El Apóstol Naasón Joaquín consagra la Casa de Oración de Madrid

«Árbol fecundo de vida y prosperidad», nombra a la iglesia madrileña

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 5 de julio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dedicó, para la gloria de Dios, el primer templo de la Iglesia La Luz del Mundo en Madrid, España, ubicado en la calle Paseo de Santa María de la Cabeza n. 75, a doce calles de la estación ferroviaria «Puerta de Atocha», y de otros sitios emblemáticos de la capital del país.

El reloj marcaba las seis de la tarde cuando, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, la hermana D. Eva García y del hermano Adoraim Joaquín, el Apóstol de Jesucristo arribó a la Casa de Oración. Le acompañaron también algunos de sus colaboradores: los hermanos P.E. Oscar González Angulo —ministro en Madrid—, P.D. Daniel Núñez Ávalos, P.E. Ramón Sánchez Roca, D.E. José Antonio Pérez Bahena y D.E. José Chávez Delgado.

Luego de descender de su vehículo, el Mensajero del Evangelio eterno saludó a los hermanos que se encontraban en el exterior del templo, quienes le dieron la bienvenida, y se dirigió a la puerta, donde procedió a develar la inscripción conmemorativa que a letra consigna; «¡A la gloria de Dios! Esta Casa de Oración fue inaugurada por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García. ¡Cuán amables son tus moradas! Madrid, España, a 5 de julio de 2018».

Con profunda satisfacción, llamó a la Iglesia de Madrid «bienaventurada: árbol de prosperidad y vida», expresando su deseo de que los hermanos madrileños serán cual árbol de vida para Europa, Asia y África. En otro momento, les recordó que la prosperidad se hará realidad por la obediencia y sujeción a la Palabra de Dios y a la Elección Apostólica.

 

Primer templo en Madrid: deseo apostólico cumplido

Luego de expresar que este recinto es Casa de Dios y Puerta del Cielo, procedió a cortar el listón inaugural e invitó a los hermanos a pasar al interior del recinto sagrado. Los hermanos madrileños, quienes portaban banderines de España, recibieron al Embajador de Cristo con singular regocijo mientras entonaban un canto de bienvenida: «Gracias a Dios por permitirnos este día, que esperábamos con ansias en nuestro ser. Este templo es obra suya, de su amor y su fe». Desde su ministerio, el Siervo de Dios invitó a la iglesia a elevar una oración al Creador. En un instante, la fervorosa plegaria se transformó en un avivamiento espiritual.

Luego de la oración, el insigne visitante inició su mensaje apostólico: «Hermanos de Madrid: mi saludo para vosotros no es solamente de paz, sino de satisfacción por ver un deseo cumplido, deseando que seáis árbol de vida en la iglesia de España… ¡Vosotros sois mi deseo cumplido!, un anhelo no solamente de su hermano Naasón… también el Apóstol Samuel deseaba una Casa de Oración en esta capital, y hoy, al ver ese deseo cumplido, te digo: ‘¡Madrid: eres un árbol de vida!’. Así os considero. Así os ha puesto Dios en esta nueva era, pues sois troncos robustos con raíces fuertes, útiles a los propósitos de Dios, pues bajo tu sombra se ampararán nuevas naciones, habitarán nuevos hermanos al amparo de tus ramas, echarán mano de tus frutos las almas nuevas de otros países y de la savia de este árbol de vida, que sois vosotros, beberán los hijos de Dios que llegarán a la Iglesia, de acuerdo a las promesas que Dios me ha dado. Dios haga cada día más robusto este hermoso árbol de vida que el señor hoy me ha encargado cuidar».

 

La promesas de Dios son fieles. Su Palabra, inmutable

Luego de la salutación, el Apóstol del Señor destacó que para él representa un grande honor y satisfacción seguir atestiguando el cumplimiento de las promesas que Dios le hiciese la mañana del 8 de diciembre de 2014: «Han transcurrido más de tres años y medio de aquella hermosa manifestación y Dios me sigue demostrando que sus promesas son fieles y su Palabra es inmutable. En donde quiera que camino veo un Pueblo que crece y vibra de emoción y reconocimiento. También en España, a la que consideré la primera vez que vine en el año 2015, dentro de mi ministerio, como la puerta de entrada a Europa, he visto esa prosperidad y florecimiento. Por eso, hoy te llamo, Iglesia bienaventurada de Madrid, ‘Arbol fecundo de vida y prosperidad’».

