“El Llamamiento de los Apóstoles se recuerda con trabajo y obras”: instrucción apostólica dada en la Iglesia de Pachuca, Hidalgo

(Coordinación de Crónicas Apostólica).– “Es muy importante comprender que el nacimiento y el llamamiento de los hombres de Dios es para recordarlos trabajando y con obras, porque su existencia significa vida y esperanza. ¡Nunca olvidaremos el 6 de abril, cuando Dios llamó al Apóstol Aarón e inauguró el periodo de restauración de la Iglesia del Señor, y el 9 de junio, cuando Dios nos manifestó en el Apóstol Samuel Joaquín, que iba a continuar su ministerio de reconciliación…”. Con este mensaje, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, destacó que la existencia de los profetas trasciende, porque por medio de ellos, Dios le da una esperanza al pueblo y a su Iglesia, por lo que aconsejó destacar el Llamamiento y no la muerte de los hombres de Dios.

Asimismo, comentó ante sus ministros, en el comedor de la Iglesia ubicada en San Cayetano, Hidalgo, en donde se congrega el mayor número de hermanos del estado, que la presencia de estos mensajeros fue determinante para que su Pueblo viviera sirviendo al Señor: “Hay que observar que Dios manifestó su voluntad y abrió tiempos de bendición por medio de sus profetas, por ello el 9 de junio no se debe recordar la muerte del Apóstol Aarón Joaquín, ni el 8 de diciembre del Apóstol Samuel, estaríamos como los fariseos que pasaban arreglando las tumbas de los profetas, para aparentar que creían en ellos…”.

9 de junio: lo que se debe recordar en esta fecha

Explicó a los pastores y ministros que lo acompañaron a tomar los alimentos ofrecidos por la Iglesia del estado de Hidalgo, que el 9 de junio se debe celebrar el Llamamiento trabajando, porque ese día fue la manifestación apostólica y un día de salvación para la iglesia, por ello, los conminó a recordar al Apóstol Samuel Joaquín por sus enseñanzas, por sus cartas y mensajes con los que instruyó a la iglesia, porque en su época no contó con la tecnología que hoy permite instruir a la Iglesia Universal, que lo ve y oye por la internet, recursos con los que se puede fortalecer la fe de los hermanos de cualquier latitud.

Precisó que la Iglesia del Señor no debe recordar la muerte de ningún Siervo de Dios, sólo la muerte del Señor Jesucristo, porque trajo vida, y enfatizó la encomienda: “Lo que se debe recordar es el nacimiento y el llamamiento de los hombres de Dios, por lo que significa su vida para nosotros, porque son esperanza y consuelo…”, y su importancia no está en la persona, sino en que son los depositarios de la gracia y en que son los administradores del Evangelio revelado por Dios.

Reiteró que sólo se debe recordar la muerte del Señor, pero recordarlo glorioso, resucitado, magnificente, no como lo representan en los templos católicos, crucificado y martirizado. “Nuestro recuerdo del Señor Jesucristo debe ser de corazón, reconociendo que el Señor vive y reina para siempre y por él recibimos la Palabra implantada por un Apóstol, porque es para vida y además nuestro Dios no es dios de muertos; el hermano Aarón está triunfante bajo el altar de Dios y el hermano Samuel igual está en los brazos de Cristo…”.

Agregó que las conmemoraciones de los llamamientos de los Siervos de Dios son motivo de alegría, porque llevan la misma fuerza, la misma predicación y su palabra penetra al corazón, porque traen palabra de Dios. Verdad que comprobó el Apóstol Naasón Joaquín desde la primera etapa de su gira por Sudamérica, en que vio la obra de Dios en el corazón de la Iglesia, porque ya estaba confirmada su fe. Destacó que “Dios es el que se encarga de que los hermanos reciban la palabra de un Apóstol y el que la acepta se enriquece, porque brota de los labios de un hombre guiado por el Espíritu de Dios, que hace que el que lo escucha crea, se convierta y cambie su manera de vivir”.

Esa es la importancia de los Siervos de Dios, que incluso con su vida, dan ejemplo, como el rey David que ayunaba mientras su hijo estuvo vivo, mas cuando murió, se quitó el sayal, se lavó y comió. Por lo tanto esa tarde concluyó su plática enfatizando a la Iglesia que “sí celebra las fechas de nacimiento y manifestación apostólica, porque son tiempos de esperanza, de bendición, de reconciliación y perdón, la primera inaugura un periodo de gracia, la segunda consolida la fe y la actual esparce una misma doctrina, pero acorde a las nuevas circunstancias y con una fe firme que nadie podrá dañar”.

