El Apóstol Naasón Joaquín conmemora el 9 de junio en Reus

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La iglesia de Reus en la provincia de Tarragona, pequeña Iglesia ubicada a 93 kilómetros de Barcelona, fue visitada por el Apóstol de Dios Naasón Joaquín García, el pasado martes 9 de junio, para recordar con sus hijos de ese lugar, esta memorable fecha.

Inspirado por Dios el Apóstol de Jesucristo deseó que fuese la Iglesia de Reus, el recinto donde él mismo llevara a cabo la recordación de la historia de los hechos que acontecieron el 9 de junio de 1964. La remembranza tuvo como propósito no pasar por alto la forma en que el altísimo ha hecho extensiva su misericordia en este tiempo para con la humanidad. “No quería que pasara desapercibido un día como este, aunque no represente para nosotros una conmemoración obligada, es grato traer a la memoria y evocar el recuerdo de lo que Dios, un día como hoy, pero de 1964 hizo en la persona de nuestro hermano Samuel Joaquín Flores”.

 

Recordar no es vivir en el pasado

Esa tarde con el pequeño grupo de hermanos de Reus, quienes lo recibieron rebosantes de júbilo en la Casa de Oración, en donde el Apóstol pidió entonar la alabanza número 447 de los himnarios: Que grato es llevar en el alma un recuerdo… Al final del himno evocó el pasaje bíblico que Lucas narra en el libro de los Hechos de los apóstoles, acerca del eunuco que entusiasmado iba leyendo al Profeta Isaías deseando comprender aquel pasaje, cuando un hombre de Dios, al ver el interés del viajero, se acerca a su carro y le pregunta: ¿entiendes lo que lees? La respuesta del funcionario fue sincera, cuando le declara que le era imposible entender lo que leía porque no había quien le explicara.

Con esa analogía expuso a los hermanos lo que Dios le reveló para ellos ese día: “¿Entiendes lo que estamos cantando?, dice la alabanza: Que grato es llevar en el alma un recuerdo”. Con sabiduría de Dios expuso que cuando Dios le dice a Moisés: y estas palabras que yo pondré aquí en este libro, se las recordarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos, quiere decir que tendría que guardarlas en el corazón para que no se le olvidaran; pero con la comprensión que recordar no es vivir otra vez, recordar es volver a pasar por el corazón un recuerdo que fue, sin que eso signifique el olvido de los anteriores apóstoles, por el contrario, evocó el canto: “¡nunca olvidaremos!, pero no podemos vivir en el pasado”.

 

Doloroso recuerdo

Al hacer el recuento de la historia, subrayó que el año de 1964 fue un tiempo de dolor y angustia para la iglesia, ya que los hermanos experimentaban la dolorosa partida de su padre en la fe, Aarón Joaquín; en tanto la gente ajena a nuestra fe, hacía escarnio con el dolor de los hermanos: “¿Qué van a hacer ahora?, se mofaban. Se quedaron huérfanos, se quedaron a la deriva y su iglesia va a desaparecer”. La iglesia, sin el conocimiento pleno de Dios y sin la madurez que tiene hoy, empezó a creer lo que aquellos impíos les decían, llegando al extremo de cuestionarse sobre su futuro, “¿y ahora qué vamos a hacer, quien nos va a dirigir?”, ¿quién va a guiar nuestras almas?, se lamentaban con profunda tristeza y un gran dolor en su corazón; porque desconocían los designios de Dios, del que pronto mostraría su misericordia al manifestar lo que tenía preparado en su arcano santo; es decir, su Elección en el hermano Samuel.

Ante la voluntad manifiesta de Dios a su pueblo, el nuevo Apóstol de aquella Era, se vio en la imperiosa necesidad de soportar aflicciones insufribles propiciadas por aquellos hombres que a toda costa buscaron destruir su carrera espiritual anteponiendo siempre la sombra del hermano Aarón sobre su Ministerio. Pero Dios, no solamente le había entregado el Ministerio, sino que además le había dado la misma gloria que a los otros apóstoles, igual que al hermano Aarón, porque el nuevo Ungido no era menos, su estatura ministerial era la misma.

Fue necesario -recordó con profunda tristeza- que durante diez años, Samuel Joaquín callara ante el temor, por la inmadurez espiritual que en ese tiempo había en la iglesia del Señor para llamarle abiertamente Apóstol de Jesucristo. Sin embargo; “hubo alguien –y eso grábatelo hermano- hubo alguien que se encargó de dar testimonio, que él era el Varón que Dios había puesto al frente de la Iglesia y ese alguien fue mi Señor Jesucristo, él dio testimonio de su ministerio, de su trabajo, de su dedicación, de que Samuel Joaquín era Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo, porque él lo había llamado”.

 

He acabado la carrera

En el transcurso de cincuenta años de ministerio santo dejó un enorme legado, la evidencia es una estela espiritual que Samuel Joaquín dejó plasmada ante los ojos de propios y extraños; estela de trabajo, de dedicación, de esfuerzo titánico porque fue un gran Apóstol de Jesucristo. Pero como hombre tenía que llegar su fin, como hombre no podía ser eterno, por eso el himno afirma: “Dios ha coronado tú grande sufrir” porque, ¡cuántas veces ya en los últimos años, él hermano Samuel hizo públicas sus peticiones!: “Yo le ruego al Señor, yo le digo al Señor: permíteme Señor un poco más de tiempo, si ellos me necesitan, si ellos me requieren, permíteme un poco más de tiempo con ellos” pero aunque su voluntad de permanecer con nosotros era férrea, durante muchos años llevó a cuestas el sufrimiento por la enfermedad. Al final Dios lo coronó por su misión cumplida, por su dedicación, por cincuenta años de fructífero ministerio apostólico “y mientras toda la iglesia llorábamos su partida de este mundo, él estaba en la calzada espiritual, siendo recibido por todos los ángeles, siendo recibido, por la iglesia primitiva, siendo recibido por su Señor Jesucristo”.

