“Fuimos llamados a ser grandes, fuimos llamados a ser Hijos de Dios”

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La mañana del jueves 22 de marzo de 2018, como habitualmente lo hace, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín acudió a su oratorio ubicado en el interior del templo de Hermosa Provincia en Guadalajara, para elevar su oración en favor de su pueblo.

A las 4:24 de la mañana se abrió la puerta principal que da hacia la glorieta del templo, para dar paso al Apóstol, quien saludaba al nutrido grupo de ministros que esperaban y a los hermanos que formaron una valla humana. Esa mañana, dos grupos de niños que aguardaban desde muy tempranas horas la presencia del Ungido de Dios, le dieron la bienvenida al salir de la Casa apostólica.

En el templo, el siempre fiel coro de Hermosa Provincia había iniciado su concierto de alabanzas al Creador: “A solas al huerto yo voy”, “Feliz momento en que escogí servirte mi Señor y Dios”, fueron algunos de sus canticos con los que acompañaron la oración intercesora. Tras una solemne y larga plegaria, el Apóstol Naasón salió y agradeció a los cantores por acompañarlo. Posteriormente se dirigió al exterior del templo para saludar a todos los que en esa mañana le acompañaron.

 

Vivamos el presente de Dios

Al llegar a la Casa apostólica, comenzó a hablar a los ministros acerca de la velocidad con que Dios está cumpliendo sus promesas de crecimiento en la Iglesia: “Debemos organizar las cosas para darle paso a lo que Dios promete, sin permitir que los corazones malos quieran apelar al pasado, porque somos un Pueblo que ha sido enseñado a vivir las bendiciones de Dios… y éstas son nuevas cada día”. En ese sentido, encargó a los ministros enseñar a la Iglesia a vivir lo que llamó: “El presente de Dios, sin olvidar los orígenes, ni las raíces, a efecto de mantener la humildad en el corazón”.

En su enseñanza matutina dijo que son bonitos los recuerdos que se tienen del pasado inmediato de la Iglesia, pero no mejores que el presente, porque éste presente es la voluntad de Dios y en ella, el Pueblo de Dios se alegra. “No seamos como los espías (de la tierra prometida) que fueron a reconocer la tierra prometida y a pesar de que vieron en ella el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo a su Siervo Moisés, comenzaron a manifestar una añoranza por regresar a Egipto, recordando, según ellos, la buena comida con que eran alimentados allí, lo cual era falso, puesto que su condición de esclavos no les permitía privilegios ni distinciones; incluso cuando les quitaban la vida a sus hijos, ellos no podían apelar a ningún derecho, porque esas eran decisiones del Faraón. Esa era la realidad, una vida de lamento continuo.

La actitud que observó el pueblo ante el cumplimiento de las promesas divinas, fue una actitud desatinada, porque Dios no los puso delante de los gigantes para morir, sino todo lo contrario, lo hizo con el propósito de manifestar una vez más el poder, que había manifestado desde la salida de Egipto hasta ese día, pues a esos gigantes, Dios los entregaría en sus manos (V. Deuteronomio 13:31-33). Sin embargo, a pesar de que muchas veces Dios les había dicho que ellos eran su pueblo escogido, su especial tesoro, y que él los había escogido para ser el mejor de todos los pueblos sobre la faz de la tierra, ellos no creyeron a esa palabra.

En un paralelismo contemporáneo, el Apóstol enseñó que hoy es exactamente igual; que el Pueblo de Israel fue el espejo, el ensayo, el bosquejo, “porque al pensar en su amor que tuvo por ellos [Dios], nunca les dijo: ´Mi hijo eres tú´ ¡A nosotros sí! Todo aquello lo hizo para librarnos de la situación que vivieron ellos, de su dureza. Lo hizo para preparar un pueblo que sea un pueblo agradecido… Sería una ingratitud de parte nuestra, una impiedad vivir en una añoranza; porque fuimos llamados a ser grandes, fuimos llamados a ser Hijos de Dios. Y si hijos, herederos de Dios y coherederos con Cristo” (V. Romanos 8:17)”.

En otras palabras recordó que el Apóstol Samuel Joaquín expresó unas palabras que hay que entender en su justa dimensión: “En primer lugar, sois hijos de Dios” –dando a entender el lugar único que Dios ha dado a su pueblo–. Detrás de eso: “Seréis bendecidos, seréis engrandecidos, seréis prosperados…”. Manifestó que esa es la razón por la que los recuerdos son gratos, pero no existe añoranza por el pasado. Nadie hoy día anhela vivir en los tiempos de Cristo o de los apóstoles de la antigüedad porque “estamos viviendo en el tiempo de los apóstoles contemporáneos… ¡eso también es grandioso para nosotros!”. En ese sentido aseguró que, así como la primitiva Iglesia cristiana se multiplicó, la Iglesia contemporánea va de aumento en aumento, porque es promesa de Dios.

