Histórica presentación del Apóstol Naasón Joaquín en Manzanillo, Colima; la fe de Dios, tema central de su mensaje a los hermanos colimenses

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La mañana del domingo 22 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se presentó ante la Iglesia del estado de Colima, en la colonia Hermosa Provincia del Puerto de Manzanillo, en esta entidad.

En el año de 1966, el hermano obrero Samuel Barajas fue enviado por el Apóstol Samuel Joaquín a levantar obra en Manzanillo, Colima. Como no tenían lugar de reunión, el hermano Barajas consiguió un terreno prestado con un hacendado de nombre Arturo Mellón de la Madrid, en un lugar conocido como la Becerra, lugar que sirvió para reunir las almas que estaban escuchando la palabra de Dios. Los cultos diarios se hacían bajo un árbol de Parota, razón por la que a los hermanos de aquel tiempo se les conocía despectivamente como paroteños.

Al poco tiempo se llevaron a cabo los primeros bautismos en el rio de Salagua, que desemboca en la playa que se llama La Audiencia; ahí se bautizó el matrimonio formado por el hermano Adrián Sánchez y su esposa, la hermana Elena Suárez. Junto con ellos se reunía el hermano José Horta Padilla y otros hermanos que venían de la ciudad de Guadalajara, como el hermano Enrique Ayala quien ya era bautizado. Fue así como inició la Iglesia del Señor en este lugar. Hace cuatro años se inauguró la hermosa Casa de Oración, que en la actualidad resulta insuficiente aún para la iglesia local.

Cientos de visitas, de todos los niveles sociales, se dieron cita en este lugar para venir a contemplar y a oír la palabra viva de Dios, en boca del Apóstol del Señor: el gobernador de Colima, José Ignacio Peralta Sánchez; la diputada local Martha Meza Oregón; el director de Asuntos Religiosos de la Secretaría General de Gobierno, Mario Alberto Morán Flores; el director de Turismo del Ayuntamiento de Manzanillo y cuatro regidores. Un numeroso grupo de visitas estuvieron presentes en esta magna presentación.

De la misma manera, también fue invitado el Coro de Jóvenes de Hermosa Provincia de Guadalajara y las iglesias de Colima, el Refugio, Tecomán y Cerro de Ortega con sus respectivos ministros, quienes en su mayoría arribaron a la sede de la presentación desde la madrugada del domingo para alcanzar un lugar dentro del templo, que fue por demás insuficiente para dar cupo a todos aquellos que vinieron a buscar la bendición de Dios. Los diversos medios de comunicación (externos e internos) que realizaron la cobertura del evento, dan cuenta de ello.

Desde las siete de la mañana, los coros del estado de Colima y de Jóvenes de Guadalajara, respectivamente, comenzaron a alternar sus voces para dar la gloria al Dios del cielo y en algunos cantos unían su voz y corazón, de tal forma que sus hermosos himnos no solo llenaban la Casa de Oración, pues aún las calles que se habían convertido en templo, eran sonorizadas con estas armoniosas voces que transmitían el sentimiento de sus corazones: “Te loamos”, “Aleluya”, “Bendita la Roca”, “Santo” y un sinfín de hermosos himnos espirituales.

 

Arribo apostólico

El reloj marcaba las 8:00 de la mañana, el hermano P.E. José Ignacio Álvarez tomó el ministerio para dar inicio a la consagración de esa mañana. Todos los presentes dieron gloria a Dios por el precioso momento tan esperado por los creyentes colimenses. Tras una hermosa oración de acción de gracias, el ministro pidió a toda la Iglesia entonar el himno n. 406, “Oh Santa Iglesia de Dios”, que en su tercera estrofa refiere: “Gózate Iglesia de Dios, que ya tu lumbre llegó, son más los hijos que tienes, que la que ayer desposó, pues ya los siglos pasaron, la profecía se cumplió…”, en clara referencia al crecimiento de la Iglesia del Señor.

A las 8:25 de esa mañana bienaventurada, se oyó el clamor de todos los hermanos que desde la parte exterior comenzaron a dar la gloria y la alabanza al Dios Todopoderoso y a su hijo amado Jesucristo, por el arribo del Apóstol del Señor, que en ese momento llegaba al majestuoso templo de Manzanillo. Todos los presentes en el interior y en el exterior unieron sus voces en exclamaciones de júbilo, mientras el Apóstol de Dios entraba por la pasarela central saludando a toda la Iglesia del Señor.

