El Apóstol Naasón Joaquín visita la Iglesia en Monte Sinaí: “¡Cómo no venir a verlos! Vuestras oraciones, ruegos y súplicas llegaron ante Dios”

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 26 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de su visita a la Iglesia de Mezcales, arribó a la colonia Monte Sinaí, en Bahía de Banderas, Nayarit, donde se yergue otra Casa de Oración de la Iglesia del Dios Vivo Columna y Baluarte de la Verdad.

Como ha acontecido en las once etapas de su Gira Universal por 23 países, el Apóstol de Jesucristo visita la mayor parte de las comunidades donde está establecida la Iglesia del Señor, incluidas las que se encuentran en colonias marginadas o pequeñas. Por ello, después de su visita a la iglesia de Mezcales se dirigió a la colonia Monte Sinaí, una pequeña comunidad en Bahía de Banderas, en donde también se alaba y bendice el nombre del Señor.

El reloj marcaba las 6:50 de la tarde cuando el insigne visitante ingresó al templo, en donde el ministro local, hermano O.E. Asael Monrroy, los hermanos y algunas visitas aguardaban su arribo. Al ingresar a la Casa Oración se escucharon expresiones y gritos de júbilo. En su ministerio, el Siervo de Dios dirigió un emotivo mensaje: “Acabo de estar en la Iglesia de la colonia Hermosa Provincia, aquí en Mezcales. Vi una Iglesia grande, que ha crecido: una colonia que se ha desarrollado… Y a pocos kilómetros estáis vosotros, señal de que Dios sigue bendiciendo por todos lados a su Iglesia. ¡Cómo no venir a verlos! Vuestras oraciones, ruegos y súplicas llegaron a Dios… Él me lo ha hecho sentir, y vengo para decirles personalmente: ¡Heme aquí! ¡Soy vuestro en Cristo!

“Esta es una Iglesia pequeña… Sin embargo, no la veo pequeña porque donde están los hijos de Dios. Aunque seáis pequeños en el mundo, para Dios sois de grande valor, muy amados de Dios. Y si vosotros creéis que su Hermano Naasón trae la bendición de Dios, entonces quiero doblar mis rodillas y decirle al Señor: ‘Multiplica esta Iglesia, engrandécela y bendícela…”.

La pequeña congregación se fundió en hermosa oración con el Padre en la fe, y aquel pequeño inmueble se llenó de la presencia de Dios, que se paseaba no solo en su interior, sino aún en sus atrios y jardines, donde aquellos que no cupieron en el recinto, también recibieron esta hermosa bendición.

Al despedirse de este lugar, el Apóstol lo hizo con una hermosa promesa: “Me voy contento, sabiendo que Dios ha de cumplir la Palabra que me he dado, que es hacer en favor de vosotros; solamente os doy una encomienda: que sigáis hablando de esta verdad, que des testimonio y que sigáis invitando a tu vecino, a tu amigo y a tu familiar para que escuchen la Palabra de Dios, y el Señor se encargará de abrir estos corazones. Si tú cumples, Dios cumplirá y bendecirá este lugar. Algún día volveré a pasar por estos lugares, y recordare que aquí hice una petición a Dios y pagaré mis votos a Jehová”.

 

Una visita saluda al Apóstol de Dios

Cundo el Siervo de Dios salió del templo y abordó su vehículo, una mujer –quien esa tarde visitó la iglesia, acompañada de su hijo–, se acercó a la ventana, lo saludó y le hizo una breve petición. Al final, dijo: “Sé que algún día voy a pertenecer a esta Iglesia”, ante la confirmación apostólica de que pronto será así, a lo que ella respondió, con voz entrecortada, después de haber tenido el enorme privilegio de hablar con un Varón de Dios: “Lo tengo en mi corazón, Señor”.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.