Apóstol visita a Cuernavaca, Morelos

«Mientras haya un hombre de Dios en la tierra, seguro se halla el aprisco»

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 21 de septiembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, visitó a los hermanos de Cuernavaca, Morelos. El día anterior, estuvo estuvo en la Iglesia de la colonia Vallejo, en la Ciudad de México. Cabe destacar que en estas entidades se registró el mayor impacto del sismo de 7.1 grados, que tuvo lugar el pasado día 19.

El reloj marcaba las 2:53 de la tarde, cuando el Apóstol del Señor arribó a la Casa de Oración, ubicada en la calle Jazmín n. 119, en la colonia Satélite. La Iglesia, quien lo esperaba con antelación, desbordó de alegría a la llegada del padre en la fe.

Con su presencia, el Elegido de Dios trajo a los hermanos morelenses consuelo, felicidad, tranquilidad y seguridad. Si bien es cierto que ellos —en su fe y comprensión— saben y sienten que no están solos, contemplar al buen pastor que, luego del movimiento telúrico, acudió a constatar que seguro se halla el aprisco, fue una experiencia que indeleblemente quedó marcada en sus corazones.

En su ingreso al templo, el Apóstol se detuvo unos instantes para saludar a los niños —la Iglesia del presente—; a algunos de ellos les tocó su cabeza, mientras los pequeños, al sentir el contacto del Manto de la Elección, avivaron la Obra perfecta de Dios esculpida en sus corazones (v. Juan 6:29). Por otro lado, en una cartulina que portaba un hermano se leía: «Bienvenido sea Apóstol de Jesucristo. Bajo el amparo de su Elección vivo feliz. ¡No hay sombra ni temor! Por su oración estamos con bien. ¡Dios le bendiga! Lo amamos».

El hermano P.E. Jesús Orozco —pastor distrital del estado de Morelos y ministro de Cuernavaca—, dio la simbólica bienvenida en la puerta de la Casa de Oración. Enseguida, el Embajador del reino de los cielos invitó a su amada iglesia, que ataviada de blanco se encontraba de plácemes, a ingresar al interior del recinto sagrado.

En el templo se cantó el himno n. 480, «Seguro se halla el aprisco». Entre tanto, desde su ministerio, el Apóstol se unió al canto conjunto. El Orfeón local, por su parte, en el transcurso de la alabanza fue incorporándose en sus asientos, en el área coral.

 

Salutación apostólica

Luego de su saludo, el Apóstol de Jesucristo inició su mensaje: «Su hermano Naasón viene con alegría porque Dios nos ha concedido que en su Iglesia no suceda ninguna situación adversa». Destacó que si el templo material se destruyese, para él lo más importante es la vida de los hermanos: «Para mí no es doloroso que un templo se haya caído. ¡No!… Para mí estos templos de cuatro paredes no significan nada si no estáis vosotros en ellos, porque el verdadero templo de Dios, sois vosotros. Si hoy se cayese el templo material, mañana levantamos otro mas grande… lo que a su hermano le importa son vuestras vidas… El templo de Dios —que sois vosotros— yo lo veo hermoso, firme y fuerte. ¡Qué bonito es reconocer que si estamos con vida se lo debemos al Señor!… porque Él te ha protegido y cuidado… y te puso en el hueco de su mano».

«Hoy, al saber que vuestras vidas han sido aseguradas por la mano de Jehová, qué tranquilidad siento… Ni un solo miembro de la Iglesia ha perdido su vida. ¿Suerte?, ¿casualidad? ¡No!, jamás… El ángel de la muerte pasó por nosotros y vio el dintel de nuestra alma y dijo: ‘Él es Hijo de Dios y no le puedo hacer nada’».

 

«El deber de pagar los votos a Dios»: invitación apostólica a la Iglesia de Cuernavaca

Luego del emotivo saludo, el Apóstol del Señor invitó a la Iglesia a pagar los votos a Dios. Para ello, invitó a cantar el himno «La vida es flor», que en una sus estrofas expresa: «Si vivo estoy me debo a ti, por esta vida. Tuyo es mi ser, mi corazón, mi respirar. Mientras me prestes vida, Cristo, es mi promesa: sobre las cosas todas, siempre te amaré».

En relación con el himno, comentó que el Hijo de Dios no debe pensar que si está con vida es gracias a sus fuerzas, capacidad, salud o bienes materiales. Y añadió: «Cuántas casas y edificios que fueron construidos con mucha fortaleza, hoy los vemos derrumbados. ¡Cuántos ancianos, hombres y niños hoy vimos fallecer en estos desastres naturales! No es, entonces, nuestra juventud, fuerza o dinero lo que nos tiene con vida: ‘Dios nos ha cuidado y protegido’; por eso decimos: ‘Señor, tuyo es mi ser, mi corazón, mi respirar…’».

