Presentación Apostólica con jóvenes y matrimonios aspirantes a la Obra en Bello, Colombia

(Coordinación de Crónica Apostólica).- El Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se presentó el domingo 7 de octubre de 2018, ante miles de jóvenes preparados paras ser enviados a los campos de batalla. Previo a la reunión, se escuchó el himno titulado “Vamos a luchar”.

A las 10:36 de la mañana, el Director general de la Iglesia La Luz del Mundo, arribó a la colonia Hermosa Provincia de Bello, ante una niñez apostada afuera del templo, anhelante por formar parte también de los batallones que serían enviados en esta ocasión; quienes con himnos marciales alusivos a su valor, al igual que los pregoneros que desde temprana hora estuvieron anunciado el arribo apostólico

A su llegada, el Siervo de Dios descendió de su vehículo y saludó a la multitud de niños entregados a la Elección. Enseguida entró al Templo acompañado de los Pastores Ramiro Hernández, Eliezer Gutiérrez, Uziel Joaquín, Mizraim Medina, Nicolás Menchaca, Juan Peláez, Leví Mosqueda, Benjamín Chávez, Israel Tirado, Joel Herrera y Ramón Cayunao. La juventud reunida en el interior del santuario, desbordó su júbilo espiritual, provocando un estruendo de Glorias a Cristo.

Tras el himno de Bienvenida, el P.E. Benjamín Chávez hizo lo propio, expresando el sentimiento unánime en esta lucha para ganar almas para Cristo “…esta es su viña, Varón de Dios, usted es el viñador. Pase mi Señor, estire su mano, tome usted del fruto de esta viña que es el resultado de su trabajo”. –finalizó, para dar lugar al mensaje esperado por todos los presentes en Bello y todos los países de Sudamérica que estuvieron conectados a esta transmisión.

“Os saludo a vosotros jóvenes porque sois fuertes y habéis vencido al maligno…esta es la reunión de los Hijos de la Libertad en Sudamérica…” De esta manera el Apóstol saludó a la juventud de la iglesia del Señor en Colombia, ante una estruendosa juventud que glorificaba al Todopoderoso Dios de los cielos con toda su fuerza. En virtud de ello, el Apóstol agradeció a Dios el hecho de haberlo llenado de sembradores de su semilla y de miles de pescadores de hombres que van a echar las redes en su nombre, “yo sé que falta luz en el mundo pero yo le digo al Señor: He aquí los que fuimos sometidos por tu dulce palabra…”.

Enseguida –explicó el Hombre de Dios que tanto a él como a ellos, les había tocado la bendición llamada primogenitura; bendición destinada por Dios para todo aquel que nacía en primer lugar, según lo detalla Números 3:13 “Somos los primogénitos para Dios, estamos consagrados para su servicio, no renegamos por ello a pesar de que teníamos planes y proyectos, pues hemos entendido que no hay mejor destino que este. Levantando nuestras manos le decimos al señor: ´Heme aquí, Señor, envíame a mí, quiero que mi vida sea una oración y ofrenda agradable que perfume tu servicio´. Por eso juventud; al ver a los jóvenes y matrimonios jóvenes, recuerdo que esa herencia me vino a caer de forma deleitosa, de manera que a pesar de que yo tenía un destino y un proyecto de vida, el señor Jesucristo cuando llamó a tu hermano Naasón me dijo: No, no tienes un destino, no tienes decisión propia, él me dijo: ´Tu destino soy yo, tu destino es este pueblo a quien yo te he entregado´”.

Más adelante invitó a todos los presentes a entonar el himno n. 104, titulado “Cristo es nuestro Jefe”. Al término del cual dio inicio a su mensaje preparado para la juventud colombiana, en el que especificó que, a los jóvenes de Centroamérica les había hablado acerca de, “El carácter en la Unidad y el Objetivo de un Obrero Aprobado” y que ahora quería hablar con ellos, la primera parte del tema titulado: “Vocación en el Servicio a Dios”.
“Quiero que entendáis y comprendáis que salir a la obra no es una emoción la que te debe impulsar a ello, sino una convicción, llamamiento de Dios para su servicio…” –fue la primera frase de su tema para su juventud de Colombia reunida ese día en Bello, Hermosa Provincia.

