia de Alemania, los cuales- repitió- no estaban solos ya que tenía preparado un batallón de 25 jóvenes para enviarlos a estar con ellos,  su estudio del idioma era lo suficiente para venir a recoger la mies y acompañar a los hermanos. .

La identidad del pueblo de Dios

Ante de comenzar con su disertación, hizo dos afirmaciones importantes. Primero: manifestó el llamamiento que Dios había hecho en él como Apóstol de Jesucristo para estar al frente de la hermosa iglesia del Señor: “Aunque tu principio es pequeño, tu postrer estado será muy grande conforme a las promesas que Dios ha dado a su iglesia, desde la Restauración de la misma en el año de 1926. Pueblo numeroso al que va a multiplicar como las estrellas de los cielos y la arena del mar, pues a sí Dios lo manifestó”.

Segundo: debido al lugar que Dios le dio, sintiendo esa responsabilidad, consideraba su deber sagrado asegurarse de que el crecimiento en la Iglesia no solo fuera en cantidad, sino también en calidad. Que el crecimiento sea firme, para preparar un pueblo propio y celoso de buenas obras.

Por ello la importancia del tema, que es una de las responsabilidades del apostolado, de  formar a Cristo en cada hermano, porque eso es lo que define la identidad del pueblo de Dios, o sea, tener los rasgos de quien ha sido el medio de llegar a Dios, Jesucristo. Y si decimos ser seguidores de él, tenemos que tener los rasgos, su figura formada en nosotros.

“Veo a mi hija pequeñita de Alemania, tan frágil y tan tierna, que deseo que su crecimiento sea encaminado para Cristo”, externó su propósito de que tanto en ellos como los de Bélgica y Guinea, se parezcan a Cristo, que sea dibujada su silueta en ellos, que sus rasgos sean los de él, porque la Iglesia le pertenece a Cristo; él como Apóstol, es el enviado,  porque eso significa apóstol, el discípulo que viene anunciar al que le colocó enfrente de su Iglesia para cuidarla, para prepararla para el encuentro eterno con su Señor.

Citó el libro de Jonás 1:8… decláranos… qué oficio tienes, de dónde vienes, cuál es tu  tierra y de qué pueblo eres… le preguntaron aquellos hombres a Jonás: “Soy hebreo y temo a Jehová”.

Se identificó a pesar de que sabía que por él estaban pasando los males que sufrían  en la embarcación al tratar de huir del Señor, no se avergonzó de su origen, ni de sus raíces ni de su identidad. Origen que estaba en Dios, el creador de todas las cosas. La identidad en el cristiano, dijo, es tema de suma importancia porque para él  representa el nacimiento, la perseverancia, el crecimiento, el desarrollo y el fruto de la iglesia.

Si el hermano tiene presente su identidad, no importa a donde vaya, con quien se encuentre o su circunstancia,  no olvida su origen,  y se identifica con Cristo, su apóstol y los santos. Tener clara la identidad es saber y entender a qué pueblo pertenece, de quien proviene y donde están sus raíces.

Lo contrario es aquel que olvida, no entiende sus objetivos, y vuelve prontamente la espalda a Dios y a sus enviados dejándose llevar por la corriente de este mundo.  La identidad a que se refiere, explicó, no son las raíces humanas relacionadas con el país donde nacimos, sino  a una raíz mayor que inicia cuando bajamos a las aguas del bautismo,  que es cuando Dios nos identifica como sus hijos: He allí mi hijo en el que tengo mi contentamiento.

Recalcó que sin importar lo que fuimos antes de ser adoptados, los pecados son sepultados junto con el viejo hombre y  emerge un nuevo ser, en el que se forma la nueva identidad, la que debemos conocer para valorar.

Como ejemplo, para tener en cuenta cuál es el lugar que tenemos, esa marca que nos distingue de los demás, leyó en 1 Pedro 2:9: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”.

El Espíritu de Dios nos coloca en un lugar especial: nos vio solos, sin esperanza, y se apiadó y nos dio una hermosa identidad después del bautismo. No es creer y hacer cada quien su voluntad. Creer en Cristo es recibir esa identidad que nos da el parecido con él, por eso el linaje, escogidos por Dios, por lo que no fue casualidad que llegáramos a la iglesia. Remarcó que somos de una estirpe de lo más sobresaliente, como en lo material son los reyes, figura emblemática y destacable de la cual muchos quieren participar por los beneficios que disfrutan.

Nosotros no somos hijos de cualquier rey de este mundo humano, cuyo poder tiene límite,   sino hijos del rey de los reyes, el rey del universo, sangre espiritual que corre por la fe.  Realeza más hermosa que puede existir. Estirpe real dedicada a su servicio. Santificados en él. Al salir de la pila bautismal salimos transformados, no en lo material pero santificados en el amor y la sangre de su hijo que nos ha purificado.

