El Apóstol de Jesucristo inicia la decimotercera etapa de la Primera Gira Universal con su presentación en Seattle

(Coordinación de Crónica Apostólica) — “Sois una joya en la corona del apostolado, gloria, triunfo y victoria de Cristo y de Dios”, expresó emocionado el Embajador del reino de los cielos, en su salutación a la iglesia de Seattle, Washington, que lo alegró porque no la encontró durmiendo ni la vino a despertar. Citó Cantares 8:4, al ocupar su ministerio en el Centro de Conferencias del Hotel Hilton, que esa memorable mañana se cimbraba con los efusivos ¡glorias a Dios!, que voz en cuello pronunciaban los congregados en el recinto.

Efectivamente, desde temprana hora los cientos de hermanos, hermanas, jóvenes y niños llegaban presurosos al lugar, unos para conocerle, otros para recibir su mensaje y la mayoría para ser bendecidos con los dones que los Siervos de Dios traen consigo, pues como padre de la fe, ciertamente venía cargado de presentes espirituales, que esa mañana derramó en los invitados dejando una estela de bendición y gracias que quiso brindarles a sus hijos que Dios le ha dado, quienes le recibieron entonando un cántico de bienvenida, después del cual los invitó a adorar a Dios diciendo: “¡No a nosotros, oh Jehová, sino a su nombre sea la gloria y la alabanza!

El pastor evangelista Eliezer Gutiérrez presidía la consagración y aún no leía el Salmo, cuando se presentara el Ungido del Señor, que después de depositar en Dios y en oración, la gloria propia y de la iglesia, invitó a adorar a Dios entonando el himno 270, “Iglesia santa, mansión de luz y vida, tienes de Cristo abundante bendición”, gozo que el Apóstol experimentó exclamando que el sentimiento de orgullo y de amor a Cristo era recíproco, lo cual le produjo una gran emoción al corroborar que en esa gratitud y reconocimiento al Señor, Dios fundía a la iglesia con la Elección, sublime conjunción que dijo, “se ha venido produciendo desde el 6 de abril de 1926 en que tanto su apóstol como la iglesia se mantienen fieles a Dios haciendo vigente el compromiso de servirle valorando el sacrificio de su hijo Jesucristo. Se expresó así al ver presentes a numerosas visitas, producto del trabajo, a quienes agradeció la oportunidad que se daban de ir a escuchar palabra de Dios “…Yo también tengo una encomienda de Dios, de transmitir el evangelio, aseveró categórico.

 

El compromiso de la iglesia La Luz del Mundo

La Luz del mundo, no es un título teórico, sino una misión, por ello su enseñanza de este día, que dirigió a la Iglesia Universal, se centró justamente en el compromiso de la iglesia, que siendo La Luz del Mundo, después de haber comprendido y recibido al que Dios ha enviado, “su deber es anunciar el evangelio, como la mujer samaritana cuando entendió que el Señor Jesucristo era un profeta, lo creyó y lo divulgó, así ustedes tienen la encomienda de predicar el evangelio y decir que hay apóstol en la tierra, para fortalecer la fe, para llevar la luz del conocimiento a la gente” (Hechos 13: 47) compromiso que aseguró categórico, le asiste al pueblo del Señor, incluso a su Apóstol, por ser el guía de los hijos de Dios, llamado para anunciar el evangelio y enseñar a adorar a Dios. Para ratificarlo citó la primera epístola de Pedro 2:9, <Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro tiempo no habías alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.> bendición que a él le tocó y desde aquel 14 de diciembre de 2014 asume con gran responsabilidad invitando a la iglesia a unirse a los proyectos que harán realidad la proyección y expansión de la obra de Dios, prometida en memorable coloquio entre el Señor y su elegido Naasón Joaquín.

 

Ser luz del mundo es una responsabilidad, un compromiso

Insistió que “ser Luz del mundo, no sólo es el nombre de la Iglesia, sino el compromiso de ser luz del mundo, por ser hijos de Dios, por ser nación santa, pueblo adquirido por Dios, no por obras, ni por nuestros hechos, sólo por el amor de Dios que nos quiso llamar a vida eterna, por la fe y palabra de un apóstol y que haciendo uso del libre albedrío, escuchamos su voz y le seguimos para hacer su voluntad, aunque algunos, como el joven rico, no quieren seguirle, (Mateo: 19:21) porque es mayor el amor a sus bienes”, por ello el Señor Jesucristo llegó a afirmar que era más difícil la conversión de un rico, mas no imposible.

