La Evangelización: Deber cristiano con promesa

El jueves 19 de noviembre –al igual que el día anterior– el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia. El reloj marcaba las 4:24 de la mañana cuando ingresó a la Casa de Oración.

En su plegaria –que es de petición en favor de la Iglesia del Señor esparcida por el mundo y de adoración al Creador–, el Apóstol de Jesucristo fue acompañado por 24 ministros, centenas de hermanas y hermanos y el Coro de Hermosa Provincia, quien, con particular fervor, entonó las alabanzas: “Alcancé salvación” y “Cerca de ti”.

Al término de su oración, el Apóstol Naasón Joaquín saludó a los integrantes del Coro –levitas espirituales, conocidos también como el corazón de la Iglesia–, a quienes dijo: “Dios les pague por acompañarme. Dios les bendiga”. A su paso, saludó a las hermanas y hermanos que le acompañaron en su plegaria matutina, quienes correspondieron la salutación apostólica con singular regocijo; en ese momento, algunos de ellos se encontraban en el templo, sus atrios y las calles adyacentes.

Al llegar a la puerta de su casa, el Apóstol platicó con los citados ministros. En relación con el trabajo de evangelización que lleva a cabo la Iglesia del Señor a nivel mundial, destacó: “Es muy bonito lo que hemos visto y vivido en estos días. Todos los que han realizado sus Escuelas Dominicales de visitas, pueden testificar que ha sido algo maravilloso: Dios se ha manifestado de una forma muy hermosa extendiendo su amor y su gracia”.

Recordó que al principio de su Ministerio Apostólico, los incrédulos se preguntaban cómo la Iglesia del Señor inundaría el mundo con su mensaje. La respuesta es sencilla, acotó: “Que cada hermano invite un alma y cuando menos piensen, la Iglesia se va a multiplicar al doble; y cuando menos piensen, el mundo se va a inundar del Evangelio”. Y añadió: “Claro, el impío nunca estará conforme con lo que Dios hace, pero qué bonito es decir: ´Aquí están los hechos, porque la Iglesia del Señor no predica sólo con la Palabra: también lo hace con las obras´”.

Refirió que Dios permite a su Iglesia realizar grandes obras cuando es para su gloria, su honra y su alabanza. En relación con los frutos de la evangelización, el Apóstol del Señor fue categórico: “Quizá creamos que somos nosotros quienes hacemos este trabajo, pero no es así. ¡Es Dios quien nos quiere incluir en su obra!”. La participación activa de los adultos, jóvenes y niños en dar testimonio público de su fe, es una obra que Dios ha hecho en sus corazones, porque Él es quien “produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

El Apóstol de Jesucristo habló de la promesa que Dios tiene preparada para quien evangelice un alma y la acerque a su camino, que es la Iglesia del Señor. Enseguida, citó el siguiente pasaje: “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20), e hizo énfasis en que Dios no borraría un solo pecado sino multitud de pecados (en plural). Y abundó: “Así es que si a esa visita la trajo su vecina, la hermana, el niño –compartiéndole la Biblia y el himnario–, no es uno ni dos… : son multitud de pecados los que Dios les va a perdonar”.

La participación de la Iglesia en la tarea evangelizadora ha sido tan activa, que nadie quiere desaprovechar esta bendición. Para citar un ejemplo de lo anterior, mencionó el testimonio de una niña de tercer año de primaria, quien recientemente le dijo a su maestra: “La invito a mi Iglesia”. La profesora acudió al templo de Hermosa Provincia y le comentó a los hermanos obreros: “Vengo con esta niña, que es mi alumna, porque ella me invitó a asistir”.

La necesidad de escuchar la Palabra del Señor es latente. Como ejemplo, citó al Rey David, cuando expresaba: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Salmos 42:1-2). La asistencia de numerosas visitas a la oración de cinco de la mañana en Hermosa Provincia, quienes oran por sus necesidades antes de que concluya el culto, da cuenta de lo anterior.

Por la evangelización, que es tarea de todos, el mundo es testigo de que “la Iglesia del Señor sigue en pie… pero más que eso, sigue avanzando, sigue creciendo… Cada día más hermosa… ¡Qué satisfacción tan bonita!”, asentó el Apóstol de Jesucristo. Enseguida, conminó a los ministros: “Los que aún no han hecho sus Escuelas Dominicales de Evangelización se están perdiendo de una inmensa alegría y están cohibiendo a la Iglesia de dicha alegría. Si ya lo han hecho, ustedes son testigos de cómo las Iglesias, los coros, los jóvenes, las doncellas y los niños, todos están participando… ¡Ya estaban esperando y ansiaban ser parte de esta historia!

“¡Qué satisfacción para el hermano que invitó a su familiar, amigo o vecino cuando contempla que Dios es el que ha hecho su Obra en los corazones, además de la profunda alegría de ver a las almas bajar a las pilas bautismales! ¡Qué alegría será para cada uno de ellos!

“Y es que esta es la Obra de Dios, porque creer es obedecer. La Iglesia se alegra al ver el trabajo del Siervo de Dios, pero ahora lo vive. Una cosa es decir: ´Miren el trabajo del Siervo de Dios´; y otra: ´Miren lo que estamos haciendo, somos parte de sus triunfos. No solamente es su trabajo, es el nuestro, el de toda la Iglesia´. Esto, en aquellos en quien Dios hizo la obra y los quiere incluir, y lo anterior no solo quedará escrito en el libro de Dios, sino también en los anales de la historia de la Iglesia”.

Antes de despedirse, reiteró: “Dios va a obrar algo maravilloso: con esta predicación serán miles de almas las que bajarán a las pilas bautismales… Es la promesa de Dios y vosotros sois parte de ella. Esto es lo más hermoso y más grande que debemos valorar: que no solo estáis viendo; estáis siendo partícipes de esta grande obra. Dios nos permita seguir contemplando estas grandes maravillas en este tiempo”.

Justo cuando inició la oración de cinco de la mañana, el Apóstol de Jesucristo se dirigió a sus ministros y a los hermanos que se encontraban en las calles, con un saludo paternal: “Dios los bendiga y los guarde, hermanos”.