El Apóstol de Jesucristo se despide de Tlaxcala: visita a la Iglesia de San Pablo del Monte

(Coordinación de Crónica Apostólica).– La mañana del 5 de junio, la bendición llegó a San Pablo del Monte, en San Buenaventura, última Iglesia que el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín, visitó en el estado de Tlaxcala, pequeña Casa de Oración recién construida, cuya obra inició en la 21 Oriente de Puebla y para 1987 se estableció en Tlaxcala, con la conversión de los hermanos Modesto Méndez Tepaal, Susana Tepaal y Marcela Xolatenco, primeras almas que hicieron germinar la Obra en este lugar atendido por obreros misioneros, hasta agosto de 2016, en que el Apóstol les envió por Encargado, al hermano Abel Mizrraín González, bajo la supervisión de los pastores distritales Adán Armenta Benitez y Juan Chávez, así como los Jurisdicionales Jesús Camilo Sains y Gilberto García Granados.

Desde temprana hora, los casi 50 hermanos que se congregan en esta pequeña casa de oración esperaban con alegría al Apóstol de Jesucristo, se habían apresurado a adornar el ministerio y embellecer el santuario, en las puertas laterales se leía “Casa de Dios y puerta del cielo”, invitando a guardar el sumo respeto al recinto que construyeron en menos de un año y la respuesta de Dios a su esfuerzo es la visita del padre en la fe, cuya presencia, dijeron los entrevistados, “trajo prosperidad, bendición y alegría, porque la nueva era de su ministerio apostólico vino a dar a la Iglesia una gran espitualidad, para que crezca cada lugar en donde se bendice a Dios en Tlaxcala”.

Esta Iglesia, conformada por hermanos nobles y sencillos se regocijó con la grata presencia del Apóstol, a quien recibieron con genuinas muestras de amor y reconocimiento. A su vez, el Ungido del Señor los bendijo y les dejó palabras de aliento invitándolos a dar testimonio de la Obrade Dios en su corazón, les dejó la promesa de prosperidad y la garantía de que serán muy bendecidos.

Los hermanos y hasta los niños glorificaban al paso del Apóstol, mientras el insigne visitante bajaba al comedor, donde le prepararon un desayuno que compartió con su familia y algunos pastores les dio instrucciones de cómo cuidar a la Iglesia que se quedaba muy animada para seguir trabajando en la viña del Señor y por el engrandecimiento de la Iglesia.

Como cierre de su visita por el estado de Tlaxcala, el Apóstol de Dios recapituló los acontecimientos que vivió en esta entidad, sobre todo en el evento de su presentación del domingo y concluyó diciéndoles a los pastores que le acompañaron, que se sentía satisfecho por lo que se había logrado

“Qué bonita respuesta de la Iglesia y qué bueno que están nueve batallones trabajando porque ya son 15 lugares; tiene que crecer Tlaxcala, ningún estado debe estar olvidado y mi petición a Dios es que ustedes los pastores, los que ya estaban aquí, y en los que yo he confiado la misión espiritual, de no descansar, de ser ambiciosos, de decir: tenemos una iglesia ¿y por qué no dos? Tenemos dos, ¿por qué no cuatro? Tenemos cuatro, ¿por qué no seis? Tenemos un templecito, hay que hacer uno más grande, estamos encerrados, encajonaditos, hay que comprar a los lados. Tenemos que ser ambiciosos en beneficio de la Iglesia del Señor… allí vendrá la recompensa. Así es que hay que seguir trabajando. Hay que aprovechar el reto que nos está haciendo nuestro Dios: probadme en esto y aún cuando la iglesia sea pobre, probar a Dios que ha prometido prosperidad y los va a multiplicar. Aquí hablo de las promesas de Dios”.

Como ejemplo mencionó a Abraham que no vio cumplidas las promesas, que sólo las vio en su fe, en el nacimiento de su hijo vio cumplida la primera y con ello creyó en las demás; “pero nosotros sí la estamos viendo desde el 8 de diciembre y en en esa confianza, ya en Chile estaba saliendo la Iglesia a las calles a dar testimonio”.

Al respecto el Varón de Dios dijo: “Solo hay un obstáculo, convertirlo en el principal apoyo o ayuda para seguir adelante y somos nosotros mismos. Agregó que en la medida que sigan animando a la Iglesia, ella responderá, “véanla, la Iglesia está ferviente, no hay quien la pare, incluso es la Iglesia que a veces presiona al ministro para salir a predicar, cantar y hacer, hoy está desbocada en amor, en trabajo”, por lo que exhortó a no detener ese impulso de los hermanos, y ya para despedirse los bendijo diciendo:

“¡Dios los ayude hermanos ministros!, me voy contento de Tlaxcala, Morelos y Guerrero, creo que Dios me dio otra victoria aquí muy hermosa por la fe y la respuesta de la iglesia”.

Específicamente se despidió de cada uno de los pastores presentes, a quienes reiteró su confianza, enfatizó que les dio una bendición en el pastorado, porque cree que su tiempo, su experiencia, su trabajo van a ser de grande ayuda para el Apóstol. “Sé que están grandes, no ancianos, todavía tienen la fuerza de seguir motivando a la iglesia del Señor”.
Reiteró que los ancianos que también invitó son hermanos dignos que han trabajado, “algunos desde el tiempo del hermano Aarón, otros en el tiempo de mi padre, hoy nos toca a los que un poquito más jóvenes tomar nuestro lugar y decir: seguiremos trabajando conforme el Espíritu de Dios lo vaya permitiendo. En esa confianza que yo les doy, espero también su respuesta y como he dicho muchas veces, ya no confió en ustedes como ministros, ahora son mis amigos, el amigo respalda, el amigo cumple, el amigo apoya. El Señor los siga bendiciendo, Dios los bendiga. Qué nombre tan profundo, qué unidad tan grande y fuerte es poder ser amigo del que Dios ha enviado, pues yo también quiero confiar en mis amigos y quiero también en ustedes tener esa respuesta como el Señor la vio en sus apóstoles”.

En cuanto a los batallones que ha mandado a esta entidad, ofreció venir continuamente a ver su crecimiento, “porque no hay mejor satisfacción para un padre que ver que sus hijos están teniendo crecimiento y venir a ver esos huertos espirituales que están en crecimiento va a ser muy hermoso, así que trabajen, ayuden, apoyen y el Dios que me puso sea el mismo que los dirija, que los ayude… cumplan el mismo propósito que Dios nos ha puesto”.

Con estas palabras de confianza, misericordia y amor agradeció las atenciones de la Iglesia de San Pablo del Monte y se retiró en medio de voces de júbilo y glorias a Dios de la grey, que quedó con la certeza que tras esta enorme bendición vendrá la prosperidad.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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