Los que reciban el evangelio, -aseveró el Apóstol,- estarán recibiendo a Jesucristo, al que santifica y dignifica, “porque vean el lugar que les ha dado Dios por la fe en su hijo.” Destacó que antes del llamado del Señor “éramos miserables, vivíamos vacíos y sin un propósito, ni esperanza en un más allá de la muerte, pero aquellos que no éramos nada, fuimos iluminados con la fe y enriquecidos con la luz del conocimiento, por el que hoy sabemos que hay un enviado de Dios y que Dios nos dio un linaje ilustre,” dádiva que exhortó a no olvidar recordando el inicio, cuando Dios los apartó, los escogió y les dio leyes y mandamientos para ser descendencia de una familia noble, de un linaje especial, para ser del real sacerdocio:< Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable> (1a. de Pedro 2:9)

Aclaró que por la fe en Jesucristo, además del compromiso de ministrar su palabra, les hizo hijos de Dios y coherederos con Cristo, por ello hoy la iglesia universal es una nación santa que tiene una ciudadanía celeste, no obstante que este pueblo fue comprado y adquirido a precio de sangre: “nos rescató, nos redimió por su sangre para un propósito y para establecer un compromiso, el de anunciar el evangelio, por medio del cual Dios manifiesta su poder transformando la conciencia y haciendo la obra perfecta de creer en el que Dios ha enviado, fe y testimonio del poder de Dios al llamar de todos los estratos, incluso de lo peor del mundo, pero no para seguir siendo igual, sino para transformarlos en lo mejor, en hombres y mujeres comprometidos con Dios

 

El verdadero compromiso de la Iglesia

Insistió el Siervo de Dios, en que el verdadero compromiso de la iglesia es anunciar las virtudes del que los llamó al camino del Señor, ser como aquel ciego a quien el Señor Jesucristo dio la vista y cuando le preguntaban, quién le había hecho la maravilla, confesaba que el Señor Jesús, aunque le exigían, ¡tú dale gloria a Dios!

Al referirse al compromiso que la iglesia asume con Dios, explicó ampliamente el Apóstol Naasón Joaquín, que esto implica dedicar un tiempo del que Dios nos da, expresamente para anunciar el evangelio, para dar a conocer la doctrina del Señor a los amigos que aprecies, a los compañeros de escuela o de trabajo, a los familiares, porque la doctrina del Señor es para todos y Dios desea que todos sean salvos, afirmación para la que citó la 1a. epístola a Timoteo 2:4 <El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad>.

Así que anunciemos, reiteró el Apóstol, “no ocultemos la verdad del evangelio y lo que Dios hizo con cada uno, hablarles sin ser hostigosos, porque aceptar el evangelio es una acción voluntaria y libre, aunque sea un deseo de Dios que se anuncie, mas no todos han de recibirlo; pero que no digan, ¡nunca me hablaron de Cristo!” De igual manera insistió en la responsabilidad del que recibe y pasa a formar parte de la iglesia, ¡que le constriña el dolor de su vecino, de sus amigos y de sus familiares y les prediquen! Para cumplir la encomienda exhortó a aprovechar la amistad y el parentesco, a compartir para que otros se salven.

“Tenemos que dar testimonio, por eso yo, Naasón Joaquín, te vengo a decir, ¡iglesia universal, no te avergüences de dar testimonio a tus familiares y amigos! y si no te aceptan, respetemos, pero nosotros quedaremos libres de la responsabilidad de haber anunciado no sólo al pobre, sino al necesitado como el de la casa de César, al noble de espíritu, a todo el que esté triste y acongojado… ” “el que acepte voluntariamente será salvo, si lo hace en uso del libre albedrío… a nosotros sólo nos corresponde anunciar las virtudes de Cristo y Dios es el que ablanda los corazones…” (Aquí el Siervo de Dios mencionó el testimonio de un hombre que secuestró al hijo de un hermano y cuando le iba a dar muerte, se arrepintió y lo dejó en libertad, porque se dio cuenta que era miembro de la iglesia la Luz del Mundo. Cuando esto ocurrió le dijo al hermano que no le agradeciera el perdón al él, sino al Apóstol, el único que en Acapulco había orado por ellos).

