El Apóstol de Jesucristo visita a los hermanos de Tecomán, Colima

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 22 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó a los hermanos de Tecomán, Colima, en su recién inaugurada Casa de Oración.

El reloj marcaba las las 6:36 de la tarde cuando arribó al templo, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, y del hermano D.E. Atlaí Joaquín. Ubicado en la calle Río Grijalva n. 30, esquina con Andador 6, este moderno santuario fue consagrado para la gloria de Dios el día anterior —21 de octubre—, por el hermano P.E. Arnulfo Meza, quien, con la representación apostólica, presidió la solemne dedicación.

En esta tarde de alabanzas, el hermano D.E. José Luis Prats —de origen español— fue el responsable de presidir el servicio. El Coro de Jóvenes de Hermosa Provincia de Guadalajara —invitado por el Apóstol de Jesucristo a su presentación en Manzanillo, este mismo día—, participó con sus cánticos espirituales avivando a la iglesia de Tecomán.

Como ha acontecido en las once etapas de la Gira Apostólica Universal, un grupo numeroso de visitas —que se contaron por decenas— acudieron esta tarde al servicio de alabanzas. La mayoría de ellas, luego de asistir esta mañana a la presentación del Apóstol Naasón Joaquín en la Iglesia de Manzanillo y escuchar la Palabra de Dios, tomaron la decisión de bajar a las aguas del bautismo, primer paso de obediencia en el camino espiritual del hijo de Dios, fruto de la fe para salvación que por la Palabra viva ha sido sembrada en el corazón del creyente.

A su ingreso al templo, al Apóstol de Jesucristo le esperaba un grupo de niños en la escalera de ingreso al templo. En una valla humana, los pequeños portaban sendas cartulinas en donde se leía: «Tecomán le recibe con amor y reconocimiento», «Más fuerte que la luz del sol brilla la Elección», «Bienvenido seas, Embajador del reino de los cielos»… El insigne visitante se detuvo un momento con la «Iglesia del presente» —la niñez— y les dijo: «Dios los bendiga, niños».

En su ministerio, el Apóstol de Jesucristo se dirigió a los hermanos tecomenses y a las visitas, tanto a quienes se encontraban en el interior del recinto sagrado como a quienes se encontraban en el exterior: «No quería irme de este lugar sin haber conocido esta hermosa Casa de Oración, que habéis levantado para la Gloria de Dios. Me habían llegado las fotos y la información, y sabe Dios que tenía muchos deseos de venir a conocerla y alegrarme con vosotros por este hermoso triunfo. No quiero hablar mucho porque se están gozando también en el servicio. Solamente quiero decirles que su Hermano Naasón se siente muy contento.

«Dios nos ha permitido esta hermosa Casa de Oración en estos lugares. Pareciera ser que contrasta con las casas humildes, pero no es así… Que vean tu fe y amor, que para ti, tu Dios es lo más importante y por eso te has esforzado por esta hermosa Casa de Oración.

«¿Qué sigue a continuación? Quiero que en un futuro no muy lejano volver a regresar a estos lugares, y quiero ver esta Casa de Oración como ahora la ven mis ojos: lleno de almas que alaban y bendigan al Señor. Así es que quiero invitarte a que me acompañes en una oración, para pedirle a Dios venga a cumplir mi palabra. ¿Y cuál es mi palabra? Que Dios te bendiga y te multiplique. Que Dios, cumpliendo con lo que tu hermano te ha encomendado, de dar testimonio de esta verdad, prospere esa palabra y permita que cientos de almas en esta ciudad de Tecomán, lleguen a esta verdad».

Enseguida, elevó su plegaria al Creador. En un instante, la ferviente oración se transformó en un avivamiento espiritual. En la calle Andador 6, donde se instalaron tres toldos para ampliar la Casa de Oración a la parte exterior, las hermanas y hermanos disfrutaban las caricias del Espíritu Santo, que se manifestaba con poder en los corazones —incluidas las visitas—. Este bálsamo divino confortó sobremanera a los asistentes.

Luego de la singular plegaria, el Ángel del Evangelio eterno reanudó su mensaje: «Hermanos de Tecomán: deseaba alegrarme con vosotros… en esta Casa de Oración, que fue bendecida bajo mi autoridad, hoy se ha de manifestar, y sin duda lo estás sintiendo, la presencia de nuestro Dios.

«Me voy contento con vuestro trabajo. Me voy feliz, sabiendo que habéis hecho este hermoso esfuerzo en la Casa de Oración. Pero también me voy con una hermosa esperanza de volver, en un tiempo no muy lejano, y contemplar este templo y que me digáis qué hay muchas almas alrededor de esta colonia y que en toda la ciudad bendicen y alaban el nombre del Señor. La Paz de Dios quede en vuestros corazones. Dios los bendiga y los siga prosperando en su dulce y bendito amor».

El reloj marcaba las 6:42 de la tarde cuando el Apóstol de Jesucristo despidió de la Iglesia. El hermano Enc. Gerson Jaziel Ahumada, ministro de la Iglesia de Tecomán, invitó a participar de los alimentos al Apóstol de Jesucristo, su esposa y a algunos de sus colaboradores —entre otros, los hermanos D.E. Atlaí Joaquín, PP. Leandro Ramírez, P.E. Jesús Orozco, P.E. José Hernández y P.E. Arnulfo Meza—.

Luego de participar de los alimentos, ingresó de nuevo al templo para contemplar su belleza arquitectónica y funcionalidad. Ahí, el ministro local hizo un recuento histórico del inicio y desarrollo de la construcción del moderno templo. El Siervo de Dios expresó su deseo de que se adquieran algunas casas para que en un futuro se amplíe la Casa de Oración y se diseñen áreas verdad para esparcimiento de la comunidad. Asimismo, indicó al encargado que sigan reforzando —con mayor denuedo— las jornadas de evangelización y que en el corto plazo se levante una obra en el centro de la ciudad y otras colonias. «Por lo pronto, este templo es una joya muy hermosa en la ciudad de Tecomán», acotó.

El reloj marcaba las 9:13 de la noche cuando el insigne visitante, el Embajador del reino de los cielos, salió de la Casa de Oración —ubicada a 65 kilómetros de distancia de Manzanillo y 240 de Guadalajara—. Los hermanos tecomenses, con lágrimas en sus ojos y un gozo inconmensurable en sus corazones, se despidieron de su padre en la fe en esta histórica fecha.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.