La Iglesia reunida en Barcelona, saluda al Apóstol de Jesucristo

Al término de la escuela dominical, mientras el coro aún cantaba y los hermanos permanecían en la Casa de Oración escuchando las alabanzas que entonaba llenas de fervor espiritual, el Apóstol del Señor mandó su bendición a los hermanos, al comunicarles que la iglesia reunida en ese lugar, pasaría a saludarle. Cuando los hermanos recibieron el aviso a través del sonido, se oyó un “gloria a Cristo” de júbilo en todos los presentes.

Comenzaron los preparativos, se indicó el orden: primero los ministros y esposas, después los varones, enseguida las mujeres con sus hijos, posteriormente todas aquellas personas que fueron invitadas a la presentación apostólica y que sintieran en su corazón pasar a saludar al Enviado de Dios y en esta ocasión el orfeón de cantores pasaría al final.

El coro se instaló frente al área designada para el saludo y empezó a encender el momento con sus alabanzas: Es más hermoso que el sol, Es por ti, Día feliz, que exaltan la obra de Dios. “diste a mi vida una razón y una esperanza”.

Los hermanos y hermanas que llevaron visitantes, trataban de explicarles la bendición otorgada, con el propósito que aprovecharan esa bendición. De pronto apareció la figura sonriente del Apóstol de Dios y con una señal indicó que iniciara el saludo. Los Ministros iniciaron su desfile, uno de ellos pasa con su hijo enfermo y el Varón de Dios toca su cabeza, un hijo de otro matrimonio misionero le dice con lágrimas en sus ojos: Lo amo, el Encargado en la iglesia de Palma de Mallorca se detiene para expresarle: Mallorca lo ama, el hombre de Dios le responde: Dios les pague su amor.

Comienzan a estrechar su mano los hermanos varones, miembros de las iglesias reunidas: ¡que Dios le de muchos años de vida! -le dicen- él sonríe ¡Dios les pague su amor!, un joven también le ofrenda su carrera profesional -él la acepta- un hermano visiblemente conmovido le expresa en voz alta: ¡Dios bendiga a mi Señor hermoso! –otro: Lo llevamos en el corazón. “Yo los llevo en el mío” -les responde.

Un hermano llora y le pide algo, “eres salvo en Cristo Jesús” -le contesta. El siguiente hombre es identificado por él Apóstol, lo conoce de tiempo atrás, (quizá cuando vino anteriormente enviado por su padre), le expresa: me da gusto saber que estas en la Iglesia del Señor. Se suspende un momento el saludo para secar el sudor de su frente, mientras el coro canta apasionado: Él es Naasón, Siervo de Dios, su elección, está en mi corazón… sonríe y asiente con su cabeza, afirmando las palabras del hermosísimo himno.

Da inicio el saludo de las hermanas quienes en su mayoría ya no pueden contener su llanto, una hermana mayor le expresa: estamos muy contentos de verle, -él le refiere: “ustedes forman parte de ese cimiento en esta iglesia”, una niña de once años perteneciente a la iglesia de Zaragoza, a quien Dios dio un sueño aludiendo la elección del hermano Naasón, durante los días previos a la manifestación universal; pasa incontenible y con palabras apenas entendibles a causa del llanto, le refiere: pertenezco a la cuarta generación de hermanos en este lugar… “hermoso amor, cuarta generación de guerreros -le expresa- Dios te siga ayudando y bendiciendo”. El coro alza su voz con el canto: El pueblo feliz, que refiere: Feliz por llevarte en el alma, feliz por estar junto a ti. Indiscutiblemente porque ahora de manera literal estaban no solo junto a él, sino estrechando su mano, viendo su rostro y oyendo su voz colmada de bendiciones para ellos. “Dios les pague” le dice al coro -quienes cantaban sin quitar sus ojos de él.

Una hermana continúa y le habla: Es lo más bello que Dios nos ha dado, “Dios siga perfeccionando esa obra” -le expresa; otra pasa, solo llora y le besa la mano pero no puede hablar; sin embargo la falta de palabras no impidieron que el Santo de Dios entendiera lo que traía en su corazón y le otorga su bendición; otra hermana: Lo amo, lo amamos; lo mira, llora y así sucesivamente: Le amo Padre, le amamos Padre, el coro como tal y acorde al sentimiento generalizado de los santos que expresan el sentir de su corazón, entona el cántico: Te amamos oh Naasón, por todo lo que nos das, hermoso es vivir disfrutando de tu amistad, amamos tu elección, bendita y preciosa es, cual lluvia descendió y en el alma engendró la fe, yo te llevo en el corazón, tú me llevas a una ciudad…

Comienzan a pasar los gentiles (personas que no pertenecen a la iglesia): “Dios le pague, Dios lo bendiga, mi oración es en favor de ustedes” les dice el Ungido de Dios. Ayúdenos con su oración -le pide uno de ellos, otro: Es un honor tenerlo en este lugar, “lo sigo invitando” -le responde el Varón de Dios, consciente que esas almas son el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo el ocho de Diciembre pasado.

Muchas gracias, muchas gracias, -le refiere otro. Quiero bautizarme dice el penúltimo de la fila, Dios lo bendiga -le expresa el último, para dar lugar al coro de aproximadamente cuarenta hermanos, que a estas alturas desbordado de gozo gritan al mismo tiempo: Lo amo, Dios le bendiga, Dios le guarde, lloran y se unen a aquellos hermanos que tras saludarlo, pasaron al templo donde se encuentran orando en un pentecostés, todos aquellos que fueron partícipes de esta inigualable bendición. El apóstol les refiere: “Dios siga aumentando ese hermoso amor”, una de sus integrantes le habla al oído y el Apóstol de Cristo le contesta: “Bendito sea el Señor, ¡qué alegría volver a verle aquí, perseverando en el camino del Señor!”.

“Amén hijo, Dios te bendiga, yo los llevo en mi corazón hijo, Dios este contigo para que seas parte de mi ayuda espiritual, espero que siga siendo un cimiento firme en este lugar…” -les decía a los que lo saludaban.

Un hermano joven le dijo: Soy de la iglesia de Ibiza y mi vida está a su servicio, “yo amo Ibiza y pronto nos veremos por aquellos lugares” -le prometió el Apóstol del Señor.