«No se separen de la Elección»: consejo apostólico a los ministros y a la Iglesia Universal

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El 19 de abril, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió a elevar su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:27 de la mañana cuando salió de su casa con dirección al recinto sagrado. Acompañado de algunos de sus colaboradores —pastores, diáconos y encargados—, en su camino al templo saludó a un grupo de hermanos que esta mañana se dieron cita para acompañarlo en su oración, que es en favor del Pueblo de Dios esparcido alrededor del mundo.

El Coro de Hermosa Provincia, que esperaba al Apóstol en el interior del templo, entonó las alabanzas «Hay una oración» y «A solas al huerto yo voy». Mientras el Orfeón entonaba los himnos, los ministros y la iglesia, en perfecta comunión, acompañaron al justo en su oración.

Al término de su plegaria, el Embajador de Cristo se detuvo por unos instantes y saludó a los integrantes del Orfeón local: «Dios les bendiga».

 

Aceptar la voluntad de Dios: uno de los requisitos para ser felices

Posteriormente, en la puerta de su casa el Siervo de Dios platicó con los ministros —entre ellos, los hermanos P.D. Ramiro Hernández, P.E, Benjamín Chávez y P.E. Roberto Montiel—. En primer lugar, se dirigió al hermano P.E. Octavio Herrera, pastor en turno en Hermosa Provincia, y le preguntó por la iglesia. «Esta semana se llevan a cabo los avivamientos. La bendición de Dios se ha manifestado sobremanera», respondió con satisfacción el ministro.

En este tenor, el Apóstol de Jesucristo trajo a la memoria lo que expresó hace un par de días en la colonia Bethel: «¡Somos un pueblo feliz! ¡Somos un Pueblo inmensamente feliz!». Y agregó: «Todo aquel hermano en el que Dios hizo su obra, vive feliz. Es cierto, no nos olvidamos del pasado, pero vivimos felices y estamos contentos con la voluntad de Dios. Su voluntad nos lleva de triunfo en triunfo y eso nos conduce a más felicidad y alegría, sin olvidar nuestras raíces e inicios. Sin despreciar las administraciones pasadas, estamos contentos con lo que Dios va haciendo. La única forma de estar bien con Dios, de poder ser felices, es estar de acuerdo con su voluntad y ponerla por obra. Demostrarle a Dios en todo tiempo y momento que toda decisión que Él tome, estamos de acuerdo con Él».

Y agregó: «Es cierto, nos duelen algunas decisiones que Él toma —humanamente hablando— entre ellas, por ejemplo, la muerte —la separación física de los cuerpos—; sin embargo, nuestra vida es eterna». Enseguida, recordó el siguiente testimonio: una de sus pequeñas sobrinas se acercó a él, y se quejó de un comentario que le hizo su prima, mayor que ella.
— Ella me está diciendo que me voy a morir, ¿verdad que no me voy a morir?, inquirió la niña.
—Si, todos nos vamos a morir algún día, le reiteró su familiar.
Al escuchar a la niña, el Apóstol del Señor le dijo: «No es así. Dile a ella que los hijos de Dios vivimos eternamente. Dile que tú nunca vas a morir».

 

Los hijos de Dios somos eternos

abundó sobre esta enseñanza doctrinal: «Los hijos de Dios somos eternos: Dios nos ha compartido esta hermosa bendición: ¡Vivimos felices! ¡Eternamente felices!Y aunque la carne se duele en la separación humana, viene la confianza conforme a la fe y a la esperanza que habitan en nosotros. En ocasiones nos preguntan: ¿No le dolió la muerte de su padre, madre, hijo, esposa, hermano? Desde luego que a la carne le duele. Pareciera como si no pasara nada, pero en esos momentos nuestro compromiso es buscar más al Señor, sabiendo que lo que el hermano haga en la vida terrenal le va permitir obtener la corona que Dios le tiene prometida. ¿Así es que somos eternos? Si, los hijos de Dios somos eternos».

Recordó que cuando una persona no alberga en su corazón la fe de Dios, y pregunta sobre la muerte y el destino de algún ser querido, le resulta imposible creer que para los hijos de Dios, por la promesa de vida eterna (v. 1 Pedro 1: 3-4), algún día nos volveremos a ver. «¡Claro que nos volveremos a encontrar! ¡Claro que vamos a estar de nuevo unidos! Tienen razón en llorar aquellos que no tienen o abandonaron la fe, quienes no creen en la Elección ni conservan la esperanza… ellos lloran, viven enojados, amargados y tristes… pero los que hemos aceptado la voluntad de Dios, y su voluntad abarca todo —en principio, la Elección—, vivimos felices, estamos felices viendo cada día sus maravillas y manifestaciones, que son nuevas cada mañana y cada vez más grandiosa», asentó categórico.

 

«!Yo estoy contigo! Esfuérzate y sé valiente»

Enseguida, así recapituló lo anterior: «Esta es la forma en que Dios me va diciendo: ‘¡Esta es la prueba de que yo estoy contigo! ¡Esfuérzate y sé valiente! Muchos estarán en contra de ti, pero no te preocupes; la prueba será esta: ¡Yo estaré contigo, voy a estar contigo y te voy a llevar de triunfo en triunfo!’. Mientras algunos dicen: ‘Espérense, Dios va a dar testimonio de él, van a ver’, viven en su amargura, dolor, tristeza,…esperando que el ‘testimonio’ sea conforme a su voluntad; pero los que hemos amado a Dios, disfrutamos cada día lo que Él nos prometió: ‘Él está con nosotros y sigue con nosotros’. El testimonio, todos los días lo sigue dando. No como nosotros queremos, sino de acuerdo a su voluntad. El vivir de acuerdo con la voluntad de Dios rebasa nuestros pensamientos y deseos, y cada día vamos viviendo maravillas nuevas en Él. Cada día quedamos sorprendidos de sus manifestaciones, obras, milagros y maravillas, que a diario son nuevas y más grandiosas».