Refirió que la razón por la que Dios nos elige y nos hace de un linaje escogido, de una alcurnia alta, consagrado para el servicio de Dios, es que anunciemos las virtudes de aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Es una responsabilidad, una respuesta de gratitud que le debemos a Dios. Abrir nuestros labios para hablar del amor de Cristo, de su perdón, de su misericordia y beneficios de los cuales somos testigos.

Vosotros que en otro tiempo no erais pueblos, nos recuerda el apóstol Pedro. Fuimos abarcados en la gracia cuando Israel no aceptó al hijo de Dios y por ello el Señor les dio la espalda abriendo el camino para toda la humanidad:

“Para que todo aquel que en él crea no se pierda, más tenga vida eterna”

Y a aquellos que se negaron, el Señor les dijo que no lo volverían a ver “hasta que digáis: bendito el que viene en el nombre del Señor”. Si quieren volver a tener la adopción de Dios, hasta que reciban, acepten y den bendiciones al que viene en su nombre, la tendrán de nuevo.

Recordó el Apóstol que nuestra situación era semejante a la de Cornelio, quien a pesar de ser un hombre bueno, conforme a lo humano, que tenía obras de generosidad y de oración, él y su familia,  le faltaba recibir al Señor, porque creer en Dios  no es solo decirlo de palabra, es recibir de Dios una identidad. Y aun con sus obras Dios no le  podía responder, ni beneficiar porque no lo identifica como su hijo suyo, sí criatura de Dios como todos los hombres pero faltaba  la identidad de hijo. Pero lo hermoso es que a Cornelio le tocó vivir en tempo aceptable, en días de salvación, así que el ángel le dice a quién debe ir a buscar para que le enseñara lo que necesitaba.

No ocupaba más buenas obras para que Dios le respondiera, sino recibir al que Dios había enviado, porque  la regla de Dios es esa: “Creer en el que Dios ha enviado”. El cual le guiaría en lo que era  necesario para su salvación, identidad que solo un enviado, como representante de Cristo, puede hacer. Señaló que no solo es creer sino también es obrar, imitar, obedecer, seguir las pisadas del Señor.

Y viene la súplica del Apóstol a la responsabilidad que adquiere todo hijo de Dios, porque nos recuerda que también, al ser adoptados, no convertimos también en extranjeros porque ya no pertenecemos a este mundo, con una nueva ciudadanía y una nueva esperanza.

“Os ruegos como extranjeros y peregrinos que os abstengáis de los deseos carnales que batallen contra el alma”

Nuestra identidad lleva consigo que sepamos que no pertenecemos a este mundo, que no hay nacionalidad humana, aunque respetamos las leyes de cada país, por enseñanza de Cristo que no interfiere en las leyes de ningún país. Dad al César lo que es de César…

Sin arraigarnos a nada de este mundo, porque desnudos nacidos, desnudos morimos, nada de los material podemos llevarnos.  Ilustró el caso de los reyes egipcios que eran enterrados con toda su riqueza y ahora la tumbas han sido saqueadas desde hace mil años. Quien disfruta los beneficios ni siquiera es la familia.

La distinción en la cual hemos sido marcados nos hace que añoremos, ya no lo material, sino lo espiritual, por lo cual tendremos que batallar para quitar todo lo carnal. Tener los rasgos de nuestro padre como es la santidad.

En algunos lugares donde la Iglesia es más abundante ya los hermanos son identificados, lo que anteriormente no había sido así, eran apedreados y marginados, agredidos, todo lo contrario a hoy en que la Iglesia ha sido reconocida. Pero advirtió que el enemigo buscará la forma de hacerlos caer, porque el mundo sí sabe lo que hace un hijo de Dios, su conducta, su forma de obrar y de vestir. Nos hizo reflexionar en lo que hubiese sucedido si Cornelio no hubiera hecho caso en llamar al que le dijo el ángel.

El que a vosotros recibe… Pero al que vosotros desecha, a mí me desecha

Les recordó a los hermanos de Alemania la situación triste con los judíos en el holocausto, cómo fueron cruelmente perseguidos y asesinados y aunque sin duda clamaron al Señor, ya no les respondió porque el conducto para llegar a él es su hijo, y para llegar a su hijo,  tienen que ir al que lo represente en el mundo. Pero aun con el sufrimiento que tenían, no se avergonzaron de sus raíces,  ni de su identidad, prefiriendo morir que renegar de su origen.

Así es el consejo para nosotros, sentirnos orgullosos de nuestra propia identidad sin avergonzarnos de ella aunque padezcamos hasta la misma muerte, ya que sabemos que nuestra vida no termina en este mundo.

