El Apóstol Naasón Joaquín une en matrimonio de honra a su hija Sibma

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 7 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, presidió en matrimonio de honra de su hija, la hermana Sibma Joaquín, con el joven Sadrac Villalpando, en la Iglesia de Santa Ana, California.

Desde temprana hora, la Casa de Oración, ubicada en Santa Ana Boulevard E, n. 512, se encontraba pletórica de hermanos, tanto en su interior como en su exterior. Previo a la citada ceremonia, el hermano PD. Daniel Núñez presidió la Escuela Dominical, que inició a las nueve de la mañana. «El matrimonio cristiano», el tema abordado en esta mañana.

 

Inicio de la ceremonia religiosa

El reloj marcaba las 10:59 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo, acompañado de su hija Sibma —la primera de sus tres hijos que entrega en matrimonio—, ingresó al templo, mientras se escuchaban las notas del himno n. 142, «Dios bendiga las almas unidas», entonado de manera singular por el Coro local y secundado por la Iglesia.

Cabe destacar que el 4 enero de 2015 —tres semanas después de su Llamamiento—, el Apóstol de Jesucristo se presentó en la Iglesia de Santa Ana, California, última congregación que pastoreó en sus 28 años de trabajo ministerial, previo al inicio de su Ministerio Apostólico. En esa ocasión, acudió a agradecer el apoyo que los hermanos le brindaron durante más de cuatro años, a despedirse y a honrar a su madre, la hermana D. Eva García. Fue la primera presentación apostólica que tuvo lugar fuera de Guadalajara.

El 8 de diciembre de 2017, Dios le inspiró recordar el tercer aniversario de su Llamamiento Apostólico —que tuvo lugar el 8 de diciembre de 2014—, entre los hermanos de la Iglesia de Santa Ana. En punto de las cinco de la mañana, elevó una oración de acción de gracias y de adoración a Dios, quien lo puso al frente de la Iglesia y le prometió el crecimiento y prosperidad que se cumple con creces cada día alrededor del mundo. El 7 de enero de 2018, el Apóstol del Señor dispuso que la boda de su hija Sibma y su ahora esposo, el hermano Sedrac, fuera en Santa Ana, California.

 

Consejo apostólico al matrimonio cristiano

Al iniciar su consejo, el Apóstol del Señor expresó la satisfacción que experimenta en su corazón, al permitirle Dios entregar a una de sus hijas en un matrimonio de honra —la primera—, y que su compañero tenga una dignidad única: ser un hijo de Dios. Lo acompañaron en la Casa de Oración —que se extendió hasta la parte exterior del templo, donde se instaló una carpa blanca y pantallas—, su esposa, la hermana Alma Zamora, y sus hijos, así como por la hermana D. Eva García, sus familiares y los del hermano Sedrac, la Iglesia de Santa Ana, algunos pastores e invitados.

Enseguida, previo a la unión, dirigió un consejo a la joven pareja y a los matrimonios en general: «Siempre que tengan problemas, porque es natural que en un matrimonio haya momentos en que se presenten dificultades: dolor, tristeza y angustia sus vidas, sepan siempre que hay una fuente a la cual acudir —la única—: esa fuente es la Palabra de vida eterna. Cuando viene la tribulación, la tristeza o el dolor, recurrimos a ella y nos aconseja de acuerdo a cada circunstancia. Entonces, en alguna situación o problemática que estemos viviendo, la Palabra de Dios nos da la clara respuesta y nos dice lo que tenemos que hacer, conforme a lo que el Señor ha establecido, para actuar en consecuencia de acuerdo con la voluntad de Dios».

 

Sujeción a la Palabra de Dios: indispensable para que el matrimonio sea bendecida

En otro momento, recordó que en el matrimonio cristiano no deben imperar las ideas o pensamientos personales sobre la doctrina santa, así como la intromisión de familiares o amistades en las desiciones de la pareja. Si el matrimonio se sujeta en su vida a la Palabra de Dios, será bendecido sobremanera. Y agregó: «Ante los problemas y las circunstancias difíciles, todo lo que pueda ser en contra del matrimonio, en el momento en que yo aplique esa hermosa enseñanza en mi vida, vendrá la bendición de Dios (…) No debes esperar a que tu pareja cambie para que tú cambies; en el momento en que digas: ‘Yo voy a aplicar el consejo de la Palabra de Dios’, la bendición y respuesta divinas vendrán al instante para nosotros».

