En su presentación en Pachuca, Hidalgo, el Apóstol Naasón Joaquín intercede por la reconciliación de los hijos de Dios

(Coordinación de Crónica Apostólica).– La mañana del domingo 11 de junio, la presencia de Dios en su Apóstol hizo temblar de regocijo espiritual el corazón de los seis mil hermanos hidalguenses que se dieron cita en el Polideportivo de la Universidad Autónoma de Hidalgo, ubicado en Pachuca, para escuchar los invaluables consejos del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, quien durante las presentaciones realizadas en la décima etapa de su Gira Universal por los estados de Guerrero, Morelos y Tlaxcala, ha transmitido lo que Dios puso en su corazón: el crecimiento y prosperidad de la Iglesia.

El evento dio inicio a las diez de la mañana, con la presencia de miles de personas que desde temprana hora ingresaron al lugar acondicionado para la ocasión; diversos pendones mencionaban la ubicación de las iglesias del estado de Hidalgo: Tulancingo, Zimapán, Santiago Tulantepec, Tasquilla, Huasca de Ocampo, Huichapan, Chapantongo, Real del monte, Tizayuca, Nueva estrella, Huejutla, Pachuca, Zacualtipán, Tlahuelilpan y Actopan; así como los batallones de evangelización que también acudieron, procedentes de Apan, El Arenal, Mineral de la Reforma, Zempoala, Ciudad Sahagún, Tula de Allende y Progreso de Obregón. También participaron los coros estatales de Nayarit, Jalisco e Hidalgo, quienes encendieron el fuego espiritual de los asistentes y elevaban el espíritu con melodiosas alabanzas a Dios.

En el espacio de consagración, el hermano P.E. Jonatán Mendoza pidió a la Iglesia que con entusiasmo entonara el himno 321, “Loores dad a Cristo el Rey”, invitando a los congregados a alabar al excelso y soberano Dios, propósito santo que también se cumplió con la meditación del salmo 24, “De Jehová es la tierra y su plenitud…”. A las 10:30 de la mañana, ingresó al recinto el Embajador del reino de los cielos. Los presentes ondearon pañuelos blancos y los coros entonaban un cántico de reconocimiento a la Elección del Apóstol Nasón (composición de la hermana Rebeca Aguilar), en cuya estrofa cantaban: “Grande gozo siente nuestro corazón, al mirarle gran Apóstol del Señor, esta dicha embarga así nuestro interior, porque usted de Cristo es el resplandor…”; el Siervo de Dios, a su vez correspondía diciendo: “¡Yo también soy feliz, vosotros sois mi descanso, vosotros sois mi felicidad!”.

Salutación apostólica

Ya en el ministerio se dirigió a la Iglesia: “¡Que la paz de Dios inunde vuestro corazón con su presencia y os llene de sabiduría… estado de Hidalgo, uno de los más pequeños de México, pero que en ti se va cumpliendo la promesa de expansión: sois rico en fe y abundáis en buenas obras. Lo veo en la forma en que me recibisteis, como a un ángel de Dios, y más que eso, como al mismo Cristo… he hallado fe y unidad; he sentido vuestro reconocimiento, he encontrado ministros responsables, hermosos templos y una Iglesia ferviente”, motivos por los que pidió a sus hijos en la fe que si eran felices, entonaran con alegría y gratitud el himno 234, “Grandes bendiciones”, las cuales, dijo, serán mayores en los cielos, cuando estén con el Señor, como coherederos junto a Cristo, el redentor de las almas.

Por el recibimiento que le prodigaron, que no sólo es por su presencia, sino porque reconocen quién es el que lo puso al frente de la Iglesia –Dios y Jesucristo–, les dijo que él sólo es su siervo, al cual encomendó esta Iglesia, para guiarla y encaminarla hacia la vida eterna y agregó que justamente es lo que ha venido haciendo, transmitir lo que Dios pone en su corazón, para prosperidad de la Iglesia y en esta mañana les explicaría cómo lograrla.

De igual manera, habló también de los obstáculos que podrían presentarse para evitar que se logre ese crecimiento prometido, y agregó: “La palabra es de fe y se verá cumplida en los que creen, por lo tanto Dios dará conforme Él vea, de acuerdo al proceder y sujeción del hermano a la doctrina de la Iglesia, pero cuando esto ocurra, deberá recordar siempre a Dios y cumplir sus mandamientos”.

