¡Felicidades en este tercer aniversario, por ser Hijos de Dios! — Berea Internacional

diciembre 14, 2017
Apostol-de-Jesucristo-Naason-Joaquin-Garcia-en-Hermosa-Provincia-Diciembre-14-2017.jpg
En el recuento de los tres años de su Ministerio, señaló la bendición que Dios ha dado a su Iglesia cumpliendo su promesa de prosperidad.

(Coordinación de Crónica Apostólica) — 14 de diciembre de 2017, día de júbilo en toda la Iglesia del Señor que desde las primeras horas de la mañana se preparó para ofrecer su holocausto espiritual en señal de gratitud por la conmemoración del tercer aniversario de la manifestación gloriosa de la Elección apostólica.

En los alrededores del templo así como en su interior, el mezzanine superior se fue llenando con los orfeones de distintos lugares, quienes avivaron el espíritu a través de sus alabanzas, algunas de ellas entonadas en dialectos como el quechua y el maya de los hermanos de Guatemala, ataviados con sus coloridos trajes típicos; en náhuatl con los coros de Veracruz y el Estado de México; en mazahua con el Coro Regional Mazahua; y en otros más con los coros de Idiomas de E.U. y México y con el lenguaje sin palabras del coro de Silentes.

¡Voz de júbilo y de salvación hay en la Iglesia del Señor!, exclamó el P. E. Octavio Herrera cuando dio comienzo al culto de adoración en punto de las diez de la mañana, por lo que invitó a entonar el himno que ha sido inspirado en esta Nueva Era: Nuestro consuelo.

Después de la lectura del salmo y de orar por la salud del Ungido de Jehová, los coros unidos comenzaron a entonar la bella alabanza titulada: El Apóstol de la Consolación. En ese momento las trompetas anunciaron la presencia tan anhelada del Hombre de Dios, quien para bendición de todos aquellos que se encontraban alrededor del templo, pasó en medio de ellos, recorriendo la glorieta y saludando a todos los hermanos que se encontraban en el trayecto, quienes correspondieron en un fervor espiritual, con lágrimas y exclamaciones de reconocimiento.

Al llegar a los atrios del majestuoso templo, los orfeones de distintos estados de la República, abanderadas con las insignias de todos los lugares donde se ha predicado el Evangelio, acompañados de los niños y niñas de la colonia Hermosa Provincia que recibieron al Apóstol del Señor con su puños y voces en alto: ¡somos de Naasón Joaquín! Entre los llantos se escuchó el himno que sirvió como un llamado de ánimo en aquél diciembre de 2014: Soy yo soldado de Jesús y siervo del Señor…

Toda la Iglesia doblo sus rodillas junto con el Apóstol para dar la gloria a Dios después de la cual comenzaron las voces unidas a entonar el himno preparado para celebrar tan memorable ocasión: 14 de diciembre gloriosa fecha de amor, estaba en el plan bendito, en la mente de Dios…

Enseguida tomó la palabra el P.D. Rigoberto Mata quien en sus palabras dijo llevar un presente de parte del cuerpo ministerial al Apóstol de Jesucristo: La ratificación de su compromiso de fidelidad y lealtad de todos ellos, que con el puño levantado, como lo hicieron tres años atrás, continúan a su disposición unidos a la Elección. Pastores y Diáconos, Encargados y Obreros junto con sus esposas confirmaron el mensaje levantando sus manos con un ¡amén!

El D.E. Horacio de la Paz elevó un canto de congratulación por otro año más en el santo ministerio encomendado por Dios, los presentes con un amén hicieron suyas las palabras de su melodía: ¡Hasta el último aliento estamos con usted!

Toco el turno al P.E. Guido Aguilar para representar a la Iglesia del Señor recordando el memorable instante en que el nombre de Naasón fue dado a conocer, afirmando que esos tres años han sido llenos de amor, de prosperidad y de felicidad para la Iglesia, ratificando también la adhesión a su Elección.

 

Saludo apostólico

Las primeras palabras del Ungido del Señor fueron para reconocer la obra de Dios, puesto que no es el cuerpo humano visto por los ojos materiales lo que provoca el júbilo de los hermanos, sino el ser divino que habita en él; “cuando gritan el nombre de Naasón, no es el nombre en sí, sino el nombre que en este tiempo el Señor quiso dar para salvación” llamó pues, su obligación el recordarles que esa gloria, alabanza y amor no es a su persona, sino al Creador y dijo: “¡No a nosotros, oh, Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre sea la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos, amén!”.