Tema: Vocación en el servicio a Dios

En primer lugar citó el evangelio de Lucas 10:2, donde el maestro de Galilea observa de manera simbólica que, la mies a la verdad es mucha, más los obreros son pocos –e instruye: Por tanto rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. Ante esta necesidad para continuar la Obra de Dios, el excelentísimo Apóstol expresó: “Puedo afirmar que la necesidad de obreros persiste hasta el día de hoy. Aquello que el Señor Jesucristo veía, no solamente la vio en su tiempo, también lo vieron sus discípulos, el hermano Aarón y el hermano Samuel, como hoy, yo la estoy viendo…”

En consecuencia, el mensajero de Dios señaló que, Dios no es un Dios de límites, ni escaso, “nuestro Dios no tiene obstáculos”. Exhortó y aseguró que, esa es la razón de la promesa que Dios le hizo aquel 8 de diciembre de 2014: “¿ves este pueblo grande?, pues yo lo voy a multiplicar”, resaltando los hechos maravillosos de Dios, quien no se limita a la mente humana, sino que la rebasa “Por eso es bueno comprender quién es nuestro Dios –dijo, porque a raíz de comprender quien es nuestro Dios, ese Dios que rebasa la lógica, ese Dios sin barreras, poderoso, infinito; nos sentiremos orgullosos de ser parte de su obra”.

La fe de Dios en toda empresa divina

Posteriormente el Apóstol recordó el testimonio de los primeros hermanos que, se reunieron por primera vez en “La Primavera” hace poco más de cincuenta años y que era un grupo tan pequeño y cómo hoy, en esta reunión realizada solo con parte de la juventud del país, se echa de ver la bendición de Dios. Asimismo recordó que, “Cuando Dios recogió al hermano Samuel nosotros no pensamos que esta iglesia se iba a acabar, no. Sabíamos que una administración llegaba a su fin, pero nuestro Dios es infinito y va más allá de la vida del hombre” –observó, para insertar la comprensión de los planes de Dios.

En ese sentido, el Mensajero de Dios puso el ejemplo de Abraham, quien contra toda lógica humana creyó a la promesa de Dios de que, en él serían benditas todas las familias de la tierra, a pesar de que él era un anciano y su esposa era estéril; por ello –observó el apóstol; la fe de Abraham le hizo entender que Dios es un Dios que no tiene límites, ni hace las cosas conforme a la lógica humana, sino que hace todas las cosas según el designio de propia voluntad.

Después de esta comprensión dijo: “Entonces ¡Qué orgullo servir a ese Dios!, ¡Qué orgullo poder ser parte de esa bella historia. Y yo oigo los testimonios de los hermanos antiguos de cómo inicio la obra en Colombia, cuantas manifestaciones, milagros, cuantas barreras tuvieron que librar, y en cuantas situaciones se encontraron, en las que creían que era imposible seguir adelante, pero ahí, cuando ellos creían que todo estaba acabado, ahí Dios hacía acto de presencia y volvía a encender aquella llama; y hoy veo ya un pueblo multiplicado en este país”, dando testimonio de los primeros hermanos que evangelizaron este país, loa cuales sufrieron, padecieron hambres, pero que hoy lloran de alegría al ver sus gavillas llenas, porque Dios ha cumplido sus promesas, así como cumplió con el hermano Aarón y cumplió con el hermano Samuel, y también está cumpliendo la promesa que le hizo a él.

