El Apostolado: sello de autenticidad de la Iglesia de Cristo — Berea Internacional

diciembre 6, 2016

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El martes 6 de diciembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador en la Iglesia de la colonia Bethel, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:26 de la mañana cuando salió de su casa —en dicha colonia— y encaminó sus pasos al templo. Las calles Betsayda y Hebrón, que convergen en la entrada principal de la Casa de Oración, se encontraban pletóricas de hermanos, quienes desde temprana hora se habían dado cita para acompañar al Apóstol del Señor en su plegaria.

En el recorrido de su casa a la puerta del templo —que los separan 35 metros de distancia—, el Apóstol Naasón Joaquín saludó a su paso a los hermanos que lo esperaban en las calles y en los espaciosos atrios. En correspondencia, diversas expresiones filiales se escucharon: «Bienvenido a su casa», «le amamos, Apóstol de Jesucristo», «Dios lo bendiga»…

En el interior del templo, a pocos metros del ingreso principal y del oratorio, los integrantes del Orfeón local, quienes portaban un impecable uniforme gris combinado con rosa mexicano, elevaban sus cánticos espirituales a Dios y a su hijo Jesucristo. Las notas de los himnos «A solas al huerto yo voy» y «Qué dulce es el amor de mi Jesús», se escucharon en el transcurso de la plegaria apostólica. Los hermanos P.E. Felipe Medina y P.E. Roberto Montiel, dos diáconos, dos encargados y la Iglesia congregada en el interior y el exterior del recinto sagrado, se unieron, como un solo hombre, a la sublime oración.

Al término de su plegaria, el Siervo de Dios se dirigió a los integrantes de los dos coros de la Iglesia de la colonia Bethel. A casi dos años de su Llamamiento Apostólico y luego de contemplar —junto con la Iglesia y el mundo— el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo el 8 de diciembre de 2014, en su rostro se esbozaba una sonrisa. Esta mañana se encontraba entre los suyos: su Pueblo, sus hijos espirituales, sus hermanos en Cristo… Y es que, cabe recordar, el pasado 8 de noviembre, de la colonia Bethel, partió para acompañar a los ministros y batallones espirituales en sus cursos de capacitación que tuvieron lugar, respectivamente, en Silao, Guanajuato; Amozoc, Puebla; y Houston, Texas, donde habló con ellos y ordenó a más de dos mil misioneros designándolos a cuatro destinos: Belice, Canadá, Estados Unidos y México.

«Este hermoso recibimiento que la Iglesia en general me hace lo recibo con alegría. De aquí me fui y aquí regresé… En las alabanzas que ustedes entonan me siento cobijado. Mi oración es por mi familia, por el Cuerpo Ministerial… pero también por todo el Pueblo del Señor», expresó con amor paternal a los integrantes del Orfeón local.

Y agregó: «Para mí, ustedes no son mis siervos: son mis amigos. Un amigo es más unido, cercano e íntimo. Por eso les digo: ‘Amigos míos, Dios les pague por estar conmigo y sentir su cobijo’. Veo que mi oración Dios la ha mostrado cada día en favor de su Pueblo… Esto tiene que ver mucho con sus alabanzas, que vienen a conmover y a constreñir mi alma. Me conmueven y me mueven siempre a buscar las palabras más hermosas para orarle a mi Dios en favor de ustedes y de todo el Pueblo del Señor. Amigos: ¡Dios les pague! He regresado con bien a mi hogar. Dios los bendiga».

 

La Iglesia La Luz del Mundo y el catolicismo romano: sus diferencias

A su regreso, en la puerta de su casa platicó de diferentes temas con sus colaboradores. En primer lugar, recordó una anécdota que vivió cuando era adolescente: «Regresaba de acompañar a los hermanos de España y en el vuelo a México un me tocó sentarme junto con un sacerdote católico. Él me preguntó que de dónde venía y le dije que era miembro de la Iglesia La Luz del Mundo».

Recordó que el clérigo le preguntó si la Luz del Mundo era otra Iglesia evangélica más, y el Apóstol Naasón Joaquín le respondió categórico: «No, no todos somos lo mismo». En ese momento inició un diálogo:

—Yo he platicado con muchos evangélicos y no me han podido contestar cuál es la diferencia entre la Iglesia católica y los ‘hermanos separados’ —como el clero les llama a las denominaciones no católicas—. Realmente ‘todos’ profesan lo mismo que nosotros creemos. No sé porqué se separan si en el catolicismo estuvieron sus principios. De aquí salieron y se llevaron nuestra ‘doctrina’ —replicó el sacerdote.