Trajo a la memoria el testimonio de su estadía en España —cuando tenía trece años de edad—, durante la cual fue testigo de primera mano de los inicios de la Obra en este país, identificado por su indiferencia a lo religioso. En este sentido, destacó el trabajo de los jóvenes obreros de aquella época, con quienes convivió, y agregó: «Estos hermanos, sin rendirse, trabajaban arduamente por expandir la obra de Dios en este país, levantando surcos en una tierra árida, en donde parecía que la semilla no iba a penetrar. Sin embargo, ahí estaban ellos, siendo jóvenes, con un pensamiento firme: ‘El Hombre de Dios nos ha enviado y nos ha dicho que Dios nos va bendecir’, y aquellas palabras ellos las tomaban y volvían a sentir el ánimo, el coraje y la fuerza para seguir adelante. Hoy, en lo espiritual, contemplamos una España próspera. Y aunque el Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín físicamente no está presente, por la fe él contempló esta hermosa Casa de Oración».

 

Hoy empieza una etapa nueva en Madrid

En este tenor, invitó a la iglesia madrileña a valorar el trabajo de los citados hermanos, quienes trabajaron con denuedo y sin descanso en el inicio de la obra en España, y, además, del trabajo que en el presente se sigue haciendo, ya que el sembrador prepara la tierra, abre el surco, deja caer la semilla, la riega y al final contempla el fruto.

Refirió que fue testigo de cómo fueron amenazados de muerte en diversas ocasiones por predicar la Palabra de Dios, pero eso no los amedrentó: «Pareciera que todo aquello fue en vano, que era duro que penetrara la Palabra de Dios en estas tierras, que no había posibilidad; pero hoy estoy dando testimonio de otra situación muy diferente. Si fue un Siervo de Dios el que los mandó, esta tierra tenía que dar fruto, por muy árida que fuera, tenía que abrirse a una hermosa prosperidad, la cual ahora atestiguo y que mis ojos de la fe contemplan todavía aún más.

En otro momento, trajo a la memoria uno de los salmos del rey David: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará» (Salmos 1: 1-3), y así lo comentó: «Aquel que se deleita en la Ley de Jehová, quien lo hace en su Palabra, su enseñanza y su doctrina, será como un árbol plantado junto a corrientes de agua… y todo lo que haga será prosperado.

«Los que fuimos predestinados para formar parte el Pueblo de Dios desde antes de la fundación del mundo, caminemos confiados y seguros en la bendición y la protección que Dios nos ha dado. Su hermano Naasón no ha dudado ni un instante respecto de las promesas que Dios me hizo el 8 de diciembre de 2014; por el contrario, me fortalezco cada día y me admiro de lo que el Señor hace cada día por su Iglesia y para su iglesia: seguridad, fortaleza y confianza.

 

La prosperidad, desde el punto de vista de Dios

A la par de la dedicación de la Casa de Oración, el Apóstol de Jesucristo dejó un consejo a la Iglesia de Madrid. El tema: la prosperidad. En primer lugar, comentó que es algunos hermanos, cuando escuchan la palabra prosperidad, su mente se traslada la riqueza material, al dinero; sin discernir cómo Dios quiere que analicemos su Palabra —el espiritual acomoda lo espiritual a lo espiritual, y lo material a lo material—.

Refirió que la prosperidad es un concepto general, que no se limita únicamente a lo material sino a todo. Así añadió: «Quiero que la iglesia comprenda lo que es la prosperidad, desde el punto de vista de Dios. Que entendamos este tema, el cual algunos lo entienden de una forma material, y abramos nuestro corazón y entendimiento, y pensemos qué significa la prosperidad».

Enseguida, expresó: «La prosperidad en la Iglesia es la consecuencia de poner por obra la Ley de Dios y guardar sus mandamientos: es el resultado de apartarse de la senda de los malos y vivir apegados a la justicia de Dios, y no a la propia. La prosperidad de la Iglesia es la seguridad de haber creído en un Enviado de Dios. Para aquel que vive de esta forma, todo lo que haga prosperará… El hermano que ha recibido la bendición de Dios, si es de salud, prosperidad o economía, tenemos que pagar nuestros votos a Jehová para seguir prosperando en todo».