En el recuento de los tres años de su Ministerio, señaló la bendición que Dios ha dado a su Iglesia cumpliendo su promesa de prosperidad, y en las felicitaciones que recibe de los hermanos de diferentes lugares, él también unía su felicitación por la plena seguridad en la que Dios tiene a sus hijos que se encuentran en el Hueco de Su Mano: “¡Feliz aniversario en el tiempo del Apóstol Naasón Joaquín!” –y añadió: ¡Feliz 53 aniversario! porque también fueron hermosos los años con Samuel Joaquín”, sumando el tiempo que el Apóstol trabajó antes de que el Señor lo recogiera, y agregó: “¡Feliz 91 aniversario porque también fuimos prosperados en tiempo del apóstol Aarón Joaquín!”, por todo ello había mucho que celebrar.

Refirió el testimonio que uno de los hermanos antiguos dio de una entrevista que se le hizo a un clérigo tiempo atrás, el cual comparó a la Luz del Mundo como aquella mosca que se puede matar con un golpe de un periódico. Han pasado los años y, como lo dijo el hermano así lo reafirmaba él, la Iglesia sigue presente: “¡seguros en el Hueco de la Mano de Dios y su hueco se cierra para protegernos pero su mano va abriendo los caminos!”

 

Enseñanza apostólica

Como siempre lo hace, el Apóstol de Dios externó su deseo de dejar una enseñanza, a fin de no olvidar esos momentos que se vivieron cuando aún no sabían de los planes divinos, pues en aquel momento, la Iglesia, aun con dolor aceptó la voluntad del Señor de recoger a su Siervo Samuel Joaquín; sin reclamo ni desesperación, como lo hacen los verdaderos Hijos de Dios, que no desesperan sino que siempre esperan en Él. Por ello su explicación se enfocó en enseñar a la Iglesia, “Cómo es la Elección de un Apóstol de Dios” tomando como ejemplo su propia Elección para que la enseñanza permanezca grabada en la mente y corazón de todos, a fin cumplir y defender unidos la voluntad de Dios hasta el último aliento.

De esa manera, el Ungido de Dios señaló que existen cosas secretas, que están en lo íntimo de Dios, en las que el hombre no tiene participación. Como lo menciona el canto: misterio oculto que el hombre no sabía, pero que lo va dando a conocer poco a poco según sea su voluntad y el diseño que hizo desde antes de la fundación del mundo. “Nada de lo que ha ocurrido y de lo que se ha vivido es por coincidencia, pues ni aún la hoja del árbol se mueve si no es por la voluntad de Dios” – señaló.

Para una mayor comprensión de su exposición de esa mañana, dividió ésta en tres puntos principales:

 

La Elección

Como primer punto, en el que refirió su propia experiencia del momento en que escuchó la voz de Dios y con la seguridad de expresar la verdad, remarcó: “Yo soy Naasón Joaquín, Siervo del Dios vivo y Apóstol de Jesucristo, según su voluntad… y esa Elección dio inicio desde antes de mi nacimiento… pues aún no había sido formado su espíritu y ya estaba en el propósito de Dios, así como todos aquellos acontecimientos que se han vivido en estos tres años”. Resaltó que es la voluntad del supremo Creador por la que se han logrado y hecho tantas obras en este tiempo y no, como cree el mundo, que es por estrategia humana.

Con el texto del profeta Jeremías, capítulo 1 verso 5, explicó cómo Dios elige a sus Siervos desde antes de su formación en el vientre materno, conocidos por él, santificados antes de su nacimiento. En contraposición a lo que los hombres hacen para designar a sus dirigentes y gobernantes, líderes religiosos y presidentes, que son seleccionados según sus capacidades o por el conocimiento humano, por votaciones que pueden alargarse por mucho tiempo a fin de encontrar a la persona que consideren adecuada; no así el Señor que todo lo tiene perfectamente diseñado con anticipación.

Así, señaló el Elegido de Dios, que no fue en el momento en que durmió el Apóstol Samuel cuando Dios comenzó a buscar quien ocupara su lugar, pues “si fuera así, sería el último en la lista – refirió. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre… (v. Gálatas 1:15) me conoció… porque Él formó e hizo mi espíritu… me hizo a su gusto… enteramente para su servicio. Soy su Siervo para siempre”.

