El Apóstol: instrumento escogido por Dios con un propósito santo

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El martes 31 de mayo, antes de rayar el alba, en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador.

El reloj marcaba las 4:24 a.m., cuando el Apóstol del Señor encaminó sus pasos a la Casa de Oración, acompañado por el hermano P.E. Abner Pardo, cinco diáconos y tres encargados. A su paso, el Apóstol saludó a los hermanos que se dieron cita en esta mañana para acompañarle en su plegaria al Creador. A su paso, contemplaba y departía su bendición apostólica a sus hijos en la fe, quienes se encontraban en la calle y en los atrios del templo. El Orfeón local estentóreamente entonaba la alabanza-insignia del Ministerio Apostólico contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús».

Mientras el Apóstol de Jesucristo elevaba su oración a Dios, acompañado de la Iglesia y de los ministros presentes, a lo lejos se escuchaban distintas plegarias: un hermano pedía a Dios por su Siervo: “Bendícelo, Padre celestial”; otro exponía su necesidad personal; otro más agradecía el momento tan sublime de unirse a la oración del justo… En ese instante se escuchaba con claridad una de las estrofas que cantaba el Coro de Hermosa Provincia: «A solas al huerto yo voy cuando duerme aún la floresta. Y en quietud y en paz con Jesús estoy, oyendo absorto ahí su voz…».

A las 4:33 horas, luego de haber orado por su familia, el Cuerpo Ministerial, la Iglesia esparcida por el mundo y las almas que están ordenadas para vida eterna, así como haber adorado al Creador, el Apóstol del Señor se dirigió brevemente a los integrantes del Orfeón local, quienes portaban un impecable uniforme color azul rey y dorado. Su regocijo por experimentar este momento era inocultable: «Dios les pague por estar conmigo y acompañarme todas las mañanas, hermanos. Dios les bendiga», expresó el padre en la fe a los levitas espirituales.

Luego de saludar a las hermanas y hermanos que se encontraban en los atrios del templo y en sus calles aledañas, el Apóstol de Jesucristo, ya en la puerta de su casa, platicó por espacio de veinte minutos con los citados colaboradores. Los temas fueron diversos.

En primer lugar, destacó la importancia de que los ministros que se encuentran al frente de la Oficina Pastoral —durante sus respectivos periodos— supervisen a los encargados de grupo de Hermosa Provincia (Guadalajara), y, de manera conjunta, estén al pendiente en la atención y cuidado de la Iglesia.

En este tenor, el Siervo de Dios enfatizó que hay mucho trabajo al interior de la Iglesia —espiritual y material— y, por ende, no debe haber espacio para que los encargados locales descuiden a sus grupos; de ahí la importancia que el pastor en turno esté supervisando siempre el trabajo de cada encargada y encargado de grupo.

Por otra parte, externó su beneplácito al reconocer que los grupos de Hermosa Provincia —al igual que todas las iglesias alrededor del mundo— han respondido a la invitación apostólica de sumarse a la evangelización. Los 50 mil bautismos celebrados alrededor del mundo el pasado 14 de febrero, en suma, dan cuenta de lo anterior. «La Iglesia ha trabajado muy bonito: me ha apoyado en grande manera en mi ministerio», apuntó el Siervo de Dios. El hermano Abner expresó: «La Iglesia esparcida por el mundo le ama…».

El Apóstol del Señor así abundó: «Son los hechos los que demuestran ese amor, más que las palabras. Estando con la Iglesia, al igual que mi padre lo experimentaba, siento tranquilidad, descanso y sobre todo seguridad».

Y agregó: «No quiero decir que amo más a una iglesia que a las otras iglesias, porque el amor es el mismo para todas… Guadalajara es la Iglesia madre, la Iglesia sede, donde la colonia está poblada por hermanos… Pero mi amor y oración es por todas las iglesias es el mismo: es el mismo reconocimiento». El hermano Abner añadió: «…y también de las iglesias hacia usted».

