En apoteósica reunión, el Apóstol de Jesucristo ordena nuevos obreros en San Salvador

«Solamente hay una voz: ¡Adelante!», consigna apostólica

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 9 de septiembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, desde el Ecosantuario de San Salvador —ubicado en el kilómetro 14.5 de la Carretera Panamericana—, dirigió un mensaje a la juventud centroamericana, en el marco del Congreso de Formación Internacional de Misioneros, celebrado simultáneamente en los siete países de Centroamérica.

En este tenor, cabe recordar que el pasado mes de agosto, en el marco de la Santa Cena en Guadalajara, el Apóstol de Jesucristo expresó su deseo de estar presente con la juventud de la Iglesia para invitarla a integrase a los batallones espirituales y salir a la Obra espiritual: en México (en Amozoc, Puebla), en Estados Unidos (Houston, Texas), en Colombia (Bello, Colombia), y en la República de El Salvador (Ecosantuario, San Salvador). Dios le inspiró que fuera en este último país donde iniciara la primera de sus presentaciones con la juventud de la Iglesia Universal.

Desde el inicio de su ministerio (8 de diciembre de 2014), el Apóstol del Señor se ha reunido con la juventud de la Iglesia: en Bello, Colombia (12 de febrero de 2015); en Silao, Guanajuato (del 6 al 10 de mayo de 2015); en Amozoc, Puebla (12 y 13 de noviembre de 2016); en Houston, Texas (26 de noviembre de 2016); en San Pedro Sula, Honduras (5 de febrero de 2017)… Así como, desde inicio de su ministerio, antes y después de las caminatas juveniles en Guadalajara, Jalisco (Bethel, Hermosa Provincia, Glorieta La Minerva), donde, invariablemente, ha invitado a los jóvenes a escribir una nueva historia: ser parte de los batallones espirituales, en quienes Dios cumplirá su promesa: «¡Naasón, ¡tú estarás al frente de este grande Pueblo, y si hoy lo ves grande, yo lo voy a multiplicar aún mucho más!»

Procedentes de las zonas Oriente y Occidente del país, los jóvenes salvadoreños estuvieron presentes desde temprana hora en el recinto sagrado. A las diez de la mañana inició la consagración previa a la presentación apostólica. El hermano P.E. Uzziel Joaquín fue el encargado de presidir el citado culto.

 

Salutación apostólica

El reloj marcaba las 10:48 de la mañana, el Embajador del reino de los cielos ingresó al Ecosantuario. La iglesia congregada no pudo contener la gozo espiritual que embargaba sus corazones, al contemplar entre ellos al Enviado de Dios, quien viene en el nombre del Señor. A su paso por el pasillo, el Apóstol saludó a los jóvenes y les dirigió palabras sencillas pero llenas de virtud: «Ustedes son mi fuerza», «Seamos parte de esta bella historia», «Adelante, sin temor», «Dios los bendiga»…

Este día quedaba registrado en los anales de la historia, la segunda visita del Apóstol de Jesucristo, desde el inicio de su ministerio (la primera visita apostólica tuvo lugar del 9 al 24 de octubre de 2015, en el marco de la Cuarta Etapa de su Gira Universal).

En su trayecto al ministerio, lo acompañaron 12 pastores: P.D. Ramiro Hernández, P.E. Rogelio Rojas, P.E. Joel Herrera y P.E. Juan Peláez; y de la República de El Salvador, los hermanos P.D. Abner Pardo —Pastor Jurisdiccional del país—, P.E. Julián Acevedo, P.E. Manuel Cortés, P.E. Raymundo Braun, P.E. Aristides Navarro, P.E. Juan Antonio Villalobos, P.E. René López y P.E. Reynaldo Herrera.

Al llegar a su ministerio, invitó a elevar una plegaria al Creador: «Démosle la gloria a Dios». En un instante, el Ecosantuario fue el epicentro de un avivamiento espiritual. El Coro de Jóvenes de San Salvador, con su vestuario blanco —al igual que el resto de los jóvenes y señoritas—, entonó la alabanza «Bienvenido seas, oh embajador», a la que se sumaron los más de cinco mil jóvenes, incluidos los de los seis países centroamericanos que, a través de internet, se enlazaron a la presentación apostólica.

Luego de escuchar el canto de bienvenida, el Apóstol del Señor se dirigió a la juventud centroamericana: «A todos los hijos fieles que Dios me ha dado, y que con vocación, gallardía y honor espiritual hoy se reúnen con su Hermano en este hermoso Ecosantuario. Asimismo, saludo a los jóvenes que, aunque físicamente no están con nosotros, en espíritu estamos unidos como un solo hombre. Jóvenes de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y Belice: la paz de Dios sea con vosotros. Con mi espíritu inflamado de vuestra valentía y la firme decisión de servir a nuestro Dios, os saludo con las palabras que mencionaba Moisés: ‘Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud. ¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido!’» (Deuteronomio 1: 10-11).