Asimismo señaló que no hay fecha de caducidad en la Elección de Dios y como ejemplo de ello, están los Apóstoles primitivos y los apóstoles contemporáneos Aarón y Samuel Joaquín quienes hasta el último aliento lucharon por el Evangelio, muy distinto a esos hombres que, en una de las mayores congregaciones religiosas, dicen jubilarse por edad o por cuestiones de salud.

Siguiendo con el plan de Altísimo, explicó que después de conocer su espíritu al formarlo, lo santificó por el puro afecto de su voluntad, como lo dice Efesios 1:5; y desde antes de nacer ya contaba con la santificación de Dios sin saber que era Elegido, sin sentir ninguna distinción o diferencia en su vida. Para ilustrar lo anterior, tomó la figura del Apóstol Pablo el cual vivía con un solo pensamiento de perseguir a la Iglesia, pen el celo que manifestaba por sus tradiciones judías, sin conocer su destino, hasta que oyó una voz que lo llamó, y a la que respondió: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (v. Hechos 9:1-6).

Así, él vivió como cualquier ser humano en su niñez, en su juventud, en su matrimonio, no había nada que lo señalara como un hombre fuera de lo ordinario, ni cuando posteriormente formó parte del cuerpo ministerial, buscando la forma de servir y alegrar al Apóstol de Jesucristo, esforzándose igual que sus compañeros, no había nada diferente entre ellos y él, era uno más en la humanidad, unos más en la iglesia, uno más en el Cuerpo ministerial, hasta aquél 8 de diciembre de 2014.

Enseguida, el Varón de Dios hizo una breve remembranza de ese hecho portentoso cuando en su dolor, junto con la familia, miraban como poco a poco se iba apagando la vida de quien fuera en vida, no solo su padre en lo material, sino también en lo espiritual. Narró el sentimiento de soledad que lo inundó cuando se llegó el momento, puesto que ya no estaba el que lo protegía, el que lo cuidaba, el que era su asilo, el que le daba aliento para seguir adelante. Aquí entró el segundo punto importante de su disertación:

 

El Llamamiento

En un segundo punto, relató el momento cuando al hincarse a orar en la habitación que la familia utilizaba cerca de la de su padre para estar con él día y noche en su enfermedad, pensando en lo que había de hacer ahora que ya no estaba el Ungido del Señor y pidiendo la consolación, escucho una hermosa voz: “¿Por qué me pides consuelo si tú has de consolar a mi pueblo?” Aunque no era una voz humana al principio no reconoció quién lo llamaba pues no tenía ninguna experiencia al respecto, pero cuando se hincó de nuevo a orar dijo que supo de quién era esa voz: “Naasón, tu estarás al frente de este pueblo, y si hoy lo ves grande yo lo voy a multiplicar aun más”.

De manera más que elocuente, Apóstol de Dios explicó a la Iglesia cómo fue ese instante de comunicación con el Sumo Creador, pues ya no se encontraba en aquél rincón del cuarto donde se inclinó a orar, “La grandiosidad de Dios me llevó a su lado, me permitió llegar con él a su gloria y a su majestad, tuve la presencia del Dios único y verdadero, pude verlo como lo vio Adán, como lo vio Moisés, como lo vio Samuel, como lo vio Pablo, como lo vio Aarón, como Samuel Joaquín”, aclaró que ese encuentro no fue aquí en la Tierra, sino más allá de los cielos donde mora el Señor, transportado a un lugar hermoso, de luz inaccesible, donde no hace falta el sol pues es su gloria la que resplandece para siempre.

Así, al igual que el Apóstol Pablo, Naasón Joaquín hizo propias las palabras: “conozco a un hombre… (Si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo… donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (v. 2 Corintios 12:2), porque así también lo experimentó esa mañana del 8 de diciembre. Fue allí, en ese lugar especial, donde se vino a manifestar la revelación de Dios, aspecto que tomó para explicar el tercer punto de su tema:

 

La Revelación, la Inspiración y la Iluminación

La Revelación, privilegio que el Señor Jesucristo les da a sólo a sus escogidos. Cuando vino al mundo en un cuerpo humano para establecer su Iglesia, en ese orden establecido por él, colocó primeramente a los apóstoles a quienes instruyó personalmente cerca de tres años. Ellos recibieron directamente de él su evangelio y enseñanza para enviarlos posteriormente a predicar a todo el mundo. No así con el Apóstol Pablo, lo que no significa que no habló con el Señor Jesucristo, pues fue llevado a ese lugar para darle esa enseñanza, lugar en su Gloria al que son llevados sus apóstoles, a su Reino Celestial donde derrama en ellos su sabiduría, llevados allí para oír, ya no de labios materiales sino de la propia hermosura espiritual del Señor, los misterios de la salvación.

