Mensaje Apostólico a profesionistas y empresarios

El Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dicta conferencia magistral ante profesionistas y empresarios de México y el extranjero

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 15 de mayo, en el marco del II Congreso Internacional de la Asociación de Profesionistas y Empresarios de México (APEM) –denominado “Nuestro tiempo, Nueva Era”–, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dirigió un emotivo mensaje ante más de dos mil profesionistas procedentes de la República Mexicana y el extranjero.

El reloj marcaba las 10:25 de la mañana cuando el Apóstol Naasón Joaquín ingresó al salón “Don Diego”, en el interior del Hotel Hilton de la Ciudad de México, donde un pletórico auditorio conformado por profesionistas de las distintas disciplinas –un sector importante con grado académico de maestría y doctorado–, legisladores federales y locales, magistrados, jueces, deportistas, artistas y empresarios, pertenecientes a la Iglesia La Luz del Mundo, le esperaban con singular regocijo.

Al igual que el año pasado, los pastores de la Iglesia, junto con sus esposas, recibieron la invitación apostólica para asistir al citado congreso de profesionistas y empresarios. El día anterior –sábado 14 de mayo–, en el Senado de la República y la Cámara de  Diputados, respectivamente, se celebró de manera simultánea el primer día de actividades del citado congreso internacional, destacando el panel conformado por profesionistas, legisladores y académicos, entre ellos el sociólogo Bernardo Barranco, en relación con los pasos a seguir para la consolidación del Estado laico en México, garante de la auténtica libertad religiosa en nuestro país.

Después de saludar a los más de dos mil congresistas, el Apóstol Naasón Joaquín inició su mensaje, que se reproduce íntegro en las siguientes líneas.

“Estimados y anhelados hermanos profesionistas, estudiantes y empresarios de la Iglesia del Señor: La paz de Dios repose en todos vosotros. Los he llamado anhelados porque considero la respuesta de ustedes a mi solicitud y a la oración que hice a Dios durante aquel mes de diciembre de 2014, cuando ante la promesa del Señor de bendición y crecimiento para su Pueblo.

“Le pedía que me diera los elementos mediante los cuales se cumpliría su promesa de multiplicar s u Pueblo. Por ello les digo que sois anhelados, sois fruto del anhelo y deseo del Ungido de Dios. Sois pedidos y demandados a Dios y por esa solicitud él me los dio  a vosotros.

El pesimismo, la percepción de insuficiencia, el egoísmo y el conformismo: estados de ánimo que deben ser erradicados

“Una vez más he querido reunir al cerebro de la Iglesia con el cuerpo de pastores que me ayuda a dirigir el Pueblo de Dios en diferentes partes del mundo, con el único objetivo que, como un solo cuerpo, coadyuve en la materialización de planes y proyectos en beneficio de la Iglesia del Señor.

“Las acciones, planes, propósitos y proyectos que aquí se discutan y acuerden, sirvan como un modelo… lo que los profesionistas y empresarios propongan a los hermanos pastores lo difundan y multipliquen por todo el mundo. Así como en el Primer Congreso de Profesionistas tuve un deseo que Dios me cumplió, de la misma forma en este segundo congreso me presento ante vosotros con un anhelo, y sé que Dios lo cumplirá en vosotros, porque no quiero llegar a este congreso y que todavía nos estemos organizando y planeando, sino quiero llegar al siguiente congreso con acciones reales y concretas en beneficio de la Iglesia del Señor.

“Por lo cual he ordenado a la colegiación de la Plataforma de Profesionistas y he dado instrucciones para que se potencialice el crecimiento por áreas, por materias y por regiones, a fin de una mejor obtención de resultados.

“Ha transcurrido un año. Ya desde la última vez que nos reunimos y os expresé mis deseos y proyectos. En aquella ocasión os invité y procuré incitaros a que se unieran al trabajo de esta Nueva Era. Hoy, en los hechos, vosotros sois testigos de que esta Nueva Era, en el que el pesimismo, el egoísmo, la percepción de insuficiencia,  la descompasión y el conformismo no tienen lugar.

