«Hay un solo Dios, al cual servimos y adoramos: Él es nuestro único protector y benefactor»: Apóstol Naasón Joaquín

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 11 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara. El reloj marcaba las 4:23 de la mañana cuando salió de su hogar con dirección a la Casa de Oración.

En el interior del templo, el Orfeón local, una parte de la iglesia y los ministros que se dieron cita esta mañana —cinco pastores, tres diáconos y cinco encargados—, acompañaron al Apóstol del Señor en su oración.

«Qué dulce es el amor» y «Junto a ti», fueron los himnos que el Orfeón Monumental entonó durante la plegaria apostólica. Al término de su oración, el Siervo de Dios se despidió de los integrantes del Coro y de quienes estaban en el interior del templo. De ahí, se dirigió de nuevo a su casa.

Luego de su histórica presentación en el Palacio del Arte de Morelia —el pasado 8 de octubre—, así como las visitas realizadas a las iglesias de El Sauz, Zamora, Morelia (Hermosa Provincia y Lomas de Guanyagareo), Zinapécuaro, Pátzcuaro y Uruapan, en el estado de Michoacán —primer destino de la undécima etapa de su gira universal—, el Apóstol de Jesucristo estuvo de regreso en Guadalajara.

 

El hombre natural tiene necesidad de Dios, pero no sabe cómo acercarse a Él

En la puerta de su casa, el Apóstol platicó con sus colaboradores. En primer lugar, recordó que desde el balcón de su habitación, en céntrico hotel de Morelia, contempló una peregrinación encabezada por un sacerdote católico, quien, con micrófono en mano y altavoces, rezaba el rosario acompañado de su feligresía. La ausencia de gestos de emoción, alegría y fervorosidad fue la constante en esta procesión, a diferencia de los cultos, oraciones, avivamientos y marchas juveniles e infantiles que se celebran en la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad.

El rosario, el rezo tradicional del católico, es una repetición mecánica de palabras —memorizadas— que deviene en un acto monótono. A pesar de ello, en cada procesión, que es en honor de una imagen, queda expuesta la necesidad espiritual de millones de personas, quienes, al no conocer al único Dios Vivo ni saber cómo servirle —cómo orarle, ofrecerle un presente espiritual y adorarle—, continúan practicando las tradiciones religiosas que heredaron de sus antepasados.

No existe ninguna relación, en origen y propósitos, entre el rosario y la oración —el medio que Dios dejó a su Pueblo para estar en comunión con Él, pedir de su favor, manifestarle nuestra gratitud y adorarle—. En relación con lo anterior, el Señor Jesucristo expresó: «Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos» (Mateo 6: 7).

Al contemplar la citada procesión, el Apóstol del Señor mencionó: «Lo están haciendo de esa forma porque así les han enseñado». Citó el testimonio del Pueblo de Israel, cuando hizo un becerro de fundición de oro: «Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto (…) Mañana será fiesta para Jehová» (Éxodo 32:4-5). Enseguida, agregó: «La gente extraña que se había unido a ellos habían inculcado la idolatría. Y como el pueblo no sabía otra cosa más que lo que vieron en Egipto —no conocían aún los mandamientos, la regla que Dios establecería para ellos—, así lo hacían, diciendo: ‘Esos son mis dioses’».

 

La insensatez de la idolatría

¡Qué diferencia de esas peregrinaciones, a cuando el hermano canta alabanzas y eleva su oración de adoración!… «¡Y qué decir de las marchas de los niños!, quienes llenos de energía, alegría y orgullo levantan su pequeño puño. ¡Qué enorme diferencia!».

Refirió que abundan los testimonios de personas que, cuando por primera vez asisten a un culto, preguntan luego a quienes les acompañan: «¿Por qué no me habías invitado antes?». Y añadió: «Ellos también tienen necesidad de Dios, pero no saben cómo acercarse a Él. ¿Qué es lo que hacen y cómo lo hacen?, es el resultado de lo que les han enseñado».

Al no tener el conocimiento de Dios, el católico dirige su vista y deposita su confianza en las imágenes —de ‘María’ (en sus más de trescientos rostros), los ‘santos’ (aunque es imposible comprobar su existencia histórica, en muchos de ellos), los ‘patronos’ o sus reliquias, mitos de origen fantasioso—, en lugar de acudir al único Dios Vivo, que es Espíritu. ¿Por qué lo hacen? ¡Porque es lo que les han enseñado! Recordó que en el culto a las imágenes, el catolicismo romano ha inventado centenas de «intercesores», para cada oficio o profesión (a semejanza del paganismo antiguo).

