El Apóstol Naasón Joaquín visita tres subsedes: La Amistad, 20 de noviembre y Parque Solidaridad

El Apóstol Naasón Joaquín visita tres subsedes: La Amistad, 20 de noviembre y Parque Solidaridad; acude a los albergues y saluda a sus invitados

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El sábado 12 de agosto, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó tres de las once subsedes ubicadas en la Zona Metropolitana de Guadalajara: colonias Jardines de Santa Isabel (la Amistad), 20 de noviembre y Parque Solidaridad. Estas subsedes, además de tener su espacio propio para el culto religioso, proveen de albergues para hospedaje a los peregrinos procedentes de algunos estados de la República Mexicana que, durante el mes de agosto, acuden a la Santa Convocación.

El reloj marcaba las 9:10 de la mañana cuando el Apóstol del Señor arribó a su primer destino: la iglesia de la colonia Jardines de Santa Isabel —conocida también como «La Amistad»—, ubicada en la calle Belisario Domínguez n. 3501, en Guadalajara. Le acompañaron en este recorrido su esposa, la hermana Alma Zamora, su hija Eldai Joaquín y la hermana D. Eva García, así como los hermanos P.E. Uzziel Joaquín, P.E. Benjamín Joaquín, P.D. Rigoberto Mata, P.D. Daniel Valerio, P.E. David Venegas, P.E. José Oreste Sánchez y P.E. Miguel González. El ministro local, hermano D.E. Magdiel Medina, dio la bienvenida al insigne visitante.

«Aunque la distancia nos separa —de una colonia a otra—, en el espíritu estamos perfectamente unidos»: mensaje apostólico

Antes de ingresar al santuario —réplica del templo de Salomón—, el Siervo de Dios platicó brevemente con sus colaboradores. Encargó al hermano P.D. Daniel Valerio que dirigiera unas palabras: «Le dice a los hermanos que mi presencia en este lugar está diciéndoles que no están solos. Vengo un momento para que sientan que estoy con ellos, ya que somos un solo cuerpo en Cristo. Aunque la distancia nos separa —de una colonia a otra—, en el espíritu estamos perfectamente unidos. Mi presencia es, pues, para recordarles que no están solos y que ellos también son parte de la festividad».

Enseguida, el Apóstol ingresó al templo. Caminó por el pasillo central, saludando a su paso a las hermanas y hermanos que se encontraban atentos al tema doctrinal de esa mañana, subió la escalera de madera de pino y tomó su lugar en el Ministerio. La alegría y el júbilo espiritual de los presentes brotó de lo más íntimo de su ser: el alma. El hermano Daniel Valerio cumplió puntualmente la instrucción: dio el mensaje apostólico e invitó a la Iglesia a elevar una plegaria al Creador. Esta mañana, luego de su presentación, el Siervo de Dios desayunó en la casa pastoral, acompañado de su familia y sus colaboradores.

A las 10:53 de la mañana, el Mensajero del Evangelio eterno se despidió de los hermanos que están albergados en esta subsede —procedentes del estado de San Luis Potosí—, con la satisfacción de haber constatado personalmente que sus hijos espirituales se encuentran bien atendidos por los anfitriones. Un numeroso grupo de hermanos, despidieron con alegría al padre en la fe.

Histórico encuentro con los hermanos de Zacapoaxtla, Puebla

De la colonia «La Amistad», el Apóstol del Señor se dirigió, junto con su familia y colaboradores, al Parque Solidaridad, ubicado en el municipio de Tonalá —otra de las subsedes de la Santa Convocación—. En el domo se hospedó un numeroso grupo de hermanos de la región de Zacapoaxtla, Puebla.

Cuando ingresó al domo, desde las gradas saludó a los hermanos que se encontraban en la parte inferior: «¿Cómo están, hermanos? ¿No les falta nada? Vengo a estar con ustedes un momento para que no se sientan solos». Las hermanas y hermanos que se encontraban en ese espacio, por un instante permanecieron atónitos, pero enormemente felices por el momento que estaban palpando: el padre en la fe acudía a visitarlos y a dejarles palabras de bendición, consuelo y ánimo espiritual.

Al salir del domo, le indicó al hermano Oreste Sánchez el saludo que dirigiría: «Dígales que, aunque estén un poquito retiraditos, no deben sentirse solos: estamos perfectamente unidos, y por eso vengo a estar un momento con ellos». Al salir del domo, se detuvo unos instantes para saludar al orfeón de Zacapoaxtla, cuyos integrantes vestían sus atuendos regionales, y posteriormente los invitó a pasar al recinto sagrado —que provisionalmente se erigió en la parte contigua del espacioso auditorio—.