 

La Elección y la Iglesia, unidos por una misma fe, amor y destino

Al escuchar el saludo y la palabra apostólicos, los jóvenes y señoritas levantaban su mano derecha y exclamaban semejantes expresiones de júbilo, mientras sus mejillas se apreciaban humedecidas. Provenientes de los 14 departamentos de la República de El Salvador, los futuros misioneros, quienes se cubrían bajo la sombra de distintos árboles —ficus, mango, bálsamo, laurel de río, entre otros—, escuchaban con suma reverencia el mensaje de su guía espiritual, el Apóstol Naasón Joaquín.

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo expresó: «Mi alma engrandece a Dios y mi corazón ensalza su misericordia por ver la respuesta a esta convocatoria, pues estáis seguros que la Palabra de Dios que sale de la boca de su Hermano Naasón es como una espada de dos filos, que ha traspasado sus corazones y los ha fundido con el mío, de manera que hoy somos como un solo hombre. A la Elección y a la Iglesia nos une la misma fe, el mismo amor, y el mismo destino, que es nuestro Señor Jesucristo», afirmó categórico.

Y añadió: «Sé que muchos de vosotros no estuvisteis físicamente en agosto en Hermosa Provincia; sin embargo, habéis escuchado el llamado de su Hermano Naasón y, mas allá de la presencia física o de la voz material, Dios ha tocado vuestros corazones con el Manto de la Elección… Y ante el llamado de Dios que dice: ‘¿A quién enviaré?’… vosotros habéis respondido como un solo hombre y con toda seguridad decís: ‘¡Heme aquí! ¡Envíeme a mi’».

 

El Apóstol de Jesucristo faculta a los jóvenes misioneros: «He venido para darles autoridad y poder»

En este tenor, el Apóstol del Señor expresó: «Este día he venido a enviar mensajeros a todo el mundo, a darles autoridad y poder para que en el nombre de Jesucristo, y por la Palabra del Evangelio que me ha sido confiado, anunciéis salvación, perdón y vida eterna a las almas. Este es el Evangelio eterno que yo os mando que prediquéis por todo el mundo, porque así lo dice la Palabra del Señor: ‘¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?…’ (Romanos 10: 15). Yo te envío, pues, a que lleves este hermoso mensaje.

«A todos los que obedezcan mi voz, y a los que me han recibido como Apóstol de Jesucristo, yo les digo: ‘Vosotros diréis cuando lleguéis a aquellos lugares: ‘Soy enviado por un Apóstol de Jesucristo a dar testimonio de la vida eterna, a anunciar las buenas nuevas de salvación y a proclamar que en la tierra hay un Pueblo de Dios que está presente: la Iglesia de Jesucristo’».

Luego de la salutación invitó a cantar el himno n. 527, «Soy soldado de Cristo el Salvador», como una introducción al tema de esta mañana. Al parafrasear las estrofas del canto, destacó que «esta batalla es a través de la predicación del Evangelio eterno».

Al término del himno, el Apóstol del Señor recordó que la promesa que Dios le hizo la mañana del 8 de diciembre de 2014, la ha visto cumplida en la Iglesia Universal, en los países donde esta tiene presencia y, desde luego, la República de El Salvador no ha sido la excepción. Así lo expresó: «Se alegra mi alma al contemplar cómo el Señor cumple su promesa y la hace manifiesta… cuando el Señor me dijo: ‘Yo convertiré el corazón de este Pueblo como un solo hombre…’, y el cumplimiento de esa promesa la he visto también en la República de El Salvador.

«Y también me dijo: ‘¿No tienes destino?, ¡Tu destino soy yo!’. Juventud de Centroamérica: ¿tienes otro destino diferente al de tu Hermano Naasón? No, nuestro destino está ligado: nuestro destino es Jesucristo, nuestro Señor».

Antes de iniciar con su tema, contrastó la diferencia que existe entre los misioneros de las congregaciones religiosas y los jóvenes obreros de la Iglesia del Señor. En el primer caso, los ‘misioneros’ están obligados a dar un año de servicio a su iglesia, y son los padres de familia quienes costean los gastos de manutención de sus hijos durante los doce meses de ‘misión’. A diferencia de lo anterior, los jóvenes de la Iglesia del Señor que se dan de alta en los batallones espirituales, dan ese paso en el ejercicio de su libre albedrío, convencidos del paso que darán. En este tenor, el Apóstol del Señor expresó: «Mi trabajo es traerte un consejo del Espíritu de Dios para que ayude a tus sentidos, comprensión, sabiduría, capacidad y a tu fe… y al final seas tú quien tomes una decisión.

«Recientemente, se han abierto varios países y muchos jóvenes están predicando donde antes no había Iglesia. Hoy vengo de nuevo a instarte a esta convocatoria, porque quería estar presente y decirte lo importante que es para mi, el que tú entiendas que el paso que vas a dar lo harás por fe… Va a hacer por que tú has decidido hacerlo: lo has entendido y discernido, y ha nacido en ti esta hermosa vocación».

 

«Ser un obrero aprobado» : significado y características

Luego de la reflexión anterior, el Embajador de Cristo inició su tema con la juventud centroamericana, al que intituló «Ser un obrero aprobado»: «Quiero que entendáis bien lo que es un obrero aprobado. Ser obrero no es solo decir ‘quiero salir a la Obra’, y llenarse de una emoción humana, sin saber lo que es un obrero aprobado. Dios me ha inspirado reunirlos en este lugar, el Ecosantuario, y enviar desde la capital de El Salvador a cientos de jóvenes que irán a los campos de batalla por los siete países de Centroamérica y por todo el mundo».

