Crónica del quinto recorrido apostólico por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El sábado 5 de agosto, por la noche, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dio inicio con su quinto recorrido por las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG). En esta jornada le acompañaron los ministros P.E. Adán Armenta y P.E. Juan Peláez, así como los hermanos D.E. Dámaso Pelayo, D.E. Israel Tirado y D.E. Coath Ávalos.

El primero de agosto, el Apóstol del Señor expresó enfático: «… es tiempo de marchar a esta ciudad. No será fácil, pero cuando venga la prueba, la angustia o la necesidad, tú doblarás tus rodillas y voltearás hacia este monte santo —Guadalajara— y me verás con mis brazos levantados. Entonces, dirás: ‘Señor, tu Siervo ha dicho que tú estarás con nosotros’… Y, ¿cuál será nuestro triunfo y dónde estará el Varón de Dios? Yo le digo hoy a la Iglesia de Guadalajara que a partir de hoy me acompañe a levantar mis brazos.

«A lo mejor mi cuerpo se cansa y no pueda estar las 24 horas en este lugar, pero yo quiero llegar a toda Iglesia y obra pequeña y contemplar ahí cuando menos a un hermano orando en ese lugar. Este hermano estará sosteniendo mis brazos, y desde este momento, hasta el 9 de agosto, que os diga a todos ‘Bienvenidos’, la gracia de Dios y su poder Santo, os acompañe hasta este lugar».

 

I

La primera iglesia visitada durante el quinto recorrido apostólico fue la Casa de Oración ubicada en la Carretera El Salto n. 541, colonia La Alcantarilla, en el municipio de El Salto. El reloj marcaba las 11:46 de la noche cuando el Mensajero del Evangelio eterno ingresó al templo, acompañado de sus colaboradores. El ministro local, hermano Enc. José Leodegario Saavedra, dio la bienvenida al anhelado visitante.

La consagración especial fue presidida por el hermano P.E. Adán Armenta, quien invitó a entonar el himno n. 245, «Ahora Señor que me encuentro a tu lado», que fue cantada con el espíritu y el entendimiento. Enseguida, el hermano leyó el Salmo 20: «… nosotros nos alegraremos en tu salvación, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; conceda Jehová todas tus peticiones». Posteriormente, el Apóstol, la iglesia y los ministros elevaron una ferviente plegaria al Creador.

El reloj marcaba las 12:01 de la mañana de la noche cuando el insigne visitante se despidió de sus hijos de la colonia La Alcantarilla. En aquel instante, la hoja del calendario se renovaba: el domingo 6 de agosto había iniciado.

 

II

De la colonia La Alcantarilla, el Apóstol de Jesucristo se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la Paseo Loma Sur n. 8615, colonia Loma Dorada, en el municipio de Tonalá.

Eran las 12:35 de la mañana cuando ingresó al recinto sagrado, que forma parte de las doce subsedes de la Santa Convocación. A su llegada, el insigne visitante saludó al ministro local, hermano D.E. Gilberto Gutiérrez, y a la iglesia que en ese momento se encontraba en oración por los hermanos que vienen en camino.

«Qué alegría contemplar que están levantando mis brazos para que Dios traiga con bien a los hermanos. Me quedaré con ustedes un momento». Nadie pudo contener la alegría de recibir y tener entre ellos al Embajador del reino de los cielos, en esta colonia tonalteca.

El hermano P.E. Juan Peláez, responsable de presidir la consagración especial, invitó a la iglesia a cantar la alabanza n. 201, «Eres como los cedros de Líbano». Mientras los hermanos cantaban el himno, por sus mejillas rodaban lágrimas de gratitud, amor, fe y reconocimiento a la hermosa Obra que Dios ha hecho en sus corazones: el creer en un Enviado de Dios (v. Juan 6:39).

Al término de la consagración especial, el Apóstol Naasón Joaquín levantó su brazo derecho y con su mano saludó a la Iglesia: «Dios les bendiga, hermanos».