Cuando el insigne visitante ingresó al templo —contiguo al domo—, el Manto de la Elección toco los corazones de todos y la bendición de Dios se desbordó a raudal, sin límites. Los hermanos, levantando sus manos, le saludaban; las madres de familia, sosteniendo a sus pequeños hijos, hacían lo propio; el Coro de San Luis Potosí entonaba con singular regocijo el himno-insignia del ministerio apostólico contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús».

El Apóstol Naasón Joaquín caminó por el pasillo central en dirección a su ministerio. El hermano Oreste, entonces, dirigió el saludo apostólico a los hermanos zacapoaxtecos. Al término de esta histórica presentación, el Siervo de Dios les dio un abrazo simbólico, tomando sus manos abiertas y reposándolas en su pecho. Enseguida, dirigió estas a sus labios y externó un ósculo de amor a su gran Señora: la Iglesia amada de Jesucristo.

Al bajar del área ministerial, algunos de los niños, de manera espontánea, se acercaron a él y saltando de alegría en sus corazones lo abrazaron. En sus almas experimentaban la presencia del Espíritu de la Elección entre ellos. Sin duda, era la primera vez que contemplaban de cerca a un Varón de Dios. Sus pequeños rostros, en instantes, estaban anegados de lágrimas. Un recuerdo imborrable en sus vidas. El Ungido de Dios, en correspondencia, tocó con su mano las cabezas de algunos de ellos, sonrió, les dio unas palabras y dejó su bendición apostólica.

Iglesia de la colonia 20 de noviembre

Del «Parque Solidaridad», el Apóstol Naasón Joaquín se dirigió a otra subsede tonalteca: la Casa de Oración ubicada en la calle Gobernador Curiel n. 332, en la colonia 20 de noviembre. El reloj marcaba las 11:45 de mañana.

Antes de ingresar al templo, se dirigió a uno de los albergues contiguos a la Casa de Oración. Al ver a algunos hermanos de la tercera edad les preguntó: «¿Cómo han estado, hermanos? ¿No se les mete el agua a su albergue? ¿Todo está bien?». Los hermanos, atónitos, comenzaron a llorar. El gozo experimentado en su hombre interior no permitió articular palabra alguna. «Dios le pague, Varón de Dios. Lo amamos en Cristo», dijo una hermana. «Dios los bendiga», asentó el padre en la fe y se despidió con una sonrisa de . De ahí pasó al interior del templo para estar con sus hijos espirituales y expresarles, con su presencia, que ellos están cerca de él y él cerca de ellos.

El coro cantó el himno «Tiempos de Gracia»: «… se llena nuestro corazón vivir en tiempos de un Varón de Dios».… El Excelentísimo Apóstol de Jesucristo contemplaba con profunda satisfacción el rostro de sus hijos espirituales, hermosos y amados.

El hermano David Venegas, quien fue el pastor designado para dar el saludo apostólico, expresó: «El Apóstol de Jesucristo está entre ustedes y viene a decirles que no están separados: ustedes viven en su corazón; qué la distancia que nos separa, por las diferentes colonias donde están hospedados, no es un motivo para sentirnos divididos; al contrario, la unión es la que ha hecho nuestro Dios… el Manto de la Elección Apostólica nos ha cubierto. En todas las iglesias donde está hospedada la Iglesia del Señor, todos estamos unidos. Así que no nos sintamos aislados: el Espíritu de Dios es el que nos ha unido».

Antes de concluir su recorrido, el Apóstol de Jesucristo visitó otro de los albergues, ubicado en la escuela primaria 1 de mayo, a dos cuadras del templo. Ahí constató personalmente cómo se encuentran sus hijos en la fe: «La paz del Señor sea con ustedes. ¿Cómo han estado? ¿Han estado con bien? La hermana, sollozando, responde: «Bien, gracias a Dios». Enseguida, se acerca un padre de familia con su pequeño hijo y el Siervo de Dios le pregunta: «¿Es su bebé?». La respuesta es afirmativa. Enseguida le toca su cabecita con su mano y les dice: «Dios los bendiga».

Enseguida, corroboró el buen funcionamiento de los servicios y la correcta operación de los diferentes ministerios de la Iglesia —Salud, Bienestar Social, Protección Civil, Alma de Mujer, entre otros—, en favor de sus hijos espirituales e invitados. Posteriormente, antes de retirarse, se dirigió a un pequeño grupo de hermanos: «Qué gusto verles y saber que están bien, hermanos. Dios los bendiga».

A las 12:21 del medio día, mientras en el templo sede internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, en Hermosa Provincia, se escuchaban las estentóreas notas de la alabanza «Porque esta es la fiesta más grande de toda la tierra», el padre en la fe retornaba a su hogar, luego de haber llevado consuelo, confortación y regocijo a sus invitados especiales.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.