Al llegar a su ministerio invitó a la Iglesia a elevar una plegaria para dar gracias a Dios por este hermoso encuentro. Al término de la oración, la Iglesia comenzó a entonar el himno titulado “Sea Bienvenido” —cuya autoría pertenece a la hermana diaconisa Dolores Méndez, mejor conocida como la hermana Lolita—. El Apóstol de Jesucristo se alegró y recibió ese reconocimiento que le manifestó la Iglesia de Colima.

Enseguida tomó la palabra el hermano P.P. Leandro Ramírez, quien es Pastor Distrital en el estado de Colima, y en nombre de la Iglesia del estado anfitrión se dirigió al distinguido huésped: “Hoy, domingo 22 de octubre de 2017, su visita y su presentación quedarán escritas en los anales de la historia del estado de Colima”. Continuó refiriendo lo que significa la presencia de un Hombre de Dios en aquellos que aceptan su Elección, es por ello que al igual que aquellos cristianos de Jerusalén hoy podemos decir —exclamó el pastor:—: “¡Hosana, Hosana, bendito el que viene en el nombre del Señor”. Toda la Iglesia levantaba sus manos en señal de aceptación a las palabras del hermano Leandro y confirmaba con un “amén”.

 

Salutación apostólica

Ante una Iglesia totalmente persuadida de la Obra de Dios, el Apóstol de Jesucristo tomó la voz y con su característico fervor exclamó a todos los presentes: “Colima, Heme aquí. ¿Queríais verme? Yo también… Vuestros ruegos y oraciones me han traído a este lugar. Dios me ha dicho: ‘Ve a consolarlos’”. La Iglesia, enardecida por las palabras de su padre en la fe, exclamaba frases que se perdían entre las voces de todos los congregados en el santuario. El júbilo era incontenible.

Antes de dar inicio con su tema doctrinal de esa mañana, saludó al Gobernador del Colima que se encontraba presente junto con su familia y aclaró que la Iglesia del Señor siempre ha sido institucional, porque así lo marca la palabra de Dios; razón por la cual resultó muy satisfactorio su presencia entre la grey de Dios. “Bienvenido sea a la Iglesia del Señor”, fueron sus palabras para el ciudadano gobernador y demás funcionarios públicos que esa mañana hicieron acto de presencia en la Casa de oración.

 

La fe: tema central de la presentación apostólica

Como parte e inicio del tema que expondría esa escuela dominical, pidió a la Iglesia entonar el himno n. 428, “Por fe voy a alcanzar la vida eterna”. Al finalizar el himno, expresó que se ha llenado de un celo santo, porque ve a las multitudes entregadas a lo que por naturaleza no es Dios; sin embargo, a través de ese comportamiento también puede contemplar a una sociedad necesitada y ávida de la Palabra de Dios, como ha venido ocurriendo durante todas las etapas de su gira. Invitó la Iglesia de Colima a pregonar este Evangelio de salvación. “Canten los coros por las calles, las plazas y los malecones…”, exhortó a los fieles, dejando palpar su compasión por las almas sedientas de Dios.

Enseguida pidió a todos dar lectura al libro de Hebreos capítulo 6, verso 1 y explicó que esta cita bíblica define que la fe es un concepto básico, rudimentario y elemental; sin embargo, y precisamente por ello, es indispensable para el crecimiento y la salvación de las almas.

El Apóstol de Dios enseñó que existe un concepto equivocado, en el que incluso muchos se llegan a confundir con un deseo o pensamiento, cuando se erige una figura o imagen a la que van a tributar adoración y se dice: “Esta la fe del pueblo”… Independientemente de que este acto litúrgico sea con hierbas o astros, dicen: “Esta es nuestra fe”. En ese sentido, recordó la Palabra que expuso la semana pasada en Aguascalientes, donde enseñó que la única forma de conocer a la Iglesia verdadera es a través de su palabra, de su Evangelio, la cual Dios manifiesta al mundo por medio de los que Él envía para dirigir a su Iglesia.

Señaló que existen dos motivos para hablar de la fe; el primero es para edificar a la Iglesia de Dios y el segundo, para que las personas que visitan la Iglesia sean testigos de esta Palabra y la puedan discernir a la luz de las Sagradas Escrituras, y comprendan que no son ideas personales, pues la Palabra de Dios ya está dada y ésta es la que Cristo enseñó cuando anduvo sobre la faz de la tierra.