Y con lamento y conmiseración, reiteró: «Esto es lo que les enseñan a ellos: ‘Estos son tus dioses que te libran del mal, hacen milagros y responden en tus necesidades’… y lo hacen porque no conocen a Dios. El hecho de que estén en esa peregrinación, están diciendo que quieren buscar a Dios». Asoció lo anterior, con el momento en que el Señor Jesucristo vio una gran multitud, y tuvo compasión de ella, «porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. Marcos 6:34).

Puso como ejemplo el testimonio del Apóstol Pablo, cuando en el Areópago de Atenas, Grecia, dijo: «Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio» (Hechos 17: 22-23).

 

Dios no ocupa ninguna imagen para manifestarse

En esa instrucción, hay quienes así se expresan: «Cuando se enoja Jesucristo, yo acudo directamente con su madre y ella intercede por mi». Ante este burdo engaño, el Apóstol del Señor afirmó categórico: «No crean en esa fábula. Mi Dios es lento para la ira y grande en misericordia. Jamás a alguno de sus hijos que, apartándose del mal vuelven otra vez a sus brazos, con un corazón contrito y humillado, ha despreciado. ¡Jamás!

«Solo nos pide dos requisitos: el arrepentimiento y el alejarse del pecado. ‘Tan fácil como de querer como tan difícil de no querer’, pero la decisión está en nosotros, no en Dios. Acércate con un corazón contrito y humillado, deja de hacer lo malo y Él vuelve a nosotros.

‘Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse’ (Proverbios 24:16); sin embargo, dijo el Señor que no solamente siete veces, ‘sino aun hasta setenta veces siete’ (Mateo 18:22)». Enseguida, destacó que el Señor no solo nos perdona setenta veces, sino aún más.

«Este es mi Dios: ‘Lento —muy lento— para la ira, y grande en misericordia’ (Salmos 103:8). Él no ocupa de ninguna imagen para manifestarse. Solamente ocupaba de uno: ‘Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo’ (1 Juan 2: 1). Dios es perfecto en Espíritu y es Santo. Él nunca ha estado revestido de esta carne, pero Cristo sí. Y porque el Hijo de Dios experimentó lo que es ser revestido de esta carne, se puede compadecer de nosotros: intercede ante su Padre y alcanzamos misericordia y bondad. Por su hijo amado, el Señor nos dispensa.

«¿María puede interceder por nosotros? Por supuesto que no», expresó enfático. Citó dos testimonios: el primero, el de las bodas de Caná, cuando faltando el vino, «la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora» (Juan 2: 1-2). El segundo, cuando la madre de Jesús y sus hermanos estaban afuera del templo y le querían hablar: «Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre (Mateo 12: 47-50).

«En esos momentos, el Señor Jesucristo sintió el Celo de Dios —no los celos humanos ni la envidia hacia su madre—; porque, ¿quién iba a sacrificarse por el mundo?, ¿quién iba a traer la redención?, ¿quién se iba a enfrentar a la muerte?… Y no digo que a su madre no le hubiera dolido en lo humano, pero fue él quien tuvo que vivir lo que su Padre ya le tenía destinado. Su madre no iba a morir por el mundo ni se iba a enfrentar a la muerte, ni iba a ser la redentora del mundo… Entonces, ¿a quién le pertenecía esa gloria? Única y exclusivamente a él: Dios se la había dado. Nadie puede tomar esa honra sino el que es llamado por Dios.

 

Al evangelizar, no debemos burlarnos de las personas a causa de sus creencias: rinden culto a las imágenes porque no saben lo que hacen

En otro momento, recordó con profunda satisfacción los testimonios de los visitantes que acudieron a sus presentaciones, tanto en el Palacio del Arte, como en las iglesias de algunos de los municipios michoacanos que visitó. Mencionó cómo en ese estado, asolado por la violencia, los oyentes se sumaban a los cantos, a la oración, levantaban su puño, asentían la enseñanza apostólica —nueva para ellos, la cual vino a ser un bálsamo de paz para sus almas… De manera particular, se refirió a un hombre que continuamente se ponía de pie, levantaba sus brazos y oraba a su manera.

En este testimonio, se detuvo: «Por qué esta persona hacía esto, ¿porque es la forma que él aprendió, pero su alma se estaba gozando, porque estaba llegando a él el entendimiento. Ya después, cuando él se bautice, se le dirá que para orar debe doblar sus rodillas. Nosotros no nos burlaremos de él, porque no lo hizo con maldad. Lo hizo porque no tiene otro conocimiento. Apenas escuchó que Dios es uno y que Él, únicamente, y a su Hijo se le deben de adorar. Ya después vendrá la demás enseñanza…».