Recordó que cuando tuvo conocimiento del sismo, a través de los medios de comunicación, elevó su oración al Creador desde su oficina, en la ciudad de Guadalajara. Esta fue su petición: «Señor, ¡tu Pueblo ha cumplido contigo! Yo lo invité a la evangelización y ha sido obediente a tu Palabra… Yo sé la forma que tú tienes para que la humanidad se sensibilice y que el corazón de los hombres se ablande y escuchen más de tu Palabra… pero no hagas pagar al justo por el pecador… También ahí están tus hijos. Si tú quieres ablandar el corazón del hombre, hazlo, si así es tu voluntad; pero tus hijos han escuchado y obedecido tu Palabra… Sé que no lo haces por tu Pueblo, pero te pido que guardes a tu Iglesia», y Dios cumplió puntualmente la plegaria apostólica.

Enseguida, abundó: «Traté de salir el mismo día a la Ciudad de México, pero me avisaron que acababan de cerrar el aeropuerto de Cuernavaca. Busqué el de Toluca y también estaba cerrado. Su hermano se sentía desesperado porque quería venir a estar con ustedes, decirles que no tuvieran temor, que Dios los iba a proteger… pero por algún motivo el Señor no me lo permitió».

 

Los vientos, los mares, las lluvias, los terremotos y los huracanes, son también ejércitos de Dios

En otro momento, recordó lo que el día anterior habló con los hermanos de la colonia Vallejo: «Quiero que entiendas el propósito de Dios: los vientos, los mares, las lluvias, los terremotos y los huracanes son también ejércitos de Dios, y no están mas que obedeciendo su voz. ¿Por qué el Señor lo hace de esa forma?, porque el hombre endurece su corazón».

En relación con lo anterior, abundó : «Haz salido las calles a hablar la Palabra de Dios, has caminado por las plazas y los malecones y cuántas personas te han ignorado. Cuánta gente oye hablar de Dios y dice: ¡No tengo tiempo para Dios! Mi trabajo, empresa o escuela me absorben».

 

Desde tiempos inmemoriales, el mundo se resiste a reconocer el poder y la voluntad de Dios

Destacó en su mensaje que el Señor permite los desastres naturales para que en un momento el mundo recuerde la existencia del único Dios Vivo. Aunque es lamentable, pero es una realidad, en estas desgracias es cuando los hombres exclaman: ¡Ay, Dios mío, líbranos!’… Y qué tristeza que Dios tenga que mostrar de esa forma —a través de los desastres naturales— su poder, para que el mundo se vuelva acordar de Él.

Desde tiempos inmemoriales, el mundo no quiere reconocer la voluntad de Dios, el poder que Él ha mostrado siempre, en todo momento y en todo tiempo. Si fue cuando el Pueblo de Israel pasó por en medio del Mar Rojo, dicen los hombres de ciencia que ese suceso obedeció a un Tsunami, y que fue una llana casualidad. Sin embargo, por el báculo de Moisés que golpeó el Mar Rojo, el Pueblo caminó en seco. ¿Cuándo sucedió eso?, en el momento en que Israel lo necesitaba.

En este sentido, el Apóstol de Jesucristo citó otro ejemplo: «En las murallas de Jericó, hay quien dice que a causa de un terremoto muy fuerte se cayeron las murallas. Sin embargo, esto ocurrió en el momento en que Dios habló con Josué. ¿Fue una casualidad? ¡No! El mundo nos dice eso porque no quiere reconocer a Dios. El día de mañana te dirán a ti: ‘Es que aquel huracán que se deshizo fue una casualidad’. ‘Si ninguno de ustedes perdió la vida fue pura suerte’… ¡No!, para nosotros no hay casualidad ni suerte: ‘Nuestra única suerte es el Señor’.

«Cuando te hablen de casualidad y suerte, tú voltearás al cielo y dirás: ¡Oh Señor, sabemos que ha sido tu poder, tu gloria y tu bondad para con nosotros!, y que de esta forma siempre sepamos darle a nuestro Dios y a su hijo amado Jesucristo, toda la gloria, la honra y la alabanza».

En otro momento, pidió a la Iglesia orar por los que sufren y padecen: «Aunque hemos pedido por nuestros hermanos, también hemos de pedir por la humanidad. Sabemos que son momentos dolorosos para ellos. Ya no hay un dolor en su hermano, en el sentido de decir: ‘¿Mi iglesia cómo está?, ¿mis hijos cómo se encuentran?’

«Hoy, Dios me permite verlos que estáis con bien… es un oasis que no sintamos el dolor de aquellas personas, por eso le diremos al Señor: ‘Si tú lo has querido de esa forma, no podemos decirte que no lo hagas, solamente consuela a estas personas y permite que por medio de este dolor, su corazón sea abierto’».