En la parte exterior, el Siervo de Dios se dirigió con el ministro: «Hágales saber que los encuentro levantando mis brazos. No hay mayor satisfacción que poder decir que aquí están mis hijos acompañándome. Dios les bendiga y sea con ustedes». Enseguida, el hermano Gilberto Gutiérrez le mostró el proyecto de remodelación y ampliación del nuevo templo. El reloj marcaba las 10:46 de la noche.

 

III

De la colonia Loma Dorada, el Apóstol de Jesucristo se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la calle Cuitláhuac n. 269, colonia Benito Juárez, en el municipio de Tonalá. El reloj marcaba las 11:12 de la noche.

Cuando ingresó al templo, que se ubica a cinco cuadras del histórico Cerro de la Reina, el Mensajero del Evangelio eterno se encontró con una iglesia fervorosa, que experimentó en sus corazones —como en las demás iglesias visitadas— la presencia de un genuino Enviado de Dios. La de este nuevo día, una fecha histórica para los hermanos tonaltecas: el padre en la fe se encontraba entre ellos y los invitaba a acompañarlo en una oración. Dejando de lado el descanso, visitaba a sus hijos para alentarlos en seguir orando por los que vienen en camino.

El hermano D.E. Israel Tirado fue el encargado de presidir la consagración especial. Invitó a los presentes a cantar el himno n. 337, «El Pueblo muy amado de Dios», alabanza que hace alusión a la Elección de Dios en sus enviados desde tiempos inmemoriales (v. Hebreos 1: 1-2). El Apóstol, los ministros y los jóvenes se unieron a esta alabanza con particular regocijo. En instantes, la alabanza era cantada en otras lenguas: un avivamiento espiritual estremeció el recinto.

Luego de cantar el himno, el hermano leyó el salmo 121 y, posteriormente, se elevó la oración que es en favor del Apóstol Naasón Joaquín, quien dobló sus rodillas y oró al Único Dios Vivo, que es Espíritu (v. Juan 4: 24).

Al término de la consagración, el Apóstol de Jesucristo se despidió del hermano Enc. Emigdio Alvarado, ministro de esta Iglesia. El hermano Israel Tirado permaneció otro momento más con la iglesia tonalteca, quien, gozosa, disfrutó sin par el privilegio santo de tener entre ellos a un Siervo de Dios.

 

IV

De la colonia Benito Juárez, el Apóstol de Jesucristo se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la avenida Tonaltecas —Periférico Norte—, colonia Coyula, en el municipio de Tonalá. El reloj marcaba la 1:25 de la mañana.

Al momento de ingresar al templo, dirigió unas palabras a los hermanos que lo esperaban: «un momento. Enseguida los invitó a elevar una oración al Creador. En esta plegaria, que se fusionó como un solo hombre, se escuchó como el caudal de un río: estentórea, potente.

Presidió la consagración especial el hermano D.E. Coath Ávalos, quien invitó a cantar el himno n. «Como la aurora». Mientras la iglesia cantaba esta alabanza, se vivía con intensidad un avivamiento espiritual: del interior de cada hermano —entre ellos, hombres, mujeres y niños— corrían ríos de agua viva (v. Juan 7:37-39). La presencia del Apóstol de Jesucristo trajo consuelo y bendiciones a raudal. Posteriormente, fue leído el Salmo 23: «Jehová es mi pastor, nada me faltará…»; esta lectura bíblica, para algunos, fue prácticamente inaudible ante las expresiones de júbilo y algarabía espiritual del grupo de hermanos.

El hermano P.E. Carlos Rodarte, ministro local, invitó al Apóstol del Señor a pasar a la casa pastoral en compañía de sus colaboradores. Enseguida le informó detalladamente cómo la iglesia local, que es una de las doce subredes de la Santa Convocación, se ha preparado para recibir a los cuatro mil hermanos que este año serán hospedados en esta colonia tonalteca —en esta ocasión correspondió al estado de Michoacán—.