En ese apartado donde existe la revelación de Dios a sus elegidos, dijo que el tiempo se detiene con Dios, allí con él se hace todo presente, que allí en ese lugar frente al Señor, fue donde recibió la Revelación de Dios y especificó que eso significa descubrir las verdades de Dios desconocidas para el hombre: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha revelado… (V. 1ª Corintios 2:9).” En ese sentido – aclaró el Apóstol del Señor, que, “las referencias bíblicas son para que la Iglesia sepa responder a quien demande de su fe, y para presentar defensa”, pues en esta verdad ya la han aceptado como lo que es en cada uno de sus corazones.

Sobre este particular, confirmó: “Se revela la verdad de Dios, las cosas ocultas que para la totalidad de la gente son difíciles de entender, se revelan las cosas donde no llega la imaginación, donde no llega el estudio o la interpretación del hombre – y de manera categórica afirmó: Esta verdad me ha sido revelada por Dios de manera suave y discreta, pero con la fuerza y estruendo de toda su grandeza. Esa es la verdad que difundo, que predico para sacar a los hombres de la falsedad y la mentira, del engaño, de las doctrinas de los hombres, pero también las doctrinas de los demonios más peligrosas y dañinas para el hombre, que corrompen con más potencia e impiden la reconciliación con Dios y con el Hijo de Dios”.

Más adelante el Apóstol señaló también, que ha recibido de Dios la inspiración, la cual es la comunicación de Dios, la influencia de Dios, la apropiación de un cuerpo para hablar a los hombres. “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (V. 2ª Pedro 1:21)”. Explicó cómo viene la inspiración de Dios a él, cómo la ha sentido: “Viene a mi cuando Dios toma mi ser, cuando Dios me toma como su vaso y él es el que empieza a hablar por mí, usa mis labios, usa mi voz, pero no son mis palabras, es la palabra de Dios la que sale de mi boca y a la vez está instruyendo a su pueblo”.

Al respecto, describió la experiencia que vive en esos momentos: una presencia bendita llena de paz y de amor, de santidad, la describió como una luz que llena todo su ser y conoce que es Dios el que está en él para hablar lo que él le transmite, lo que le inspira hablar a la Iglesia; esa es la razón por la que no es voluntad humana lo que él habla, ni son suyos los mensajes que les da, sino de Dios que dice ¡qué es lo que debe de hablar!, ¡cómo debe decirlo y dónde debe de hacerlo!. Y recordó: “los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba e antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló que no era para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por lo que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo (V. 1ª Pedro 1:10) “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. (1 Pedro 1.21) – subrayó.”

 

La Iluminación

Al respecto de la Iluminación, el Siervo de Dios precisó que es el entendimiento, la luz de Dios a la mente para comprender la verdad, “La Iluminación ha llegado a mi permitiéndome entender, saber y conocer muchas cosas que antes parecía no podría lograr razonar. A diferencia de la Revelación y la Inspiración, la Iluminación sí es para todos”, explicó que esa iluminación llega cuando los hermanos doblan sus rodillas antes de leer las Escrituras y Dios los ayuda para comprender. Llega también cuando escuchan la recordación de esa hermosa palabra para entender la enseñanza. “Dios ilumina tu mente y lo entiendes con tal claridad que parece que tienes una grande lámpara en tus ojos que te ayuda a ver las cosas. Dios ilumina tu mente para conocer la verdad que se te está predicando.”

Ante el cuestionamiento que podrá tener alguno respecto a cómo es la voz de Dios o si habla en un idioma específico, explicó que es una voz que solo entiende el alma, una voz universal que entendieron los Profetas, los reyes puestos por Dios, los Ungidos del Señor, voz que entendió Pablo, que entendió Aarón y Samuel Joaquín, no en un idioma humano sino un idioma celestial. Ilustró con el ejemplo del profeta Samuel que sin una experiencia previa de haber oído la voz de Dios, en la misma situación suya, cuando escuchó su nombre creyó al principio que había sido Elí, al igual que su experiencia personal el día que Dios le habló por su falta de experiencia con el divino Señor, porque ya la segunda vez que escuchó esa voz, la identificó, voz entendible solo para el alma del Elegido de Dios, porque aun la hermana Elisa, dormitando al lado del hermano Aarón no escuchó el llamamiento hecho a su compañero aquél 6 de abril de 1926.