En otro momento, mencionó que ante la separación física de un ser querido, es comprensible el hermano llore, por su naturaleza humana. Sin embargo, por la fe y la esperanza que habitan en su corazón, su llanto no es de desesperación o amargura, porque sabe que la vida terrenal es temporal y transitoria —somos peregrinos en la tierra y nuestra ciudadania está en los cielos (v. Filipenses 3:20)—. Nuestro cuerpo, al ser tomado del polvo de la tierra tiene las aflicciones y debilidades de todo ser humano: siente el hambre, el frío, las aflicciones, la enfermedad… Por tanto, el lloro ante una pérdida es natural. Sin embargo, la comprensión espiritual se sobrepone en el hermano, por que tiene confianza en Dios y espera en Él, conforme sus promesas.

En relación con la sujeción del verdadero creyente a la voluntad de Dios, el Embajador del reino de los cielos fue categórico: «Somos barro en sus manos, porque para eso Él nos trajo… no para imponer nuestra voluntad y hacer lo que queramos, sino como Él determine. Qué barro le dice al alfarero, ¿por qué me hiciste de esta forma y no de otra? No tenemos derecho a decirle a Dios el por qué de sus decisiones, pero a cambio tenemos algo más hermoso: ¡Tenemos la felicidad de aceptar con alegría su voluntad! Y si por el momento, ante su voluntad, nuestra mente no entienda sus designios ni halle pronta explicación, le decimos: ’Lo que tú haces por nosotros es lo mejor. En su momento lo comprenderé’… El Señor nos provee de todo cuando somos obedientes, cuando queremos vivir conforme a su voluntad. Se presenta alguna necesidad o enfermedad, y aun en esa circunstancia reconocemos que Él hace lo quiere».

 

«No se separen de la Elección»

Antes de despedirse, expresó: «Los miembros de la Iglesia del Señor, en su totalidad, somos felices. Desde luego, me refiero al 99.9 por ciento de la membresía. No desconocemos que satanás ha logrado introducir su cizaña en algunos hermanos desapercibidos. Tenía que hacerlo, de lo contrario no seriamos la Iglesia de Dios (v. Mateo 13: 24-30). Porque tiene que venir el enemigo a sembrar su cizaña, pero creo ha prevalecido la fe, la esperanza, el amor y la Elección en el corazón de toda la iglesia.

«Por eso, siempre les he dicho: ¡No se separen de la Elección! Es un consejo, no que me beneficia mí, porque aunque no hubiera iglesia y yo anduviera predicando solo en las calles, como algunos profetas anunciaron a Dios, sin tener respuesta del Pueblo; otros, encerrados en cisternas por haber reprendido a personajes importantes… ¿Pobres hombres?, no. ¡Cumplieron la voluntad de Dios!… y su pago fue grandioso, porque ellos no veían una corona o una recompensa en el momento. Con dolor sufrieron la situación, pero cumpliendo la voluntad de Dios podemos decir: ‘No hay obra más noble ni paga mejor’». A pocos metros de distancia, se escucha el himno «Somos un Pueblo feliz», que entona el Orfeón de Hermosa Provincia desde las gradas del templo.

 

Nunca olvidemos nuestras raíces

En otro momento, el Siervo de Dios expresó: «Estoy viendo los avivamientos, pero también he visto, por todos los rincones del mundo, a una Iglesia imparable… La sociedad cada día contempla que la fuerza que representa la Iglesia. Por ello, satanás emplea las artimañas más sucias, viles, bajas y crueles para detener el crecimiento de la iglesia—sin éxito—. Sin embargo, aún la sociedad reconoce que Dios está con su Pueblo». Enseguida, citó el siguiente pasaje bíblico: «Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios» (Hechos 5: 38-39).

En este tenor, recordó la campaña mediática del año 1997, orquestada por la jerarquía católica, quien se apoyó en medios de comunicación afines a ella, que tendió a denostar —sin éxito— al Apóstol Samuel Joaquín y a la Iglesia del Señor, con base en calumnias y bajezas. «Quisieron acabar con la Iglesia, y qué sorpresa se llevaron. La Iglesia se fortaleció más y se unió a la Elección. Se demostró que esta Iglesia no es de hombres: esta es la única Iglesia de Jesucristo, levantada, sostenida y prosperada por Dios».

«Es bonito alegrarnos, pero sin olvidarnos de nuestras raíces. ¿Cuánto le costó al Apóstol Aarón levantar esta iglesia?, porque todavía en su tiempo la sociedad despreciaba a la iglesia, no la quería. Por su parte, el Apóstol Samuel luchó por las libertades de la Iglesia. Él consiguió posicionarla en un lugar destacado ante la sociedad, no como quisiéramos, pero la iglesia se posicionó. En esta nueva era, la prosperidad y crecimiento son parte de la manifestación: ¡Yo voy a estar contigo! ¿Y Dios me lo ha manifestado?, si. Y qué orgullo siento de la iglesia… Y apenas vamos iniciando.

«Las promesas de Dios no solamente serán solamente en la multiplicación y grandeza de la Iglesia, sino en su poderío. Esto no quiere decir que, como institución, buscamos el poder del mundo: es Dios quien nos lo quiere dar para seguir garantizando nuestras libertades… Dios nos va ayudar y nos seguirá ayudando, como muestra de que Él es y está con nosotros. Así es que, ¡adelante! Dios los guarde y Dios los bendiga. Den siempre testimonio de la Iglesia». Así, el Embajador del reino de los cielos se despidió de sus colaboradores dejando su bendición apostólica.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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