Para comprender cómo lograr las bendiciones prometidas, invitó a leer el siguiente pasaje: “Y Jehová dijo a Abraham: anda delante de mí y se perfecto y te multiplicaré en gran manera” (Génesis 17:1). Con esta afirmación, el Apóstol de Jesucristo introdujo el tema de su consejo de esta mañana ante los hermanos hidalguenses y numerosos simpatizantes de la Iglesia, a quienes explicó que ese día hablaría a la Iglesia Universal acerca de cómo lograr las bendiciones y aseguró que “Dios desea prosperarnos y lo hará de acuerdo al pensamiento de su corazón, para que cuando venga la prosperidad y sean bendecidos, no se olviden que todo lo que nos sucede, viene de Dios…”.

Para consolidar la confianza en la promesa de prosperidad y lo que será menester hacer para alcanzarla, y aún conservar las bendiciones, explicó las condiciones que Dios puso a Israel, su Pueblo, para bendecirlo e invitó a la audiencia a leer en Deuteronomio 17:18: “Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas y lo tendrá consigo y lo leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios…”, pero con un temor reverente, ordenanza dada porque el Señor no quería que el rey de Israel fuera igual que todos los reyes de la tierra, antes debía leer diario la Ley de Moisés para aprender a gobernar con justicia, no apartarse de Dios y nunca enseñorearse de su Pueblo.

En la tierra no hay mayor autoridad que la Palabra de Dios

En la era de Cristo también Dios dio una ley, -expresó el Apóstol-, el evangelio y creer en él es asumir deberes con Dios, practicar la doctrina por convicción y no a la fuerza, ya que en la iglesia no se vive con miedo al castigo, sino con temor reverente y en libertad para agradar a Dios o nunca ofenderle, porque “en la tierra no hay mayor autoridad que la Palabra de Dios, la cual nos enseña a temer a Dios, a permanecer en su amor, a amar al prójimo y a nunca enseñorearse de sus hermanos, para que Él cumpla sus promesas; y si puso a los reyes, estos mandatos eran para que Dios los prosperara, con mayor razón a sus hijos en Cristo. Este mandamiento, en esta nueva era apostólica se traduce en “ir diariamente a la oración a escuchar las recomendaciones de la Palabra de Cristo o su doctrina, sujetarse a ella, entenderla, aceptarla y practicarla como él lo estableció, ¡no como cada quien lo quiera hacer o cuando tenga tiempo¡ Es necesario que dejes un espacio de tu día para acudir a la Casa de Oración a agradecer a Dios el pan que nos da, el sustento, el trabajo, la vida, la salud propia y de nuestros hijos. Doblar las rodillas y decirle: ¡por tantas dádivas preciosas que nos das, gracias Dios mío¡, ¡vengo a agradecerte y a adorarte!”.

Israel era un Pueblo insignificante y pequeño, del cual salieron reyes; la prosperidad le vino por la promesa a un hombre elegido por Dios

Con el fin de anclar su consejo en la Iglesia Universal que lo escuchaba o veía por internet, así como en los presentes, a los que se dirigió explicando los beneficios de aceptar el Evangelio de Cristo, el Siervo del Señor reiteró que vivir en esa fe, nos trae muchos bienes, entre ellos los más loables: se aprende a temer a Dios, que es el principio de la sabiduría, nace la fe preciosa que viene por el oír la Palabra de Dios, y por la obediencia alcanzamos las promesas, que en esta nueva era apostólica son de prosperidad; para cuando esta llegue, digamos: ¡Hoy Dios me quiso bendecir!, ¡Iré a la oración a darle las gracias!; consejo que la Iglesia presente tomó como un mandamiento de Dios y asintió con reiterados amén, cuando el Ungido de Jehová se refirió al bosquejo o sombra de lo real, a Israel, un Pueblo que era insignificante y pequeño, del cual salieron reyes, porque la prosperidad les vino por la obediencia y fe en la promesa de Dios a un hombre elegido por Él (v. Génesis 17: 1-2).