Antes de salir del comedor enfatizó de lo que hablaría en la oración de seis de la tarde, aclarando que si él o sus ministros utilizan cartas y audios de presentaciones de los Apóstoles anteriores es para exhortar, no para salvar, porque sus administraciones ya no son vigentes.

¡Bendito 9 de junio de 1964 cuando Dios dio a conocer a su Iglesia que la lámpara de Israel no es un hombre, es el Espíritu mismo de Jesucristo!

Ya en el interior del templo y en la oración de la tarde, el Apóstol de Jesucristo dirigió un mensaje no solo a la iglesia de Pachuca, Hidalgo, sino a la Iglesia Universal.

El coro entonaba la alabanza: “Tengo un Padre en la fe”, cuando entró el Embajador del reino de los cielos, entre manifestaciones de gozo y alegría de los hermanos, tomó su ministerio y explicó que su presencia de ese día 9 de junio era con un propósito, destacar la importancia del llamamiento de Dios a un ser especial, para realizar una encomienda divina. Recordó que ese tiempo la Iglesia del Señor atravesó por un momento de dolor por su falta de comprensión espiritual al haber dejado de existir el Apóstol Aarón Joaquín. La falta de conocimiento del Evangelio Eterno les dio inseguridad, pues Dios aún no había manifestado su voluntad, sumado a las burlas de los enemigos, esto les llevó a dudar de su futuro.

Mas como el plan de Dios no se va haciendo conforme se dan las circunstancias –aclaró el Ungido del Señor–, sino que está escrito desde antes de la fundación del mundo, solo estaba esperando el momento para dar a conocer lo que ya había determinado en su plan bendito. Por ello, en el dolor y sensación de soledad que la Iglesia sentía, hubo quien exclamó en el ministerio: ¡La lámpara de Israel se ha apagado!

De ese momento, recordó el Apóstol de Jesucristo, el Señor no permitió que su Iglesia cayera en confusión e inspiró, por su Espíritu Santo, a otro hermano que clamó: ¡no, la lámpara no se ha apagado, sigue encendida!; no obstante que en las limitaciones que conlleva este cuerpo material, todo ser humano tiene sus días determinados por el Creador, aún su Hijo Jesucristo que vino en cuerpo y sangre también tuvo un fin, pero la Iglesia debía continuar según el plan ya trazado por el Señor.

De aquel momento, mencionó el testimonio de los hermanos cuando el Siervo de Dios Aarón oró por su hijo que nació sin vida y lo ofreció para su servicio, mencionó que tal sentimiento de dolor es parte de la naturaleza humana, el mismo Señor Jesucristo mostró ese sentir cuando falleció su amigo Lázaro. Remarcó en su explicación que no fue en ese instante en que Dios oyó su plegaría y dio vida a aquel cuerpecito, que quedó consagrado. Al hermano Samuel, como a todos los hombres de Dios, lo eligió desde antes que se formara, su Elección no fue por intercesión del hermano Aarón. “Ese niño tenía que vivir porque tenía un destino marcado por Dios”, señaló, “y si veinte veces hubiera muerto, igual lo hubiera resucitado porque Dios ya lo tenía en un hermoso plan y debía cumplir lo que ya había determinado”. A diferencia de sus otros hijos que también fallecieron, ni Pablo, de 14 años, ni Eva y Benjamín volvieron a la vida. sin duda como padre también sintió dolor y los presentó.

En esa comprensión espiritual, el Apóstol exclamó: “¡Bendito 9 de junio de 1964, cuando Dios dio a conocer a su Iglesia que la Lámpara de Israel no es un hombre, es el Espíritu mismo de Jesucristo y que ahora estaba en el Apóstol Samuel Joaquín, porque ya se lo había anunciado en Veracruz, recordando ese bello testimonio de la visión mientras realizaba la lectura del libro de Apocalipsis 10 y aquellas memorables palabras: “Ese ángel eres tú”. En referencia al ángel de la visión de Juan que llevaba en su mano un libro, el Evangelio del hermano Samuel, así como en su momento fue del hermano Aarón. Mismo Evangelio que predicó el Apóstol Pedro, el Apóstol Pablo que al respecto dijo: “Ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por Revelación de Jesucristo” (Gálatas 1:11-12), y que ahora es el Evangelio de Nasón Joaquín.

