Iglesia de Colima: «Vuelve a arrojar tus redes. El tiempo de la abundancia y la ciega ha llegado»

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 19 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, procedente de Zapotiltic, Jalisco, visitó a los hermanos de la ciudad de Colima, capital del estado homónimo, en el marco de la undécima etapa de su Gira Universal, que tiene lugar por cinco estados de la República Mexicana —Aguascalientes, Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit—.

El reloj marcaba las 11:26 de la mañana cuando, en compañía de su esposa, la hermana Alma Zamora, y algunos de sus colaboradores, el Apóstol de Jesucristo arribó a la Casa de Oración, ubicada en la calle Aguascalientes, a cincuenta metros de distancia de la carretera a Manzanillo —y a 196 kilómetros de Guadalajara—.

Con antelación, decenas de hermanos colimenses esperaban en el exterior del templo al Enviado de Dios. Los niños, ataviados con un uniforme blanco, portaban sendos cartones, en lo que se leía: «Bienvenido, Apóstol del Señor. La niñez de Colima le ama», «Seguro se halla el aprisco»… Este encuentro histórico —la primera visita de un Siervo de Dios a esta Iglesia—, estuvo enmarcado por el júbilo y algarabía espirituales de quienes han reconocido el ministerio apostólico contemporáneo.

Al ingresar al templo y estar en su ministerio, el Varón de Dios escuchó el himno n. 63, «Bendito seas», cantando con singular reconocimiento por los hermanos colimenses, que en una de sus estrofas expresa: «Eres Apóstol de Jesucristo, y Él en su gracia te ha enviado, para que anuncies el Evangelio a los que muertos sean encontrados…». En el reconocimiento a la Obra de Dios, la Iglesia experimentó con la presencia física del Embajador de Cristo en la tierra, seguridad, protección, confortación, amparo y alegría sin par… Y es que, bajo su dirección y cuidado —que tuvo inicio a partir del 8 de diciembre de 2014—, «seguro se halla el aprisco».

 

«Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento»

Al término del canto, el Siervo de Dios dirigió un mensaje a la Iglesia de Colima: «Qué hermoso es cantar con el espíritu y el entendimiento. Iba un hombre buscando la verdad, mientras leía las Escrituras. Venía luego Felipe, un Hombre de Dios, acercándose a su carruaje, y al ver a aquel eunuco escudriñar la Escritura y no encontrar la verdad —que diligentemente quería encontrar respuestas a tantas preguntas—, le dijo: ‘Pero ¿entiendes lo que lees?’, a lo que el etíope respondió: ‘¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él’ (Hechos 8: 30-31).

«Oigo la palabra que tú estás cantando y también te quiero hacer la misma pregunta: ‘¿Entiendes lo que has cantado?’. Tú me dices, conforme a la Obra de Dios que Él puso en tu corazón y por el reconocimiento que hay en tu alma: ‘Eres Apóstol de Jesucristo, y Él en su gracia te ha enviado, para que anuncies el Evangelio a los que muertos sean encontrados…’, y yo te pregunto: ‘¿Tú crees que realmente Dios me puso para anunciar el Evangelio? ¿Crees que eso yo lo voy hacer personalmente, tocando puerta por puerta, ciudad por ciudad y municipio por municipio?

«En otra estrofa, expresaron: ‘Somos los hijos que Dios te ha dado: somos el sello de tu Apostolado’. Conforme a la fe, que es en Jesucristo, vosotros sois mis hijos porque os engendré en el Evangelio de Cristo. Alguno dirá: ‘Pero la iglesia de Colima ya estaba desde el tiempo del Apóstol Samuel Joaquín’… Si, tienen razón; pero el 8 de diciembre de 2014, el Evangelio de Cristo, por medio de la boca del Apóstol Samuel Joaquín, dejó de predicarse.

«Algunos, en sus propios pensamientos, se preguntaban: ‘¿Quién va a continuar?, ¿qué va pasar con la Iglesia? Pero la Iglesia del Señor expresaba: ‘Lo que Dios quiera, disponga y manifieste’. Y cuando Dios manifestó su voluntad, saltásteis como ‘becerros de la manada’ (v. Malaquías 4:2), sin tomar en cuenta el querer del hombre, sino la voluntad de Dios.

«Entonces, yo no puedo ir a predicar puerta por puerta en las ciudades pueblos o rancherías. Soy un hombre y no me alcanzaría mi vida… ni cien vidas mías para ir a toda la humanidad; pero Dios me ha dado unos hijos y ellos me han dicho: ‘Estamos con usted’, y quiero decirle a los hijos que Dios me ha dado aquí en Colima: ‘¿Estáis unidos a mi Elección? ¿Creéis a mi Palabra y Evangelio?’. Cuando toques las puertas les dirás a las gentes: ‘Venimos de parte de un Apóstol de Jesucristo a anunciar el Evangelio eterno. Si así lo haces, déjame doblar mis rodillas y alzar mis brazos y decirle al Señor: ‘Bendícelos’.

Enseguida, el Excelentísimo Apóstol de Jesucristo oró al Señor en favor de la Iglesia de Colima, de quien espera —por la promesa que Dios le hizo— una copiosa cosecha espiritual, resultado de las jornadas de evangelización que seguirán realizándose en las calles y plazas… y con ello, el Evangelio sea predicado a los 350,383 habitantes de la capital de Colima —de ellos, el Señor llamará a los que están ordenados para la vida eterna— (v. Hechos 13:48).

Luego de la oración, el Mensajero del Evangelio eterno se despidió de sus hijos colimenses: «Quiero volver a este lugar y encontrarme con una iglesia grande. Alguno dirá: ‘Ya hemos ido a las colonias y vecindarios y la gente que ya nos conoce no nos abre sus puertas’. Sin embargo, yo te digo: ‘Vuelve a arrojar las redes, porque Dios ha ablandado sus corazones. El tiempo de la abundancia y la ciega ha llegado’.

«Cuando yo regrese a estos lugares, encontraré a un Pueblo más grande. Estaré una vez más con ustedes y diremos que Dios es bueno y para siempre es su misericordia. Hermanos de Colima: los espero el domingo en Manzanillo».

Antes de salir del templo, se detuvo unos segundos en el área Ministerial. Puso sus manos en sus labios y envió a sus hijos en la fe, simbólicamente, un ósculo de amor. Enseguida, tomó sus brazos y los dirigió a su pecho, dando con ello un emotivo abrazo a su amada señora, la Iglesia redimida por Jesucristo en esta época de dispensación.

Al final, el hermano D.E. Jesua Herrera, encargado de la Iglesia de Colima, invitó a pasar al Apóstol de Jesucristo a la casa pastoral. Posteriormente, causó el reloj marcaba las 11:40 de la mañana, reanudó su periplo a su siguiente destino: la Iglesia de Manzanillo, Colima.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.