Con estas palabras, el Apóstol interrogó a la juventud “¿Quieres ser parte de esta historia?” un estruendoso “Amén” hizo resonar el lugar. Asimismo trajo a la memoria el testimonio del Apóstol Samuel y la lucha que sostuvo los últimos diez años con su enfermedad y preguntó nuevamente: “¿…te quieres quedar en el pasado cuando el presente viene con maravillas?…entonces yo te invito a que reflexiones en las maravillas de Dios… porque el obrero no solo debe estar recubierto de emoción…” –aclaró.

Como parte de su motivación trajo a la memoria la estrategia que empleó el hermano Aarón en su administración apostólica, en la cual enviaba sus mensajeros de dos en dos para que uno trabajara en lo material a fin de sostener a ambos y el otro se dedicara a trabajar exclusivamente en la evangelización: “no los quiero ver en Guadalajara hasta que me lleven las primeras almas” –les decía el hermano Aarón a sus enviados, razón por cual, algunos de ellos, tardaban hasta tres años en cumplir su cometido. El mismo hermano Aarón predicó durante ocho años sin ningún bautismo, aparte de su compañera. Pero el creyó en la voz de Dios y él sabía que Dios iba a proveer.

En un acto por demás conmovedor, preguntó a sus colaboradores que se encontraban a su lado, que si después de haber luchado y sufrido en la obra misionera, se habían arrepentido de servir al Señor toda su vida, a lo que ellos contestaron negativamente, “¿En verdad pueden decir que las cuerdas les cayeron en lugares deleitosos?, ¿En verdad pueden decir que es hermosa la heredad que les ha tocado? entonces –exhortó a sus ministros: Levanten su mano frente a ellos, para que vean con su ejemplo a los que, como ustedes sirvieron al Señor”. Los Pastores a una, se pusieron de pie con la mano empuñada, enardeciendo a la juventud entera.

Para el tema dominical, el maestro Joaquín dividió su tema en tres apartados: La voluntad, La firmeza y El amor.

1. La voluntad

Como primer característica de aquel que tiene vocación es la voluntad –señaló, y pidió leer Isaías 6:8 “después oí la voz del Señor que decía ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí envíame a mí”. En ese sentido señaló el Apóstol, la forma en que Dios manifiesta su voluntad pero sin forzar a nadie, sino que siempre espera que haya voluntarios que se ofrezcan para cumplir sus propósitos. Enseguida exhortó a los jóvenes: “Vamos a ofrecer salvación, vamos a ofrecer vida eterna y tu ofrecimiento será de verdad, porque entonces te preguntarán ¿a usted quién te ha enviado?… Tú no vas a decir que fuiste a la universidad, tú responderás: A mí me mando un Apóstol de Jesucristo – ¿Y a ese Apóstol quien lo mando? A él lo mando directamente Cristo”.

Con el propósito de confirmar el significado de la voluntad ante el llamamiento divino, recurrió al ejemplo de, El joven rico que relatan los evangelios, al cual el Señor Jesucristo le dijo: Vende todo lo que tienes y ven y sígueme. Resaltó la actitud de éste hombre que, amó más sus riquezas, no porque el dinero o las posesiones sean malos, sino porque poner el amor en ellos, nos impide seguir al Señor. “Podemos amar a todos pero no más que a Dios –puntualizó señalando que, por eso el primer y gran mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas. Ese mismo amor, nos permite amar a nuestros padres, a tu esposa a tu esposo, a tus hermanos y a tu prójimo, e incluso a tus enemigos”.

Con celo de Dios, el Apóstol manifestó el sentimiento que experimenta cuando ve el engaño al que son sometidas muchas almas, con mentiras como “el agua milagrosa” o las “reliquias de los santos” –y expresó: “aquella agua del río Jordán no es bendita, no hay aguas milagrosas, el bendito es Cristo, el que hace milagros es Dios; pero al ver a esa gente rendida por su necesidad humana… su hermano siente dolor y tristeza; y en su representación y en nombre de Cristo su hermano viene a decir: ¿Quién irá?” todos los jóvenes enardecidos levantaron sus manos y con un estruendoso “Amén” repitieron la frase de la primer característica de la vocación: “heme aquí, envíeme a mí”.

