Mensaje Apostólico de Año Nuevo — Berea Internacional

enero 1, 2017
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(Coordinación de Crónica Apostólica) — El sábado 31 de diciembre de 2016, invitada por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, la Iglesia de Guadalajara —que en su Zona Metropolitana abarca los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco y El Salto—, ocurrió al templo sede internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, en la colonia Hermosa Provincia, para despedir el año 2016 y dar la bienvenida al Año Nuevo 2017, en un servicio de acción de gracias a Dios.

A su máximo cupo se encontraban los dos mezanines del templo y las calles aledañas de la colonia. Centenares de visitas, algunas de ellas provenientes de Los Altos de Jalisco, estuvieron presentes en esta solemne velada. Por su parte, la Iglesia del Señor esparcida por los cinco continentes se sumó a la transmisión en vivo —a través de de la señal de internet— de la presentación apostólica.

El servicio de la velada de fin de año —el último de 2016—, dio inicio a las nueve de la noche y fue presidido por el hermano P.E. Benjamín Chávez. Los coros de Hermosa Provincia, de Bethel y de la Zona Metropolitana de Guadalajara, desde temprana hora empezaron a encender el fuego espiritual por medio de sus alabanzas en el interior del templo.

El reloj marcaba las 11:13 de la noche cuando el Apóstol de Jesucristo arribó a la Casa de Oración. Al momento de su ingreso, los coros entonaron al unísono el himno identitario del Ministerio Apostólico contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús». En ese instante un calor espiritual inundó el recinto sagrado. «Bendito el que viene en el nombre del Señor», se escuchó decir en el hermano que presidía el servicio de la velada de año nuevo.

 

Salutación apostólica

Al iniciar su presentación, el Apóstol de Jesucristo saludó a su amada Iglesia —la presente y la físicamente ausente, aunque unida en el espíritu—: «Iglesia del Señor: ¡Eres hermosa, gloriosa y no has sido abandonada! Dios está en medio de ti». Enseguida, invitó a la grey elevar a Dios la primera oración. A miles de kilómetros de distancia, en sus respectivos templos, los hermanos de los cinco continentes se unieron con regocijo a la plegaria apostólica.

Al término de la plegaria, los coros cantaron magistralmente el himno «El Consuelo de Dios». Entre tanto se escuchaban las bellas notas de la alabanza, el Apóstol del Señor expresó categórico: «’Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo’ (1a. Corintios 15:10)… Iglesia del Señor esparcida por el mundo que has sido prosperada, engrandecida y embellecida… Dios te lleva cada día de triunfo en triunfo. Antes de que termine el año 2016, permíteme saludarte y expresar mi ardiente deseo delante de Dios.

«¡Qué inmensa alegría para su hermano Naasón llegar a la culminación de un año más, dentro del Ministerio Apostólico que Dios me ha encomendado! Este es mi segundo año de trabajo, pero también el tuyo, dentro de esta Nueva Era. De manera que puedo afirmar que hemos caminado juntos y la diestra de Jehová nos ha sostenido».

 

Anunciar el Evangelio eterno al mundo: encomienda apostólica y misión de la Iglesia del Señor

Luego de la salutación, el siervo de Dios recordó con satisfacción el trabajo que durante este año ha realizado la Iglesia, juntamente con él, en el terreno de la evangelización mundial: «El año 2016 ha sido para la Iglesia del Señor y para su hermano Naasón, un hermoso tiempo aceptable: ¡ha sido un día de salvación para nosotros! (v. 2a. Corintios 6:2). De manera que podemos decir hasta este momento: ‘No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria por tu misericordia, por tu verdad’ (Salmos 115:1).

«¡Qué hermoso fue iniciar del año 2016! Recuerdo cuando invité a la Iglesia para que buscáramos la forma de dar a conocer nuestro mensaje —porque para eso está la Iglesia del Señor—, y anunciar al mundo nuestra verdad, no para apartarnos de la sociedad como proceden quienes creen que para poder servir a Dios es necesario retirarse a seminarios o a conventos. Al contrario, el ser hijos de Dios trae la responsabilidad de dar testimonio al mundo de lo que Él nos ha dado y que compartamos de gracia lo que de gracia hemos recibido (v. Mateo 10:8)».