Enseguida, comentó que los jóvenes que saldrán a la Obra espiritual, algunos serán enviados a la zona centroamericana; otros, tramitarán sus pasaportes y serán enviados a diferentes países. En ambos casos, irán acompañados de un ministro —junto con su esposa— a ciudades, poblados o rancherías en donde aún no se encuentra asentada la Iglesia La Luz del Mundo. Y agregó: «Vosotros seréis esos conquistadores, y en agosto podré decir con orgullo que en otros países el Evangelio de Cristo alumbra las almas.

«Hermanos jóvenes: vosotros representáis en este momento la fuerza de Dios —insignificante para el mundo, pero firme y segura para Dios—. Hoy volteamos a ver al mundo con seguridad y firmeza, sin amedrentarnos, a semejanza del joven David» (v. 1 Samuel 17).

 

La confianza del obrero está en Dios

En este contexto, recordó el ánimo del joven David cuando se enfrentó al gigante Goliat. No hubo duda ni miedo, a pesar de la altura y superioridad física del filisteo, que imponía a todos —por ello huían de su presencia y tenían gran temor—.

Para librar esta batalla, el mancebo tomó con su mano un cayado, cogió cinco piedras lisas del arroyo y las puso en el saco pastoril, junto con una honda. El gigante, al verlo, lo tuvo en poco, porque era muchacho. Sin embargo, David le dijo: «Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré…» (1 Samuel 17: 45-46).

En relación con lo anterior, el Apóstol de Jesucristo abundó: «Desde que David escuchó la primera ofensa del gigante, hasta que estuvo delante de él, hubo una certeza, convicción y seguridad en el Dios en el que había creído». Y añadió: «Ahora quiero que tú adoptes la frase que David le decía a aquel gigante. Hoy, voltearemos hacia el mundo, al que nos hemos de enfrentar solos, sin que nadie esté con nosotros, porque estarás fuera de tu núcleo y entorno; ya no estará el encargado para respaldarte ni tu familia para consolarte. No estará la Iglesia en general para darte ánimo… Estarás solo, pero no estarás temeroso ni amedrentado. No estarás pensando: ‘¿Por qué vine a este lugar?, si hubiera sabido que esto era la Obra no hubiera venido’. Hoy volteo al mundo y juntamente contigo le digo: ‘Tú vienes a nosotros con espada, con lanza y con jabalina, mas nosotros vamos a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, y Él te entregara en nuestras manos, porque fiel es Dios para cumplir sus promesas’».

 

«Ofrezcan a Dios un año de servicio»: petición apostólica a la juventud

En su mensaje, recordó el envío del primer batallón espiritual de jóvenes, que tuvo lugar el 13 de noviembre de 2016, en Amozoc, Puebla. Destacó que un numeroso grupo de jóvenes —de los 13 a los 17 años— se quedó con el deseo de salir a la Obra. Sin embargo, aunque en esa ocasión nos se les consideró por ser menores de edad, el Apóstol de Jesucristo les encomendó que mientras llegara su tiempo, se prepararan y salieran a la obra localmente. Cuando cumplieran sus 18 años, se presentarían en la Casa de Oración y le dirían al Señor: ¡Mi tiempo ha llegado!

En el caso de la juventud salvadoreña, el 16 de octubre de 2015, en San Miguel, El Salvador, el Apóstol Naasón Joaquín envió un contingente de jóvenes obreros, bajo la supervisión de un ministro, a diversos países. A dos años de distancia, hay obreros salvadoreños en Haití, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Francia, Bélgica, entre otras naciones. En relación con los jóvenes que tomarán la decisión de continuar con sus estudios, y que es también una decisión importante, les pidió que cuando menos le dieran al Señor un año de servicio en la Obra.

Así abundó: «Jóvenes de Centroamérica: ‘Ofrezcan al Señor un año de servicio en su Obra… Sea que estudien o trabajen, hagan una pausa en su vida y digan: ‘Tengo que darle a mi Dios un año de servicio, porque las promesas que Dios le dio a su Siervo Naasón, en nosotros las va a cumplir’. Así es que, si tú vas a la Obra y traes un alma, no solamente cumples con Dios, sino que a través de ti, Él cumplirá la promesa que le dió a su Hermano Naasón’.

 

Ser un obrero aprobado en la Iglesia del Señor : significado y características

Al iniciar su tema, el Apóstol de Jesucristo formuló la siguiente pregunta: «¿Qué significa ser un obrero aprobado? Hablo de la formación de los misioneros, quienes están recibiendo una capacitación para salir a la Obra —la enseñanza de cómo debemos introducir nuestra plática con las personas: no hostigándolas, tratándolas con el debido respeto, pedirles con amabilidad de su tiempo para predicarles este hermoso Evangelio…—.

