«La batalla espiritual no ha terminado: sigamos trabajando»: encargo del Apóstol de Jesucristo a los hermanos de la colonia Magdalena Atlazolpa

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El sábado 22 de julio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, en el marco de la décima etapa de su Gira Universal, concluyó sus visitas a la iglesias asentadas en la Ciudad de México, tal y como lo anticipó el pasado mes de junio. En este periplo pastoral por la República Mexicana —que comenzó en abril y continuó de mayo a julio—, el Mensajero del Evangelio Eterno visitó los estados de Querétaro, Guanajuato, Guerrero, Tlaxcala, Hidalgo, Morelos, Estado de México y Ciudad de México.

El reloj marcaba las 9:25 de la mañana cuando el Siervo de Dios, arribó a la Casa de Oración ubicada en la calle San Juan n. 58, en la colonia Magdalena Atlazolpa, en la Delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México, en la que sería la primera de las iglesias visitadas en esta histórica jornada. La parte exterior del templo lucía pletórica de hermanos —hombres, mujeres y niños—, quienes estaban al pendiente para recibir al insigne visitante y darle la más cordial de las bienvenidas. A esta valla humana se sumaron decenas de visitas, quienes estaban expectantes al paso del Apóstol del Señor, quienes, desde sus lugares, le saludaron con particular efusividad y en más de una era imposible ocultar los ojos humedecidos. Acompañaron al Embajador de Cristo los hermanos P.E. José Moreno, P.E. Oreste Sánchez, P.E. Miguel González, P.E. Eliézer Gutiérrez, P.E. Juan H. Riviello y P.E. Adán Armenta, así como algunos diáconos y encargados.

En razón del cumplimiento de la promesa divina y las activas jornadas de evangelización —aunado al trabajo material y la liberalidad—, el templo resultó insuficiente para dar cabida a los cientos de hermanos que con antelación esperaban al distinguido visitante. En este tenor, el hermano Rogelio Zamora, ministro de la Iglesia en Magdalena Atlazolpa, notificó al Apóstol del Señor de la localización de un terreno espacioso y bien ubicado para construir una Casa de Oración, más amplia, funcional y con las áreas verdes que él desea tenga todo proyecto de templo.

Al ingresar al recinto, las expresiones de júbilo de parte de la Iglesia no se hicieron esperar. «Dios lo bendiga, Varón de Dios»…, decían unos; otros, con el lenguaje de la fe, abrían sus brazos para dar la bienvenida al padre en la fe, quien dejaría entre los presentes la bendición apostólica de prosperidad para cada uno.

En una atmósfera de regocijo espiritual, al interior y exterior del templo, el Apóstol Naasón Joaquín, instalado en su ministerio, saludó a sus hijos espirituales y enseguida les compartió un consejo: «Hermanos de la colonia Magdalena Atlazolpa: «Mi corazón grita de alegría y hoy puedo decirles: soy vuestro en Cristo Jesús». Enseguida, externó su deseo de visitar las iglesias de la Ciudad de México para constatar la bendición de Dios en la expansión y crecimiento de cada una, conforme a la promesa dada; el ser testigo —dijo— de cómo Dios ha multiplicado a su Iglesia no solo en la Ciudad de México y el Estado de México, sino en los 55 países donde actualmente tiene presencia.

«Una Iglesia mucho más prospera, constante y poderosa que tendrá presencia en todo el mundo»: promesa de Dios al Apóstol Naasón Joaquín

En la era de prosperidad que vive la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, el Apóstol de Jesucristo fue categórico: «Hoy vengo a decirte que no es todo lo que habremos de presenciar. Dios bendijo al Apóstol Samuel Joaquín y brindó la oportunidad en su ministerio de que la Iglesia lograra tener un lugar de respeto en la sociedad, que no se tenía en la época del Apóstol Aarón Joaquín, en donde los hermanos padecían vituperios, burlas, escarnios, golpes e, inclusive, hasta amenazas de muerte.

«Durante la administración del Apóstol Samuel Joaquín, con grande esfuerzo y esmero trabajó para darle un lugar a la Iglesia en la sociedad. Posteriormente, la Iglesia comenzó a multiplicarse y se levantaron hermosos templos, y la sociedad comenzó a contemplar una Iglesia que crecía de una forma hermosa, con gente honesta, limpia, impregnada de valores y principios… y comenzó a alabar a este Pueblo de Dios.

«Sin embargo, ha terminado ese tiempo. El que el Apóstol Samuel Joaquín haya terminado sus días en la tierra, no quiere decir que terminó el tiempo de la Iglesia del Señor. El 8 de diciembre de 2014, Dios me prometió una Iglesia mucho más prospera, constante, poderosa y que tuviera presencia en todo el mundo. Yo sé que tú has creído a lo que Dios me ha enviado; tú me has dicho: ‘Hermano Naasón, creemos en usted’.

