La iglesia en Badajoz saluda al Apóstol de Jesucristo

Cuando el D.E. Ramón Sánchez Roca encabezando el saludo, se encontró frente al Apóstol del Señor, fue recibido con estas palabras: “Hermoso trabajo que ha hecho con la encomienda de mi padre…” la respuesta inmediata fue: ahora soy suyo, “yo lo siento, Dios siga prosperando esa voluntad” -asintió el Varón Santo de Dios.

Los ministros locales con su familia externaron su adhesión con frases impregnadas de amor: Lo queremos mucho, mi vida es suya, mi casa y yo le pertenecemos, como estuvimos con su padre estaremos con usted…La bendición apostólica no se hacía esperar en favor de ellos: “mi oración es en favor de ustedes, yo conozco tu trabajo, Dios guarde ese hermoso reconocimiento…”

Inmediatamente después toco el turno a los hermanos de Elvas, Portugal (de origen gitano) encabezados por el hermano Daniel Avelar Ramírez, quien personalmente fue a buscarlos días atrás para invitarlos a la presentación del Nuevo Apóstol, quien precisamente los había bautizado hace 20 años aproximadamente. “tu espada no va a quedar enterrada, te voy a ocupar” –dijo el Apóstol al hermano Daniel. Éste, poniendo una mano en el pecho y sollozando, solo alcanzó a proferir: Mi vida es suya Apóstol de Dios. A los cuatro hermanos de Elvas manifestó: “Me da gusto que Dios ponga en su corazón ese reconocimiento” Uno de ellos con visible alegría recordaba en voz alta y señalando al Hombre de Dios: Tú me bautizaste, tú me bautizaste.

Posteriormente una hermana que pasa a saludarlo le habla al oído, él le responde: “Esa obra hermosa es de Dios, Dios la conserve en su corazón…tenga confianza en Dios”. Una mujer de origen gitano se para frente a él, toma su mano y se la pone en la frente derramando sus lágrimas, (posteriormente supimos que tiene una enfermedad incurable) él tocó su cabeza le dijo: “No volverán a estar solos, en agosto estarán con ustedes los obreros que les voy a enviar, espérenlos”.

Así mismo, una jovencita cuyo corazón fue tomado por el Señor, pasa hablando en lenguas angelicales sin poder dirigirle la palabra; él Santo de Israel toca su cabeza conociendo indiscutiblemente lo que el corazón de ella quería expresar: “Ese amor que hay en tu corazón, Dios lo siga perfeccionando”.

Enseguida, un visitante pasa y le dice con cierto conocimiento: Soy gentil. El Apóstol de Jesucristo le responde: “Que Dios abra tu corazón para que seas de la familia de este pueblo”. Un hermano (al parecer conocido por él) le dice algo al oído y se alcanza a escuchar la frase: Lo amo; el Apóstol de Cristo le encarece: “quiero que lo demuestre siendo fiel hasta el último día de su vida”.

El hermano Manuel, único gitano perseverante en la iglesia desde aquellos tiempos y de quien el hoy Apóstol conserva emotivos recuerdos, llega para saludarlo y antes de decir nada se oye la voz del que tiene autoridad para atar y desatar: “Hermano Manuel, Dios le bendiga, quiero que un día sea uno de mis capitanes, su espada, yo la conozco bien…” Llorando y con la cabeza inclinada le corrobora: He tratado de ser lo más fiel posible y como fui con su padre lo seré con usted.

Creo en su hermosa elección, Córdoba le ama, Sevilla esta con usted, eran expresiones comunes al pasar frente a él. Una pequeña de aproximadamente cinco años de edad que iba llorando desde la formación, al estar frente a él, con un llanto incontenible le decía: Te amo mucho papito Naasón, te quiero mucho; después de unos segundos de indecisión, se arrojó en su regazo.

Profundamente conmovido el Varón de Dios, le abrazo también, otorgándole su santa bendición y conmoviendo a todos los testigos de esta hermosa manifestación de la obra perfecta que Dios ha hecho también en la niñez de su pueblo.

Quiero ser su esclavo –exclamó un joven “Dios te lo conceda” –acentuaba el Apóstol. “Moisés -refirió a un Ministro- Dios te siga prosperando por el trabajo que estás haciendo en favor de la Obra del Señor”.

Es un honor servirle, -exclamaba una hermana, mi vida tiene sentido por usted, -refería otra, lo amamos clamaban a voz en cuello llenas de llanto algunas hermanas del orfeón local, “yo también los amo” -les consolaba el amado de todos los pueblos.

Finalmente pasó una hermana que ese día llevo y presentó con el Apóstol del Señor a una funcionaria de alto rango en el gobierno de Extremadura, el Apóstol de Jesucristo le dijo: “No te has avergonzado de dar testimonio de la iglesia, yo tampoco me avergonzare de ti delante de mi padre”.