“Hoy os digo: esta era es de optimismo, de crecimiento, de bienestar, de entusiasmo, de superación, de amor, de emprendimiento, de esperanza, de expansión, de unidad, de progreso, de triunfos, de grandeza, de prosperidad… Porque como dice Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.

Vosotros habéis sido plantados en el suelo de mi viña en un tiempo de prosperidad

“Tenemos, pues, la primera de nuestras circunstancias a nuestro favor: el tiempo. He aquí, dice la Sagrada Escritura, ‘el tiempo aceptable’… el tiempo de trabajar, el tiempo de sembrar, el tiempo de edificar, pero sobretodo: he aquí el tiempo de multiplicar. El tiempo podría ser ideal, pero ¿qué es el tiempo sin una adecuada circunstancia del lugar? El tiempo requiere pues del espacio. Os digo que vuestro lugar es este.

“Decía el profeta de Dios: ‘…cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil’ (Isaías 5:1).  Hermanos profesionistas: por mi viña corren ríos de justicia y la sabiduría. En su subsuelo abundan los nutrientes de los dones, las virtudes y la ciencia, necesarios para vuestro crecimiento.  En ellas están sembrados árboles de toda clase. Hay semillas que apenas germinan y comienzan a brotar de ellas una minúscula planta.

“También hay arbustos que proceden del crecimiento. He procurado y cuidado por igual. Todas ellas fructifican conforme a su tamaño y especie: las pequeñas semillas, que germinan los incipientes arbustos que se yerguen sobre sus raíces, son todas las naciones donde apenas inicia y florece la Iglesia del Señor.

“En ellas veo el optimismo de luchar porque sepan que están dadas las circunstancias, que en ellas puedo ver ya una prosperidad que corresponden al sacrificio. Pero en viña también tengo frondosos árboles: son las naciones en las cuales el Señor me ha dado un numeroso Pueblo y en cada uno de esos grandes y hermosos árboles, también me ha permitido contar con un grupo de ramas de nuestra especie: el cerebro de la iglesia, mis profesionistas… esos frondosos árboles tienen los siguientes nombres: México, Estados Unidos de Norteamérica, El Salvador, Honduras, Panamá, Costa Rica, Colombia, Chile y España. Sobre ellos recae una grande responsabilidad.

“Todos vosotros pasasteis por este idéntico proceso de crecimiento. Si eres tu pequeña semillita: ¿avanzaste en estudios de educación media superior? ¿Aprobaste un examen que parecía imposible? ¿Tus opiniones sabias captaron el interés de tus profesores? ¿Aprobaste el examen de admisión a la universidad? ¿Hubo la suficiente bendición para que culminaras tus estudios? ¿Emprendiste un negocio que fue prospero? ¿Vieron algo especial en ti en aquella entrevista de trabajo? ¿Has escalado posiciones en la estructura de tu centro de labores? ¿Triunfaste en algún concurso? ¿Obtuviste alguna beca? ¿Te distinguieron con alguna condecoración? ¿Tienes autoridad o poder ante el mundo? ¿Tuviste la salud y fortaleza para levantarte cada mañana? ¿Tuviste la sabiduría para resolver un asunto que se te encomendó?

“No. No fue la capacidad natural de la mente humana: ¡Mi oración estuvo delante de Dios! No crecisteis solos: bebisteis de esos ríos y tomasteis los nutrientes de ese suelo; por ello en cada uno de vosotros hay talentos, dones, virtudes y ciencia.

“He aquí se cumple la segunda de las circunstancias: vosotros no solo habéis sido plantados por mí en un tiempo de prosperidad. Lo habéis sido en este lugar, el suelo de mi viña, que resulta apto para que vosotros desarrolléis todas vuestras potencialidades. ¿Serían suficientes las circunstancias favorables de tiempo y lugar? Nuevamente, la respuesta es negativa.