Como referencia, dio lectura al concepto de fe que define el diccionario: “Fe es el conjunto de creencias de una religión”; otros conceptos dicen que la fe es “confianza“, “pero como siempre lo he dicho, hay un significado que es perfecto, no el que el diccionario da, no el que los hombres creen, sino aquel significado que la Palabra de Dios, por medio de su Escritura nos da a comprender: la fe conforme lo dice el Espíritu de Dios”, asentó.

Enseguida dio lectura a la carta del Apóstol Pablo a los Efesios, capítulo 2, verso 8: “Porque por gracia, sois salvos por medio de la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios”, e inmediatamente preguntó: “¿Qué es la fe entonces? La fe es un don de Dios, un regalo, una dádiva divina que Dios da a al hombre no por mérito humano, sino únicamente por oír la Palabra de Dios. Fe no solamente es creer, porque el solo acto de creer aún lo practican los demonios, entonces también los ellos tuvieran ‘fe’”, en relación con la carta de Santiago, que enseñó: “Tú crees que Dios es uno también los demonios creen y tiemblan” (Santiago 2:19).

“Así pues –continuó el Apóstol– la fe tiene un significado más elevado que el solo creer. En Hebreos 11:1 (versión antigua) se afirma: “Es pues la fe, la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven´. Por ello la fe es mirar lo que todavía no existe, lo que los ojos materiales no pueden ver; lo que la mente humana no alcanza a comprender porque las cosas que para ella son imposibles, la fe si alcanza a entenderlas”.

De la misma forma, el Hombre de Dios recurrió al ejemplo citado por San Pablo, haciendo la siguiente precisión: “Cuando nosotros entendemos, como fue la creación del Universo (algo que nosotros no vimos, algo que fue mucho tiempo antes de nuestra Creación), y mientras el hombre piensa y dice: ´Es que la Creación del Universo y el mundo fue porque hubo una grande explosión entre dos átomos…’, y así empiezan ellos a inventar algo de lo que no fueron testigos. Por la fe entendemos haber sido instituido el Universo, por la Palabra de Dios… entendemos que todo el universo y todas las cosas fueron hechas por su Palabra…”.

 

Diferencia entre fe y fanatismo

Más adelante explicó también la diferencia entre fe y fanatismo. “Fanatismo es creer algo que no se comprende, no se conoce y no se sabe”, mencionó. Puso el ejemplo cuando los hermanos salen a evangelizar a las personas y estas les dicen a los evangelistas: “Mire, yo de religión y de Biblia no sé nada, pero yo nací en esta religión y de aquí no me muevo”. Aclaró el Apóstol que eso se llama fanatismo, y de manera categórica afirmó: “La fe es entendimiento… y no entra por voluntad del hombre. La fe de Dios nos ayuda a comprender, entender y conocer las cosas, y entra en el corazón por el oír la palabra de Dios”.

También hizo alusión a su presentación en Michoacán, donde explicó que Dios no quiere que un creyente se golpeé o que ande de rodillas para pagar una manda, porque no es cruel. Lo que el Dios vivo y verdadero quiere, es que todo hombre se aparte ndel mal y lo busque a Él, y en correspondencia, Dios abre sus brazos para aceptar a todo aquel que quiera servirle como Él lo demanda, pero puntualizó lo escrito por el Apóstol Pablo en 2ª Tesalonicenses 3:2: “Porque no es de todos la fe”, es decir, que esta fe no está alcance de todos.

En otro momento, aclaró que en el hombre se pueden desarrollar diversos tipos de fe, que producen engaño y confusión, y trajo a la memoria el ejemplo de una procesión que atestiguó en Morelia, Michoacán, donde los caminantes solamente repetían rezos monótonos y letanías de aspecto fúnebre, porque así es como les han enseñado. No conocen la fe que vienen de Dios, por ello –explicó el Varón de Dios– “su hermano sintió compasión”.

a) La “fe histórica” o “silvestre”