En este tenor, continuó: «En el caso de Cornelio, no podemos juzgarlo porque era un hombre que no sabía cómo servir a Dios. Su mente humana, conforme a la lógica, pensó respecto del Apóstol Pedro: ‘Si en él está Dios, tengo que adorarlo’, porque el hombre tiende a inclinarse en todo aquello que cree es una deidad.

«No debemos burlarnos de las personas por sus creencias. Al evangelizarlas, debemos acercarnos a ellas con ciencia. El Espíritu de Dios es el que llegará, principalmente a ellos, a sus corazones. La Palabra es sencilla, pero Él es el que mueve y conmueve los corazones. En el caso de Cornelio, no fue la letra, sino el Espíritu de Dios —su Palabra— quien lo hizo comprender. No conocen la verdad de Dios. Han oído de un Dios Espíritu que hace prodigios y maravillas… pero el hombre les ha dicho: ‘Cuando ese Dios se enoja, aquí está la imagen de su ‘madre’; y si no te responde, acá está otro santito…’, y a través de estas fábulas continúa el engaño. Satanás, con astucia —como la serpiente— continúa: ‘Yo confío en la ‘guadalupana’… yo en san Judas Tadeo… yo con Martín de Porres…’.

«Sin embargo, solamente existe un solo Dios, al cual servimos y adoramos. Él es nuestro único protector y benefactor, y la única forma de conmoverlo es por medio de su hijo Jesucristo» acotó. Para millones de personas en el mundo, en esas imágenes se encuentra la deidad, y las tocan pensando que Dios mora en ellas: «Nosotros no; no necesitamos tocar nada, porque Dios viene a morar en nosotros», asentó el Mensajero del Evangelio eterno.

 

«Al creer en la Elección Apostólica, el hermano ve a quien habita en el Elegido de Dios»

Antes de despedirse, el Embajador del reino de los cielos comentó la grata experiencia que vivió entre sus hijos en la fe en el estado de Michoacán, pero también la aceptación de las visitas a su mensaje y a su investidura espiritual: «En mi presentación en la Iglesia de la colonia Viveros (Uruapan), la gente salía de sus casas, se escuchaba un estruendo precioso. En la parte exterior del templo, eran más visitas que Iglesia. No solo llegaban a ver, sino que se contagiaban. Me esperaron para saludarme, con sumo respeto. En quien Dios ha hecho su Obra perfecta, al sentir la Elección en su corazón no está viendo al hombre: ve al mismo Cristo. Cuando dice: ‘Mi amado es blanco y rubio’, es por que contempla la Elección. No es el color del traje o de la corbata: ¡Ven al que habita en esa persona!, y en ese instante es cuando la gente se admira: ‘¿Qué me pasa?’ Unos dicen: ‘Brilla’; otros, ‘Resplandece’… Ahí es donde entra el Espíritu de Dios, para que las personas vean la hermosura del que está dentro de mi».

El hermano P.E. Rogelio Rojas, comentó al respecto: «La bendición la sienten las visitas no solo cuando usted habla, sino también cuando pasa por en medio de ellos, y no es otra cosa que la presencia del Señor, sus almas sienten ese contacto. La gente llora. En sus presentaciones, las visitas se quedan asombradas… muchas de ellas con los ojos llorosos y la voz quebrada. No pueden hablar porque les embarga el llanto».

El Apóstol recordó que cuando concluyó el evento del Palacio del Arte, el Coro se quedó cantando, y un numeroso grupo de hermanas y hermanos, así como de visitas, permanecieron un momento. En este tenor, expresó: «Es el Espíritu de Dios, quien da esa felicidad. Cuando nos dejamos mover por ese Espíritu, que sabor tan hermoso. ¡Cómo se disfruta! La sensación que queda es de alegría, gozo, calor espiritual…

«La Iglesia estaba cantando y en todos se experimentaba la presencia de Dios. Y eso solo lo van a ver en la Iglesia de Dios. Pueden ir a cualquier congregación evangélica, y verán la batería, la guitarra… Y aunque hombres y mujeres brinquen, griten y bailen… aunque la música esté a todo volumen, no van a sentir jamás lo espiritual. Entre ellos, la carne se mueve por la música, pero es eso: una emoción humana. El que nos alegra a nosotros es el Espíritu de Dios. Desde el anciano hasta el niño más pequeño, están llorando. Las oraciones de la iglesia son algo inexplicable para ellos. ¿Se puede llorar de alegría? ¡Si! Vean a los hermanos, eso es llorar de alegría».

Con grande satisfacción, en otra de las innumerables victorias que Dios le concede en su ministerio apostólico, el Siervo de Dios se despidió de sus colaboradores y les dejó su bendición.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.