«Quiero dejar grabada y sellada en vuestros corazones esta Palabra, porque ustedes hoy comienzan su carrera ministerial y quiero que vuestro principio sea firme, seguro y estable, porque deseo poner el cimiento del Cuerpo Ministerial del mañana. De entre ustedes, Dios levantará pastores, diáconos y encargados que sostendrán a mi lado el pendón del Evangelio de Cristo.

«Es importante que ningún joven salga a la Obra espiritual con una idea equivocada al respecto, porque deseo que vuestra carrera sea firme y no sea la euforia, la emoción colectiva o las miras bastardas —como el dinero o el poder— lo que los haya motivado para salir a la Obra, sino una motivación limpia y sincera delante de nuestro Dios».

Recordó que en el pasado envío de misioneros, hubo algunos jóvenes que pensaron que iban a ser enviados a una Iglesia donde había hermanos, templo y casa pastoral. Sin embargo, fueron enviados a levantar Obra; es decir, a una ciudad, pueblo o ranchería donde no está presente la iglesia. Ante esta realidad, expresaron: «Si así es la Obra, mejor me regreso». En este tenor, el Apóstol expresó: «Sé que no en todos habrá esa vocación, por lo que prefiero que digan con sinceridad que no pueden dar este paso. Prefiero que continúen su carrera como cristianos, como un miembro que es útil en su Iglesia, y que busquen su salvación, y que no sean estorbo en la expansión del Evangelio del Señor».

En otro momento, instó a los jóvenes que este día saldrán a la Obra a no convertirse en pastores inclinados al dinero, al poder o al pecado, sino que, a través de su trabajo espiritual, aprendan a amar a las almas, cuidarlas y alimentarlas con la Palabra de Dios.

Y afirmó: «La misión de la Iglesia es ser la Luz del Mundo. Y en esa misión, ser ministro, predicador u obrero aprobado, significa tres aspectos muy importantes. En primer lugar, se adquiere un carácter o una condición; en segundo, se alcanza una dignidad; y en tercero, se tiene un objetivo claro».

 

I. El carácter del obrero: ser mensajero de Jehová de los ejércitos

Luego de mencionar las tres características que deben distinguir al obrero aprobado, se refirió a la primera característica: el carácter del misionero: «El hermano que es enviado a la Obra, y que entregó su vida al Señor para predicar el Evangelio de Jesucristo, se convierte en un mensajero de Jehová de los ejércitos». Enseguda, invitó a leer el siguiente pasaje: «Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos» (Malaquías 2:7).

En este tenor, reiteró enfático: «Quiero que grabes en tu corazón lo siguiente: no solamente vas hacer un enviado del Siervo de Dios: te vas a convertir en un mensajero de Jehová de los ejércitos. Entonces, ser un obrero aprobado es una dignidad, porque no eres un obrero aprobado por tu Hermano Naasón. Quien puso la vocación en tu corazón de servir al Señor y expresar ‘Aquí estoy. Heme aquí’, no fui yo: ese sentir lo puso Dios. Es Él quien te está convenciendo para que seas su mensajero, y de tu boca saldrá la Palabra para el Pueblo y para las almas… A través de ti vendrán las almas al conocimiento de la verdad. ¡Dios te está brindando una hermosa dignidad!

«Este lugar de honra implica una responsabilidad enorme… no solamente el Pueblo escuchará la Palabra, sino también las almas. En ti oirán esta hermosa ley, que no esta escrita en un libro… Dios despierte el conocimiento que quiero quede grabado en vosotros: el ministro debe tener un carácter, por la dignidad del lugar que alcanza, pues de sus labios el Pueblo y las almas buscarán el consuelo y la palabra de vida eterna, porque no solamente vas a predicar, sino que verás y atenderás sus problemas. Acudirán a ti y tú los aconsejaras, a través de este hermoso Evangelio, y les darás consolación y esperanza.

«Dios despierte en ti ese carácter que honre y dignifique el lugar que a partir de hoy vas a alcanzar como mensajero de Jehová de los ejércitos; pero no para exigir una honra y volverte déspota y exigente con la Iglesia del Señor, sino humilde y solícito, buscando siempre el engrandecimiento de la Obra del Señor. Reitero: Dios te otorga hoy el carácter de mensajero de Jehová de los ejércitos».

 

II. La dignidad del obrero: ser colaboradores directos de un Apóstol de Jesucristo

Luego de enunciar la primera característica del obrero aprobado, continuó con la segunda: «Al alcanzar la dignidad de ser predicador, ministro u obrero aprobado de la Iglesia del Señor, esto quiere decir que pasáis a ser colaboradores directos del Apóstol de Jesucristo».

En este sentido, invitó a leer el siguiente pasaje: «Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús» (Romanos 16:3), en donde el Apóstol Pablo nombra a dos de sus discípulos cercanos como colaboradores en Cristo Jesus. Por ellos, sentía un aprecio, pero no por su belleza física, la tez de su piel o su situación económica. Para el Apóstol eran sus «colaboradores», eran un apoyo para él en el ministerio que Dios le había dado.

