Bautismos en templo de Bethel — Berea Internacional

agosto 12, 2016
Este 12 de agosto, a dos días de la Santa Cena, la magna celebración religiosa de La luz del mundo, el gozo espiritual de los congregados en Bethel se extendió a los cientos de nuevos hermanos, que en cumplimiento al mandamiento apostólico expresado en el libro de los Hechos, Cap. 2, versículo 38 dieron su primer paso de obediencia al bajar a las aguas del bautismo, en la pila bautismal de los atrios del sagrado recinto.

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Este 12 de agosto, a dos días de la Santa Cena, la magna celebración religiosa de La luz del mundo, el gozo espiritual de los congregados en Bethel se extendió  a los cientos de nuevos hermanos, que en cumplimiento al mandamiento apostólico expresado en el libro de los Hechos, Cap.  2, versículo 38 dieron su primer paso de obediencia al bajar a las aguas del bautismo, en la pila bautismal de los atrios del sagrado recinto.

Hermosos momentos en que la feligresía de la colonia y los miles de visitantes hospedados en ese lugar, se regocijaban al presenciar el solemne oficio sagrado presidido por el Diácono autorizado por la administración apostólica de la nueva era, quien tomó la protesta a los cientos de aspirantes al  bautismo; los cuales, habiendo creído en el evangelio de Cristo, hicieron los votos de abrazar la doctrina del Señor e incorporarse a la auténtica iglesia de Jesucristo, con plena confianza en que sus pecados serían perdonados.

El ambiente festivo de la ceremonia bautismal, se engalanó aún más con la honorable presencia del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín, quien además de legitimar ese acto, con gran fervor daba glorias a Dios por las almas que dejando atrás sus antiguas creencias, se incorporaban a la iglesia La luz del mundo, como muestra del cumplimento que está teniendo la sagrada promesa de crecimiento de la  iglesia,  que en teofonía, el alto Dios le hiciera al Siervo de Dios aquel memorable 14 de diciembre de 2014: “Si tú ves grande a este pueblo, yo lo multiplicaré aún más…”

Con este acontecimiento religioso, no sólo los ángeles en el cielo se alegraban por los pecadores arrepentidos y lavados en la sangre del Cordero, sino que los familiares y amigos de los recién bautizados, estaban felices, con lágrimas en sus rostros abrazaban a los nuevos redimidos por Cristo, gozosos de tenerles como nuevos hermanos  en el Señor.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.