Crónica del segundo recorrido apostólico por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 2 de agosto, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, inició su segundo recorrido por las Iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, quienes permanecen en oración y ruego continuo por los hermanos que, surcando los aires y recorriendo las carreteras, acudirán a la fiesta más grande de toda la tierra, la Santa Cena 2017.

Las Iglesia de la colonia La Paz, ubicada en la calle Río Nilo 2545 —en Guadalajara—, fue la primera que visitó en el segundo día de su recorrido apostólico. El reloj marcaba las 7:25 de la noche cuando arribó a la Casa de Oración, que se encontraba pletórica de hermanos, quienes, con antelación, aguardaban la llegada del Apóstol de Jesucristo.

El hermano D.E. Humberto García, ministro de esta Iglesia, dio la bienvenida al insigne visitante y lo invitó a pasar al interior del santuario, donde el Apóstol del Señor se integró a la oración continua que se estaban llevando a cabo. La consagración especial fue presidida por el hermano P.E. Bartolo Rojo, quien, contagiado por la bendición de Dios, desbordó en llanto y pidió entonar el himno n. 37, «Amor, oh cuan sublime amor», que narra el excelso atributo de Dios por medio del cual ha extendido su misericordia en esta Nueva Era, la del apostolado contemporáneo.

Los hermanos presentes desbordaban en lágrimas de gozo por la presencia de su padre en la fe y, obligados por su alma, volteaban de cuando en cuando para mirarlo de pie en la parte trasera del templo, cantando y orando con ellos, bajo el mismo techo. Los niños también gozaron esta hermosa bendición.

Al salir del templo, el Apóstol Naasón Joaquín se encontró con el hermano Lorenzo Barba, quien durante dos décadas fue colaborador en la Obra del Señor —durante la administración del Apóstol Samuel Joaquín—, y quien desde hace seis meses está diagnosticado con cáncer de colon. Esperaba al insigne invitado, para agradecer las palabras de confortación que hace unos meses le envió a través de su encargado. Al verlo, lo abrazó y encontró consuelo en el reposo de su padre en la fe: «No tengas pendiente —le dijo el Apóstol—. Si Dios te recoge, en el cielo está mi padre, y si te deja un tiempo más, aquí me tienes a mí. Dios te bendiga».

Enseguida, el ministro local invitó al Siervo de Dios a pasar a un lugar donde la Iglesia le había preparado una cena, aderezada con el amor y el reconocimiento de los santos. Durante la cena, el Apóstol del Señor habló diversos temas, sobresaliendo la logística de la magna festividad y la apertura de los gobiernos ante el reconocimiento de la iglesia. Habló también de la marcada diferencia que hoy, a través de los distintos medios de comunicación, pueden observar todos aquellos que tenían un concepto distinto de lo que es la Iglesia del Señor. Enfatizó los testimonios que le llegan de todo el mundo, acerca de las maravillas que Dios está haciendo en el cumplimiento de sus promesas: «Me estaba preguntado mi hijo si iba a enviar batallones a Sudáfrica y le dije que sí, cuando me llega un mensaje del hermano Elías Durán, donde me dice: ‘Hermano, acabamos de tener los primeros ocho bautismos en Sudáfrica.

A la semana siguiente me habla y me dice: ‘Varón de Dios: ya tenemos otros seis bautismos, y en la próxima semana otros cuatro…’; o sea que tan solo en el mes de julio hubo 18 bautismos en ese país… le dije: ‘Ya ves hijo, así es Dios: yo apenas estoy pensando en enviar batallones y Él ya se adelantó en su promesa».

Tras tocar diversos temas sobre las manifestaciones de Dios, habló también sobre la falsedad de cada uno de los dogmas de la Iglesia católica, entre otros el bautismo a los recién nacidos, que no cumple ninguno de los requisitos que Dios pide para el aspirante al bautismo.

Antes de despedirse, se dirigió nuevamente al hermano Lorenzo Barba y le dijo: «Como a Esteban, yo te digo que abras los ojos y veas lo que te espera». «Ya lo vi —respondió el hermano Lorenzo—. Estuve al 99% del borde de la muerte y me sentí en un éxtasis de placer, yo sé lo que se siente dormir en Cristo Jesús…». Ante las lágrimas de todos los comensales, que oían aquella inédita conversación, se oían, entre susurros, diversas expresiones: «Gloria a Dios», «Aleuya al Señor».

Enseguida, el Apóstol agregó: «Lo que Dios quiera será lo mejor. Si Él quiere que te conviertas en un Job, tú dirás desde lo profundo de tu ser: ‘Acepto lo que tú quieras de mi’… ¡Porque te espera la vida eterna! —sentenció el hombre que tiene la autoridad para atar y desatar—. Todo lo que nos pasa es por Dios, y si Él permitió que estuvieras al borde de la muerte, ahora si, yo te digo a ti: ‘¿Pecaste tú, pecó tu esposa, pecaron tus hijos? Ni tú, ni tu esposa, ni tus hijos; esto aconteció para que la gloria de Dios se manifieste». Con esa bendición exclusiva se despidió de los hermanos, agradeciendo la hospitalidad y amor de sus atenciones y dejando para ellos un sinfín de parabienes espirituales.