Para mayor comprensión de la audiencia, la invitó a analizar con ese texto, la historia patriarcal del pequeño Pueblo que se convirtió en el especial tesoro de Dios, a quien eligió entre los pueblos para mostrar su gloria, y en ese tenor reiteró que lo escogió de la flaqueza de un hombre, y agregó: “Porque, ¿quién era Abraham cuando Dios lo llamó y le prometió que de sus lomos saldría una gran nación y en él serían benditas las naciones? Era un anciano, pero el cumplimiento de la promesa se verificó cuando nació su hijo y sólo le exigió cumplir un mandamiento: ‘Anda delante de mí, sé perfecto y te multiplicaré en gran manera, porque cuando Dios quiere bendecir lo hace en abundancia, por ello siendo uno solo, Dios le prometió ser padre de reyes…’”.

El Apóstol del Señor destacó que Abraham iba a enseñar a sus descendientes a adorar y temer a Dios, incluso a los siervos les transmitió el respeto y temor reverente al Señor, “…y que por esa bendición tenían que ser limpios, santos, fieles y obedientes a Dios, lo que le extendió la bendición de la promesa a Isaac, que llegó a ser más poderoso que los filisteos (v. Génesis 26:16), y a Jacob, luego a José, quien llegó a Egipto siendo esclavo, pero su respeto y obediencia a las enseñanzas de su padre y el guardarse de ofender a Dios, le aseguró la prosperidad y llegó a ser el Señor de la tierra entre los egipcios (v. Génesis 42:6) . Reiteró el Apóstol del Señor que su obediencia proveyó para sus hermanos, porque sabía que Dios todo lo ve, se guardó de pecar.

Por qué los hebreos, ¿de ser prósperos fueron esclavizados?: por no guardar la Ley y perder el temor reverente a Dios

La Iglesia meditaba en la ortodoxa interpretación apostólica acerca del cambio de condición del Pueblo de Israel, del que la Sagrada Escritura no revela causas, solo enuncia que se multiplicaron y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, después que pasaron a ser esclavos de los egipcios. La razón la explicó magistralmente el Apóstol de Jesucristo, con base en Jeremías 2:14-19: “¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová tu Dios…”; por envanecerse, por olvidarse de darle la gloria al Creador y dejar de agradecer sus bendiciones, incluso ignorar que Él es Omnipresente y que en la senda en que se va, Él la conoce. Esto lo recordaron cuando ya no podían más las cargas que les impuso Egipto, por eso clamaron y Dios vio su aflicción y les envió un libertador.

Así que después de precisar las razones de la desgracia en que cayó el Pueblo de Israel, y reiterarlas para lección de los actuales hijos de Dios que prosperarán por la fe en su Palabra, les conminó a “confiar y creer en las promesas, aunque ocurran adversidades, ya que todo lo que nos pasa, aún las pruebas que Dios nos manda, son para edificar nuestra vida, o nos prueba para que nuestra fe sea genuina, porque quiere prosperarnos y gloriarse de nuestra fe…”. Exhortó a aprender de lo que le ocurrió al Pueblo de Israel, que vivió próspero en el imperio más poderoso de la antigüedad, porque las bendiciones en José fueron mayores; sin embargo, ya sin un guía, las nuevas generaciones, al enriquecerse, se olvidaron de Dios que todo lo ve y durante casi 400 años el Altísimo los dejó y toda la prosperidad quedó atrás, incluso les quitaron el derecho de procrear hijos varones y los volvieron esclavos convertidos en un pueblo débil que se sobrepuso cuando Dios les levantó a Moisés.

Tiempo de gracia y de restauración de todas las cosas

Por ello, dijo categórico: “Cuando el Pueblo se dejaba guiar con nobleza, por un Siervo de Dios, prosperaba, porque estos hombres son profetas o atalayas y apóstoles que están para recordarle al Pueblo del Señor, que son hijos de Dios y por ende su deber es servirlo con ánimo voluntario… olvidarlo, trae consigo la esclavitud, la apostasía y el apartamiento. ¡La única forma en que se preserva íntegro el Pueblo de Dios, es con un guía!”, a lo que los congregados y aún las visitas asentían.

Posteriormente, mencionó que la Iglesia del Señor vive tiempos de restauración, en los que Dios los está prosperando al renovar el ministerio apostólico, afirmó: “Lo primero que restaura el Señor, es el ministerio del apostolado, para después ordenar todas las cosas. Los que creyeron fueron prosperados desde tiempos del Apóstol Aarón, en que siendo un pueblo pequeñito creció, se desarrolló y se internacionalizó con el Apóstol Samuel, ahora en la actual administración, tu hermano Naasón te anuncia tiempo de prosperidad, pero te aconseja no olvidar la doctrina, no olvidar este evangelio, ni olvidarte de vivirlo para que Dios te siga prosperando. ¿Qué es lo único que nos pide Dios?, ¡que nunca olvides quién eres!, ¡eres hijo de Dios, eres hermano del Señor Jesucristo”.