Profundizando en el desarrollo de su ponencia, precisó a sus discípulos la enorme y ardua labor que tiene, después de haber recibido la Revelación de Dios. Ministerio que sirve para rescatar al hombre de la mentira, de las falsas iglesias y de las vanas ideologías. El Apóstol Pablo escribe en su carta a los Efesios capitulo 3 verso 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelada a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu.

“La Revelación está presente en cada momento desde aquél día que Dios me hablara y me llamara para dirigir su pueblo… En cada parte de mi vida, en mis pláticas en confianza, en mis cartas, en mi vida diaria. Me rodea como el aire que respiramos y no vemos. Me ha acompañado en cada presentación, en cada dominical expresada, jamás me ha abandonado, ha estado fiel a mi lado, por eso tenemos doctrina revelada, porque Él continuamente usa este vaso para dar a conocer su verdad”. En virtud de ello, exhortó a su pueblo a predicar esa verdad de Dios a todo el mundo.

Hacia el final de su explicación, resaltó la importancia de conocer cómo es la Elección y el llamamiento de los Siervos de Dios, y quiso recordar su llamamiento, la revelación hecha a él, y que se ha reflejado en la gran felicidad en la que han vivido esos tres años, razón suficiente para dar la gloria a Dios, porque existe el entendimiento que es Dios que se agradó de él para dirigir guiar a su pueblo, conforme a su plan bendito. En ese entendimiento que les da felicidad, animó a seguir llevando el evangelio eterno para que todo el mundo sepa que existe en la Tierra un varón de Dios, que esta es la Iglesia de Cristo, que los dos: Iglesia y Apóstol son uno solo y nadie los puede separar. Así, de en claro que aquel que intente meterse contra la Elección, toda la Iglesia entrará en defensa, y viceversa, aquél que se atreva a meterse con la Iglesia, el Ungido del Señor, junto con su cuerpo ministerial a quienes llamó sus amigos, correrán en defensa de ella con toda su fuerza, unidos hasta el último aliento.

De esa manera y bajo ese contexto de sublime revelación, invitó a entonar una alabanza al Señor con toda gratitud, el himno número 7que dice: A Dios canto con todas las fuerzas de mi corazón porque él ha llenado mi alma de dicha y quietud… canto al que se unieron todas las voces presentes, niños, jóvenes, ancianos, todos con júbilo y alegría alabando al Padre celestial.

Al finalizar el canto, el Siervo de Dios remarcó que no es por él ni por la Iglesia esos tres años de la Nueva Era de triunfos y victorias, es Dios a quien se lo deben. Aun cuando han intentado separar la unión que existe entre el pueblo del Señor y el Apóstol, no han podido. Han dicho que existe traición entre sus amigos, refiriéndose al cuerpo ministerial, lo cual ha desmentido porque son sus amigos y señaló que un amigo no traiciona ni engaña, y que han demostrado no solo con palabras, sino con hechos, que están con él, aun los que ya tienen más años, quienes han estado fuertes como robles, firmes edificando a la Iglesia del Señor.

Al referirse a la Iglesia del Señor, dijo que durante estos tres años de Ministerio apostólico, ha visto en el mundo un pueblo unido, firme y agradecido con Dios, y refirió de nuevo que no es por su carisma o trabajo por lo que han entregado su corazón a él, movidos todos como un solo hombre, a pesar de los diferentes ministros y ministerios, los distintos dones, las diferentes capacidades y operaciones, unidos todos en un solo pensamiento, en el reconocimiento a su Elección. Expresó que para él es una gloria decir cómo los ve el mundo, que busca la razón de tal unidad y fuerza, creyendo que es la chalina, el vestido largo, o porque como era el hijo del anterior guía, pues ya gozaba de ese carisma.