Cabe destacar que tanto la casa pastoral —recientemente construida—, y el remodelado templo poseen un estético toque arquitectónico. «Qué bonito es ver que en los ministros siempre haya el deseo y sentir de prosperidad y grandeza para la Iglesia. En todos debe haber el siguiente pensamiento: ¡Qué puedo dejar o aportar para la iglesia!». Destacó que nadie puede justificarse de que por recibir una casa pastoral ya construida, se piense de manera conformista que «no hay nada que hacer». Recalcó que en cada lugar al que sea cambiado un encargado «siempre va a haber algo que hacer».

Recordó la parábola de los talentos, en relación con aquel siervo que no los multiplicó, el cual fue llamado siervo malo y negligente (v. Mateo 25: 14-30), y agregó: «Cada uno de los ministros, al lugar al que sean enviados, tienen el deber de trabajar». Entre otros temas, el hermano Carlos Rodarte le informó el proyecto de futuras adquisiciones de terrenos para la edificación de un magno templo, que incluya sus respectivas áreas verdes, y de un albergue, que resulta indispensable para hospedar al contingente de peregrinos en esta colonia, que cada año es subsede de la Santa Cena.

Al término, expresó antes de despedirse: «Le dice a los hermanos que me voy muy contento al ver que están levantando mis brazos y verlos que están aquí, me llena de satisfacción al saber que no estoy solo, que mi Pueblo está conmigo y que está unido en uno solo. Ellos vienen a la Santa Cena y nosotros estamos pidiendo para que Dios los traiga con bien. Y tanto los que estamos aquí como los que vienen, el 9 de agosto alabaremos conjuntamente el nombre del Señor».

Antes de despedirse, dio un encargo al hermano pastor: «Dígale a los hermanos que me da mucho orgullo y satisfacción por la realización de esta hermosa construcción…. !Qué alegría siento que estén levantando mis brazos en favor de mis hermanos! Dios los siga bendiciendo». Cuando el Apóstol de Jesucristo ascendió a su vehículo, el reloj marcaba la 1:59 de la mañana.

 

V

De la colonia Coyula, el Apóstol de Jesucristo se trasladó a la Casa de Oración ubicada en la calle Palmera n. 44, colonia Pinar de las Palomas, en el municipio de Tonalá —esta iglesia, hasta hace poco, era conocida como «San Gaspar», porque anteriormente se reunían en un templo que se encontraba en dicha colonia—. El reloj marcaba la 2:06 de la mañana cuando arribó a esta demarcación tonalteca.

Al momento de su llegada, la Casa de Oración se encontraba en su máximo aforo. Un numeroso grupo de hermanos esperaban al Apóstol del Señor, tanto en el interior del sagrado recinto como en su parte exterior. «Bendito el que viene en el nombre del Señor»; «Bienvenido, Varón de Dios»… fueron algunas de las expresiones de la iglesia congregada. En esta colonia se hospeda a 700 hermanos que asistirán a la Santa Cena en este año.

En el interior del templo, el insigne visitante dirigió unas palabras a sus hijos, las cuales fueron prácticamente inaudibles ante el clamor y las expresiones de algarabía espiritual de la grey. El buen pastor de las ovejas se encontraba entre ellas derramando de su unción santa. El hermano D.E. Dámaso Pelayo, quien presidió la consagración especial, invitó a cantar el himno «Israel es una Iglesia imponente».

Antes de despedirse de la última iglesia visitada en este quinto recorrido, se acercó al Apóstol el ministro local, hermano O.E. Rogelio Villa, para informarle sobre el proyecto de templo que la iglesia edifica actualmente.

En su recorrido por la obra negra —que aproximadamente tiene un avance del 40 por ciento, en donde se tiene levantada la estructura metálica de una torre de 16 metros—, el insigne visitante expresó: «Le dice a los hermanos que me voy muy contento porque están unidos conmigo. No hay mejor forma de decirme que me aman que estar aquí levantando mis brazos. Que Dios les bendiga y les guarde».

En correspondencia, los hermanos tonaltecas levantaron sus manos para despedirse del Excelentísmo Apóstol de Jesucristo. El reloj marcaba las 2:21 de la mañana cuando el Siervo de Dios se despidió de ese lugar. Concluía así el quinto recorrido apostólico a las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.