De manera enérgica, el Siervo de Dios manifestó que, su convocatoria es para los valientes que quieran servir en la Obra misionera del Señor, “Algunos me han dado su respuesta espontánea, me conmueve vuestra voluntad, pero si alguno siente miedo o dudas en su corazón, no vaya” –sentenció.

Más adelante reiteró a los aspirantes que no serán enviados a lugares donde ya hay iglesia establecida, sino a lugares donde su principal labro consistirá en predicar la palabra de Dios, esto con el propósito de que, vivan la vida que viven los obreros de valor; aquellas experiencias donde se ocupa la fe. Justo en ese momento, dio testimonio de un joven que había conocido en Guadalajara cuando fue Encargado del Grupo de Jóvenes y que cuando el Varón de Dios Samuel Joaquín lo dejó en España, lo encontró en aquel lugar. Este joven se quejaba de no estar fungiendo como obrero, porque lo habían puesto a cuidar un toxicómano en un hospital de rehabilitación; sin embargo cuando éste platicó su inconformidad, él le dio un consejo acerca de la voluntad que se necesita para ganar a las almas y que consiste en predicar, evangelizar, sufrir, etcétera.

2. La firmeza

Como segundo punto de su ponencia, habló acerca de la firmeza con relación a la decisión que el joven o la señorita toma respecto a la obra. Enseguida pidió dar lectura a la carta paulina de Romanos 8:35-39 “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia?…por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles, ni principados…” El Apóstol quiso dejar en claro que, la obra no es ir de paseo a conocer otros lugares, países, etcétera, sino ir a predicar la palabra de vida eterna. En ese sentido –explicó, las principales luchas del joven, serán la nostalgia por la familia y que, aunque los países sean muy bonitos, tendrán tribulación y angustia por la simple razón de ser enviados de Dios.

Continuó: “El que es de fe ya sabe a lo que va, ya sabe que se va a enfrentar a todas esas cosas” e incluso consideró la posibilidad de perder la vida, para después de hacerles las respectivas observaciones, interrogarles: “¿Aun así, tú que has tomado la decisión este día, yo te pregunto: continúas deseando que tu hermano Naasón te envíe a la Obra?, ¿a pesar de los sufrimientos?” ante cuya interrogante los jóvenes no mostraron un atisbo de duda; respuesta que llenó de alegría el corazón del Apóstol, porque esa es la juventud que necesita para conquistar el mundo, son los que Dios le ha dado y sus nombres quedaran escritos en el libro de la vida “y así como Caleb amigo de Josué, algún día se hablará de los valientes de Naasón Joaquín…en esta bella historia de Cristo.”

3. El amor

Como tercera característica de la vocación, señaló el Siervo de Dios la virtud del amor, la cual está íntimamente ligada con el amor a Dios y el amor a la Elección de Dios que tiene como fundamento principal el amor. Citó 1ª de Reyes 9:19 (el manto de Elías toca a Eliseo) y recordó la primera vez que vino a Colombia cuando le dijeron: “El manto de la Elección nos ha tocado”.

En esa comparación detalló, cómo el manto de Elías solo tocó a Eliseo y éste sintió algo en su corazón que lo hizo seguir al Profeta, pero sin que el primero lo llamara personalmente, por eso cuando el joven se presenta ante él para seguirlo en cuanto se despidiera de sus padres, el Profeta le responde sorprendido: “¿Qué te hecho yo?” Dando a entender que él no lo había llamado, porque lo que Eliseo sintió al ser tocado por el manto de Elías, fue el vivo llamado de Dios, “¡Qué vínculo tan fuerte es el amor a la Elección!” –expresó el Apóstol Naasón.