 

Dios ha demostrado que está con su Pueblo

Enseguida, el Apóstol del Señor recapituló el trabajo que, de manera conjunta con la Iglesia, realizó durante el año 2016. Citó, entre otros sucesos, la invitación que hizo a la Iglesia para sumarse a las jornadas de evangelización alrededor del mundo —donde participación activamente los jóvenes y niños—, y el fruto tangible e incuestionable de este trabajo: los 50 mil bautismos celebrados el 14 de febrero de 2016 en las principales plazas públicas de los 54 países donde la Iglesia se encuentra establecida. Recordó que finalizó el año con el envío de miles de obreros a diferentes países, así como a ciudades y poblaciones de la República Mexicana donde la Iglesia aún no tiene presencia. «¡Qué hermosa culminación Dios nos permitió!», afirmó categórico.

En otro momento, el Apóstol destacó que durante el año 2016, Dios bendijo a su Pueblo con grandes triunfos: permitió que su Iglesia brille en el mundo y éste pueda exclamar con admiración: ‘¿Quién es ésta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, imponente como ejércitos en orden?’ (Cantares 6:10): es la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad (v.1a. Timoteo 3:15).

Invitó a la Iglesia a cantar la alabanza n. 532, «Suenen dulces himnos». —Se sumaron a este concierto universal, a través de la transmisión en vivo, las iglesias establecidas alrededor del orbe—. Al término de la alabanza, expresó: «El Señor nunca nos ha abandonado: Él sigue dando testimonio que este es su Pueblo y que vosotros sois sus hijos amados. Y si así lo ha demostrado, lo ha hecho por la Elección que ha puesto al frente de vuestras almas. ¡Dios es el que me ha dado este valor! Y no lo hablo para ensalzar a mi persona sino para exaltar la voluntad y la gracia de Dios, quien ha usado este vaso en favor de su Iglesia.

 

Las presentaciones apostólicas son dirigidas por inspiración de Dios; no están sujetas a protocolos o actos rutinarios

En otro momento, el Apóstol de Jesucristo expresó: «Antes de despedir este año 2016, quiero instruir a la iglesia a distinguir los tiempos que el Señor nos permite vivir y hacer diferencia de las oportunidades —festividades— en las que nos reunimos para dar gracias a Dios, contando nuestros días y adquiriendo también sabiduría» (v. Salmos 90:12).

Invitó a la Iglesia a leer el pasaje de Lucas 12:56 —que habla sobre los tiempos—: «¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?», y enseguida agregó: «No todos los tiempos son iguales ni todas las ocasiones son para un mismo propósito. Quien así piensa trata de limitar la voluntad de Dios y con ello encerrar su multiforme gracia en una rutina, que convierte al hermano en un cristiano que no sabe distinguir los tiempos y las sazones, y trata de ‘convertir’ nuestras reuniones en encuentros tradicionales.

«Puede alguien llegar a decir: ‘Como de costumbre, el Siervo de Dios se levantará en la velada de Año Nuevo y perdonará a la iglesia’, tratando con ello de establecer una ‘tradición’ en cada ocasión que su hermano Naasón se presenta, cuando no es así. No es la presencia de un Siervo de Dios un acto rutinario ni existe en la Iglesia una liturgia establecida o un protocolo para sus presentaciones, sino que, de acuerdo a la inspiración de Dios, todo lo que hace el Apóstol de Jesucristo es para beneficio de la Iglesia y de acuerdo con la dirección de Dios. Así es que no seguimos una rutina o un protocolo».

En otro momento, recordó la velada del año 2013, cuando el Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín, haciendo un esfuerzo extraordinario se presentó en la Casa de Oración para bendecir a la Iglesia conforme lo que Dios puso en sus labios. En aquella fecha, algunos hermanos comentaron: «En esta ocasión el Siervo de Dios no nos invitó a darnos el abrazo de Año Nuevo; no leyó el salmo 136; se le olvidó orar por nosotros y despedir la oración…». No obstante —comentó el Apóstol del Señor—, la bendición de Dios no viene a través de los actos superficiales, como son los cantos, el abrazo, la comida o los muchos o pocos que se reúnan en el templo, sino por la Autoridad del Enviado de Dios.

Así abundó: «Cuando el hermano quiere establecer una tradición en la Iglesia, tiene razón en decir: ‘Ahora continúa un abrazo, una palabra de perdón, el canto de un salmo… tendrá que hacer de esta manera, como acontece cada año… y así sucesivamente, queriendo encerrar en una tradición cada presentación del Hombre de Dios.