El cerebro de la Iglesia: su capital intelectual

“Por ello, es inevitable atender el elemento personal. Quisiera detenerme un momento para reflexionar en esta cuestión. Ya os he dicho que vosotros habéis crecido en una ladera fértil, absorbiendo los nutrientes de los dones, las virtudes y la ciencia; el bien del agua, la justicia y la sabiduría… Y esos nutrientes se ha concentrado en vuestra persona dotándolos de aptitud, es decir, de suficiencia e idoneidad para desarrollar todas vuestras potencialidades.

“Los he denominados como el cerebro de la Iglesia, por que sois mi capital intelectual constituido por la suma de todos los conocimientos que poseéis. Este activo pareciera invisible e intangible en cuanto junto a cada uno de vosotros; pero visible y tangible cuando enfrenta y triunfa en las batallas; cuando sale a la defensa de nuestros derechos fundamentales; cuando se constituye en un generador de bienestar para aquellos que lo necesitan; cuando soporta a los mensajeros que llevan la oferta de salvación por el mundo; cuando hace efectiva su vocación global en el desarrollo firme de prácticas ontológicas; cuando lleva a cabo la libre interacción en ejercicio de sus derechos civiles con instituciones, empresas, líderes, gobernantes, organizaciones y movimientos sociales o políticos.

Aptitud y actitud

“Pero en este elemento personal no solo basta que seáis competentes para el ejercicio o desempeño de esta actividad. Todas las criaturas son aptas para desarrollar una función, pero Dios nos ha diferenciado de ellas en un aspecto muy hermoso: tenemos voluntad y conciencia englobadas en un elemento que es la aptitud.

“Aptitud la tenéis todos vosotros, pero la actitud el ejercicio de esa voluntad y conciencia la que nos permite transformar nuestra realidad. Recordemos a Daniel, a Misael, a Azarías, hijos de Judá. Dijo el rey a Jonás que trajese a los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiera tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia, de buen entendimiento e idóneos para estar en el palacio del rey.

“También Ananías, Misael y Azarías sus nombres fueron cambiados por Beltsasar,  Sadrac, Mesac y Abed-nego, pero su esencia permaneció. ¿Qué actitud pudieron haber tomado aquellos hebreos llenos de aptitudes? Pudieron haberse negado a trabajar, pudieron haber tomado una postura pesimista, pudieron deprimirse o entristecerse, se sabían aptos pero estaban conscientes que era su actitud la que era capaz de transformar su realidad y la de su Pueblo (Daniel 1:3).

“Dice el libro de Daniel 1: 17: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños… Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro’.

“¿Nunca se sentirían tristes y agobiados por la carga del trabajo? ¿Cuántas veces habrían hablado entre ellos?: Ananías, ¡no te rindas!… tenemos que ver por nuestro pueblo. Misael, ¡tú puedes! Azarías, ¿en qué puedo ayudar en tu proyecto para el rey? Daniel, ¡estamos contigo! Somos un equipo…

“Cuando leemos que no fueron hallados entre todos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, podemos concluir que no solo brillaban por sus aptitudes, sino que su actitud los destacaba: trabajaban como un solo hombre. Dios los había hecho aptos, pero el ejercicio de su voluntad y conciencia tomaron la mejor actitud. ¡Eran triunfadores! Sus nombres quedaron en la historia.

“La actitud también toma la forma de valentía, según nos lo muestra 2 de Samuel 23:14 en adelante: “David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. Y David dijo con vehemencia:!Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!”.

“El Rey David tenía cientos o miles de guerreros con habilidades importantes para la pelea. Tenía treinta jefes que sin duda destacaban por sus aptitudes estratégicas, pero tres brillaron no solo por sus capacidades: brillaron por su actitud. “Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto al pueblo y tomaron y la trajeron a David” (2 de Samuel 23: 16).  Dios los había hecho aptos, pero que el ejercicio de su voluntad y conciencia tomaron la mejor actitud. Vuelvo a repetir: porque se convirtieron en valientes, en triunfadores, y por lo tanto sus nombres quedaron en la historia.