Esta es la nueva ley de Dios bendice a Dios y ámalo en tu prójimo

Y agregó: “¿Te has preguntado para qué te trajo el Señor a su pueblo? Para bendecirte y prosperarte; y cuando el Señor cumpla su promesa, nunca te apartes de los tuyos, ni de tu pueblo, ni humilles a tus hermanos: protégelos y ayúdalos, teniendo presente que todos unidos somos la familia de la fe, la que Dios ha bendecido desde 1926”, afirmación que la Iglesia recibió con emoción espiritual y gran responsabilidad, evidencia de ello fueron las glorias de júbilo que unánimes y de pie expresaban todos los hermanos al escuchar la invitación apostólica y a la vez la fórmula de la prosperidad: ¡Creed en Jehová vuestro Dios y estaréis seguros, creed en vuestro profeta y seréis prosperados!

Corolario

Para cerrar su gloriosa presentación ante la Iglesia del estado de Hidalgo, el Apóstol del Señor invitó a entonar el himno n. 446, “Qué gozo tengo, porque soy salvo…”. Al concluir recalcó que no es gravoso venir todos los días a alabar a Dios, porque es un gozo para el alma, porque la Iglesia la conforman personas diferentes en todo el mundo. “A la gente le parece cosa extraña que vosotros no corráis en el mismo desenfreno que ellos y dicen, ¡qué aburrido!, ¿todos los días van a la Iglesia?; y tú contestas con toda la alegría y sobre todo con gratitud: ¡Sí, todos los días voy a la Casa de Oración a doblar mis rodillas y a decirle: Señor, por tantas dadivas preciosas que he recibido este día vengo a decirte GRACIAS sean dadas a ti!, porque reconocemos que todo lo que tenemos y todo lo que somos es por Dios y por su hijo amado Jesucristo.

“Y así como tomamos un tiempo para el trabajo, para alimentarnos y para dormir, también nos tomamos un tiempo en el día para decirle al Señor: ¡Vengo a agradecerte, porque desde que abro mis ojos me doy cuenta que me has dado un día más de vida!, ¡desde el momento que me levanto me doy cuenta que me has dado salud para ir a mi trabajo y cumplir con mi obligación, para alimentar a mi familia!, y así podría ir enumerando su hermano todo lo que recibimos de parte de nuestro Dios, al que iremos en oración”.

Oración apostólica de intercesión

Grata sorpresa y enorme bendición espiritual fue para la Iglesia Universal, que el Apóstol de Jesucristo conmovido en el espíritu y henchido de misericordia hacia su pueblo, Dios le inspirara interceder en oración por todos. La iglesia cayó en bendición al escucharle y el Apóstol suplicó con reverencia al Padre por sus hijos diciendo: “Yo sé, conforme a la carne, que muchos hemos ofendido a Dios de una u otra forma, pero para eso está tu hermano Naasón en este lugar, para volverte y encaminarte otra vez, y no te alejes del camino que Dios nos ha marcado. Yo sé que muchos dirán: ‘Yo volví a ofender a Dios’; pero si Dios me ha puesto en este mundo para el ministerio de la restauración –por el ministerio de la reconciliación–, entonces quiero otra vez doblar mis rodillas y orar por toda su Iglesia y decirle:

¡Padre nuestro, Señor mío Jesucristo, si tú me has puesto al frente de tu Iglesia con este hermoso ministerio de la reconciliación, hoy vengo a rogarte: he aquí un Pueblo unido, fuerte… es verdad, no todos han sido perfectos… pero si me has dado esta gracia y este poder, en el nombre de tu hijo amado Jesucristo te pido una vez más: reconcilia a tu Iglesia, que sean libres y que vuelvan a tu camino para adorarte a ti, el único Dios Vivo!”.

Ya de pie, y habiendo concluido su oración intercesora, se despidió diciendo: “Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad que estáis en 53 naciones, escuchando mi voz, que Dios te bendiga y que exista en ti ese temor a Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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