«Sin embargo, cuando el hermano conoce la autoridad de Dios, piensa y dice en su interior: ¡Tan sólo di la palabra…! (V. Lucas 7:7). El hermano entendido no espera un abrazo o un salmo… con una palabra, por más sencilla y simple que parezca, es más que suficiente: ‘Esperamos que salga el Hombre de Dios y que tan solo diga la Palabra. Nosotros sabemos lo que es la autoridad de Dios y que esa palabra delante de Él tiene cumplimiento’».

 

La Iglesia es bendecida continuamente por el Apóstol de Jesucristo

En el contexto anterior, el Siervo de Dios invitó a leer el siguiente texto: «Para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros» (Filipenses 1:26), y comentó: «La gloria que abundaba en la Iglesia era por la presencia del Apóstol de Jesucristo, a quien también los hermanos de Filipos habían recibido, los cuales eran su sello: la autenticidad de aquella hermosa Elección de parte de Dios.

«La Iglesia la Luz del Mundo no es una Iglesia de fórmulas, imposturas, tradiciones o protocolos. La Iglesia es de autoridad, es de Dios y es bendecida continuamente por un Siervo de Dios. Con esa autoridad, su Hermano Naasón Joaquín se ha levantado para bendecir a la Iglesia del Señor y no para ‘cumplir’ una rutina. ¡No! Me he levantado para obedecer una encomienda que Dios me ha dado, porque el lugar que ha puesto en mi ha sido para tu beneficio: ¡Ha sido para que yo te bendiga!

Más adelante refirió que hay quienes, al contemplar la expansión de la Iglesia del Señor alrededor del mundo, crujen los dientes y maldicen. Esto se explica porque, como refiere la Sagrada Escritura, «no es de todos la fe» (2a. Tesalonicenses 3:2). Sin embargo, mientras ellos maldicen, Dios sigue bendiciendo sobremanera a su Pueblo, ya que en cada lugar en donde la Iglesia de Jesucristo tiene presencia, la gracia de Dios se ha manifestado sobresalientemente para testimonio de la Obra perfecta.

El Apóstol del Señor invitó a la Iglesia a leer el siguiente pasaje bíblico: «Tú coronas el año con tus bienes y tus nubes destilan grosura» (Salmos 65:11), y comentó: «Llegamos al fin de un año, que para la Iglesia de Dios ha sido de grande prosperidad y crecimiento, tal como me lo dijo el Señor el 8 de diciembre de 2014: ‘Si hoy ves grande a este Pueblo, yo lo multiplicaré aún más’; una promesa de la cual hemos sido testigos de su cumplimiento, lo que nos incita a darle gracias a Dios por la vida y las bendiciones alcanzadas, pero también nos invita a reflexionar en el año 2017 que se aproxima.

«Reitero: no es mi presencia en este lugar para rogar el perdón para la Iglesia en este Año Nuevo; se cumple en vosotros la Palabra de Dios: ‘… tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos…’ (Daniel 4:27). La Iglesia ha trabajado y ha tratado de buscar la benevolencia del Señor. La Iglesia no ha sido ociosa ni se ha quedado sentada, sino que ha ido en pos de los perdidos y con su trabajo ‘ha cubierto multitud de pecados’» (v. Santiago 5:20).

 

Mensaje Apostólico de Año Nuevo a la Iglesia Universal

Antes de dirigir un mensaje particular a cada estrato de la Iglesia, el Apóstol Naasón Joaquín mencionó que a pesar de los pronósticos de los medios de comunicación, en relación con el panorama sombrío que se vislumbra para el año que inicia —a nivel mundial—, el Pueblo de Dios saldrá adelante de toda adversidad.

Y agregó: «La preocupación por todas las iglesias no deja de agolparme (v. 2a. Corintios 11:28). Veo el gemir y la necesidad de miles hermanos: los padres de familia, las amas de casa, los estudiantes, los empleados, los empresarios, los ancianos, los enfermos, los jóvenes y los niños que por todo el mundo están esperando la oración de su hermano Naasón, a fin de enfrentar fortalecidos el año que está por iniciar. Para ellos es mi consejo en este umbral del año 2017:

a) Hermanos padres de familia: ustedes son la base y sostén de los hogares cristianos. Aunque el 2017 se visualiza como un año difícil, no se desesperen: aprendan a confiar en Dios. Cuando otros maldigan y los inviten al desorden, eleven en su corazón el salmo 23 y expresen con grande satisfacción: ¡Jehová es mi pastor y nada me faltará!

b) Hermanos empresarios y emprendedores: deseo que seáis más prosperados, sin que su corazón se incline al amor al dinero (v. 1a. Timoteo 6:10). Nunca olvidéis que la riqueza viene también de parte de Dios, pero que no es bueno poner nuestra confianza en ella, sino que aprendáis a confiar siempre en Él y, siendo agradecidos, reconozcamos siempre que nos lo ha dado todo.