 

La ingratitud es el olvido del amor de Dios

Enseguida, el Siervo de Dios trajo al recuerdo las enseñanzas que su padre daba a los jóvenes en el huerto, donde les leía el libro de los Salmos y los Macabeos a fin de prepararlos para lo que él pensaba que sería la persecución de la Iglesia. Sin embargo, lo grandioso es que a él mismo, Dios le reveló que este Pueblo sería muy engrandecido. Por ello, aquellas palabras de despedida dadas desde el balcón de su casa en Jericó en junio de 2014, no fueron palabras de preocupación, sino de consuelo, porque ya había una promesa de Dios para su Pueblo, pese a su inminente deceso.

De manera insistente subrayó no olvidar la grandeza del amor de Dios, de su gracia y excelencia a través del sacrificio de su hijo amado Jesucristo, para que satanás no vaya aprovecharse de ese olvido poniendo un pensamiento de soberbia en los corazones: “Ya soy rico, no tengo necesidad… Yo espero juntamente con ustedes (ministros) tener el cuidado de la Iglesia para que no llegue ese tiempo que en ellos haya ingratitud”, señalando que para eso tenemos el ejemplo del Pueblo de Israel, a fin de aprender de ellos y no cometer los mismos errores.

 

El amor de Dios por su Iglesia, mayor al de Israel

Con relación a la elección de Israel como pueblo escogido de Dios, el Apóstol de Jesucristo enseñó que es verdad que el pueblo de Israel fue un Pueblo muy amado por Dios, pero “más amados somos nosotros, porque nosotros somos sus hijos”, y que esa es la demostración del gran amor de Dios para su Iglesia en este tiempo; un amor que sobrepasa al del pueblo de Israel, quienes recibirán el perdón de Dios hasta el día en que reciban a Cristo, a través de su enviado y entonces “van a ser llamados igual que nosotros. No vamos a ocupar nosotros la posición de ellos, ellos van a ocupar la posición de nosotros cuando crean en el Enviado de Dios”.

 

Ciudades La Luz del Mundo

Antes de terminar su enseñanza de esa mañana, cuando ya el coro había dejado de cantar y entrado a la Casa de Oración para dar inicio al culto de las cinco de la mañana, el Apóstol de Jesucristo recordó la reciente Santa Cena que se llevó a cabo en el estado de California, en Estados Unidos: “Toda la Iglesia estaba feliz, contenta… aún las personas que eran ajenas a nuestra fe, trabajadores del mismo parque, los miembros de La Unión, dijeron: “Hagan lo que quieran con plena libertad”, porque conocieron a un pueblo diferente, a una gente diferente.

Dio testimonio que cuando se presentó con la juventud reunida en el Glenn Helen, los hermanos le hicieron una valla humana para recibirlo y en ese momento llegó el Sheriff del lugar para indicarles que no estaba permitido, debido al peligro que representan éstas en las reuniones multitudinarias que se vuelven incontrolables, pero justo en ese instante llegó él y entró al lugar donde estaba la juventud y cuando terminó de hablar, salió, subió a su camioneta y se despidió de los hermanos sin que hubiese ningún desorden. El sheriff observó el orden y expresó: “Ustedes son muy diferentes…hagan lo que tengan que hacer como lo hacen ustedes… con ustedes no pasa nada, no me tengo que preocupar porque solos están ordenando todo. No hay ningún desorden”.

En ese momento, el Apóstol de Dios recordó que la Iglesia en Estados Unidos ya tiene un lugar destinado para ser la ciudad La Luz del Mundo… Los comentarios de los responsables del parque fueron buenos, incluso hubo quien manifestó que experimentaron la presencia de Dios durante la celebración de la Santa Cena y al conversar con los hermanos, pidieron las referencias de las Casas de oración cercanas al lugar, para asistir a los cultos.

Finalmente lamentó el hecho de que la colonia Hermosa Provincia no se hay podido extender más por falta de recursos económicos en su momento, a más de que la mancha urbana alcanzó la colonia que ya quedó rebasada por la comunidad, pero agregó cuando se haga la ciudad La Luz del Mundo, habrá espacio suficiente para recibir a todos; aunque llegado el momento también la misma ciudad será rebasada, porque el crecimiento de la Iglesia conforme a la promesa de Dios no se hace esperar, concluyó. El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando se escuchó en el sonido del templo, la voz del hermano que daba inicio al culto matutino.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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