Dentro de los diversos tipos de fe que puede desarrollar todo ser humano, se encuentra un primer tipo de fe, que es la fe histórica, a la que denominó también “fe silvestre”, que es la que practica la mayoría de las personas que dicen creer en Dios y hasta leer la Biblia, aunque no la entienda, ni conozca la voluntad de Dios, como fue el caso del eunuco que iba leyendo el libro de Isaías, a quien Felipe cuestionó: “¿Entiendes lo que lees?”, y aquel. con toda sinceridad, respondió: “¡Cómo entenderé si no hay quien me explique!”, y no porque fuese ignorante, pues era un funcionario de alto rango, sino más bien porque no tenía la fe de Dios que hace entender las cosas que le pertenecen a Él. Pero Felipe, quien era Siervo de Dios, le explicó las Sagradas Escrituras de tal modo que las entendió, creyó y pidió ser bautizado en el nombre de Jesucristo.

En otro momento, citó otros ejemplos de la fe silvestre que tiene el mundo, fe cuyo fundamento puede variar desde la herencia moral de sus padres, la lectura de la Biblia (que no es la Palabra de Dios, sino solamente el testimonio de la vida de un Pueblo), un concierto de alabanzas cristianas, hasta la contemplación de una película cuyo tema es el sufrimiento de Cristo.

Con la seguridad que la revelación de Dios le confiere, aseguró el Apóstol, que Cristo fue sometido al sacrificio de la forma más horrenda que haya existido hasta el día de hoy; porque los gobernantes de las colonias romanas de aquel tiempo supusieron que su poder atentaba contra el César, pero la doctrina de Cristo, hasta el día de hoy, no atenta contra ninguna ley de ningún gobierno del mundo, porque la enseñanza de la Iglesia siempre ha sido que buenos cristianos, son garantía de mejores ciudadanos; respetuosos de las leyes y de sus gobiernos, de sus lábaros patrios, como el escudo nacional, la bandera y el himno nacional; sin que esto ofenda a Dios en ninguna manera.

b) La fe para sanidad del cuerpo

El segundo tipo de fe que refirió el Apóstol Naasón Joaquín, es aquella que solo sirve para la sanidad del cuerpo y que nace de la desesperación, el dolor y del deeo de recibir sanidad y ser curados de alguna enfermedad. Aseguró que, quienes tienen este tipo de fe, logran ser sanados y pueden ser objeto de milagros en su cuerpo al igual que en el tiempo antiguo sucedía con el Señor Jesucristo, quien por medio de la fe de las personas sanó a mucha gente, incluso de enfermedades incurables; sin embargo, esta fe tampoco es para salvación, porque una vez que las personas recibían el beneficio en su salud, se alejaban y no volvían jamás. Cristo sanó a miles de enfermos, según lo refiere el evangelista Juan en el capítulo 20, versículo 30, pero a su muerte solo quedó un reducido grupo de 120 discípulos, incluyendo los apóstoles, ¿qué pasó entonces con la fe de los que sanaron? No era fe de Dios, por ello, quienes fueron beneficiados nunca reconocieron a Cristo como Hijo de Dios, pues si hubieran creído en él, no lo hubiesen entregado a la muerte.

Con esa explicación, dejo en claro que la fe que nace por un milagro, y de manera irónica dijo: “Ay, ese hombre me sanó, yo tengo fe en ese hombre, porque me sanó mi vista, mi pie, mi brazo…”. Esa no es fe de Dios, e interrogó: “¿Qué pasó cuando Cristo empezó a hablar su doctrina?” y él mismo dio la respuesta: comenzaron a murmurar contra su Palabra, porque la consideraron muy dura y desde entonces dejaron de seguirlo (v. Juan 6:60-66). Eso prueba que también tenían fe, pero no era la fe verdadera.

c) La fe para salvación del alma

Sabedor de que habrá quien pudiesen cuestionarlo al respecto, señaló que si alguien le pregunta: “Oiga hermano Naasón, ¿y usted también tiene poder para hacer milagros? ¡Claro que lo tengo!”, respondió. En ese momento se estremeció la Casa de Oración… “¿Tiene el don de la sanidad? No, no tengo el don de la sanidad, tengo la autoridad que Cristo me ha dado”, y un estentóreo “Amén” se oyó como un solo clamor entre los fieles. “¿Y por qué no la usa, por qué no le dice al cojo que se levante, al ciego que vea, al muerto que resucite?… Porque si yo hiciera eso, entonces ustedes me seguirían por las cosas materiales, pero yo traigo algo más hermoso que eso, algo más poderoso que no sana el cuerpo sino el alma y le da la vida eterna, esta es la Palabra de Dios, la cual nos garantiza la salvación de las almas”.