En la bendición que Dios les enviará, no olvidéis tampoco a sus hermanos, que verán en vosotros fuentes de empleo y de socorro. Reitero: ¡No te olvides de tus hermanos y de la Iglesia del Señor!, porque si Dios, por medio de la palabra e intervención de su hermano, te habrá de bendecir y prosperar aún más, que esto sea para el mismo engrandecimiento de la Iglesia, ya sea en sus cooperaciones o proveyendo para sus hermanos una fuente de empleo en el cual ellos también puedan salir adelante. Si así lo haces, que Dios te bendiga y te prospere.

c) Hermanos estudiantes: deseo que sean los mejores, llenos de sabiduría y capacidad, de manera que el mundo diga: ‘Pueblo sabio y entendido es este’ (v. Deuteronomio 4:6). Que el estudio no los llene de soberbia y los aleje de la Iglesia y sus principios. Que el conocimiento no los envanezca ni se avergüencen de su origen, sino que siempre seáis fieles en todo y leales a la Elección que Dios ha establecido. Si así lo hiciereis, que Dios os bendiga y os prospere.

d) Hermanos enfermos: deseo que este año 2017 sea de consuelo y fortaleza. Les digo que vuestra condición de dolor la siente también su hermano Naasón. De manera que deseo establecer, a partir de este día, que se organice en cada Iglesia un grupo especial encargado de visitar a los enfermos, conformado por cinco, seis, siete o diez hermanos, los cuales se dividirán en grupos de tres o cuatro personas y todos los días, a la hora de la oración, visitarán a los enfermos. Cuando lleguen a las casas dirán: ‘Nos envía el Apóstol de Jesucristo a traerles consuelo, aliento y ánimo, para que sigáis adelante en el camino del Señor’.

e) Hermanos empleados: quienes luchan cada día con los salarios que no alcanzan y con necesidades que se acrecientan, espero que Dios os prospere y que este año traiga bendición. Deseo que su corazón nunca se olvide del Señor; por el contrario, que esta oportunidad os sirva para dar testimonio de Dios y de su Ungido en vuestros centros de trabajo.

f) Hermanos niños: os exhorto a no dejarse engañar por las diversiones y tecnologías que existen. Nunca olviden que vuestras raíces —las de la fe— se encuentran en la Palabra de Dios. Os exhorto, entonces, a leer las Sagradas Escrituras continuamente y, como lo hacía Timoteo (2a. Timoteo 3:15), se preparen día a día para que cuando llegue su tiempo salgáis a los campos de la batalla espiritual.

g) Hermanos jóvenes y señoritas: deseo para vosotros mucha prosperidad. Ya me habéis demostrado el amor que hay en vosotros y la disposición de vuestros corazones. El Señor os bendiga y os haga prestos para obedecer los planes que Dios ha puesto en su Hermano Naasón. Deseo un año de triunfos para quien representa la fuerza juvenil de la Iglesia. Si así lo hacéis, que Dios los bendiga y los prospere.

h) Hermanas amas de casa: deseo que Dios os ayude en su desempeño diario, porque tienen un arduo trabajo en el cuidado y la formación de sus hijos. No desmayéis en el trabajo: que con ciencia y sabiduría sepáis construir vuestros hogares, llenándolos de amor, paz y comprensión. Si así lo hacéis, que Dios os bendiga y os prospere.

i) Hermanos ministros: me dirijo a vosotros, mis amigos del Cuerpo Ministerial, compañeros y compañeras de batalla. Deseo que Dios los bendiga y que su bendición sea haciéndoles sentir cada día, en cada uno de sus corazones, el amor y cuidado por las almas. Y le ruego a Dios que os dirija para que sepan ayudar a sus hermanos, a quienes he encomendado a vuestro cuidado. Que sepan cómo ministros que a esas almas que están en sus manos les ha ganado muchas veces su carnalidad… pero que son hijos de Dios y no son malos ni son sus enemigos. Ámenlos, aconséjenlos con amor, ciencia y empatía —nunca aparcerando—, pero siempre considerando que ‘con misericordia y verdad se corrige el pecado’ (Proverbios 16:6).