Señaló que los Apóstoles recibieron Revelación en la que el Señor les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras,(v. Lucas 24:45), y de esa forma conservar el Evangelio eterno intacto, puro, perfecto tal cual Cristo lo anunció y que es predicado por la Iglesia con libertad porque hay fuente de Revelación.
Por ello, exhortó el Siervo de Dios, a recordar a los mensajeros enviados por el Señor, los cuales dejaron testimonios, con epístolas o en vivencias escritas en el libro de los Hechos de los Apóstoles, así como cartas y grabaciones de los apóstoles Aarón y Samuel Joaquín que sirven para aconsejar al amor y a las buenas obras, pero ya no son para salvación.

¿Cómo recordar el llamamiento los hijos de Dios?

Los que no tienen el entendimiento que da el Señor, llevan coronas y lágrimas ante una tumba –“Deja que los muertos entierren a los muertos dijo el Señor” (v. Mateo 8:22), recordó el Apóstol–, que si el hermano durmió en los brazos del Señor, no se debe buscar entre los muertos, porque viven en el seno de Abraham. Por ello el Señor Jesucristo llamó hipócritas a los fariseos en Mateo 23:29, que con un amor carnal y aparente, edificaron sepulcros y adornos a los monumentos de los profetas, diciendo: “Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres…”.

Contrario a lo que vivió la Iglesia cuando en diciembre de 2014 perdió a su padre, a su guía y maestro, mencionó que el Apóstol Samuel Joaquín hasta su último aliento estuvo consciente y observando a través de un monitor cómo la Iglesia Universal estuvo unida a él en petición, en el derecho que como hijos de Dios se les otorgaba. Trajo el ejemplo del rey David cuando rogó por la vida de su hijo, mientras el niño seguía con vida, ayunó y se postró en tierra, pero cuando el niño murió, se lavó y se ungió. ¿Podré hacerlo yo volver?, contestó a sus siervos que no comprendieron su actitud: “Yo voy a él, más él no volverá a mí” (2 Samuel 12:16-23). Ese es el conocimiento que viene de Dios, ¿morir es algo malo?, preguntó el Apóstol a la Iglesia. “Para mí el vivir es Cristo, y el morir ganancia” (v. Filipenses 1:21), palabras que en muchas ocasiones durante su ministerio, repitió el apóstol Samuel Joaquín.

Para un hijo de Dios, dormir en los brazos del Señor no es pérdida, allí realmente empieza la vida eterna

Remarcó la diferencia de cómo recuerdan los hipócritas a los Enviados de Dios, como los fariseos, que con soberbia e hinchamiento se decían ser hijos de Abraham, pero el Señor Jesús les hizo ver que si así fuere, sus obras harían (v. Juan 8:39). La Iglesia del Señor, por el contrario, da testimonio de la Obra de Cristo en las calles, en las plazas, en los malecones, a jóvenes, niños y hermanos, recuerdan a los grandes apóstoles Aarón y Samuel Joaquín, dando cumplimiento a aquella hermosa profecía que el 9 de junio del 2014 anunció gran prosperidad a la Iglesia del Señor.

Exhortó a seguir recordando a los grandes Apóstoles con los hechos, con el ejemplo, poniendo por obra sus hermosas enseñanzas, porque así es como se comportan los verdaderos hijos de Dios, dando la Gloria a Dios por permitirles vivir en este tiempo de grandeza.

Para ofrecer la oración de adoración a Dios, solicitó al Coro entonar una alabanza para meditar y comprender las bendiciones del Altísimo. Los hermanos del Coro elevaron sus voces en el canto cuyas palabras tomó el Siervo de Dios para resaltar lo que entonaban: “¡Bendito el Dios y Padre de Jesús! … ¡bendita la roca de nuestra salud, bendita su Gracia que nos ha impartido…”.

Invitó a la iglesia a orar mientras el Coro seguía entonando su canto, para solicitar del Señor que siempre viva en su mente y corazón, con obras y conducta, los grandes Apóstoles que Él ha enviado a la tierra.

Finalmente, en una ferviente oración de adoración, la iglesia se unió con el Siervo de Dios, mientras se escuchaba el canto del coro. “Y así –dijo el Apóstol antes de despedirse–, la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad seguirá dando testimonio de que somos la Restauración de la Primitiva Iglesia de Cristo y seguiremos inundando este mundo de la verdad de nuestro Dios”.

Invitó a los niños, a los jóvenes y hermanos, así como al Cuerpo Ministerial que lo acompañaban a comprometerse “hasta el último aliento”. Con la promesa de verlo el siguiente domingo partió del lugar, no sin antes desearles bendiciones y expresarles su amor en Cristo Jesús.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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