En relación con lo anterior, el Apóstol de Jesucristo precisó: «Ser colaborador de un Apóstol quiere decir que siente lo mismo, piensa lo mismo y hace lo mismo que él. Un colaborador no es aquel que busca sus propios intereses, sino los del que lo tomó por soldado; va pensando todo el tiempo en cumplir la voluntad de aquel que le envió».

En este tenor, citó el siguiente pasaje: «Pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio’» (Filipenses 2:20-22).

Enseguida, comentó: «En esta carta, el Apóstol Pablo se está refiriendo a Timoteo, uno de los jóvenes que le servía como un colaborador, a quien decía: ‘Todos buscan lo suyo propio…’, pero tú has buscado servir al Señor, pues conocía los méritos de ese joven —méritos quiere decir trabajo, obras, conducta, palabra—, y salía aprobado. A pesar de que Timoteo era un joven, la Iglesia lo respetaba, admiraba, obedecía y se sujetaba a él en el Señor, porque era enviado por el Apóstol Pablo.

«Timoteo era un colaborador limpio y sincero, que como hijo a padre había servido al Apóstol en el Evangelio… No es lo mismo un trabajador que labora en una empresa para un patrón a que sea un hijo, porque el trabajador buscará la forma de sacar un provecho, pero el hijo sabe que todo aquello es de él. El hijo, a diferencia del empleado, trabaja con total entrega y fidelidad con su padre. Entonces, no se puede hablar de un colaborador de un Apóstol si no hay un cambio de pensamientos, intereses y objetivos. Dejar atrás mis metas personales, planes particulares y todo aquello que para mi era significativo, para pasar a sentir y ser un colaborador del Apóstol de Jesucristo, unido a sus metas, objetivos, principios y doctrina».

 

El destino del Apóstol y sus colaboradores está ligado: «nuestro destino es Jesucristo, nuestro Señor»

Citó el testimonio del Llamamiento del Apóstol Pablo, cuando escuchó la voz del Señor que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, y él dijo: ¿quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer» (Hechos 9: 4:6).

El Apóstol Pablo, quien fue criado a los pies de Gamaliel, un doctor de la ley (v. Hechos 22: 3), llegó a ser uno de los principales fariseos de la época; sin embargo, desde que escuchó el llamado de su Señor, la respuesta fue categórica: su vida, disposición, obediencia y fidelidad las puso en las manos de su Señor Jesucristo. A partir de aquel instante cambiaron sus planes, metas y destino: «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:8).

Tomando esta referencia, el Apóstol del Señor expresó: «Qué rápido fue el llamado de Dios hacia el Apóstol del Señor y, de igual manera, la respuesta del Apóstol a su Señor. Hoy, este llamado ha sido semejante en ti, porque cuando oíste mi invitación, tu corazón grito y dijo: ‘Yo quiero formar parte de los batallones espirituales’».

En este tenor, recordó su llamamiento al Apostolado, que tuvo lugar la mañana del 8 de diciembre de 2014, cuando escuchó la misma voz que la habló al Apóstol Pablo, diciéndole: «Tú no tienes destino: ¡Ahora, tu destino soy yo!»., y agregó: «Juventud de Centroamérica, ahora tú tienes otro destino distinto. Nuestro destino esta ligado, nuestro destino es Jesucristo, nuestro Señor».

 

Ser colaborador del Apóstol de Jesucristo: una dignidad celestial que se debe valorar

En relación con lo anterior, el Apóstol de Jesucristo reiteró de nuevo su invitación: «Joven que hace dos años te quedaste anhelando esta bendición, ahora nada te puede detener. Ahora tienes la libertad de decir: ‘He cumplido mis 18 años. ¡Mi tiempo ha llegado!’».

En otro momento, destacó el significado de ser parte de los batallones espirituales: «Ser colaborador del Apóstol de Jesucristo es un grande honor que conlleva un arduo trabajo. La altura de miras debe ser la mismas del que Dios ha enviado, en este caso, su Apóstol Naasón Joaquín: mis pensamientos, ideales, la doctrina que predico y los fines que persigo se convierten también en los tuyos, porque al ser mi colaborador, se unen estos destinos en un solo propósito: en el de quien te conviertes su colaborador. Ser un colaborador es sentir y pensar lo mismo de aquel con quien se colabora.

«Ser colaborador del Apóstol de Jesucristo es una dignidad celestial que se debe valorar, a fin de llevar con honor la encomienda que su Hermano Naasón hoy les está haciendo: enviarlos al mundo a dar vida a las almas que viven en pecado».

 

III. Ser un obrero aprobado es tener claro el objetivo que se persigue en el trabajo espiritual

Antes de despedirse de los jóvenes, abordó la tercera característica que debe distinguir a un obrero aprobado: tener claro el objetivo que se persigue en este trabajo espiritual: «Deseo dejar firme en vuestra mente y corazón que es ser un obrero aprobado de la Iglesia La Luz del Mundo, no es para ser un mayordomo o capataz; tampoco para acumular riquezas o poder; y mucho menos para actuar con presunción, soberbia o menosprecio para los demás hermanos. Quien aspira a ser un colaborador debe tener bien claro el objetivo apostólico y no sus intereses personales. Al entender el objetivo y ponerlo por obra, reinará en ti mi propósito y mi sentir. Reinara en ti mi corazón: ¡tú serás el Hermano Naasón en aquellos lugares!…

Destacó que todo ministro debe dirigirse con los hermanos, y con toda persona, con respeto absoluto, no con soberbia, despotismo, arrogancia, insensibilidad… En suma, de la manera como el Apóstol Naasón Joaquín se dirige a su Pueblo: con amor, respeto, afecto y sumo cuidado, porque cada hermano es un hijo de Dios.