“Ahora os escribo a vosotros jóvenes; ahora me dirijo a vosotros profesionistas, por que sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, que adoptéis una actitud triunfadora como la de Daniel, Ananías, Misael y Azarías… ellos convivieron en el mundo, perdieron incluso sus nombres, pero no perdieron su esencia: eran hebreos y temían a Jehová.

“Los insto a que seáis valientes, porque ahora os confió que también tengo sed. ¿Quién está conmigo? ¿Quién de vosotros me llenará de orgullo y me dará de beber de las aguas de vuestros triunfos? ¿Cuándo festejaremos la graduación de 100 o 200 doctorados en un solo año? ¿Cuándo habrá entre vosotros un Presidente de la República o un Premio Nobel? Tenéis todas las aptitudes… solo se requiere vuestra actitud y entonces caerán los muros de Jericó, pues contáis todos vosotros con mi oración.

Existe un riesgo…

“Pero tengo también la inquietud de compartir algo con vosotros, los que lo habéis recibido todo, los que sois privilegiados, pues existe un riesgo y es este: la renuncia absoluta es a conciencia y voluntad. Todo implica la adopción de una actitud negativa, conformista, una vida sin sueños, sin metas, una actitud negligente y conformista.

“Debo decir lo siguiente: pese a la negligencia, quien teniendo a favor todas las circunstancias, que viviendo en un tiempo de prosperidad, en un lugar de privilegio por una misión establecida, desaprovecha las oportunidades que le son brindadas, lo que resulta como aquel que fue y entregó los talentos que le fueron dados. Mi preocupación es que la ausencia de actitud opaque la abundancia de aptitud que habéis recibido, o que seáis cegado por la necedad y vuestro conocimiento sea cortado en un nivel superior en el conocimiento que debe de existir en vuestros corazones, pues entonces todo habría sido en vano.

“Nunca perdáis de vista que el elemento personal que da causa de origen a todos los demás es la Elección, porque sin autoridad no existiría el elemento ni la idoneidad de cuidar las circunstancias de modo u ocasión. Os lo digo con toda seguridad que en la historia de la humanidad, los mayores momentos de grandeza y prosperidad se han dado mientras existe autoridad de Dios en la tierra.

“Es precisamente esa autoridad, en un tiempo y lugar idóneos, la que nos dice: ¡No temáis manada pequeña! ¡Id y triunfar por todo el mundo! ¡Alargar vuestras estacas! ¡Dad vuelta sobre Jericó!, porque nuestro Padre nos ha dado ya la victoria. Recuerdo aquellas palabras que decía aquel hombre de Dios a su Pueblo, en Deuteronomio 28:1: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra”.

¡Nuestro tiempo ha llegado!

“Sé que sumaré vuestros talentos a esta causa, que en el pleno reconocimiento que existe en cada uno de vosotros atenderéis mi voz, que trabajareis como un solo hombre, que antepondréis el interés general de este Pueblo sobre el beneficio personal… que con esta actitud triunfadora y valiente estaréis prestos para afrontar vuestras aptitudes a los proyectos que os eh puesto, porque todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere que va con el cielo, tiene su hora.

“¡Este es mi tiempo! Cerebro de la iglesia, profesionistas que Dios entregó en mis manos: ¡Este es vuestro tiempo! Vayamos a la conquista y demostrémosle a Dios con esa actitud que somos dignos hijos de Él y dignifiquemos a nuestro Pueblo, dignifiquemos a nuestro Dios y dignifiquemos la Elección santa. ¡Nuestro tiempo ha llegado!

“Que Dios les pague. Les deseo que todo aquello, y más que un deseo, les aseguro que todo aquel que se sume a estos proyectos de Dios tendrán esa prosperidad y esa energía para seguir adelante en todo lo que el Señor nos proponga. ¡No temías: Dios es con vosotros! ¡Esfuércense, sean valientes, que la victoria Dios ya nos la ha dado! Dios les bendiga. Dios les pague por prestar atención a este evento”.

A las 10:46 de la mañana salió del recinto saludando a los hermanos profesionistas, estudiantes y empresarios. Posteriormente, tuvo una reunión con los pastores de la Iglesia.

 

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.