Poco antes de concluir su ponencia, exresó: “Esta clase de fe (la de Dios) es genuina, autentica, viva e inconfundible, tiene señales y características muy claras, por ejemplo: como se engendra y como nace…”. Mencionó que la Iglesia de Jesucristo sabe perfectamente que la única manera de adquirir esta fe viva, es a través de oír la Palabra de Dios, según Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios”.

“A satanás no le interesa que adores lo que sea: una imagen, un ídolo a semejanza de hombre, animal, astro o de la naturaleza… a satanás no le importa lo que adores, mientras desvíes la adoración de ese único Dios Vivo y de su hijo amado Jesucristo y la pongas en lo que por naturaleza no es Dios, porque ese es el propósito de satanás”, aseguró el Apóstol de Jeuscristo.

Enseguida, reiteró que a Dios se le debe de adorar como un acto de gratitud, porque esta virtud ayuda al ser humano a nunca olvidar los beneficios recibidos de Dios y a no confundirse a la hora de recibirlos. Por esta razón, aquellos que fueron esclavizados en Babilonia fueron instruidos: “Cuando estéis en aquel lugar y veáis la turba que va en procesión tras sus dioses, vosotros decid en vuestro corazón: ¿Oh Señor, solo a ti se debe de adorar!” (v. Baruc capítulo 6, versión Latinoamericana).

De manera diáfana, el Apóstol de Dios continuó enseñando que el testimonio escrito como tal, únicamente producen una fe histórica o silvestre, pues la fe de Dios no llega al hombre por aprenderse la Biblia de memoria, sino por oír la Palabra viva y eficaz, y esta Palabra es la que produce la fe viva que es para salvación. (V. Hebreos 4:12) “Esa palabra es la que sale de la boca de Dios, es la palabra que oímos de Jesucristo cuando el vino, es la que oyó la humanidad en aquel entonces”.

“Cuando hablaban Pablo, Pedro, Tomas, Juan, Judas… era la Palabra viva en ellos, esa Palabra es la que algunos de ustedes todavía oyeron del Apóstol Aarón Joaquín, la misma que oímos la mayoría de nosotros del Apóstol Samuel Joaquín, y esa es la Palabra que Dios ha puesto en mi boca, para que vuelva a hablar la misma palabra de verdad, que engendra la fe verdadera de Dios”,

 

El objetivo de la fe divina

Para culminar su elocuente exposición doctrinal, el Apóstol y maestro, citó la carta del Apóstol Pedro 1:9: “Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas”, y con ello comprobar que la fe de Dios tiene un objetivo final, que no consiste en la sanidad del cuerpo ni en milagros materiales, sino en la salvación del alma. “Por eso, hermanos, no fuisteis invitados este día a una campaña de sanidad, ni está su hermano en medio del ministerio caminando de un lado para otro –´tráiganme a los paralíticos, a los enfermos, y vamos a sanarlos´–. No hermanos, no vinisteis a ver ni a escuchar a un merolico, hablándote de cosas materiales; no vinisteis a recibir o a oír una conferencia para tener éxito material… Las visitas que hoy nos honran con su presencia, no vinieron a ver ‘si hace maravillas´ no. ¿Qué vinieron a ver? A un hombre que habla la Palabra verdadera de Dios…”. En ese momento, tanto fieles como visitantes levantaron sus manos, porque sin duda sentían la dicha de estar oyendo a un verdadero Siervo de Dios.

Finalmente, citó Hechos 16:13-15: “Un día de reposo salimos de la puerta junto al rio, donde solía hacerse la oración, sentándonos y hablando a las mujeres que habían reunido y una mujer llamada Lidia, vendedora de purpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba atenta a lo que Pablo decía, y el Señor abrió su corazón…”. Con este pasaje deseó confirmar el proceso de la fe de Dios.

Esta mujer, dice la Sagrada Escritura, adoraba a Dios (a su manera); era una alma necesitada de Dios, como muchas otras en la actualidad; pero cuando oyó al Apóstol, puso toda su atención y al comprender la Palabra de Dios, el Señor abrió su corazón y nació en ella la fe, y como producto de esa fe viva pidió ser bautizada en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados.