 

Misión de los siervos de Dios

En cumplimiento de la encomienda imperante del Señor, el Embajador de Cristo explicó que también él predica, no sólo a la iglesia, sino a los diplomáticos y a los que están en eminencia, para que apoyen la apertura de la evangelización. Así mismo agregó: “los exhorto a tocar las puertas, a hablarles a los seres queridos, a darles a conocer que muchos de ustedes eran viles e indignos, mas Cristo los salvó…” “No le falles al Señor, anuncia sin ser enfadoso respetando siempre al que no quiera escucharte, sólo díganle: permíteme decirte que pertenezco a la iglesia La Luz del Mundo y que hay un Apóstol de Jesucristo aquí en la tierra. Si das testimonio diles que el evangelio es poder de Dios que transforma los corazones…porque el que no anuncie estará limitando con su silencio, el cumplimiento de la promesa.”

 

Dar testimonio de la fe

El Ungido de Dios espera que la iglesia asuma el compromiso de llevar el mensaje de lo alto y que trae salvación, ¿cómo hacerlo? dando testimonio, que cada hermano o hermana dedique una hora o un espacio de su tiempo, para anunciar dando razón de la esperanza y de lo que Dios hizo en su corazón, que recuerden como creyeron después de comprender la palabra y el camino que les predicaron y con esa experiencia personal den a conocer la luz del evangelio, “para que se con viertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios, para que reciban por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”, mas es necesario que se arrepientan y se conviertan a Dios haciendo buenas obras, enfatizó el Apóstol.

En este tenor destacó que en tiempo de los apóstoles, la palabra también llegó a los poderosos, ejemplo de ello fue cuando Pablo relata su conversión ante Festo, Berenice y Agripa, a quien trata de persuadir para que se convirtiese, según se relata en Hechos 26:17. En aquella ocasión el Apóstol responde a Festo que no está loco, sino que habla palabra de Dios y de templanza, con la que casi convertía al rey Agripa, quien creía a Pablo, pero se resistió a la palabra que ya estaba penetrando en su corazón. “Como Pablo -afirmó el Varón de Dios- yo también he hablado con gobernantes, senadores y embajadores que se gozan en su alma, me dicen que me creen y entienden pero sus compromisos les impiden abrazar la fe, conversión que espero Dios haga en el corazón de ellos, porque todo el que crea en Jesucristo, Dios le abrirá la puerta de la salvación…”

Respecto a la expresión de “Mi tiempo ha llegado”, explicó que “se refiere a la oportunidad que Dios está dando porque quiere que todos se salven, significa que la bondad de Dios se ha manifestado, significa que la puerta de la misericordia está abierta, significa que sigue habiendo perdón de pecados, significa el compromiso para la iglesia de anunciar las virtudes de Dios, significa que veremos grandes manifestaciones… yo creo en su poder y su palabra es poder.”

Para concluir se dirigió a las visitas que acudieron a escucharle, a quienes les pidió con todo respeto, que se dieran la oportunidad de conocer a la iglesia y la doctrina, “que no se basa en milagros ni en sanidades que son añadiduras, sino en preciosas promesas para la trascendencia, estas promesas son el eje central del evangelio en La Luz del Mundo y las predican auténticos ángeles de luz, ángeles que ciertamente irán con sus compañeros, amigos y familiares para anunciar al Señor y su evangelio… Esos ángeles sois vosotros, los hijos que Dios me ha dado…”, y a quienes invitó a entonar el himno 38 para refrendar el compromiso con Dios de predicar el evangelio, de compartir la fe y dar testimonio del poder de Dios, que abre el corazón de las almas que escuchan.

Se despidió de la iglesia universal y de los hermanos de Seattle asegurando que las maravillas que se han suscitado en su ministerio, sólo son el inicio de las grandes manifestaciones del poder de Dios, que se verán en la Iglesia del Señor.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.