«La Palabra de Dios, nuestra conducta, principios y valores cristianos, las armas que nos acompañarán en la batalla espiritual»

«La Palabra de Dios, nuestra conducta, principios y valores cristianos, las armas que nos acompañarán en la batalla espiritual»: Apóstol Naasón Joaquín a la Iglesia de la colonia Pedregal

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El sábado 22 de julio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de la colonia La Esperanza (Ciudad de México), se dirigió a la Casa de Oración ubicada en la avenida Chicoasen, manzana 47, lote 12, en la colonia Pedregal de San Nicolás, en la Delegación Tlalpan. Este fue el cuarto y último recinto visitado por el Mensajero del Evangelio Eterno en este día memorable —le precedieron las iglesias de las colonias Magdalena Atlazolpa, Santa María Aztahuacan y La Esperanza, respectivamente—.

El reloj marcaba la 1:46 de la tarde cuando el Apóstol de Jesucristo bajó de su vehículo y se encaminó al templo. A su paso, recibió la bienvenida de parte de las iglesias congregadas en este histórico encuentro —se dieron cita las iglesias de las colonias Pedregal, Pedregal 2, Lomas del Potrero, Cerro del Judío, Cuajimalpa y Azcapotzalco—, quienes portaban vestiduras blancas y sostenían con sus manos palmas verde olivo. Tanto en el exterior como en el interior del sagrado recinto, las manifestaciones de amor, gratitud y reconocimiento a la Elección Apostólica fueron por demás evidentes.

Al comenzar su mensaje, expresó: «Qué alegría estar con cada uno de vosotros y unirme en este día de jubilo». Refirió que las iglesias asentadas en la Ciudad de México han sido bendecidas por Dios: «Vosotras sois Iglesias prosperas, a las cuales Dios ha engrandecido para multiplicarse en estos lugares».

Luego de la salutación, el Apóstol de Jesucristo destacó la importancia de las promesas que Dios continúa haciendo, desde el día 6 de abril de 1926 —fecha del Llamamiento del Hermano Aarón Joaquín para el apostolado—, hasta el día de hoy. Mencionó que si bien es cierto que en la Ciudad de México la Iglesia del Señor ha crecido y es bien conocida por la sociedad, por la bendición que Dios ha prometido a su Pueblo, el crecimiento y prosperidad que se avecina será aún mayor, inimaginable para la mente humana.

En este tenor, así abundó: «El 8 de diciembre de 2014, el Señor habló con su Hermano y me dijo: ‘Si hoy ves este Pueblo grande, yo lo voy a multiplicar aún más: ni tu tu mente ni tu razón tendrá conciencia de cuan grande será este Pueblo…’. En ese momento surgió en mi una pregunta: ¿Y cómo lo va hacer el Señor? La respuesta ya la hemos visto: por medio de cada uno de ustedes. Por eso vengo a recordarles que, la partida del Apóstol Samuel Joaquín no marca un término: solo fue una etapa más en la Iglesia del Señor».

Enseguida, añadió: «En esta nueva era que Dios ha traído a su Iglesia, por medio de su Hermano Naasón, Él me ha prometido el crecimiento y prosperidad del Pueblo». Mencionó que el Espíritu de Dios demanda de cada hermano que se esfuerce y sea valiente.

«Solamente esfuérzate y sé muy valiente… para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas»: divisa apostólica

Citó el testimonio de Josué —quien colaboró con Moises—, cuando quedó al frente del Pueblo de Israel, quien, sin duda, se tuvo que enfrentar al corazón duro de aquel Pueblo que se resistía a recibirlo. Recordó cae qué manera el adversario pretendió desviar a Israel hacia una Idolatría, para que no recibieran al que Dios había elegido; sin embargo, Dios le dio una palabra de confianza: «Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas» (Josué 1: 7). Sin duda tendría numerosos enemigos, pero el Señor le manifestó que no se preocupara porque iba a estar siempre con él.

Josué, posteriormente, recibió la indicación de que el Pueblo de Israel diera vueltas sobre la ciudad de Jericó, con la voz en alto y tocando trompetas, y los muros cayeron. ¿Cómo hizo Dios esta proeza? —preguntó el Apóstol a los presentes—, por medio de su Pueblo y de quien puso al frente de él.

Luego del ejemplo anterior, hizo el siguiente paralelismo: «Hoy no vengo hablarles de una tierra material, como en aquella ocasión; ahora, nuestra batalla es espiritual y nuestras armas no son el machete, la pistola, las piedras o los palos: es la Palabra de Dios y nuestro testimonio. La batalla espiritual sigue adelante y nuestra arma es nuestra conducta, principios y valores, que por medio de la doctrina de Jesucristo se nos han inculcado en la Iglesia, y por medio de ella seguiremos predicando y evangelizando al mundo entero».