En otro momento, narró la representación que en la antigüedad tenía el Arca del Pacto para el pueblo de Israel: «Antiguamente, era el Arca del Pacto donde Dios se manifestaba. Era un instrumento, un utensilio, que era codiciado de una forma buena, limpia, por Israel. Se iba de un lugar hacia otro; de alguna tribu o aldea a otra… Y adonde llegaba el Arca había grande prosperidad. Pero esto acontecía solamente en el pueblo de Israel, porque cuando los enemigos tomaban esa Arca —que para Israel era de bendición—, se tornaba en maldición: traía enfermedades, desolación, muerte…

«Así también ahora… por medio del Apostolado, Dios tiene también su instrumento en la tierra (Hechos 9:15). En el tiempo del Apóstol Samuel Joaquín lo vimos… y ahora la Iglesia lo sigue viendo en mi persona, porque esa fue la disposición de Dios. Para la Iglesia ha sido de bendición, porque se ha unido al trabajo… Al contrario de lo que tal vez hubieran esperado los detractores:, cuando se decían entre ellos: ’¡Y ahora qué va a pasar!’… En contraste, la Iglesia se ha fortalecido aún más, se ha unido y sigue trabajando», expresó categórico.

Y es que mientras que la deserción de fieles al interior del catolicismo romano es una constante a nivel mundial —la reciente visita papal dio cuenta de ello, además del cierre de templos, la baja en vocaciones sacerdotales, las diócesis en quiebra por indemnizaciones millonarias a víctimas de abusos sexuales de sacerdotes, etcétera—, la Iglesia del Señor, en contraparte, sigue creciendo incontenible. Una de las promesas que Dios le hiciera a su Apóstol Naasón Joaquín la mañana del 8 de diciembre de 2014, el crecimiento exponencial de la Iglesia bajo su administración apostólica, se ha cumplido y se sigue cumpliendo con creces porque el Creador es un Dios de promesas cumplidas.

En este sentido, está documentada la desesperación e impotencia de algunos párrocos por querer detener la labor evangelizadora de la Iglesia del Señor. Se ha llegado, incluso, a extremos que rayan en los linderos del fanatismo.

¡Mi tiempo ha llegado!: «Vuestro tiempo también ha llegado»

El hermano Pardo comentó que en días pasados, antes del inicio de la Escuela Dominical, algunas personas se apostaron por los ingresos de la colonia para «desanimar» a las visitas que felizmente acuden a escuchar la Palabra de Dios. Pese a lo anterior, al ver que su «estrategia» no prosperó, dieron marcha atrás a dicho exabrupto. En otros casos, también documentados, cuando los coros de las iglesias han salido a realizar sus jornadas de evangelización, seminaristas, catequistas o laicos comprometidos con el clero han «reclamado» «sus territorios», ignorando que ante las leyes de cada país todo ciudadano goza de derechos y libertades en materia religiosa, sin importar el credo que profese.

Ante tal escenario, el Apóstol del Señor expresó: «Hoy la gente necesita escuchar nuestro mensaje. ¡Ocupa de este mensaje! De una forma o de otra, satanás quiere detener la obra de Dios, pero la bendición ya está aquí, en el Pueblo de Señor.

«Dios nos viene a decir que este es nuestro tiempo: que ensanchemos nuestras tiendas y alarguemos nuestras estacas. Cuando las personas dicen: `Aquí es territorio católico`, que lo demuestren con su doctrina, y al final de cuentas, la gente tiene el derecho de decidir a donde irse».

«Esto ya no lo detiene nadie», comenta el hermano Abner Pardo. El Apóstol de Jesucristo asienta: «No. Al contrario, ellos van a seguir desmoronándose más. El lema que los hombres de Dios siempre han tenido en la Restauración, tanto el Hermano Aarón, el Hermano Samuel y ahora su Hermano Naasón, es: ‘Dios dirá mañana quien es el santo’».

En el marco de la séptima etapa de su Gira Universal —que tendrá lugar en Europa—, y luego de su presentación con los profesionistas y empresarios mexicanos y extranjeros en la Ciudad de México (14 y 15 de mayo), de la magna inauguración del Eco Santuario en Amozoc, Puebla (17 de mayo), de las visitas apostólicas a diferentes iglesias poblanas durante seis días, de la supervisión que personalmente realizó durante los cursos de capacitación ministerial llevados a cabo en Amozoc y Silao, el Apóstol de Jesucristo saludó a sus colaboradores: «Dios les bendiga, hermanos». El reloj marcaba las 4:55 de la mañana.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.