El Apóstol Pablo nos acuerda en la carta a los Filipenses, mencionó,  que nuestra ciudadanía está en los cielos de donde también esperamos al Salvador, al Señor nuestro Señor Jesucristo.

Yo soy un ciudadano de la ciudad eterna

Este mundo va a perecer, en la historia muchas de las ciudades alemanas fueron arrasadas por la guerra, en contraste nuestra ciudad es eterna y no se destruye porque la ciudad es nuestro mismo Dios.

Mencionó la triste situación de aquel que pierde su identidad, perder sus principios, como le pasó al pueblo de Israel, de ser una familia descendiente de profetas, hombres de Dios, se olvidaron de Jehová, de lo que sus padres les habían enseñado. Caen en esclavitud cuando Dios los dejó, de ser una familia de privilegios, cuando llegaron con José, viviendo con honra, prosperidad y gloria, se convierten en un pueblo de esclavos, cuando olvidaron su identidad. Llegó una generación que no conoció a José, olvidando su origen. Como sucedió en Jueces 10 en donde también surgió otra generación que no conoció a Jehová ni la obra que había hecho por Israel.

Volviendo a sus principios es como volvieron a congraciarse con Dios.  Era un pueblo que olvidaba fácilmente, por ello Dios les dio una ley severa.

El consejo de prevención para la iglesia es que nos cuidemos del mundo, el cual sigue su propio camino de libertinaje y en  medio del cual estamos como lumbrera, para que conservemos la identidad, la pureza y santidad que Dios nos ha dado. Recordó que la identidad, más que un conjunto de rasgos que distinguen a las personas, en lo espiritual es una forma de vida.

En Jueces 13:2, cuando el ángel le anuncia a un matrimonio el nacimiento de un hombre de Dios que iba  a ser juez y defensor de Israel, le da indicaciones particulares  a la mujer por la bendición que Dios le estaba otorgando. El padre oró al Señor para que el ángel regresara a enseñarles cómo debían de hacer.

Recalcó de nuevo que el servicio a Dios es conforme a los que Dios quiere, no en nuestro capricho. Se doblega el hombre agradecido, como el Apóstol Pablo cuando sintió el llamado de Dios: “¿Qué quieres que yo haga?”. Barro en tus manos yo quiero ser…. dice el canto. Hermosos ejemplos de quien sabe someterse a la voluntad de Dios

En cambio, los fariseos se enorgullecían de ser linaje de Abraham, pero Cristo fue enfático: “Si fuerais hijo de Abraham, las obras de Abraham harías”. Porque sus hechos, su comportamiento, su actitud,  su conducta, su corazón, decían otra cosa.  Y al Señor, con sus milagros y obras procuraban matarle.

Despedida

Exhortó a la Iglesia que sigan el camino de Dios, en la enseñanza traída primeramente por el hermano Aarón, luego por el hermano Samuel y ahora por él,  enseñanza que avala el testimonio de los apóstoles antiguos, en la que se predica un evangelio que nos incita  apartarnos de la vana forma de vivir del mundo. Y esto no significa pensar, como el mundo lo cree,  que la santidad se lleva a cabo retirándose en un lugar apartado. Al contrario, si somos luz tenemos que alumbrar en medio de la oscuridad.

En la plegaria del maestro, sus palabras al padre: No te ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal. “He aquí una iglesia limpia, he aquí una nación santa…un pueblo adquirido por Dios… unos hijos verdaderos de Dios… no que  por palabras, por hechos, por obras, porque vuestras obras dan testimonio que son hijos de Cristo”, nuestro hablar, vestir, andar nos identifica como un verdadero hijo de Dios.

“Vosotros que vais empezando en este camino- se dirigió a la iglesia de Bélgica, Guinea y Alemania-, aprended de esta palabra, no os avergoncéis, sentid ese orgullo que sienten los verdaderos hijos de Dios y manifestadlo por medio de vuestro su testimonio, de vuestro obrar, de vuestra vida. Para que los hombres al ver vuestra vida,  glorifiquen a nuestro Dios y digan: ¡verdaderamente son hijos de Dios!”.

Exhortó con las palabras de la alabanza 462, “Quiero seguir las pisadas del maestro”, para que sirvan de reflexión como parte de la enseñanza. Después de su oración se despidió de la Iglesia en general pero saludó  a cada hermano personalmente, a cada uno de los cuales les dio palabras de aliento y bendición, dedicándoles toda su atención, aun a las personas que nos honraron con su presencia.

Por la tarde, en el servicio de adoración, estuvo presente el apóstol de Dios, acompañando a los hermanos en sus cantos. La iglesia de Alemania ofreció una alabanza de agradecimiento a Dios y a su apóstol, por ese hermoso día en el que disfrutaron de las caricias del amor paternal en su siervo.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.