Nuestro Dios, es un Dios de promesas cumplidas; si no fuera así, sería un dios mentiroso, falso, muerto…

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El sábado 20 de enero, por segundo día consecutivo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:26 de la mañana cuando salió de su casa con dirección al templo. Le acompañaron algunos de sus colaboradores. Un numeroso grupo de hermanos —que se contaban por centenas— se dieron cita desde temprana hora para contemplar al Embajador de Cristo. En la Glorieta Central, así como en el atrio del templo, la Iglesia presente —hombres, mujeres y niños— se unieron como un solo hombre a la plegaria apostólica. El Coro de Hermosa Provincia, una parte de la iglesia y los citados ministros, hicieron lo propio en el interior. «La vida es flor», fue un de los himnos entonados por el Orfeón local, dirigido por el hermano Benjamin Cruz, quien de esta manera se unió a través de sus cánticos a la oración del justo.

Al término de la plegaria, el Apóstol Naasón Joaquín saludó a los integrantes del Coro, quienes portaban un impecable uniforme blanco combinado con negro y aguamarina. De la misma manera, en su paso con dirección a su casa, recibió de sus hijos espirituales. En correspondencia, les dijo: «Dios les bendiga, hermanos», «el Señor les siegas prosperando», «el Señor les pague por acompañarme»… Las manifestaciones de reconocimiento hacia el Elegido de Dios en esta mañana invernal iban acompañadas de júbilo espiritual, de lágrimas de felicidad y, en suma, de regocijo sin par. El deseo de parabienes y la bendición apostólica quedó indeleble entre los hijos de Dios.

En la puerta de su casa, el Apóstol de Jesucristo se dirigió a sus colaboradores: «Dios es un Dios de promesas que se van cumpliendo, no de promesas que no se cumplen; si fuera así, entonces seria un dios muerto, mentiroso, falso… Sin embargo, nuestro Dios es un Dios Vivo, Todopoderoso, que todo lo ha querido lo ha hecho (v. Salmos 115:3)».

En otro momento, destacó el lugar en el que Dios ha puesto a su Iglesia en la actualidad., donde comienza a destacar sobremanera en todos los ámbitos sociales —cultural, académico, científico, artístico, empresarial, deportivo, legislativo, gubernamental—. Se vive un tiempo en que aún el cuerpo diplomático de los países en donde está asentada la Iglesia del Señor voltean a hacia ella y procuran un acercamiento. En el terreno religioso no es la excepción: para ninguna denominación religiosa —histórica o de reciente data— pasa desapercibido la presencia y el crecimiento exponencial de la Iglesia del Señor.

En este tenor, citó de manera particular el testimonio del Pueblo de Israel. Trajo a la memoria las palabras que Cristo cuando expresó: «Porque os digo que desde ahora no me veréis hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Mateo 10:39), y agregó: «Dios no le cerró la misericordia a Israel, solo les dijo que esta llegaría hasta que recibieran al que viene en el nombre del Señor en esta época de dispensación… así es que para ellos, por la Elección, hay otra vez una esperanza… En la actualidad, por el testimonio, los judíos saben cómo se debe orar a Dios, pero ya no lo practican porque no hay quien les recuerde la forma de orar. Por eso, cuando recalco que nuestro Dios es poderoso y Él hace lo que Él quiere, cuando Él quiere y con el que Él quiere, no solamente es una palabra simple: esta lleva una profundidad».

Recordó como Israel, cuando vivió en la esclavitud en Egipto, durante 400 años, ahí se acordó del Dios de sus padres y le clamaba —clamar no es lo mismo que pedir: el clamor va impregnado de humildad, llanto, dolor, súplica y necesidad—, acordándose de las enseñanzas de sus antepasados: «¡Dios de Abraham!, ¡Dios de Isaac!, ¡Dios de Jacob!». «No le pedían a los profetas, sino al Dios de ellos», destacó el Apóstol de Jesucristo.

Enseguida, agregó: «Sabían que ese Dios era poderoso y que había cumplido sus promesas a sus padres, por eso le pidieron con clamor, necesidad y humillación… se acordaron que hay una forma de acercarse a Dios… !Y lo hicieron! Entonces, Dios volvió a acordarse de ellos y les envío a su Siervo Moisés para liberarlos de la esclavitud».

Retomó el ejemplo anterior y lo vinculó con los avivamientos. Recordó que cuando el hermano se acerca a Dios para pedirle la promesa del Espíritu Santo, lo hace con clamor, pidiendo alcanzar la misericordia divina. Cuando, por el contrario, aquel hermano en vez de clamar y pedir con humildad, pide con soberbia, reclamo o exigencia no tendrá respuesta, ‘porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes’ (Santiago 4:6)».

 

La Iglesia de Jesucristo adora a Dios en Espíritu y verdad

En otro momento, expresó: «Este Pueblo —la Iglesia de Jesucristo— adora a Dios en Espíritu y en verdad, lo que hoy ellos. El Pueblo de Israel lo sabe porque así fueron sus antepasados enseñados. Ellos se preguntan cuando atestiguan nuestras reuniones: ¿Y por qué se ponen de pie cuando cantan?, ¿ y cuando leen el Salmo?… ¿Y por qué hincan cuando oran?, ¿por qué adoran a Dios con toda humildad y reconocimiento?».

Y añadió: «Los escribas y los fariseos le trajeron al Señor Jesucristo a una mujer que fue sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?’ (Juan 8: 4-5). ‘Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: ‘El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más» (Juan 8:6-11)».

 

La Palabra de Dios obra en la conciencia del hombre

En relación con el pasaje anterior, el Apóstol de Jesucristo comentó: «La del Señor Jesucristo fue una Palabra dura. Si analizamos el pasaje, el Señor no les prohibió que infringieran la Ley; sin embargo, su Palabra fue dirigida a la conciencia de los escribas y fariseos, quienes sin duda pensarían: ‘La Ley me dice que la apedree, pero mi conciencia me dice: tú deberías estar también en el lugar de ella. Mejor me voy’. Y poco a poco se fueron yendo los que acusaban a la mujer y la dejaron sola. Esa Palabra es la misma que hoy se oye».

Enseguida, añadió: «Porque Jehová está con nosotros, vienen muchas bendiciones que nos van a sorprender; vienen grandes maravillas… Dios está abriendo las puertas más duras, las más cerradas, y ahora las está abriendo con una facilidad, gloria y triunfos que nunca nos olvidemos que todo lo que vamos obteniendo es por su poder, su mano, su amor y su ayuda, para que nunca ninguno de nosotros nos vanagloriemos… nunca debemos olvidar nuestra gratitud y reconocimiento hacia Él, quien nos da la salud, la protección y todo lo que necesitamos. ¡Dios: nuestro único protector y benefactor!».

Para concluir, se despidió de sus colaboradores con la siguiente reflexión: «En esta nueva era, somos parte de la historia real de aquel bosquejo que inició con el Señor Jesucristo, pero que tuvo su continuidad el 6 de abril de 1926 y hasta que el Señor venga. Dios los bendiga, hermanos».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.