 

La bendición de Dios conlleva felicidad

En este tenor, agregó: «Para el hermano que vive de esta manera —agradecido con Dios y sujetándose a su Palabra—, todo lo que haga lo hará prosperar. La bendición de Dios no quiere decir riqueza: bendición de Dios quiere decir felicidad, salud, paz, tranquilidad, economía… la prosperidad, Dios nos la dará no como nosotros queremos, sino conforme sea su voluntad… El que vive en Dios dice: con que me dé para vivir con tranquilidad, yo estoy feliz.

«Los hermanos que viven en esta prosperidad —prosperidad no es riqueza económica, aunque va incluida, pero no se limita solamente a eso— disfrutan de paz, salud, tranquilidad, bienestar, confianza… El hermano se levanta cada mañana y con una sonrisa voltea al cielo y dice: !Gracias, Señor, porque me has concedido un día más de vida! ¡Gracias, Señor, porque está paz y alegría sólo tú nos la puedes dar! En esta prosperidad, el hermano sale a su trabajo con tranquilidad, ve a sus hijos salir a la escuela o a su trabajo, ve a su compañera en comunión y armonía y le dio la gloria a Dios».

Citó que en fecha reciente los medios de comunicación dieron cuenta del deceso de tres personas famosas y encumbradas, que lamentablemente tomaron la puerta falsa y atentaron contra su vida. A pesar de tener fama y dinero no experimentaban paz ni tranquilidad; al contrario, vivían en soledad, angustia, desasosiego y tristeza. Había un vacío en su alma que no podían llenar con lo material. Personas exitosas que ni el dinero, ni la salud, ni su familia, ni la fama llenaba su alma. En contraste, el Pueblo de Dios experimenta prosperidad, y, agradecido, vive entregado al Señor y cada día acude a la Casa de Oración a darle la gloria al único Dios Vivo.

 

La Iglesia del Señor está plantada junto a corrientes de agua viva

En consonancia con lo anterior, agregó: «¿Por qué razón nosotros vivimos bien? ¿Por qué la gente voltea y pregunta qué es lo que hay en nosotros? ¿Por qué en la Iglesia está nuestra felicidad? En primer lugar, porque nosotros estamos plantados junto a corrientes de agua viva… Dios no solamente nos planta en un huerto, sino junto a corrientes de agua viva. Y no me refiero a un río material, porque cuando llegan temporadas de sequía, el caudal de agua se seca».

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo mencionó que el agua viva es aquella a la que se refirió el Señor Jesucristo en su diálogo con la mujer samaritana: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva (…) Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4: 10, 13-14).

Y asentó: «Hermanos de Madrid: de esa agua estáis vosotros revestidos. Esa agua es la que corre por las raíces de vuestro tronco día a día, constantemente… esa agua humedece tu raíz, alimenta el tronco y lo fortalece, porque esa agua es la Palabra de Dios. Aquí, en este lugar, a las cinco de la mañana, a las nueve de la mañana, a las seis de la tarde —tres veces al día— tu raíz está absorbiendo de esa agua. ¿Cómo está tu tronco? Fuerte, frondoso, listo para cualquier tempestad. Vienen las lluvias, los vientos y las tempestades y no le pasa nada, porque la raíz está bien arraigada porque eres un árbol frondoso que Dios te sembró junto a este arroyo de corrientes de agua viva.

«Al estar plantados junto a corrientes de agua viva daremos fruto a su tiempo. En contraste, ¿qué pasa con un árbol que es sembrado en el desierto?, al no tener de absorber el agua para alimentar su tronco, sus ramas y hojas se secan. El árbol que está sembrado junto a arroyos de agua viva es frondoso y tiene su verdor, inmediatamente después, de su rama brota un fruto, lo que indica que no es estéril, que aquel tronco realmente está absorbiendo esa agua día tras día.

«En un paralelismo, nosotros podemos beber esa agua día a día: sólo basta que dirijamos nuestros pasos a este lugar y aquí corren esas hermosas corrientes, para que esa raíz espiritual, que es tu fe, la absorba y se alimente. Y no solamente se alimente sino que produzca frutos.

 

No fuimos traídos a ser estériles: debemos abundar en frutos

«Nosotros nunca estamos satisfechos con el fruto que damos, sino que siempre estamos procurando abundar cada vez más. El hermano solícito siempre está dispuesto porque quiere que su fruto abunde. Este hermano está alimentándose de aquella corriente de agua que pasa por su raíz. Vive pensando cómo agradar a Dios y cuando da un fruto ya está pensando en el próximo fruto que habrá de dar. Cuando llegamos a un huerto de naranja, este no se agota en una cosecha porque en la siguiente temporada vuelve a ver otro lote naranjas. Aquel huerto que es continuamente regado no solamente da una vez fruto: lo hace de manera continua. Así es el hijo de Dios que es plantado junto a corrientes de agua viva: no solamente da fruto, sino que cada vez que pasa su señor lo ve frondoso, hermoso y lleno de frutos.

