Visita Apostólica a la iglesia de El Muelle

(Coordinación de Crónica Apostólica).– La penúltima iglesia visitada de esa tarde noche, fue la iglesia conocida como El Muelle, cuyo ministro es el D.E. Wilson Diab, quien a las 7:47 de la noche estaba dando la bienvenida al Siervo de Dios en la entrada de una hermosa Casa de oración, ubicada en este lugar.

Al descender de su vehículo y saludar al ministro, el Apóstol pasó hasta el área ministerial, saludando a su pueblo y las personas que esa noche también se dieron cita en el recinto santo. Con una hermosa sonrisa de visible satisfacción les dijo: “¡Qué hermoso es venir y contemplar una iglesia llena de fe, dando Dios testimonio que ha hecho una obra perfecta en vuestro corazón…”.

Delante de todos dio gracias a Dios por poder contemplarlos y les explicó que conforme el tiempo se lo permita, visitará algunas iglesias de ese país es la base de la evangelización en Sudamérica, “esta bendición que Dios dio, la dio a través de su Siervo Samuel Joaquín y aunque él ya no está entre vosotros, ustedes sabéis, entendéis y lo más hermoso, sentís que Dios me ha elegido…” el pueblo levantaba sus manos y afirmaban con un estruendoso “Amén” que estremeció el corazón del Enviado de Dios.

Señaló enseguida que, aunque se llena de alegría, esa obra no termina con ella, pues está la promesa de Dios de engrandecer y multiplicar a su pueblo en gran manera. Con visible emoción se dirigió a los presentes: “Yo creo en esa voz, porque hasta el día de hoy, Dios me ha cumplido ¿Y tú crees en la palabra que yo te he dado?” un sonoro “amén así es” fue la respuesta unánime de todos los reunidos.

Continuó exponiendo que aún hay más Iglesia, hay más almas, y preguntó: “¿Cuántas? Yo te voy a decir: Tu nombre será Aarón y lo haré notorio por todo el mundo… señalando que esa promesa no fue a la persona, sino a la Elección de Dios y que ésta continúa, porque aunque ya no está el hermano Aarón, ahora se encuentra él al frente de este pueblo.

“Quiero doblar mis rodillas con ustedes en vuestro templo, para pedir a Dios que, cumpla su promesa ¿me acompañas?” En ese momento toda la iglesia presente cayó en bendición, dando libertad al gozo espiritual que experimentaban con la presencia del Siervo de Dios entre ellos.

Al término de la oración, el Apóstol refirió haber pedido a Dios su bendición para esta iglesia, pero aclaró que Dios no es un Dios que se deleita en el ocio, ni en una actitud conformista, sino que ha elegido a hombres y mujeres valientes y a hombres y mujeres de fe, para mostrar su poder en ellos.

Para despedirse, tomó el ejemplo de Naamán (el general sirio que fue sanado de la lepra) quien ante la petición de su sanidad, no quería obedecer la voz del Profeta porque pensaba que la sanidad, venía por las características del río donde se sumergiría, sin embargo; la salud llegó a él por la obediencia a la palabra del Hombre de Dios y retomó la exhortación: “Dios no va a bendecir al ocioso, Dios te va a bendecir cuando pongas por obra la invitación de tu hermano”. Finalmente se despidió diciendo: “Aún falta luz en Bogotá…” al tiempo que todos levantan sus manos y le responden: “nosotros la llevaremos” y les aseguró que a su regreso este lugar, encontrará una iglesia más grande.

“Jóvenes allá los espero” –afirmó al descender de su ministerio y caminar repartiendo bendiciones a todos los que salían a su paso. penúltima iglesia visitada de esa tarde noche, fue la iglesia conocida como El Muelle, cuyo ministro es el D.E. Wilson Diab, quien a las 7:47 de la noche estaba dando la bienvenida al Siervo de Dios en la entrada de una hermosa Casa de oración, ubicada en este lugar.