Enseguida, expresó: «Mi deseo es formar una nueva generación de ministros que tengan su mente en las cosas de arriba (v. Mateo 6:19), que sean ajeno a la avaricia y a la soberbia que corrompen, ensucian y envilecen el trabajo del Cuerpo Ministerial. Estas conductas deben quedar fuera del colaborador». Mencionó que puede haber alguien que diga: «Es que yo siempre he sido una persona soberbia; mi carácter es fuerte y no lo puedo cambiar». Sin embargo, es claro que el hijo de Dios, cuando vive su llamamiento y nace la fe en su corazón, experimenta un cambio en su vida.

 

Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado

En otro momento, recordó el consejo del Apóstol Pablo a Timoteo, su joven colaborador: «Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado» (2 Timoteo 2:3-4).

El Apóstol no quería que entre sus colaboradores hubiera personas soberbias, déspotas, irascibles ni inclinados al dinero. Por el contrario, le advertía a Timoteo que el predicar a Cristo iba a traerle sufrimientos y penalidades, y que el adversario iba a poner toda serie de obstáculos en su labor de mensajero, procurando con ello desanimarlo en sus propósitos espirituales.

En relación con las iglesias a las que son enviados los ministros y batallones espirituales, el Siervo de Dios expresó: «Para mí, todas las iglesias a las que envío a los ministros hay almas que son de Dios, dignas de cuidado y atención. Dijo el Señor Jesucristo: ‘Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ (Mateo 18:20). Dios no ve lo grande o lo pequeño. Dijo el Señor Jesucristo: ‘Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente’» (Lucas 15: 10).

 

Amar, servir y atender a la iglesia del Señor: uno de los objetivos colaborador del Apóstol de Jesucristo

Destacó, entonces, que solo el hombre carnal es quien clasifica a las iglesias ‘grandes’ de las ‘pequeña’; sin embargo, adonde el ministro sea enviado el trabajo es el mismo y tiene la misma recompensa: apacentar la grey de Dios. Y apuntó: «Nosotros, los ministros, estamos dedicados y destinados a trabajar en provecho de la Iglesia del Señor hasta nuestro último aliento. Y aunque estemos en iglesias pequeñas y humildes, ahí abundará la bendición de Dios».

En relación con lo anterior, trajo a la memoria el testimonio de un ministro: ‘En una iglesia de la sierra (en México), todos los días los hermanos traían a la casa pastoral canastas de frijoles y maíz. Nunca nos desampararon. Soy testigo de esa bendición muy hermosa, no en economía o en dinero, sino en amor y en frutos de fe’». Enseguida, el Embajador de Cristo comentó: «El ministro no ve a las iglesia como un lugar de descanso o para beneficiarse materialmente de ella; debe ver en ella a las almas de Dios, y albergar un objetivo claro: servir y atender a la iglesia del Señor.

«Joven: tú que recién te enlistas en la obra del Señor, y que serás enviado adonde no hay iglesia, te quiero decir lo siguiente: al lugar que seas enviado, satanás va a querer probar tu fe. No eres un joven que tengas las debilidades del alcohol, pandillerismo o drogadicción, porque Dios te rescató de esa forma de vida; sin embargo, satanás buscará la forma de hacerte caer y de que te pierdas, habiendo sido destinado para salvación. Si esta batalla acontece día a día con el cristiano, ¿cómo trabajará el adversario en la vida el misionero que irá a los campos de batalla?».

En otro momento, el Siervo de Dios mencionó: «Aunque Dios les conceda la bendición de tener bautismos, no por ello dejarán de sentir nostalgia y pensarán: ‘¿Qué estoy haciendo aquí solo? Si en mi ciudad tengo casa, familia y una iglesia, donde están muchos miembros’. Y luego vendrá el pensamiento del adversario: ‘Regrésate, deja la obra. Esto no es para ti..’. Aquí es cuando yo te digo que nuestra respuesta tiene que ser como la de aquel mancebo: ‘Tú vienes a mi con tus astucias y engaños, como la serpiente engañó a Eva, y de una forma astuta me quieres engañar, pero en Cristo todo lo puedo, porque Él es mi fortaleza… Y cuando más débil me siento, allí Dios me llena de su poder y sigo adelante, cumpliendo la voluntad de mi Señor.

«Por eso es importante entender cuál es nuestro objetivo, y que dentro de él se encuentran las pruebas que vendrán a nosotros. Y entonces viene el consejo del Espíritu De Dios: ‘Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo’. ¿Tú crees que el soldado que va a la batalla todo le es agradable? El soldado arriesga su vida día con día para defender su nación».