 

Jornadas de evangelización: encargo apostólico a los ministros y y la Iglesia de Morelos

El Mensajero del Evangelio eterno, en otro momento, expresó: «Sigamos adelante dando testimonio de estas maravillas… Ahora que el mundo se ha sensibilizado, debemos dejar pasar una semana para que todo se normalice, y entonces nos tocará volver a ellos… Algunos dirán: ‘Hermano, ya fuimos y nos han ignorado’; sí, pero ahora Dios los ha sensibilizado y ha ablandado sus corazones.

«Será otra vez el momento en que volvamos a salir a las calles y digamos que hay un Dios Vivo, que viene a darle a la humanidad no solamente la salvación, sino la tranquilidad y la paz. Nosotros somos testigos de ello y de todo lo que quiere para el hombre: protegerlo, cuidarlo y, al final, darle la vida eterna».

«Hoy, ante las armas que Dios usa para sensibilizar a los hombres y traer esa paz a su Pueblo, no podemos hacer nada, solamente decirle al Señor que sus corazones sean abiertos y cuando vayamos de nuevo a predicarles, entonces ellos digan: ‘¡Sí, Señor. Yo que antes te había ignorado y había dicho que no tenía tiempo, ahora reconozco que hay un Dios al cual tengo que servir! Sé que llegará el momento en que miles de almas, juntamente con nosotros, alabaran y bendecirán el dulce nombre del Señor».

Recalcó que a partir de hoy existe un compromiso que cada hermano asumirá: «Señor, tu Siervo nos ha dicho que pasando estos días, volveremos a hacer una campaña de evangelización… porque lo que tú has hecho es con un fin: que traigamos más almas al camino del Señor».

 

«Seguro se halla el aprisco»

«Estaré entre vosotros todavía, alegrándome por la protección de Dios. ¡Qué alegría y descanso siento! Podré decirle a la Iglesia que está orando por vosotros, que las oraciones han llegado al cielo y Dios ha guardado a su Pueblo. Aquí nos seguiremos viendo en el transcurso de este día… Con cuánta tranquilidad puedo decir: ‘Seguro se haya el aprisco’».

Después de su presentación, el Apóstol Naasón Joaquín participó de los alimentos en compañía de sus invitados. Ahí, se platicó con sus colaboradores: «¿Qué va a pasar? Lo que Dios quiera. ¿Y qué quiere?: lo mejor para nosotros, aunque de momento nuestra razón no comprenda sus designios ni halle pronta explicación. Lo que nos pase, aunque creamos que es malo, es para nuestro bien. Lo que Dios permite, ¿es malo? No, es bueno. Entonces, ¿porqué lo hace de esta forma? Porque tiene de alguna manera que mostrar su poder y su gloria a la humanidad».

En relación con las pruebas que permite Dios para sus hijos, citó el testimonio de José y Job. El primero, quien era un varón próspero (v. Ezequiel 39:2), después de la calumnia que le imputó la esposa de Potifar, fue encarcelado. Lejos de reclamar al Señor por lo anterior, supo entender y acomodar las cosas, conforme al propósito de Dios: a los 30 años llegó a ser gobernador de Egipto, prosperado en todo. En este tenor, el Apóstol comentó: «¿Quién es el que entiende que todas las cosas que Dios manda son para nuestro bien? El que tiene conocimiento de Dios. El que no, reclama —distinto a clamar—».

En el caso de Job, quien era «un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1:1), permitió el Señor que fuera probado por satanás, sabiendo que en aquella aflicción mantendría su integridad y fidelidad a Dios. Perdió todo, incluso su salud. Y en aquella angustia expresó: «Me probarla y saldré como el oro» (Job 23:11).

Luego de la prueba, Dios bendijo «el postrer estado de Job más que el primero» (Job 42:12). Le fueron multiplicados sus bienes, tuvo siete hijos y tres hijas y vivió 140 años. Después de una prueba, el Señor tiene preparada para sus hijos una bendición mayor.

Por último, recordó que a los hermanos de Puerto Rico y República Dominicana, el Señor también los libró del paso de los recientes huracanes. La razón: estuvieron protegidos por el hueco de la mano de Dios. «El Dios que nos libró aquí los libró también a ellos. El Pueblo de Dios, cuando siente que naufraga en la barquilla ante las olas embravecidas del mar, no debe de preocuparse: yo voy también voy esta barquilla y Dios me ha permitido tomar este timón para que no se hunda y llegue a buen puerto».

A las 4: 24 de la tarde, luego de participar de los alimentos y con la satisfacción de constatar que «seguro se halla el aprisco», el Varón de Dios se despidió de sus hijos de la capital de Morelos. Previamente, había girado instrucciones a los pastores distritales para que proveyeran, sin restricciones, ante las necesidades materiales de cada miembro de la Iglesia.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.