—Tiene razón: las denominaciones protestantes o evangélicas retomaron del catolicismo romano sus enseñanzas. Muchas de sus doctrinas tienen su origen en los dogmas católicos —la trinidad, la fórmula del bautismo, el uso de la cruz en los cultos, el credo niceno, etcétera—. En eso tiene usted toda la razón. Pero la Iglesia Iglesia la Luz del Mundo es diferente. ¿Cuál es la diferencia? Tanto la Iglesia católica como los evangélicos han creído y aceptado que los dogmas son parte de la doctrina que enseñó el Señor Jesucristo, cuando es todo lo contrario: es un conjunto de doctrinas que impuso el catolicismo romano —a través de los concilios y los papas— y que es contraria a la enseñanza que Jesucristo dejó —atajó el Apóstol.

—¿Cómo está eso?

—Dígame cualquier dogma, el que usted quiera, y compruébeme si tiene base en la Biblia —el culto a María, a las imágenes, a las reliquias, a los ángeles, la adoración a la cruz, la canonización de los santos, la confesión auricular, el bautismo de los niños, el papado, la infalibilidad papal, la sucesión apostólica, la eucaristía, la transubstanciación, la misa, el purgatorio, las indulgencias, el sufragio por los muertos, la virginidad perpetua de María, la inmaculada concepción de María, la maternidad divina de María, la asunción corporal de María al cielo…—. ¡Quiero que me lo compruebe con la Palabra de Dios!

—Tienes que entender que los tiempos van cambiando y la doctrina, en consecuencia, también cambia conforme las épocas —arguyó el presbítero.

—En eso estoy de acuerdo con usted. La Iglesia católica, conforme el mundo va cambiando, adecua su doctrina a los tiempos, a las nuevas generaciones; pero recuerde que el Señor Jesucristo dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35). Es decir, que aunque el cielo y la tierra pasarán, la palabra de Dios es eterna: permanece para siempre (v. Salmos 119:89). Esta es, entre otras, una de las diferencias de la Iglesia la Luz del Mundo respecto de la Iglesia católica romana y las denominaciones protestantes. Y es que nosotros no somos una Iglesia cristiana más: ¡Somos la Iglesia de Cristo! ¡La doctrina que predicamos es auténtica! —afirmó enfático el Apóstol.

 

La Revelación de Dios: sabiduría que no es de este siglo

En otro momento, el insigne maestro señaló que los dogmas —sin excepción— se impusieron en los concilios siglos después de la época del Señor Jesucristo, desplazando con ello la enseñanza perfecta que Él había estableció. Citó el ejemplo del purgatorio y la venta de indulgencias durante la Edad Media: «Durante siglos, la Iglesia católica ejerció una presión psicológica fuerte para que los católicos de la época creyeran que con la compra de las indulgencias se podía rescatar a las almas que estaba en la ‘antesala’ al infierno. Durante siglos se engañó a los feligreses con estas doctrinas de hombres y ahora —como el caso del ‘Limbo’— la jerarquía católica niega su existencia».

En contraste, el Apóstol del Señor hizo referencia acerca de la Revelación de Dios que, en su plan bendito, Él da quienes elige: «Entendemos que el Señor sigue dando Revelación, pero esta no viene a contradecir su Palabra; Él no vino a establecer su doctrina con el propósito de cambiarla dentro de cien años. La Revelación viene a completar lo que Él ya instruyó».

En la actualidad, millones de personas desconocen la esencia del cristianismo original al suponer que la enseñanza de la Iglesia católica romana es la misma doctrina de la Iglesia de Cristo, cuando esto no es así. Catolicismo romano no es sinónimo de cristianismo: el primero ha engañado al mundo, a través de los siglos, y se ha apoderado de un título que no le corresponde, que no es real. «El Apóstol Pablo dejó una regla para conocer la verdadera Iglesia de Jesucristo: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema’» (Gálatas 1:8).

En este contexto, agregó: «Entonces, ¿ya no hay Revelación? Si, pero esta Revelación no viene a destruir la enseñanza que ya está establecida; al contrario, la viene a reforzar. Si hablamos del tiempo del Apóstol Ararón Joaquín a la fecha, la Revelación que Dios ha dado acerca de la Elección es amplia: ¡Cuántas formas de comprender la Elección! Puntos que aún el Apóstol Pablo mencionó en su tiempo: ‘…esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros’ (2 Corintios 10:15). La Iglesia primitiva no alcanzó a comprender la Elección Apostólica con la intensidad y magnitud de nuestra época. Hoy somos testigos de cómo Dios ha manifestado esta Revelación a la Iglesia del Señor de una forma más abierta.