«Los hermanos que viven junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, tienen un frondoso follaje: son productivos, a pesar de la adversidad, la prueba o la enfermedad. Se miran como el árbol robusto y no como árbol seco que al moverlo sus hojas caen porque ya están muertas.

«En estas tierras estériles, a finales de los setentas empezó a correr un pequeño río de agua viva que hoy es un arroyo grande. Cada día se va llenando de más árboles. Vienen las adversidades y nuestra hoja está pegada al tronco de nuestra fe, porque Cristo nos sembró junto a arroyos de agua viva. Todo lo que hagas, mientras sigas alimentándote de esta agua espiritual, mientras sigas guardando esta enseñanza, esta doctrina que Dios me ha dado, todo lo que hagas lo verás prosperado. Los que vivimos como estos árboles nunca perderán, pues en Dios se encuentra seguros. Nunca desfallecerán pues siempre tendrán nuevas fuerzas. Nunca vivirán en lamentos y quejas porque Dios vela por ellos. Nada ni nadie nos moverá porque están perfectamente plantados, seguros, firmes, en el lugar en que Cristo nos ha plantado. Tienen la garantía que Dios prosperará el trabajo de sus manos y les irá bien. Y no hablo sólo de lo material, sino principalmente de lo espiritual».

 

Madrid es Hermosa Provincia; España, la puerta del Evangelio para Europa, Asia y África

En otro momento, expresó: «Madrid: tú eres Hermosa Provincia, el gozo de toda la tierra. Dios me ha puesto cual hortelano para cuidar este huerto aquí en España, y me ha dado a la Iglesia de Europa como una viña fértil que me tocó ver cómo el Apóstol Samuel Joaquín cuidó y trabajó incansablemente. Este huerto, al dormir el Apóstol Samuel, no quedó olvidado. Hoy vengo otra vez a decirte que aquel arroyo ahora se ha ensanchado. Ahora es un río, y mañana será una hermosa cascada porque la Iglesia sigue caminando como la luz de la aurora. Yo deseo que crezcáis como esos árboles que están junto a las corrientes de agua y que vuestro fruto abunde más y más, y nunca encuentre que tus hojas se han caído, sino que cada vez que yo venga te vea más frondosa, hermosa, y llena de frutos.

«Yo me alegro con vosotros, hermanos de Madrid. Este templo marca la prosperidad de la que Dios me habló y me dijo: ‘Si hoy ves este Pueblo grande yo lo multiplicaré aún más’. Vosotros sois para mí el agua que David deseaba beber, la cual se encontraba la puerta de la aldea donde él vivía, llamada Belén (v. 2 Samuel 23:15). Vosotros sois para mí la satisfacción que experimentó Salomón cuando dedicó aquel glorioso templo (v. 2 Crónicas 6). Vosotros sois para mí como aquel vaso de agua que dio la samaritana al señor Jesucristo cuando él llego cansado y lleno de sed a aquella fuente (v. Juan 4: 7-15). Vosotros sois mi descanso y, espiritualmente, sois como María, Marta y Lázaro (v. Juan 11:5), que cuando yo paso por estos lugares su sombra me permite descansar, aislarme del sol y llenarme de descanso en un momento.

«Hermanos de Europa: vosotros sois mi orgullo, mi gloria, mi corona. Creced, multiplicaos y llenad España del Evangelio que Jesucristo me ha revelado y me ha entregado. Con esta firmeza —una firme esperanza—, quiero consagrar este templo, para que desde este momento sea llamado Casa de Dios. Permaneced firmes hasta el último aliento, para así, cada vez que yo venga a estos lugares, pueda venir a este huerto y recrearme en él. Voltear a ver su Casa de Oración, poder sonreír y decir: ¡Gracias, Señor, por las bendiciones que nos sigues dando!».