Poco antes de finalizar su enseñanza, el hermano Naasón señaló que, así como a Elías, le sucedió a él “yo solo pasé y cuando me di cuenta, miles y miles de jóvenes iban detrás de mí”. Al igual que en Centro América, México y Estados Unidos, señaló que, con su presencia en este lugar (Medellín Colombia) le están diciendo: “Heme aquí, envíame a mí” y les enseñó que el caso de Elías y Eliseo era solo un ensayo de lo que hoy está pasando en la historia de la Iglesia del Señor.

Conclusión

El Siervo de Dios, concluyó su ponencia de esa mañana, resumiendo las tres características que debe observar todo joven llamado por Dios para servir en la Obra del Señor: Voluntad, Firmeza y Amor, requisitos indispensables para poder desempeñar este noble trabajo, y los instó a poner su confianza en Cristo el cual venció al mundo, confiando en que así como Cristo, él también lo venciendo “y ustedes también lo vencerán” –les aseguró esa inolvidable mañana.

Finalmente pidió entonar el himno n. 253 que a su letra dice: “Que a gusto es combatir sin retroceso, luchando con valor hasta vencer…” Aclaró –como dice el himno, que van a luchar por amor a las almas, que su destino no es pasear por el mundo, sino luchar legítimamente, para que un día sus nombres queden escritos en la historia, “Entre tanto yo les digo: Juventud que hoy te enlistas en esta batalla, Bendita seas”.

Al término del himno entonado con singular efusividad, el Varón de Dios manifestó su alegría por los casi tres mil jóvenes asistentes a esta reunión, sin contar aquellos que, del resto de los países de Sudamérica están reunidos en los diferentes lugares para ser enviados a la obra, porque sabe que de todos ellos ya Dios tiene los corazones escogidos que entregarán su vida a esta vocación, y si alguno aún no siente ese llamado, “yo te vengo a invitar, porque esta batalla es una batalla de fe…y yo le voy a rogar al Señor: Señor derrama tu bendición en este lugar”.

Antes de la oración final pidió al coro entonar el himno titulado: “El Lema de la Iglesia” que cual himno marcial infunde aliento: “Aunque rujan tempestades y tormentas, con Jesús jamás habremos de temer, porque él nuestra confianza y fortaleza… Es el lema de la Iglesia –refiere el coro, Adelante, Adelante…” mientras el Apóstol saludaba a través de la pantalla a sus jóvenes que lo seguían desde el resto de los países sudamericanos.
Antes de que el coro concluyera su canto, toda la juventud inflamada de valor cayó de rodillas, sobrecogidos de la bendición del cielo, el rugido de las muchas aguas se volvió a escuchar en Colombia con la presencia del Ungido de Dios.

Despedida

Tras una larga oración en la que Apóstol y juventud se estrecharon en el amor con que Dios los unió y en la que él pidió a su amigo que, derrame de su espíritu sobre cada uno de ellos; prolongando el himno del coro, se despidió de ellos con palabras que, incitaban a la lucha y al triunfo en la conquista de las almas, mientras recorría el pasillo principal saludando a su juventud y respondiendo a las múltiples peticiones de aquellos que se acercaban para hablarle al oído.

Cuando el Apóstol Naasón salió del templo, con los pregoneros tocando las trompetas, saludo a los hermanos que se apostaron en la parte exterior del Templo y al descender la escalita para dirigirse a su casa, volteó hacia los un grupo de niños que se mantuvieron firmes desde la mañana antes de su llegada, y permitió que los pequeños se abalanzaran hacia él y lo rodearan con sus pequeños bracitos. Después volteó al otro lado y dela misma manera el otro grupo de niños hizo lo propio, mientras que los del primer grupo, literalmente gritaban de júbilo con su rostro bañado en lágrimas, sin quitar la vista del Hombre de Dios y todos los testigos, daban la gloria al Dios del cielo, por ser testigos de este acto.

Así fue la presentación del domingo 7 de octubre de 2018 en que el Enviado de Dios vino hasta Colombia a invitar a la juventud de la iglesia, para servir en la Obra del Señor