Reiteró que la Palabra que Dios le dio a Josué fue categórica: «No te amedrentes delante de ellos, sé valiente y esfuérzate». En este tenor, formuló las siguiente preguntas: ¿Fue Josué el único que se enfrentó a Jericó?, ¿fue solo él quien dio las vueltas a Jericó? ¿Quién iba detrás de Josué?…

El testimonio de conversión: espada poderosa que traspasará los corazones con la virtud del Espíritu de Dios

Antes de despedirse, el Apóstol del Señor expresó: «Dios me dijo una palabra: ‘¿Por qué me pides consuelo si tú has de consolar a mi Pueblo?’. Y yo te pregunto: ¿De verdad Dios ha sido consuelo para contigo? Él dio esa promesa a su Hermano Naasón, para que tú estés firme y seguro en lo que concierne a la vida eterna. Entonces, la promesa de crecimiento y prosperidad es firme. Es tiempo de seguir en esta conquista.

«Cuáles serán tus armas? La Palabra de Dios. ¿Cuál será tu escudo? Tu conducta, vida y ejemplo… Es tiempo de seguir adelante. No te avergüences ni tengas miedo. Podrá alguno decir: ‘Es que ya le hemos hablado a muchas personas, entre ellas mis vecinos…’; sin embargo, yo te digo: ‘El tiempo de prosperidad ha llegado’. Tú podrás decir con libertad: ‘Un Apóstol de Jesucristo nos ha mandado a predicar el Evangelio de salvación’, porque tú eres mi espada y escudo, ahora yo vengo a decirte: ‘No vayáis a desmayar’. Tenemos muchos enemigos que se levantarán en contra de nosotros, pero no te preocupes. Dios seguirá engrandeciendo esta obra, y la Iglesia del Señor seguirá delante, de triunfo en triunfo y de victoria en victoria. Estas son las promesas que el Señor nos ha dado».

Despedida

Luego de la invitación anterior, el Apóstol preguntó a los presentes: «¿De verdad habéis creído en su Hermano Naasón?, ¿también creéis que Dios me habló y me puso como administrador de esta Iglesia? Entonces yo te digo: ‘Sígueme acompañando en esta batalla, y si así lo haces yo le pediré al Señor que te siga bendiciendo, te prospere y te multiplique, para seguir dando testimonio de las promesas que Él nos ha dado». Enseguida, invitó a la Iglesia a acompañarlo en su plegaria al Creador, la cual se transformó en instantes en una avivamiento espiritual.

Al término de la oración, el Apóstol Naasón Joaquín expresó: «Me voy con alegría de estos lugares, al contemplar el crecimiento que Dios ha dado en favor de su Pueblo. Sin embargo, este crecimiento no termina: de hecho, aun comienza de acuerdo con las promesas de Dios.

«Espero volver en un tiempo no muy lejano a este lugar, para contemplar la bendición que Dios que ha derramado en este día. Pero hay algo que también es hermoso: el testimonio de conversión de cada uno, el cual será como una espada que atraviese los corazones, y a través de este medio las almas vendrán al camino del Señor».

Antes de descender de su ministerio, el Siervo de Dios se detuvo por unos instantes ante los integrantes del Coro, a quienes saludó. Enseguida, de manera simbólica, estrechó a toda la Iglesia con un efusivo abrazo. Al final, tomó su manos y las dirigió a sus labios, dando con ello un ósculo de amor a la iglesia congregada. «Mi oración siempre será en favor de ustedes. Dios les bendiga», fueron sus últimas palabras, apenas audibles.

El hermano D.E. Gerson Rodríguez, ministro de la iglesia de la colonia Pedregal, ofreció los alimentos al insigne visitante y sus acompañantes. Al término de la comida, el joven Azarel Ulrich García Trejo, de 14 años de edad, y su madre, se acercaron al Apóstol de Jesucristo para agradecerle la oración que elevó a Dios en favor del adolescente, a principios de 2016. El hermano Trejo, quien es autista de nacimiento, ahora cursa el segundo semestre de la carrera de Ingeniería en Astrofísica en la UNAM.

El reloj marcaba las 3:14 de la tarde cuando el Apóstol del Señor se despidió de los hermanos tlalpenses. Se escribió así otro capítulo más de la historia del apostolado contemporáneo.el de Naasón Joaquín García, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo por la gracia del Señor.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.