 

La Iglesia del Señor sigue adelante

El Apóstol Naasón dejó claro que vivir en el pasado, es contra la voluntad de Dios, toda vez que esta voluntad absoluta y soberana se manifestó en el momento que Dios recoge y lleva al descanso de los justos, al apóstol Samuel Joaquín, a pesar de las plegarias unánimes que elevaba su pueblo a favor de la restitución de su invaluable salud. Fue categórico el actual Apóstol, al manifestar a la feligresía de Reus, que nadie deseaba su muerte, pero esa fue la voluntad de Dios y su pueblo está conforme con sus santas disposiciones.

En su emotiva elocución señaló que la Iglesia del Señor no queda en el pasado “la Iglesia, cual ejércitos en orden, sigue marchando, de triunfo en triunfo” y al referir el himno, conjugó en presente el estribillo de su coro: Unidos cantamos en dulce reunión, porque con nosotros… (La iglesia levanta sus manos y grita: Hay Siervo de Dios)… “En 1926 se abre el tiempo de gracia, en 1964 se extiende el tiempo de gracia, en 2014 se extiende…” El grupo de fieles que lo escuchaba glorifica, ante la certeza de las pruebas que Dios da se desborda en júbilo, a tal grado de opacar la voz del Ungido de Jehová, quien agrega: “Los enemigos quieren vernos debilitados; por ello insisten en desvirtuar el actual Ministerio, ¡no crean en él, regresen al pasado! No hermanos, no podemos regresar al pasado. Ellos insisten: Él quiere que se olviden de su padre, ¡mienten, jamás lo olvidaremos!, su recuerdo vivirá en nuestro corazón; pero nosotros tenemos que seguir adelante porque esa fue la enseñanza que él nos dejó”.

Este día trajo a la memoria las palabra que todavía el 9 de junio del año pasado, el Siervo de Dios dijo a su pueblo ante la incertidumbre de aquellos que especulaban con el destino de la Iglesia: “Yo les voy a decir que va a pasar: seréis bendecidos, seréis engrandecidos”, sin duda, como hombre de Dios, entendía perfectamente el futuro que aguardaba al pueblo al que él había entregado y dedicado su vida.

Sin resquicio de temor, el Apóstol de la consolación afirmó categórico: “Vienen tiempos muy hermosos para la iglesia, tiempos de prosperidad, tiempos de abundancia, ¿serán mejores que los de antes?, sin duda hermanos…Porque la iglesia va de aumento en aumento como la luz de la aurora”.

 

Se celebra el nacimiento, no la muerte

Con el deseo que esta exposición doctrinal marque un precedente en el entendimiento y la madurez de su pueblo para esta Nueva Era, enfatizó: “¿qué celebramos en la iglesia del Señor, el día que fallecieron los apóstoles o el día que nos trajeron vida?” Despejando toda duda al respecto, sus palabras vinieron a alumbrar el camino de aquellos que voluntaria e impíamente se confunden y quieren confundir a los demás “¿Y por qué celebramos nosotros la muerte del Señor?, porque con su muerte nos trajo vida” -precisó.

“No recuerdo el día que Dios llamó a nuestro hermano Aarón, porque ese día fue un día doloroso para la iglesia, lo recordaría si fuera el 6 de abril, pero no puedo recordar el 9 de junio, un día que fue para la iglesia, de dolor y de tristeza, mejor recordemos el día que Dios lo llamó para traer a la tierra esta salvación…

Al finalizar su elocución, externó a los residentes bienaventurados de escucharle, el motivo de su presencia en ese lugar: “Yo quise estar con ustedes para recordar este hermoso día, porque es un mandamiento de gratitud que quedará en nuestro corazón: nunca olvidar que hubo un mensajero. Hay hermanos que recuerdan el 6 de abril, pues yo no puedo recordar mucho porque no tuve la bendición de haber conocido al hermano Aarón, no puedo decir que en su tiempo me dio salvación porque yo todavía no nacía, pero sí puedo decir con alegría: yo celebro el llamamiento del hermano Samuel, porque en su llamamiento yo tuve vida”.

 

Despedida

Las palabras de despedida fueron una fervorosa oración en favor de aquel pequeño rebaño; plegaria que sin duda quedará impresa en las tablas de su corazón, como el día en que Naasón Joaquín, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo, abrió su aljaba para colmarlos de bendiciones: “Que la paz de Dios quede en tu corazón, que la gracia de su Espíritu Santo te siga acompañando, que la sabiduría de su Santo Espíritu siga fortaleciendo y perfeccionando vuestra fe, hasta el día de su venida y aquel que hizo la obra en vuestros corazones, la perfeccione día a día hasta la venida del Señor. Dios los bendiga en el nombre de Cristo Jesús”.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.