 

Principios apostólicos que deben quedar grabados en la mente y corazón de los ministros

Entre los numerosos consejos que el Apóstol de Jesucristo dio a los colaboradores —pastores, diáconos, encargados y obreros—, hizo particular énfasis en lo siguiente: «Hoy, es necesario que adoptes este pensamiento:

Yo no voy a la Obra a recibir regalos o atenciones, porque soy un servidor. El que sirve es el que atiende y ofrece asistencia.
Yo vine a servir a la Iglesia y no a servirme de ella.
Yo di mi palabra al Apóstol de Jesucristo que quería ser un colaborador de él, unido en sus metas, pensamientos, propósitos y destino.
Yo he visto que él ama a la iglesia, y con esa intensidad yo amaré a las almas.
Yo he visto que él anda por el mundo predicando este hermoso evangelio, y yo le voy a ayudar.

Y agregó: «En todo momento satanás querrá destruir la vocación que Dios está formando en tu corazón… Y estoy hablando con miles de jóvenes, de los cuales un importante número se enlistará en la obra del Señor. Tú, pues, juventud de Centroamérica, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo… No te estoy engañando ni te estoy diciendo que irás de vacaciones, a descansar o a conocer lugares. No, irás a sufrir en lo físico, pero a gozarte en lo espiritual, porque cada vez que se convierta un alma por tu causa, te unirás a esos millares de ángeles que en el cielo se alegran, hacen fiesta y dan la gloria a nuestro Dios».

 

«Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo»: consejo apostólico a los jóvenes misioneros

Y agregó: «Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida… Entonces, ¿vas a ir a la Obra a buscar trabajo bien remunerado para acomodarte humanamente? No, hermano joven, porque ninguno que milita en la Obra del Señor piensa de esta manera; solamente el que no tiene claro sus objetivos quiere tener un doble trabajo, descuidando lo más hermoso: la atención a la Obra del Señor. ¿Quién te tomó por soldado?, ¿tu Hermano Naasón? No, hermano, yo no te tomé por soldado: hay alguien que puso en tu corazón, mente y alma este sentir: Jehová de los Ejércitos». Enseguida citó el siguiente pasaje: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15). Enseguida, interrogó a la juventud centroamericana: «¿Cómo te vas a presentar?, con diligencia, presto, atento, aprobado… Entonces, ¿cuál es nuestro objetivo? Presentarnos como obreros aprobados que no tengamos de qué avergonzarnos».

En relación con los jóvenes que estudian o trabajan, los invitó a que ofrezcan cuando menos un año de servicio en la Obra del Señor y, si así lo desean, posteriormente reanuden sus proyectos personales. Para quien piensa casarse, que dé un año de servicio en la Obra del Señor, y posteriormente, contraiga matrimonio. Y si en su paso por la Obra espiritual, Dios despertó una vocación, aun después de casado pueda seguir trabajando en favor del Evangelio de Cristo. Si no es así, que persevere como un miembro activo en su Iglesia: en el Coro, en la Obra, siendo solícito y buen cristiano, que es la base para para alcanzar la salvación.

 

«Señor: pon de mi espíritu en cada uno de aquellos que hoy se han de alistar en tus filas»: oración apostólica

Así concluyó su presentación: «Hermano joven que vas a ser enviado a diferentes lugares adonde no hay un solo hermano… a ti te tocará levantar la Obra del Señor, y tendrás que trabajar para la manutención del lugar de reunión y del grupo de obreros que van a salir juntos… A ti que dejas tu familia y los ofrecimientos que el mundo te hace, a ti te digo: ‘Sufre las penalidades y no te enredes en los negocios de la vida’.

«El objetivo que todo ministro de la Iglesia La Luz del Mundo debe albergar en su corazón, es el engrandecimiento de la Obra de nuestro Dios… Ser un medio para que más almas vengan al conocimiento de la verdad y que sean salvas; asimismo, el objetivo de todo ministro es que a través de su trabajo se cumpla la promesa que Dios me hiciera el 8 de diciembre de 2014: ‘Si ves este Pueblo grande, yo lo voy a multiplicar aún más’. Dios me permite en esta Nueva Era encontrar esos ministros sinceros que serán desde hoy los Mensajeros de Jehová de los ejércitos, colaboradores de su Hermano Naasón y valientes soldados de Jesucristo. Procura, pues, presentarte y permanecer como un obrero aprobado delante de nuestro Dios.

«Me quiero despedir con la reflexión del siguiente pasaje: «Entonces Jehová dijo a Moisés: reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo» (Números 11:16-17).

«Hubo una historia que nosotros conocimos del Pueblo de Israel y hablamos de un hombre llamado Moisés, que libertó a ese Pueblo y lo llevó a la libertad. Pero la Biblia nos da testimonio que no fue él solo: entre los israelitas había quien trabaja en la administración de las diferentes tribus, otros en el sacerdocio, otros como cantores, otros como supervisores en diferentes áreas, a otros en la construcción… pero esas tareas no las realizó físicamente el Siervo de Dios Moises. Él era la garantía de que todo aquello se llevara a cabo con un gran éxito, porque cuanto él era el Enviado de Dios.

«Israel creía en Jehová su Dios y estaba seguro, pero creía en el Enviado de Dios y era prosperado (v. 2 Crónicas 20:20). Le dice Dios a Moisés., su Siervo: ‘Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel… y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo’.

«Espero que no solo comprendáis esto que os hablo. Más aún: deseo que sintáis que en esta Nueva Era mi espíritu está con vosotros. El Señor os ilumine y os bendiga en el lugar al que seréis enviados y nada ni nadie os amedrente, porque mi espíritu estará con vosotros:

Espíritu de valentía, nunca te cobardía.
Espíritu de amor por las almas.
Espíritu de trabajo por la Obra del Señor.
Espíritu de expansión del Evangelio.
Espíritu de compasión, paciencia y humildad.

Y agregó: «Hermano que hoy serás enviado a los campos de batalla: tómate de mi mano y yo rogaré a Dios para que una porción de mi espíritu también sea llevado a ti, Y en ese espíritu de valentía que Dios ha puesto a su hermano, sigamos conquistando el mundo conforme a las promesas que Dios me ha dado. Yo quiero orar por cada uno de vosotros, para que Dios cumpla lo que hoy le estoy pidiendo: que mi espíritu venga en ti para que sigamos conquistando el mundo. Per Como debe de ser la confianza que debemos tener en nuestro señor».

 

Despedida

Posteriormente, invitó a cantar el himno n. 591, «Ya sea en el valle», que en su coro expresa: «Si Cristo conmigo va, yo iré. Yo no temeré, con gozo iré, conmigo va. Es grato servir a Jesús con amor, llevar su cruz sin temor; si Cristo conmigo va, yo iré…». La juventud, como un solo hombre, cantó al unísono esta alabanza. Entreverados entre la concurrencia, se encontraban otros jóvenes —hombres y mujeres—, visitantes que alcanzaron a experimentar la bendición que trajo el Apóstol del Señor a este país centroamericano.

Luego de cantar el himno, el Apóstol del Señor expresó: «Yo sé que tú creíste que Dios me ha enviado, y que el 14 de diciembre 2014, en las promesas que Dios me hizo, solo estabais esperando esta oportunidad. Déjame entonces doblar mis rodillas, postrarme ante Dios y decirle: ‘Señor, pon de mi espíritu en cada uno de aquellos que hoy se han de alistar en tus filas’. El día del Pentecostés no fue mayor a lo que se experimentó en la última plegaria. El gozo inefable en los corazones se desbordó. Cobijados bajo el manto de la Elección, esta nueva generación de ministros del Apóstol tomó nuevas fuerzas.

Posteriormente, el Coro de Jóvenes de San Salvador comenzó a entonar el himno «Somos el Pueblo escogido», que en una de sus estrofas refiere: «Juntos haciendo historia con su Apóstol Naasón Joaquín. Esta iglesia ha tomado una fuerza que el mundo no pueden entender. En rancherías y grandes ciudades la Iglesia debe resplandecer». «Somos el Pueblo escogido. No somos una iglesia cristiana más. ¡Somos la Iglesia de Cristo! ¡Somos los que conquistaremos este mundo a través del Evangelio eterno!», aseveró el Mensajero del Evangelio eterno.

El padre en la fe, con inocultable gozo, en compañía de los pastores, contemplaba a los Timoteo contemporáneos, a quienes dijo: «Solamente hay una voz: ¡Adelante! Este es el tiempo de la prosperidad. Vosotros, como trompetas espirituales, llevareis este Evangelio a todo el mundo y juntos escribiremos esta bella historia, la de nuestro Dios y su hijo amado Jesucristo. Como la luz de la aurora iremos de triunfo en triunfo, porque Dios nos dará la victoria». Enseguida, se despidió de la juventud de Centroamérica, quien siguió con atención su presentación, infundiendo redoblado ánimo espiritual a los jóvenes de estos países.

«Yo soy Naasón Joaquín, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo, y desde este lugar le digo a la juventud de Centroamérica: Dios los bendiga. Todo aquel joven y señorita que saldrá los campos de batalla, confíe en el Señor para bien de este Pueblo. Y vosotros jóvenes que os quedáis en vuestro lugar, sigan esforzándose para que Dios ponga en algún momento este sentir. Mi oración quedara permanente para que Dios sea con vosotros y les acompañe.

«Me despido deseando que el Alto Dios quiere entre vosotros, y los que salís a diferentes lugares, que Dios los acompañe y lleven siempre presente que su Hermano Naasón tendrá siempre los brazos levantados al cielo para que la bendición de Dios no cese en vosotros. Dios os guarde y Dios los bendiga en Cristo Jesús».

El reloj marcaba las 12: 18 del medio día, cuando el insigne maestro se despidió de los jóvenes. En esta histórica reunión, el Apóstol del Señor sembró la semilla —que es la Palabra de Dios— en cinco mil jóvenes centroamericanos. De entre ellos, Dios despertó la vocación y el sentir de ser colaboradores del Apóstol de Jesucristo. Por la tarde fue leída la lista de los jóvenes valientes que tomaron la decisión de enlistarse en los batallones espirituales.

Se escribió en El Salvador una página más de la historia del apostolado contemporáneo, el de Naasón Joaquín García, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo, por la gracia del Señor.