«Hoy vengo otra vez a recordarte, a reiterarte y a decirte: ‘¿En realidad creéis en mi palabra? ¿En realidad creéis que soy Siervo de Dios? Hoy vengo a decirte que la batalla no ha terminado. ¿Sabes tú que Dios me ha mostrado una Iglesia muy grande? «No digo que serán cientos de almas, pues en cada lugar que me ha tocado estar, son miles y decenas miles de almas que alaban y bendicen al Señor. Para eso se requiere seguir anunciando las buenas nuevas de salvación; seguir saliendo a las calles a predicar».

La promesa de crecimiento se sigue cumpliendo alrededor del mundo

En otro momento, expresó: «¿Cómo se cumplirá la palabra que Dios me ha dado? En vuestro testimonio y trabajo; en que vosotros salgáis a las calles y le digáis al mundo, con la facultad que hoy yo te vengo a entregar: ‘Un Apóstol de Jesucristo me ha enviado a hablarte de esta Iglesia y del Evangelio de vida eterna’.

«Aunque fue grandioso el tiempo de los Apóstoles Aarón y Samuel, vienen tiempos más grandiosos y más hermosos. Si antes eras hermosa, hoy serás poderosa… pero tenemos que seguir trabajando.Tú lo has visto y lo has comprobado: han pasado dos años y medio y no hemos esperado años para contemplar las promesas de Dios cumplidas: Dios ya las ha dado. A través de Internet y las redes sociales, contemplamos que Él sigue manifestando su amor a las almas».

Recordó los recientes bautismos celebrados en Sudáfrica —otro país que se agrega a lista de naciones adonde el Evangelio ha llegado—, y en las Islas Galápagos, lo cual indica que la Iglesia del Señor sigue adelante. «No hemos esperado años para ver cumplidas las promesas de Dios: hemos visto que Él continúa cumpliendo su promesa», añadió.

En otro momento, al contrastar el avance de la Iglesia del Señor respecto del catolicismo alrededor del mundo, señaló que esta religiosidad va cada día decreciendo —de mal en peor—, y no por que el éxito de la Iglesia de Jesucristo se deba al fracaso de otros, sino por que así como Dios es uno, su Iglesia es única.

Despedida

Antes de invitarlos a elevar una plegaria al Creador, el Apóstol del Señor, a manera de despedida, expresó: «Hermanos de la Magdalena Atlazolpa: ¿Estáis con su Hermano Naasón? ¿Te comprometes conmigo y quieres seguir siendo testigo, no solamente de vista, de estas maravillas que Dios me ha prometido? Si así lo hacéis, entonces yo quiero doblar mis rodillas para decirle al Señor: ‘Ellos me han aceptado: prospérales y engrandéceles’». La oración que a continuación siguió se fusionó en un mismo espíritu, impregnada de particular fervorosidad espiritual.

Luego de la oración, el Siervo de Dios se despidió de sus hijos en la fe: «Creyendo en vuestra palabra y sabiendo que os uniréis a mí para seguir predicando este hermoso Evangelio, me despido de vosotros. Tengo el deseo regresar en un tiempo no muy lejano, para contemplar el engrandecimiento que Dios te dará, si de verdad has creído en tu Hermano.

«Si de verdad has creído en tu Hermano, yo te digo: ‘Iglesia de Magdalena, serás muy grande, prosperada y engrandecida. Yo quiero regresar a gozarme contigo. Hasta entonces. La paz de Dios nuestro padre y la gracia del Señor Jesucristo sea con todos ustedes».

El hermano Rogelio Zamora ofreció, a nombre de la Iglesia anfitriona, un desayuno al Apóstol de Jesucristo y sus acompañantes. La Iglesia de la colonia Santa María Aztahuatlalca, en la Delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México, fue el siguiente destino de la agenda apostólica en esta mañana.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

El Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García en su visita a la colonia Magdalena Atlazolpa en la Ciudad de México.

La figura del Apóstol del Señor se veía gigante, ¡que hermoso, que sublime! ¡Cuánta luz en sus ojos! ¡Cuánta piedad en su mirada! ¡Que tranquilidad en su figura! ¡Cuánta gracia se desprende de sus labios! ¡Cuánta dignidad! ¡Cuánto esplendor rodea su persona!

Los hermanos se encontraban ya en un éxtasis de espiritualidad, no se saciaban de mirarle, sus corazones estaban acelerados y su alma brincaba de alegría, sí, eso se siente estar cerca de un hombre elegido de dios.