El Siervo de Dios hizo la observación de que no todos recibieron la fe de Dios, porque no es de quien quiere, sino de aquel que Dios tiene misericordia. Señaló que es lo mismo que ha experimentado cada creyente en este tiempo: mientras escuchan la Palabra de Dios en labios de su Apóstol o de sus ministros, el Señor comienza a hacer una obra en el corazón para que entiendan y reciban esa Palabra: es como esa semilla que se siembra, y una vez sembrada nace, crece y produce fruto.

“Donde hay palabra de Dios, nace la fe, donde hay fe, abundan las obras y donde abundan las obras hay prosperidad”, concluyó el Apóstol, ante el fervor de propios y extraños, que conmovidos por Dios, no cesaban de gloriar el sagrado nombre de Cristo. Así, invitó a la Iglesia para volver a cantar el himno: “Por fe voy a alcanzar la vida eterna”, pero esta vez, incluso las visitas lo cantaron con fervor, sintiendo cada palabra en sus corazones. Al final, instó a todos los presentes a dar la adoración y la gloria a Dios, en una singular oración que traspasó los cielos de los cielos y llegó al Padre celestial.

 

Despedida

Al despedirse, reconoció que en todas sus presentaciones ha venido siendo un común denominador la visita de muchas almas que acuden a escuchar su mensaje y les dijo que él pide a Dios que, al igual que Lidia, abra sus corazones para obedecer a la verdad del Evangelio de Cristo y testificó: “Hemos recibido la visita de miles de personas, en las cuales yo he observado, y mis hermanos no me dejaran mentir, que cuando oyen esta Palabra, las personas se quedan atentas. En muchos de ellas yo observo que derraman sus lágrimas y que al estar escuchando están llorando. Su hermano está entendiendo lo que está sucediendo, y desde este lugar y desde el ministerio, en Aguascalientes, Michoacán, Guerrero, Italia, Chile, Argentina… y en donde su hermano ha estado, cuando empiezo a ver aquellas almas que derraman sus lágrimas, yo digo Señor: ‘Ya estás estas produciendo y sembrando lo que mi ojo humano no pueden ver. Las lágrimas de aquella alma me están testificando:’ Aquí alguien está sembrando una semilla preciosa’.

“Puedo entonces repetir en este tiempo las palabras que decía aquel hombre de Dios (Pablo) a su hijo Tito, con toda libertad: ‘Yo soy Naasón Joaquín, Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad’”. Ya todos de pie, levantaron sus manos a la par de su voz para expresar con lágrimas en sus ojos: “Amén, así es”.

“Yo me voy de este lugar con una inmensa alegría; en primer lugar, por ver vuestros rostros, porque veo que Dios también ha bendecido y engrandecido a Colima. También me voy contento porque habéis hecho una labor y un trabajo, muy hermoso: de gracia recibisteis, y hoy veo cientos de almas que nos han honrado con su presencia, a los cual les digo: ‘Sopesen las palabras de su hermano, investiguen en la Palabra que ya está escrita, porque allí hallareis que lo que he hablado es verdad… pregunten a sus pastores, a sus líderes religiosos, que a la luz de las Sagradas Escrituras les comprueben que lo que he hablado es mentira… y si no fuese así, la Iglesia del Dios Vivo les abre sus brazos.La Iglesia que Dios tiene en la tierra para salvación les dice: ¡Bienvenidos sean a los brazos del Señor Jesucristo! Aquí se habla la Palabra de Dios. Hermosa fe que Dios ha engendrado en el alma. En esta fe seguiremos viviendo y en esta fe, con la ayuda de Dios, moriremos, hasta el último aliento de nuestras vidas”, fueron sus palabras finales y pidió al coro que entonase el himno “Preciosa fe”.

Cuando el Coro comenzó a cantar, Apóstol e Iglesia se fusionaron como un solo hombre; unidos daban la gloria a Dios y con todo el corazón acompañaban al Coro: “En esa fe quiero vivir (el Apóstol levantaba su mano empuñada y miraba al cielo), quiero morir y terminar, en esa fe te vi partir al cielo y en esa misma fe, por mi vendrás”. Todos los hermanos levantaban sus manos y comenzaban a saludar a un padre que se despidió al compás de un himno de fe, como ejemplo vivo para sus hijos de Colima, mientras los ojos de todos recorrían el pasillo central por donde el Ángel del Evangelio eterno hacía su retirada.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.