«La bendición de Dios viene acompañada de una responsabilidad: seguir predicando la Palabra de Dios»: encargo apostólico a la Iglesia de Guachumil, Nayarit

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 2 de noviembre, procedente de la Iglesia de la colonia El Guamúchil, en Bahía de Banderas (Nayarit), el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó la Obra de San Ignacio -perteneciente a la citada Iglesia-, ubicada al pie de la carretera Puerto Vallarta-Tepic, en el tramo de Cruz de Huanacaxtle.

El reloj marcaba las 12:10 de la tarde cuando, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, y la hermana D. Eva García, arribó a la pequeña Casa de Oración. En su sencillez, los hermanos adornaron con sumo cuidado su templo: lo pintaron, sembraron césped en el ingreso, colocaron una lona impresa en la que se leía: “Bienvenido Apóstol de Jesucristo. Le estábamos esperando. Su Iglesia de San Ignacio, Nayarit”, que no pasó inadvertida para los automovilistas que transitan en dos vías los destinos de Puerto Vallarta, Rincón de Guayabitos, Tepic, Compostela, Guadalajara, entre otras localidades.

En palabras de algunos hermanos de la Obra de San Ignacio, una visita apostólica al pequeño templo era un sueño: “¡Dios nos permita cuando su Siervo pasé por esta carretera se alegre al saber que un grupo de hermanos nos reunimos en este templo. ¡Con tan solo que nos vea a lo lejos nos deja su bendición!”. Sin embargo, esta histórica tarde aquel sueño era una realidad: el Siervo de Dios Naasón Joaquín no solo tenía conocimiento de que esta Obra persevera en el camino de Cristo; más aún: sintió la inspiración divina visitarla y elevar una oración junto con ellos y dejarles su bendición apostólica.

En el ministerio, saludó a los hermanos: “La paz de Dios sea en vuestros corazones. Ayer pasé en la noche pasé por este lugar y qué orgullo sentí al ver este hermoso ‘farolito’… Como pequeño Farol, tu luz alumbra y hace que la gente voltee a verte y se pregunte: ¿Qué es eso? Y enseguida ellos mismos se respondan: ‘Es la Iglesia La Luz del Mundo’.

Sin duda, este tu principio. Vengo de Puerto de Vallarta, Mezcales, Colima, Michoacán, Aguascalientes… y he contemplado grandes Iglesias que albergan cientos y miles de hermanos. Y cuando pasé ayer y te vi pequeña, me acordé del Apóstol Aarón Joaquín, cuando Dios lo llamó, estando él solo -junto con su compañera-.

“Dice nuestra historia -que es la historia de Dios y de Cristo-, que el hermano Aarón estaba dormido en un pueblo cercano a Guadalajara, cuando escuchó la voz de Dios, que le dijo: ‘Levántate, porque aquí tengo un grande Pueblo’… ¿Qué sucedió en aquella ocasión? El Hermano Aarón no era un hombre como hoy ves a tu hermano, con un vestido bonito, limpio… ¡No! Era un hombre que venía de caminar y habían pasado cerca de nueve meses, que en su ropa desgastada, tal vez con su barba crecida y pelo largo…

“Yo me quiero transportar a aquel momento, cuando él quiso pedir posada para pernoctar junto con su esposa. Cuántas personas lo despreciarían por su vestuario pobre, desgastado… y aún por el sudor de su cuerpo. Sin embargo, hubo quien se compadeció y le permitió dormir en un cuarto pequeño o alguna bodeguita. Y ahí el Señor le habló y le prometió que esa ciudad habría un grande Pueblo.

“Yo pasé y contemplé esta pequeña Iglesia. No vi a la Iglesia de Puerto Vallarta, que es grande; ni a la de Mezcales, Colima, Aguascalientes o Michoacán, que son construcciones hermosas. Pero me hizo transportarme al pasado y dije: esta Obra está iniciando y la gente que pasa voltea y te ve humilde, pobre, descalza, sin ropa fina… y simbólicamente dicen: ‘Miren esa niña, apenas está creciendo. Se encuentra sin ropa, sin calzado…’, pero créeme: esta Iglesia va hacer prosperada.

“Y el orgullo que experimenté no fue al ver esta Casa de Oración, sino lo que mis ojos ven que acontecerá el día de mañana, cuando seas una hermosa doncella; entonces, ya no serás este ‘farolito’ cuando alumbres: serás una hermosa lámpara gigante que hará voltear a la gente y no dirá jamás que eres niña: te admirarán como a una doncella.

“¿Crees lo que te estoy diciendo? Eses lo que le voy a pedir a Dios en mi oración, señor bendice a esta Iglesia, prospérala, para que, en un futuro no muy lejano, haya aquí una hermosa Casa de Oración pletórica de almas, que bendigan y alaben al Señor”.

Enseguida, el Apóstol del Señor invitó a los hermanos a elevar una oración al Creador. Esta plegaria, estentórea y ferviente, fue escuchada por los automovilistas que pasaban en ese momento por la carretera Puerto Vallarta – Tepic, quienes volteaban al pequeño templo.

Luego de la ferviente oración, el Apóstol de Jesucristo reanudó su mensaje: “Hoy, mis ojos materiales ven un ‘farolito’, pero mis ojos de la fe ven una hermosa lumbrera en este lugar. Algún día volveré a pasar por estos lugares y vendré a saludarte. Entonces te diré: ¿Te acuerdas cuando eras una niña?…”.

“Solamente nos toca hacer nuestra parte: predicar, anunciar, invitar a las gentes… alguno dirá, ‘Pero ya lo hemos hecho y no nos quieren hacer caso’. No importa, sigue insistiendo y diles: ‘Un Apóstol de Jesucristo me ha mandado a predicarles este evangelio’, y contemplarás que Dios abrirá los corazones. En un tiempo no lejano, yo volveré a este lugar y, juntamente contigo, pagaré mis votos a Jehová por las bendiciones que derramará.

Hasta entonces, que la paz de Dios os acompañe y la comunión de su hijo amado Jesucristo quede en vuestros corazones”.

El reloj marcaba las 12:19 de la tarde cuando el Embajador del reino de los cielos se despidió de los hermanos de esta pequeña obra. De esta manera, reanudó su periplo al siguiente destino: la Iglesia en Rincón de Guayabitos, Nayarit.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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