Nunca dejen que en su respuesta haya enojo o provocación; antes, que su respuesta sea en una forma de contristar el espíritu de ellos y conmoverlos para que se retiren del mal camino, le den la gloria a Dios y nunca renieguen de Él y de su Iglesia.

j) Hermano miembro de la Iglesia: no desprecies a los ministros a los cuales yo he enviado para cuidar de vuestras almas. Y aunque a veces pueda ser que alguno de ellos pudo obrar con poca justicia, sepáis que son hombres y también se equivocan… pero quiero que sepan que mi oración y la doctrina de Dios los irá perfeccionando, y tu ayuda, comprensión y ejemplo serán un recordatorio en su misión.

 

El Apóstol de Jesucristo hace suya la ofrenda espiritual de la Iglesia y la ofrece a Dios en una plegaria

Antes de concluir la velada de Año Nuevo, el Apóstol Naasón Joaquín reiteró su grande satisfacción al contemplar cada día el trabajo de la Iglesia Universal en pos de la evangelización. «La mayoría de ustedes —afirmó— traen esta noche su presente, su trabajo, su esfuerzo, su apartamiento del pecado, su constancia… Durante el año que concluye ofrendaron, hicieron obras de justicia, se consagraron… y ahora están esperando que esas obras sean gratas delante de Dios para que Él las reciba y se agrade de ellas.

«Hoy les digo que esas obras serán hoy mi presente para Dios. Me acercaré a Él y tomaré cada una de ellas, las santificaré y las presentaré como mías, porque hoy lo son. Tú eres mi presente a Dios, porque no somos dos, somos uno en Él. Así como el Sumo Sacerdote recibía los presentes del Pueblo para que fueran santificados —según la capacidad de ellos— y esas ofrendas eran agradables a Jehová y eran recibidas, así yo pongo sus obras, su presente y su ofrenda para que Dios las tome en cuenta en aquellos que se han esforzado y hallen gracia delante de Él y sean santificados».

En contraste, exhortó: «Pero si hay alguno que no tiene nada que traer para yo tomarlo en mis manos y ofrecerlo a Dios, es tiempo que medites, porque la bondad de Dios no es para aquellos que se acercan sin hacer nada y esperan la bendición de Dios. ¡No! Las bendiciones de Dios son para los que creen; y creyendo, cumplen, trabajan, obedecen, se sujetan… pero sobre todo aman a su prójimo». Enseguida, preguntó a la Iglesia: ¿Me permites tomar tus presentes y hacerlos míos para ofrecérselos a mi Amigo y hallar gracia delante de Él?», con gozo y gratitud, la Iglesia asintió a la invitación apostólica.

 

Fidelidad al Señor: requisito para que la promesa de prosperidad sea cumplida en la Iglesia

El reloj marcaba las 12.00 de la mañana del primero de enero de 2017, cuando el Apóstol de Jesucristo elevó su plegaria al Creador: «He visto a los coros que han salido a las plazas, a los malecones, a los pueblos y a las calles. He visto a los niños dar testimonio en las escuelas y a los jóvenes salir a predicar. He estado en contacto con vosotros y continuamente veo esas hermosas obras, las cuales te han de redimir y justificar.

«Hoy, esas obras las he juntado en mis manos y volteo a mi Amigo y le digo: ‘A ti mi Señor, que me pusiste en este Pueblo; a ti, Padre celestial, que me tomaste para que te representara ante esta Iglesia… No vengo ante un Pueblo lleno de pecado o de maldad. ¡No! Es un Pueblo limpio, santo, hermoso, que ha trabajado… por sus hechos han demostrado ser dignos hijos tuyos.

«Por eso hoy te ruego, oh Padre: ‘Recibe su trabajo, su asistencia, su sacrificio, su lucha… ¡Santifica este presente! ¡Por medio de este trabajo santifica a tu Pueblo! ¡Que el mundo siga viendo que son tus hijos! ¡Que tú los has rescatado y que hoy, santificándolos una vez más, demuestras al mundo que tú sigues con ellos hasta tu venida!».

Al término de la piadosa plegaria, el Siervo de Dios reanudó su mensaje a la Iglesia Universal: «Desde hace dos años he escuchado de ti: ¡Creemos en Naasón Joaquín! Y hoy yo te digo con todo mi amor, mis fuerzas y todo el orgullo que pueda haber en un hombre: ¡Yo soy el que creo en ti! ¡Yo creo que tú eres hijo de Dios! ¡Yo creo que eres santo! ¡Yo creo que eres limpio!, porque Dios te ha amado y te ha llevado de triunfo en triunfo.

