La Iglesia reunida en Getafe, saluda al Apóstol de Jesucristo

Al igual que en todas la iglesias que se ha presentado, en esta tercera etapa de su gira el Varón de Dios permitió a todos los asistentes pasar a saludarle.

Los hermanos siguieron las indicaciones para este acto, entre tanto el orfeón del lugar era introducido al recinto donde tendría verificativo esta salutación. En consonancia con su vocación, dieron inicio al concierto de alabanzas que ambientaban un hermoso marco espiritual perfectamente definido para este acto.

El Cuerpo Ministerial diseminado en esta región pasó en primer lugar, deseando bendiciones y manifestando su adhesión, uno de ellos llora ante el Apóstol sin poder dirigirle la palabra “Dios pague ese hermoso reconocimiento” – le dice el Apóstol del Señor. “Yo ahora pertenezco a usted” le refiere un hermano poniendo su mano en el corazón y con los ojos llenos de lágrimas, “Dios bendiga ese hermoso sentimiento” -recibe como respuesta; entre tanto el coro entona el himno: Tengo un Padre en la fe.

Un joven le dice algo en voz baja, la respuesta del Enviado de Dios fue: Dios te conceda ese deseo de ser evangelista en mi ministerio. Un visitante pasa y le besa su mano, un hermano le dice que aún no ha recibido el Don del Espíritu Santo, “que Dios le conceda esa bendición en los próximos avivamientos” fue la expresión de aquel por quien la gracia de Dios se derrama en esta Nueva Era.

“Sus hijos de Gijón le aman, yo sé en quien he creído, estaremos con usted igual que con su padre” eran expresiones de aquellos que tuvieron la dicha de estrechar su mano. Al pasar una hermana mayor con dificultades para caminar, el Apóstol de Dios, descendió de su lugar para alentarla con estas palabras: Dios le pague por su amor, Dios le va a dar un cuerpo glorioso si usted persevera fiel.

Una niña le expresa su deseo de servir en la obra del Señor a lo que el Varón de Dios le señala: Espero que tengas la edad para servir en mi Ministerio. Ante la petición de otra hermana refirió: “Dios conteste su necesidad conforme a su fe y conforme a su deseo”

A todas las visitas que pasaron a saludarlo, les agradeció su tiempo y les invitó a seguir visitando la iglesia del Señor, algunos con lágrimas en los ojos le agradecían su exposición de ese día, uno de ellos le dijo: me voy a bautizar, “Dios le conceda ese deseo” -refirió el Apóstol.

Finalmente, llenos de gozo espiritual, pasaron también los hermanos del coro, quienes después de haber saludado al Apóstol de Jesucristo, se abrazaban y lloraban por tan grande bendición.