El Apóstol de Jesucristo eleva su oración matutina en la Col. Bethel

(Coordinación de Crónica Apostólica) — A primeras horas de la mañana del sábado 7 de marzo, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García acudió a orar al templo de la colonia Bethel. El reloj marcaba las 4:29 horas cuando el Siervo de Dios ingresó, acompañado de algunos de sus colaboradores, al interior de la Casa de Oración.

Más de siete mil hermanos –incluidos los niños que se encontraban en el mezanine del templo– esperaban con alegría el arribo del Apóstol del Señor. Durante su Primera Gira Universal, que tuvo lugar en Sudamérica, los hermanos de Bethel –al igual que la Iglesia Universal– le habían contemplado y escuchado a través de las transmisiones de internet. Ahora, a diferencia de lo anterior, el Siervo de Dios estaba presencialmente con ellos, cumpliendo uno de los deseos de su corazón: acudir a temprana hora a esta Iglesia para elevar su oración al Creador.

En pocos instantes el recinto rebasó su máxima capacidad. Grande gozo y alegría experimentó la Iglesia de la colonia Bethel al contemplar al Siervo de Dios dirigirse al ministerio para elevar su oración al Señor. La Iglesia se unió a la plegaria apostólica.

A las 4:36 de la mañana, después de elevar su oración al Creador, el Apóstol del Señor dirige unas palabras a la Iglesia: “Hermanos: yo deseaba venir un día a esta Iglesia a hablar con ustedes en esta mañana. Cuando fui a mi primera gira, me propuse a ir al sur de este continente. Estuve en la ciudad de Talca, Chile, en Ciudad de Mendoza, Argentina, en Brasil… Y al contemplar la belleza de estos lugares, un hermano me decía: ¡qué grande es nuestro Dios! Y recordábamos a aquel hermano que, inspirado por el Espíritu de Dios, escribiera la hermosa alabanza “Al contemplar los cielos y la tierra”.

Recuerdo que al caminar por los árboles oía como las aves cantan trinos al Señor, como dice la alabanza, que luego agrega: ‘Puedo oír una vez que me dice toma tiempo para orar’. Cuando aún no amanece y aún se encuentra oscuro, las aves comienzan a cantar.

“Qué bonito es que el hermano venga, más que a la oración de cinco de la mañana, a tomar unos minutos antes de que ésta inicie para agradecer a nuestro Dios por sus bondades. Que hagamos una oración de adoración a Dios. No solo debemos decir: ‘Te pido Señor que me ayudes, que me sanes, que pongas el alimento en mi mesa…’ No. Que sea una oración de adoración al Creador, porque Él es digno de recibir toda nuestra alabanza, gloria y adoración.

“Qué hermoso es levantarnos y decir: ´Gracias te doy Señor. A ti, mi principio, mi único Dios, a ti que me has dado todas las bendiciones’. Por tantas maravillas que hemos recibido, venimos ante ti a darte gracias.

“Qué bonita verdad que nuestros labios se llenen de alabanzas a nuestro Dios. Que nos pongamos unos minutitos antes de esta oración, donde le cuesta al hermano levantarse, y ofrecer este sacrificio, porque Dios es Digno”.

“La oración que su hermano hace a las 4:30 de la mañana no es para pedir o demandar al Señor, No. Esa oración yo la elevo para agradar y enaltecer su nombre. Esa oración yo la reservo para glorificar, alabar y enaltecer su nombre, y reconocer delante de mi Dios, humillado de rodillas, que todo lo que tengo es por Él”.

 

Benditos los que te bendijeren

En sus últimas palabras, dijo a la Iglesia: “Todo lo que yo haga será para beneficio y para bien de la Iglesia Santa del Señor, para purificación, prosperidad y engrandecimiento de la misma. Si tú le estás pidiendo al Señor por mí, yo le diré: ‘Señor, cumple lo que tú nos prometiste: bendeciré a los que te bendijeren. De cada labio que pide bendición para mí´. Me voy contento, iglesia de Bethel. Dios les pague por acompañarme y aquí seguiremos viéndonos”.

Al bajar del ministerio del templo, el Apóstol del Señor pidió al Coro de Bethel que entonara la alabanza “Al contemplar los cielos”. Permaneció de pie escuchando las estrofas de este himno, incitando a servir y adorar al Dios Espíritu, Creador de los cielos y la tierra. A las 4: 57 de la mañana salió del templo. Al igual que en la Iglesia Universal, el Apóstol Naasón Joaquín contempló entre los hermanos de la colonia Bethel las manifestaciones de amor, fe, gratitud y reconocimiento. El Manto de la Elección también rozó sus corazones.

Esta hermosa historia de amor sigue escribiéndose.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.