 

Consagración del templo

Antes de la dedicación del templo a la gloria de Dios, el Apóstol de Jesucristo invitó a cantar el himno n. 377, «Muchas cuentas tengo con mi Señor». Posteriormente, formuló las siguientes preguntas: «¿Estáis contentos de ser la Iglesia de Cristo? ¿Realmente sois felices en el Pueblo de Dios? ¿Te comprometes con Dios, el que me envió, y con nuestro señor Jesucristo, a ser fieles hasta el último aliento?… ¿Qué es lo que necesitamos?, cumplir la voluntad de Dios y todo lo demás Él lo va a añadir a nuestra vida. Estaremos seguros, en el hueco de su mano, como siempre nos ha llevado».

A continuación, solemnemente consagró el primer templo en Madrid, puerta del Evangelio a Europa, África y Asia: «Bendito Padre celestial: bendice este lugar que tus hijos han preparado para venir a él todos los días a alabar, bendecir y adorar tu nombre. Hoy, con la facultad que tú me has dado, y en representación tuya, vengo a decirte que este techo que cubrirá tus hijos cuando ellos vengan a alabarte, sea santificado. Que estas paredes, estos pisos, que recubrieran a tus hijos donde cantarán las alabanzas de adoración a tu nombre y a tu hijo amado, sean bendecidos cada día. Que cuando vengan a saciarse de esta agua espiritual sean bendecidos.

«Que este ministerio, en donde el hermano se pare a recordar tu Palabra Santa, sea bendecido. Pero hoy pido más, Señor: que tus hijos sigan siendo bendecidos en tu nombre y cada día más edificados en tu Santa Palabra. Tu oirás sus peticiones y sus cantos todos los días y tu oído estará presto a ellos. Tu Espíritu descenderá y morará en medio de ellos y se paseará entre ellos, los abrazara, y cada uno sentirá tus caricias y tus abrazos. Sentirán que no están solos. Te lo ruego y te lo suplico en la facultad que tú me has dado».

 

Despedida

Luego de la histórica consagración, el padre en la fe dirigió un mensaje final a sus hijos madrileños: «Me despido con alegría, hermanos de Madrid. Seguido pasaré por estos lugares. Antes de llegar a Asia, África y Europa, quiero venir a este huerto hermoso y recrearme. Pero no quiero ser como el hombre que vio aquella higuera seca y dijo que mejor sería cortarla (Lucas 13: 6-9). Yo quiero decirle al Señor: ¡Tus hijos son sabios entendidos y vendrán cada día este lugar, beberán de esta agua y mantendrán su tronco fuerte, su follaje abundante y también abundarán en frutos y en buenas obras. Dios los bendiga y los guarde».

Antes de despedirse, desde el altar envió un abrazo simbólico a los presentes: las visitas que estuvieron presentes en el recinto sagrado, el Coro de Getafe y los hermanos de Madrid, Cuenca y Torrecillas —algunos de ellos de orígenes geográficos distintos: salvadoreños, colombianos, mexicanos y cameruneses—. Mientras caminaba por el pasillo central, el himno insignia del ministerio apostólico contemporáneo se escuchaba estentóreo: «Soy yo soldado de Jesús y Siervo del Señor…».

En este día histórico, los rostros de alegría y las expresiones de júbilo espiritual sin par, por tener entre ellos al padre en la fe, se manifestó no solo en los hermanos —hombres, mujeres y niños—: las visitas también experimentaron la bendición de Dios y el roce del manto de la Elección en sus corazones.

Posteriormente, el hermano P.E. Oscar González invitó al Apóstol del Señor, a su familia y sus colaboradores a la casa pastoral, donde participaron de los alimentos. Ahí le presentaron a cuatro jóvenes —dos hombres y dos mujeres— que recién se bautizaron y que son de ascendencia española generacional.

Luego de la cena, el insigne visitante regresó de nuevo a la Casa de Oración para contemplar su diseño y funcionalidad. Se le mostró un edificio adjunto habilitado como oficina de la Iglesia. Cabe destacar que al ser España la puerta del Evangelio para Europa, África y Asia, de la importancia capital de esta nueva comunidad en Madrid.

Al termino de su estadía, los hermanos madrileños, quienes se encontraban en la parte exterior del templo, se despidieron del Apóstol: «Dios lo bendiga», «España le ama», «Juntos hasta el último aliento»… Enjugando las lágrimas de sus mejillas, los corazones de los hermanos saltaban de alegría en esta fecha jubilosa. «Dios los bendiga y los siga prosperando», asentó el padre en la fe con una sonrisa en sus labios y un oscuro de amor.

Así se escribió un capítulo más de la historia del apostolado contemporáneo, el de Naasón Joaquín García, Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo.