La Elección Apostólica es un acto soberano de Dios - Berea Internacional

enero 4, 2017
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(Coordinación de Crónica Apostólica) —El Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador, en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:28 de la mañana cuando, acompañado por algunos de sus colaboradores, el Apóstol del Señor ingresó a su oratorio en el interior del templo. Con antelación, le esperaba el Orfeón local, quien portaba un impecable uniforme rosa mexicano y blanco. Se sumó a la plegaria apostólica la Iglesia que se encontraba en el sagrado recinto, en sus atrios y en una parte de la Glorieta Central, así como tres pastores, cinco diáconos y dos encargados. Los levitas espirituales entonaron dos bellas alabanzas: «El que habita al abrigo de Dios» y «A solas al huerto yo voy».

Al término de su oración, que es en favor de su familia, del Cuerpo Ministerial, de la Iglesia universal y de las almas que están ordenadas para vida eterna —además de la oración de adoración al Creador—, el Apóstol del Señor se detuvo por unos segundos con los integrantes del Orfeón local, a quienes saludó: «Dios los bendiga, hermanos».

Luego de saludar a las hermanas y hermanos que se encontraban en los atrios del templo y en una parte de la Glorieta Central, el Apóstol de Jesucristo, ya en la puerta de su casa, platicó con sus colaboradores.

El hermano P.D. Ramiro Hernández le preguntó: «¿Cómo ha estado, Varón de Dios?». La respuesta fue por demás satisfactoria: «Muy contento, celebrando día con día los triunfos de la Iglesia».

Comentó que para él es motivo de grande satisfacción contemplar en las redes sociales —en una hora determinada— los numerosos logros de la Iglesia a través de las redes sociales. Destacó que al revisar diariamente las páginas oficiales y las de los diferentes estados de la República Mexicana y del extranjero, la información sobre bautismos, avivamientos y jornadas de evangelización es nueva cada día.

En relación con la respuesta de la Iglesia en la tarea evangelizadora, el Apóstol del Señor comentó: «No es una obligación la que sienten los hermanos cuando salen a predicar; es una alegría, un placer y un gozo nacido del corazón que los impulsa a expresar: ‘Somos hijos de Dios’. No sienten miedo ni vergüenza. Hoy, más que nunca, la Iglesia se siente orgullosa de su identidad». El hermano Ramiro comentó: «Sin duda, la Iglesia se encuentra ocupada en los negocios de mi Padre» (v. Lucas 2:49).

La promesa que Dios le hizo a su Apóstol Naasón Joaquín el 8 de diciembre de 2014, se cumple día a día. En los dos años del Ministerio Apostólico contemporáneo, el trabajo conjunto del Apóstol y la Iglesia ha dado resultados tangibles: el crecimiento exponencial de la feligresía en todo el orbe. Esta realidad —por demás inocultable— ha sido reconocida aún por los jerarcas de la Iglesia católica. La semana pasada, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez, reconoció que en ese estado la Iglesia la Luz del Mundo es una de las asociaciones religiosas con el mayor crecimiento en la entidad.

 

La multiforme gracia de Dios se manifiesta en las jornadas de evangelización

En otro momento, comentó: «Es un hecho notorio que la Iglesia se encuentra trabajando. Todos quieren ser parte de esta historia, porque ven que Dios está cumpliendo su promesa. Los hermanos que salen a a predicar atestiguan que las almas no tardan meses para convertirse y solicitar su bautismo: en poco tiempo están aceptando la Obra de Dios en sus corazones. ¡Cuántas manifestaciones Dios da para que los corazones duros de un momento a otro cambien! Ahora, a diferencia de antaño, las personas son más receptivas para escuchar nuestro mensaje. Los que tenían en sus casas calcomanías en contra de la propaganda no católica, ahora nos abren las puertas y permiten que les prediquemos».

En relación con lo anterior, se comentó el testimonio de una persona avecindada en la colonia San Joaquín —en el oriente de Guadalajara—, quien, al visitarlo un grupo de jóvenes, quienes le llevaban el mensaje, comenzó a despotricar contra ellos y rechazó todo diálogo. A la semana siguiente, otro grupo de obreros llegó de nueva cuenta con él, pero ahora en circunstancias distintas: los misioneros se encontraban en el interior del hogar predicándole la doctrina.

Aquel hombre, luego de que la semana anterior había tratado con despotismo y desdén a los misioneros, les dijo:

—¡Ya sé lo que me vienen a predicar! ¡Me van a decir que Naasón es el Apóstol de Dios!
—¿Y por qué ese cambio, señor? La semana pasada usted nos dijo que no quería que le predicáramos y nos rechazó —respondió atónito uno de los jóvenes.
—El día que ustedes vinieron, por la noche Dios me dio un sueño. En él yo escuchaba que ustedes iban a regresar de nuevo a mi casa y yo debía recibirlos porque, dijo esa voz, ‘Naasón Joaquín es mi Elegido’ (hace unos días esta persona fue bautizada y ahora es nuestro hermano en Cristo).

 

La evangelización: a todas a las naciones

En relación con la necesidad de que los misioneros aprendan idiomas para la expansión del Evangelio, comentó que esto no quiere decir que la predicación se dirigirá a un estrato social en particular, pues aún en los países industrializados y las grandes metrópolis de América, Europa, Asia y Oceanía, hay pobres.

Recordó que cuando el Señor Jesucristo habló de la dificultad que tiene el rico para alcanzar su salvación, se refería cuando el corazón del hombre está inclinado en las cosas materiales (v. Mateo 19: 16-30), pero nunca dijo que la salvación no era para ellos, porque aún en el tiempo del Maestro hubo muchos ricos que lo siguieron y ellos le servían y cubrían sus necesidades.

En otro momento, comentó que «id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura», significa llevar el mensaje de salvación en la lengua nativa de cada país —de ahí su interés porque los jóvenes misioneros aprendan como mínimo un idioma—. La encomienda, pues, no es solo predicar a los latinos que se encuentran en los países de Asia, África, Europa y Oceanía, sino a todas las «naciones y tribus y pueblos y lenguas» (v. Apocalipsis 7:9). Si en el país de misión los obreros se encuentran con un grupo de hispanos hay que predicarles, indudablemente; pero es necesario que salgan y prediquen a toda persona.

 

La Elección Apostólica: acto soberano de Dios

Por último, habló sobre el escepticismo de las personas que niegan que en haya un Apóstol de Jesucristo en la tierra, enviado por Dios. Algunos discuten que el apostolado existió en la antigüedad, pero que en este tiempo no hay apóstoles.

En este tenor, el Siervo de Dios comentó: «Esta misma situación —la de no creer en la Elección Apostólica—, la vivió en su época el Apóstol Pablo, porque ni aún a los discípulos del Señor Jesucristo —a quienes él llamó personalmente—, Dios les reveló que el Apóstol Pablo era un discípulo. El Altísimo, en su soberana voluntad, quiso separar el trabajo de ellos: a unos les encomendó llevar el Evangelio a los judíos y a otro los gentiles (v. Gálatas 2:7).

«Cuando en la Sagrada Escritura se menciona el apostolado de la circuncisión y el de la incircuncisión, no se trata de dos apostolados: es uno mismo. Por eso, cuando alguien afirma que no hay un Ministerio de Consolación, surge la siguiente pregunta: ¿por qué no? El Señor me dijo que yo sería el consuelo para su Pueblo, y la Iglesia vive en plenitud esa consolación divina».

En este contexto, el Siervo de Dios destacó que el Apóstol Pablo no fue aceptado plenamente por los judíos convertidos, quienes lo veían con recelo por su pasado fariseo —sin embargo, él era Apóstol de Jesucristo por la gracia de Dios, en nada inferior a sus pares los apóstoles—. Por su parte, la Iglesia de Corinto sentía admiración por Apolos, quien a través de la operación de su don quería opacar al Apóstol, pero no para que fueran fieles a los otros apóstoles (los de la circuncisión), sino solamente para utilizar sus nombres en busca de un beneficio particular.

Más adelante, añadió: «Cuando alguien dice que en esta época no puede haber apóstoles, vuelve a hacer eco de lo que decían en el tiempo antiguo: que solo podían ser apóstoles aquellos que fueron llamados personalmente por Jesucristo —en referencia a los doce—. Sin embargo, ellos mismos, paradójicamente, aceptaron la Elección Apostólica de Matías (v. Hechos 1: 21-23), y rechazaron la de Saulo de Tarso.

«Entre los doce apóstoles ninguno había recibido la revelación divina de que Pablo era otro Apóstol de Jesucristo. ¿Por qué Dios no habría querido decírselos? Si él quería, podía… Y qué fácil hubiera sido que les hubiera manifestado: ‘Escogí a Pablo para los gentiles, para que lo respeten’. Es por ello, que la primera vez que se presentó ante ellos lo rechazaron. La segunda ocasión se reunió con ellos para llevar una ofrenda, porque la Iglesia de Jerusalén atravesaba por una necesidad muy fuerte».

En esa ocasión, Jacobo, Pedro y Juan, luego de hablar sobre la doctrina con Pablo, que era la misma que ellos anunciaban, concluyeron que esta Palabra nadie la puede hablar si no viene de parte de Dios, a través de la revelación, y no se encuentra escrita en ningún libro, escrito o pergamino. «El que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles» (Gálatas 2:8). Fue, entonces, a través de las señales de Apóstol —doctrina, obras y manifestaciones— que aquellos reconocieron el Ministerio Apostólico de Pablo —Dios nunca les reveló a los doce discípulos que había escogido a Saulo de Tarso para el apostolado, por esta razón no lo aceptaron desde el primer momento—. Después de darse las diestras en señal de compañerismo (v. Gálatas 2:9), el Apóstol Pablo se despidió de Jacobo, Pedro y Juan y partió de Jerusalén, porque su ministerio no era para los circuncisos (judíos) sino para los incircuncisos (gentiles).

Antes de despedirse, el Apóstol del Señor recapituló: «¿Por qué el Señor no les dijo nada? ¿Tenía Dios la obligación de decírselos? Como lo he dicho en diversas ocasiones: ‘Dios hace lo que él quiere, cuando Él quiere y con el que Él quiere… y no tiene porqué rendirle cuentas a nadie’. Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho (v. Salmos 115:3), y su sello es el corazón de cada uno de vosotros».

En la que fue su primera plegaria matutina en el año 2017, luego de su presentación el pasado primero de enero, el Apóstol de Jesucristo se despidió de sus colaboradores: «Dios les bendiga, hermanos». El reloj marcaba las 5:10 horas, la temperatura registraba 12 grados centígrados y la iglesia, desde el interior del templo, cantaba estentóreamente una de las estrofas del himno n. 83, «¿Cómo podré pagarte?». Se escribió así otro capítulo de la historia del apostolado contemporáneo, el de Naasón Joaquín García, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.