Para esclarecer a los indoctos puso como ejemplo lo que dijo Adonías cuando habló con Betsabé: “Tú sabes que el reino era mío, todo Israel había puesto en mi su rostro para que yo reinara; más el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano (Salomón) porque por Jehová era suyo (v. 1 de Reyes 2:15). Reconoció y entendió que tras la voluntad de Dios ya no había más que hacer. Y el pueblo que había puesto su corazón en él y que ya lo aclamaba como rey, en un instante ese ser divino cambió el corazón para gritar: ¡Salomón reina!

Continuó antes de despedirse el Apóstol asegurando que no fue el hombre el que los convenció de su Elección – refiriéndose de nuevo así mismo, pues esa fidelidad de la Iglesia, la debe solo a Dios que movió y puso en sus corazones ese sentimiento, como un solo hombre. Y es Dios, a través de él, que ha dado todo a la Iglesia, toda la felicidad, la salvación, la palabra verdadera de Dios. Enseguida instó a los presentes a adorar a Dios, unidos en una oración que mueva el templo, para agradecer al Supremo Creador por todo lo que ha hecho en su plan divino. Así en una ferviente plegaria se el clamor y exclamaciones de gozo y de alabanza al Creador, que se unieron a la oración apostólica.

 

Despedida con la bendición apostólica

Para despedirse el Ungido del Señor solicitó que todos los coros unidos entonaran una bella alabanza que entonaron los hermanos ministros que lo acompañaban en la undécima etapa de su Gira Universal en Puerto Vallarta, canto que a su letra dice: Gracias a Dios que me da la vida, gracias a Dios que me da la paz, su mano fuerte siempre me sostiene y su grande amor siempre me dará. Contigo estoy tan feliz, ¡oh Señor, mi Jesús!… canto que contagia y llena su corazón por el momento tan sublime en que le fue presentado.

Al término del canto exclamó lleno de júbilo: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que nos ha tocado.” (v. Salmo 16:6). Anunció que puede haber un momento en que Dios nos tenga alguna tristeza porque necesario es que la fe sea también probada, como se prueba el oro (v. 1 Pedro 1:6-7), y si permite que el enemigo haga estragos es para demostrarle que son hijos auténticos de Él, porque no claudican, ni tropiezan, ni se dejan vencer, que a pesar de todo saben ponerse de pie y seguir adelante.

Culminó diciéndole al mundo que hasta ahora han sido tres años de felicidad, victoria, de triunfos que seguirán conforme a la promesa que Dios le hizo, pero advirtió que en medio de ese trabajo y crecimiento, el enemigo puede dar una tristeza, en ese momento volteó hacia los ministros a los que aseguró que la Iglesia sacaría los puños, en un sentido espiritual, para defenderlos, defender siempre la Elección, también a la Iglesia les aseguró que en el momento de su prueba, de su angustia o tentación, también él y sus amigos estarán para ellos, en el cuidado, en la protección y en el consejo para seguir por el buen camino ¡Hasta el último aliento!

Mientras los cientos de voces de los coros elevaban su canto, fue dando realce a cada expresión entonada, luego se despidió lleno de alegría por las bendiciones concedidas por Dios a su ministerio, “Dios te bendiga y te permita la fortaleza que hasta hoy te ha dado y nos siga llevando de triunfo en triunfo, según su voluntad. La paz de Dios quede en vosotros, su comunión de Cristo os siga abrazando en su bendito nombre, amen”. Bajó de su ministerio y dirigió palabras de aliento a los pastores cercanos a él, luego salió majestuosamente entre las exclamaciones de júbilo de toda la Iglesia.

Al salir del templo entró a la Casa apostólica y subió a su balcón, donde expresó la alegría y el orgullo de poder ver el triunfo de la Iglesia del Señor, señaló la intención de la gente que busca derrotarlos y que ha buscado minimizar las festividades diciendo que su número es reducido. Pero “el éxito no está en decir que somos muchos, sino en decir: aquí estamos. Allí están los verdaderos servidores de Dios, agradecidos”. Anunció el comienzo de un hermoso crecimiento en esta Nueva Era para testimonio al mundo y exhortó a seguir firmes y adelante pues apenas comienza la abundancia prometida por el Señor.

“¡Felicidades por ser Hijos de Dios e ir de triunfo en triunfo, Dios los bendiga y Dios los guarde!” , fueron sus palabras finales, dio su ósculo de amor y un abrazo en Cristo Jesús para dar por terminada su presentación, en un ambiente de suprema alegría y gozo espiritual.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

error: