El Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, visita a los hermanos de la colonia 28 de Octubre en el marco de la 11ª Etapa de su Gira Universal

(Berea Internacional) — Uruapan es un municipio una de las ciudades más importantes de Michoacán de Ocampo, ya que es la segunda más poblada, se le conoce como “La capital mundial del aguacate” y se le considera el punto de unión entre tierra caliente y la Meseta Purépecha. Su nombre viene de la lengua purépecha y significa “lugar de abundancia de flor y fruto”.

A la llegada del Apóstol del Señor le dirigió un saludo y palabras de bendición a sus hijos en la fe de esta colonia y les dijo: “Mi alma saltaba de alegría por verles, y, aunque sea de pasadita, quería conoceros personalmente, y ver esta hermosa casa de oración. ¡Qué alegría, qué orgullo, de ver a mis hijos en la fe que han trabajado en el Señor! y, que en este lugar son luminarias para esta ciudad; pero también quiero decirles que el trabajo no ha cesado, la labor de la evangelización no ha parado, por el contrario, sigue adelante.

Esta ciudad es próspera, es grande y muy famosa aún a nivel nacional, yo quisiera que en esta ciudad también la iglesia creciera en grande manera; porque sé que en este lugar hay un grande pueblo que alabará y adorará a nuestro Dios. No quiero que te acobardes y digas que es muy grande, ya la hemos recorrido toda y no nos quieren hacer caso. Yo quiero que semejante a aquel hombre hijo de Saúl llamado Jonatán, tú también te llenes de ese espíritu varonil, de ese espíritu de Cristo que era paciente, y siempre pensando en el progreso y en la prosperidad.

Dice la palabra de Dios que estaban aquellos hombres enemigos de Israel, listos y prestos para la batalla; el pueblo de Israel se sentía con temor y Saúl veía que el enemigo era fuerte y poderoso, y que iba a ver muchas muertes; pero uno de aquellos hombres, llamado Jonatán, hijo del rey Saúl, con un espíritu de valentía, vio que su padre estaba triste porque su ejército se amedrentaba ante el enemigo; corre hasta los establos del palacio y le dice a su paje: Arréglame mi caballo, y mi armamento, mi armadura. Y el paje se le queda viendo y le pregunta que a dónde va solo. Jonatán le dice que va a combatir en contra de los filisteos. Entonces el paje se preocupó y le dijo: Pero, cómo vas a ir solo, qué vas a hacer en contra de todos ellos; si el ejército de tu padre, todo junto siente temor y tú quieres ir solo. Jonatán le contesta: No te preocupes, porque a Jehová lo mismo le da dar la victoria con muchos que con pocos.

¡Qué hermoso espíritu varonil! ¡Qué hermoso espíritu de confianza! No confiaba en su destreza, no confiaba en sus fuerzas, no confiaba en su espada; él confiaba en Jehová de los ejércitos. Jehová, cuando se agrada de nosotros, él nos da la victoria. Quiero recordarte, iglesia de Uruapan, que ese Dios en quien confiaba Jonatán, es el mismo Dios que me ha puesto… Fuerte, poderoso… ¿Quieres unirte a mi batalla? Tú dirás es muy grande la ciudad, no te preocupes, ¡Jehová de los ejércitos es con nosotros! Y si Dios con nosotros, ¿quién en contra de nosotros? Permíteme doblar mis rodillas para decirle al Señor que Dios te bendiga, que Dios te prospere, que Dios prospere tu palabra para que des testimonio de este evangelio santo y las almas se conviertan al Señor, y alaben y adoren al verdadero Dios”.

Al término de su oración, el Apóstol del Señor dijo: “Yo sé y tengo confianza que Dios te ha de dar de ese espíritu valeroso, y sé que darás testimonio de este evangelio hermoso. Como viste ayer a tu hermano cómo sintió tristeza cuando vio aquella multitud sirviendo a los dioses muertos. Qué triste forma de adorar, de orar, de alabar y de cantar sus alabanzas; tienen razón; no, no es gente mala, porque ellos buscan servir a Dios, pero no saben cómo hacerle porque no le conocen.

Yo los veía y me imaginaba este momento con vosotros y decía: Qué diferencia, aquel gozo, aquella alegría, es que con nosotros está el verdadero Dios, no uno material sino el que está en cada uno de vuestros corazones. Oía sus rezos y decía, qué triste rezan y yo me acordé de vuestras oraciones, ¡qué hermosas oraciones! Veía su peregrinación y decía, qué triste aun su forma de caminar y me acordé de las caminatas de los niños y de los jóvenes con aquella gallardía y valentía. Qué bendición tan grande; por eso no siento desprecio por ellos, sino una gran tristeza, porque es gente que quiere servir a Dios, pero no sabe.

Acompáñame a llevar esa luz a sus vidas, a que conozcan al único y verdadero Dios, Ayúdame a dar testimonio y puedo asegurarte que la victoria, Cristo nos la va a dar. Hermanos de esta iglesia en Uruapan, ¡Dios te bendiga, Dios te guarde y Dios quede en tu corazón!”.