«Todos los días veo en ti las promesas de Dios cumplidas; todos los días, desde aquel 14 de diciembre —fecha en que Él me puso al frente de la Iglesia— en ti me demostró que Él está en medio de la Iglesia del Señor.

 

Rugirán tempestades y tormentas, pero en el Pueblo de Dios no habrá crisis

«Por eso, hoy quiero decirte: ‘No tengas temor por este año que viene’. Será un año difícil, lleno de problemáticas en las naciones, por las políticas de los gobernantes; pero yo te digo: ‘Tened confianza. Jehová es nuestro pastor y nada nos faltará. En lugares de delicados pastos Él nos hará caminar. Abrirá las aguas y caminaremos en seco’. La gente volteará y nos dirá: ‘¿Y porqué este Pueblo camina en seco?’, y les diremos: ‘Porque Jehová de los ejércitos va con nosotros’.

«Entre todos los Pueblos, hay uno elegido por Dios que cuenta con su protección. Tened confianza. Solamente hay una requisito para que Dios te bendiga, te prospere, te cuide y te haga caminar en seco en medio de este mar de incertidumbres: ¡Que seas fiel al señor! Si tú eres fiel al Señor, entonces, cuando el agua de este mar de incertidumbre llegue a ti, levantarás tu vista y dirás: ‘Jehová es mi pastor’.

«En ese momento, con la autorización apostólica, se dio el abrazo la Iglesia. Más que decir feliz año 2017, digamos: hermanos, adelante. Tenemos una palabra de garantía: la palabra de un hombre de Dios. Para muchos, una palabra más, pero para Dios tiene grande valor porque Él me ha puesto. Así es que, mientras oyes esta alabanza, tu abrazarás a tu hermano y le dirás: ¡Adelante, en este año! Mientras veamos los pueblos caer, esta Iglesia seguirá como ejércitos en orden.

Al término del saludo, el Siervo de Dios reanudó su mensaje y concluyó: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16: 33). ¡Soy pobre!, dirás; pero creé: ‘Sé fiel al Señor y mi Palabra Dios la escuchará y serás bendecido este nuevo año 2017’. Este será nuestro lema: ¡Adelante, Iglesia del Señor!

«Sé testigo de estas aguas que se han de abrir, porque para el Pueblo de Dios no habrá crisis ni barreras; al contrario, seguirá caminando de triunfo en triunfo. No hay que temer porque el Señor es nuestra confianza y fortaleza, y con Él juntos habremos de vencer.

 

¡Adelante, hermano!: el lema de la Iglesia para el año 2017

«Seámosle fiel a Dios y a su hijo Jesucristo. Es lo único que tendremos que hacer y Dios nos dará las victorias. Le dirás a tu hermano abatido, enfermo, derrotado… le extenderás tu mano, porque tu mano será la mía y le dirás: ¡Adelante! ¿Confías en Jesucristo? Pues en mis labios Él te dice: ‘Confiad en mi, yo vencí al mundo…’. La Iglesia no conoce la derrota, ni el fracaso, ni el dolor, solamente el triunfo porque así nos lleva el Señor: ¡De triunfo en triunfo! ¡Levántate y camina porque serás prosperada por Dios!»

A las 12: 16 de la mañana, leyó el salmo 136, que invita a la gratitud y a reconocer las bendiciones de Dios, mientras la Iglesia, al unísono, respondía: «Porque para siempre es tu misericordia; tu misericordia es para siempre». Después de esta lectura, invitó a los presentes —y a los fisicamente ausentes, pero unidos en espíritu a través de la transmisión en vivo—, a elevar la oración de despedida y agradecer al Creador su benevolencia y misericordia sin par.

Cuando las manecillas del reloj marcaban las 12: 27 de la mañana, el Enviado de Dios se despidió de su amada Iglesia, dejando su bendición apostólica. «La paz de Dios quedé con vosotros», fueron sus palabras finales. Los coros, entre tanto, cantaban el himno: «La Iglesia del Dios Vivo marcha…».

 

Despedida

Al bajar del área ministerial, se detuvo por unos instantes en el descanso previo a la escalinata: volteó hacia atrás, en dirección al área coral, y simbólicamente saludó a los integrantes de los orfeones, quienes recibieron con grande alegría la bendición apostólica.

Enseguida, dirigió su vista a la Iglesia, extendió sus brazos y, en un abrazo amoroso —simbólico—, estrechó a sus hijos en la fe, en el entrañable amor de Jesucristo. Con lágrimas de gozo, gratitud, reconocimiento y amor filial, los hermanos se despidieron del Enviado de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.