A las 9:30 de la noche, arribó a la iglesia de San Martín de las Flores, en Tlaquepaque, donde un nutrido grupo de hermanos se encontraban en las instalaciones de la Casa de Oración, en petición continua por los hermanos que vienen en camino a Guadalajara. Al percatarse del arribo apostólico, algunos hermanos que viven cerca del lugar corrieron al templo para participar de tan hermosa bendición. Las imágenes captadas por Berea Internacional, dan cuenta del emotivo momento que se vivió en ese lugar al ser partícipes de la presencia apostólica entre ellos: gritos de júbilo, lágrimas de gozo y fervorosas oraciones fueron el ambiente espiritual que se vivió justo en ese momento.

Al retirarse de ese lugar, el Apóstol del Señor pidió al Encargado de la iglesia que agradeciera a los hermanos, el hecho de estar levantando sus brazos a través de sus guardias continuas de oración por los hermanos que vienen en camino. Tras despedirse del lugar subió a su camioneta para dirigirse a la que sería la tercera iglesia visitada por él en esa noche de bendición.

Cabe destacar que durante estos recorridos, el Apóstol de Jesucristo no solo va visitando las iglesias, también va coordinando a los ministros que lo acompañan para presidir en cada lugar y va impartiendo consejos de enseñanza y aliento tanto a sus acompañantes como a los ministros anfitriones y a las iglesias que visita. Sus recorridos, pues, son una estela de enseñanza y amor incondicional para su pueblo, no importa la noche o el sol, si es en la ciudad o hay que salir a carretera, si es en una zona poblada o en colonias ubicadas en zonas rurales; donde haya un hermano o hermana orando a Dios, ahí estará él para unirse a su plegaria.

A las 9:50 de la noche ingresó al templo de la colonia Emiliano Zapata, en Tlaquepaque, donde también un grupo de hermanos estaba reunido dando la gloria al Creador y rogando por los peregrinos de su pueblo. En el interior, se encontraban niños contagiados hasta las lágrimas con la bendición de su presencia, así como las hermanas y hermanos que se encontraban en el exterior del templo.

Posteriormente se dirigió a la iglesia de Lomas del Salto, donde tardó cerca de media hora en llegar. Unas cuadras después de entrar al fraccionamiento, por la carretera, una hermana que caminaba por la calle de dicho acceso, se percató que el Apóstol del Señor estaba arribando a la colonia. Tras arribar al pequeño recinto, el glorificar de los santos reunidos y los hermanos que se percataron de la visita, fueron manifestaciones de bienvenida. En ese momento comenzaron a llenar el recinto los hermanos que iban llegando. La hermana que venía corriendo, otro hermano en la misma condición que llegó por el lado opuesto, algunos hermanos con sus niños pequeños… de tal forma que aquel momento se volvió histórico para aquella iglesia que tuvo la bienaventuranza de ser hallada fiel en el momento del arribo apostólico.

A las 10:30 de la noche, visitó a los hermanos de La Laja, en el municipio de Zapotlanejo. El hermano P.E. Ramiro Hernández, quien es el ministro de esta Iglesia, recibió al Apóstol del Señor y lo invitó a pasar al interior del recinto santo. El lugar estaba dispuesto en el acomodo habitual que hace la iglesia cuando se llevan a cabo avivamientos. Un pequeño grupo de fieles se mantenía en ese lugar, mientras algunas familias comenzaron a llegar al sitio de bendición. Al llegar y contemplar al Apóstol de Dios en el interior del templo, brotaban sus lágrimas de júbilo espiritual y con cierta cautela entraban al recinto, ante la reverencia que la visita les ocasiona. Los hermanos que acompañan al Apóstol los incitaron a pasar al interior del templo y dar libertad a su alma ante semejante deferencia otorgada por el Embajador del reino de los cielos.

Tras un momento de acompañar a los hermanos, el Siervo de Dios salió del lugar y el hermano Ramiro le informó que ese era el segundo día de avivamientos en la iglesia, ya que por el trabajo que tiene, no había podido hacerlos antes; el Varón de Dios le dijo: «Ante esa necesidad, dile a los hermanos que mi petición será en favor de ellos, para que Dios los bendiga». El ministro agradeció su bendición y se despidió de él con el ósculo santo.

Finalmente, cerca de la media noche, arribó a la pequeña congregación de Santa Paula, en Tonalá, donde su ministro, el Enc. Amado Zavalza, se encontraba reunido en oración con un pequeño grupo de hermanos, que al percatarse de la llegada del Hombre de Dios, irrumpió en lágrimas y voces de júbilo que dejaban de manifiesto el sentimiento de sus corazones. Al salir de ese lugar, el Apóstol del Señor se dirigió a los ministros que lo acompañaban y les manifestó la satisfacción que sentía, porque a las seis iglesias que visitó las encontró orando como era su deseo, y les dijo: «Ustedes son testigos de cómo todas las iglesias que visité están en oración por nuestros hermanos que vienen en camino. ¡Qué alegría siento en mi corazón y me voy con esa satisfacción de haber encontrado a los hermanos orando al Señor».

Después de estas palabras, se despidió de los ministros que le acompañaban y agradeció al hermano Amado que estuviese en petición junto con la Iglesia del Señor en ese lugar. De esta manera abordó su camioneta, junto con su esposa, la hermana Alma Zamora y sus tres hijos, quienes le acompañaron durante todo el recorrido, hasta regresar a la Hermosa Provincia, en plena madrugada.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.