Enseguida, el Siervo de Dios tomó la protesta al nuevo matrimonio: «Quiero hacerles las siguientes preguntas, no por que ustedes las ignoren, sino porque es necesario que las comprendan y se comprometan delante de Dios a cumplir con este voto todos los días de su vida. La Iglesia únicamente será testigo de este pacto que ustedes harán (…) Así es que el voto no va dirigido a su Hermano Naasón o al ministro: el voto es a nuestro Dios. La aceptación de su compañera, tanto en la abundancia como en la escasez; en la enfermedad como en la salud; tanto en la riqueza como en la pobreza… en suma, en todo momento».

En su nítido consejo, el Apóstol Naasón Joaquín destacó que en la Iglesia del Señor no es menor el papel que desempeña la mujer, y una de las responsabilidades del marido es tratarla con amor, respeto, consideración y protección… como a vaso más frágil. Enseguida, se dirigió de nuevo a la joven pareja: «Hoy vienen a presentar sus votos de amor delante de Dios, y le están prometiendo que se van a amar, a cuidar, a respetar, y van a ver el uno por el otro hasta que la muerte los separe. Vendrán días difíciles, sin duda; tendrán diferencias, muchas, por que cada uno tiene una mentalidad diferente… pero hay algo que los va unir: esa union es la doctrina del Señor, que sujetándose a ella, ustedes verán que todos esos problemas se van a disipar y van a desaparecer. El Señor, por medio de su enseñanza, les garantiza la felicidad».

En este tenor, mencionó que no son los padres, amigos, compañeros de escuela o de trabajo quienes les darán el consejo que necesitan en los momentos de conflicto. Y añadió: «Si de verdad buscan la felicidad, hay un hermano que yo eh dejado en cada Iglesia, y cuando ustedes se acerquen a él le digan: ‘Hermano encargado: aconséjenos’, él, dentro de la doctrina, les dará el consejo y ustedes, con la fe de Dios, le responderán: ‘Primeramente Dios, así como nos dice el consejo, así lo habremos de hacer’; y comprobarán —como muchos lo hemos comprobado— que sujetos a la enseñanza y a la doctrina del Señor, hemos sido y somos muy felices.

 

Unión matrimonial de la hermana Sibma con el hermano Sadrac

«Hermanos: invito al Coro para que entone una alabanza. Bajaré de mi ministerio y uniré a mi hija en matrimonio con el hermano Sadrac Villalpando, para que, con la autoridad que Dios me ha permitido, en este momento quede unido este matrimonio. Mi oración será para que Dios les traiga bendición y les dé felicidad. Mientras ustedes estén cumpliendo esta hermosa enseñanza —la doctrina de Jesucristo— la bendición de Dios sobreabundará: la paz, la salud y la prosperidad serán en su hogar… sin Dios, nada podemos hacer», afirmó.

El reloj marcaba las 11: 13 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo invitó al Coro local a entonar una alabanza —el himno «Bendice esta unión»—, y a los ministros e iglesia de Santa Ana, a acompañarlo con una oración en este oficio sagrado. Enseguida, descendió de su ministerio y procedió a unir a la joven pareja en santo matrimonio. Impuso sus manos sobre los esposos y elevó una oración a Dios en favor de ellos. La Iglesia y el Cuerpo Ministerial, como un solo hombre, se unieron a esta ferviente oración

 

Despedida

Luego de unir al matrimonio, el Apóstol del Señor dirigió un mensaje final a la Iglesia de Santa Ana y al Cuerpo Ministerial: «Acompañemos en una alabanza para despedir al hermano Sadrac y a la hermana Sibma, que hoy saldrán de este templo como marido y mujer delante de Dios y delante de los hombres (…) Quiero agradecerle a Dios porque, aún en esta union de mi hija, a mi me trae alegría y lo tomo como una bendición de Dios. A Él le tengo que dar la gloria, la honra y la alabanza, porque me permite, con felicidad, poder entregar en matrimonio a mi primera hija.

«Agradezco a Dios por estas bendiciones, y también a la Iglesia de Santa Ana, de gratos recuerdos. ¡Siempre los llevo en mi corazón!, por ese hermoso compañerismo que siempre ha demostrado para conmigo; a los hermanos familiares, a los hermanos que fueron invitados y a los pastores que hoy también están con nosotros… Por la situación de premura de la Santa Cena y las visitas a las Iglesias, no pude invitar a todos los pastores, pero los que están presentes les representan. Dios les pague a todos. Que la paz de Dios quede en sus corazones.

El reloj marcaba las 11:25 de la mañana cuando el Embajador de Cristo se despidió de la Iglesia, en este día de grande alegría espiritual y familiar. La fragancia espiritual de la Elección perfumó a los hermanos de esta localidad con su singular aroma: el olor de vida para los hijos de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.