«El Hijo de Dios vino al mundo a establecer su Iglesia (Mateo 16:18), y dijo: ‘Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar’ (Juan 9:4). El Maestro sabía que su tiempo era corto —muy corto— porque la noche llegaría [los siglos de oscuridad], por lo cual dejó establecidas las bases de su Iglesia. ¿Cuánta Iglesia realmente dejó el Señor Jesucristo en su tiempo? Ciento veinte hermanos (v. Hechos 1:15). En tres años de trabajo ese fue el resultado de su trabajo. ¿Solamente ese número de hermanos? Si, suficiente para que pudiera decir: ¡Esta es mi Iglesia! ¡Así es mi Iglesia!

«El Señor Jesucristo lo profetizó: ‘La noche viene’… y en ella nadie podría trabajar. En ese lapso de oscuridad se iba a manifestar ‘aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida’ (2 Tesalonicenses 2:8), y entonces, se predicaría el Evangelio de Cristo —el auténtico— en todo el mundo. Cuando la Iglesia católica dice tener una ‘sucesión ininterrumpida’ de papas, con ello se exhibe como una iglesia de engaño, porque el Señor habló de ‘un tiempo de oscuridad’ donde nadie —absolutamente— iba a poder trabajar.

«Hoy resurge la Iglesia con la verdadera y auténtica doctrina que Jesucristo dejó a su Pueblo —que corrompió la Iglesia romana—; enseñanza que no pudo exponer Martín Lutero, quien, aunque combatió los abusos y la corrupción del papado, no pudo explicar la doctrina apostólica porque ésta no se puede entender únicamente con el razonamiento humano: se necesita el Espíritu de la Revelación para poder comprender esos misterios (v. Gálatas 1:12; Efesios 3:3), porque la sola letra, mata (v. 2 Corintios 3:6).

«Aconteció lo mismo que en el tiempo antiguo. ¡Cuántos profetas no indagaron! ¡Cuántos quisieron conocer en qué tiempo y en qué persona habrían de cumplirse las profecías que ellos mismos anunciaron! Aunque eran profetas de Dios, todas esas maravillas no eran para que ellos las entendieran: eran para esta época y para otras personas. Ellos sabían que era algo grandioso, pero no lo podían comprender en su totalidad porque estaba reservado. Fueron la voz de Dios para anunciarlas pero no para entenderlas, porque eso únicamente lo da Dios. Ese es el Espíritu de la Revelación».

 

La doctrina apostólica y el dogma católico

«¿Cuál es la diferencia entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica? Que en la primera se sigue predicando el mismo Evangelio que Cristo y sus apóstoles anunciaron en el tiempo primitivo. ¿Y quiénes serían los únicos que podían seguir explicándolo? Otros auténticos Apóstoles que recibieron la revelación directa de Dios. ¿El ‘evangélico’ podía predicar? Sí podía, pero no era la auténtica doctrina de porque ésta solamente se entiende por medio de la Revelación de Dios. Si no hay Revelación de Dios, ‘la letra mata ‘» (v. 2 Corintios 3:6).

Martin Lutero, a pesar de ser el iniciador de la Reforma Protestante del siglo XVI, no pudo explicar la doctrina apostólica. En sus tesis y doctrinas, en lo general retuvo los dogmas que tuvieron su origen en los concilios católicos —celebrados siglos después de la época apostólica—. Por un lado se rebeló contra la Iglesia católica, pero siguió comulgando con sus dogmas. En el caso de la Iglesia anglicana, a pesar de que el rey Enrique VIII quedó fuera de la comunión del catolicismo romano, en los templos anglicanos se conservan intactas las liturgias, celebraciones e iconos religiosos de uso corriente de la iglesia católica. En este tenor, el Apóstol de Jesucristo acotó: «Se separaron del catolicismo, pero conservan en lo general la misma enseñanza. Ahí sí —como dijo el sacerdote— se llevaron su enseñanza». (Conservan aún el ‘cordón umbilical’ doctrinal del catolicismo romano.)

En contraparte, destacó: «La doctrina revelada por Dios no la puede adquirir ningún hombre por estudios o inquiriendo en la filosofía». En este tenor, citó el caso del eunuco cuando leía al profeta Isaías, y se le acercó Felipe y le preguntó: «… entiendes lo que lees?», y aquel le respondió: «¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?» (Hechos 8: 31-32). El eunuco tenía la letra; Felipe, la Revelación de Dios».

Enseguida, recordó el caso de Cornelio, quien «vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro (…) él te dirá lo que es necesario que hagas» (Hechos 10: 3-6), y comentó: «Las buenas obras de Cornelio no eran suficientes para la salvación. Sin embargo, Dios le envía el medio —el Apóstol Pedro— que le habría de enseñar lo que era necesario hacer para ser salvo.

«El ángel que llevó el mensaje a Cornelio, a pesar de que venía de parte de Dios para darle una indicación, no recibió la Revelación de Dios: era solo un mensajero. La Revelación la había recibido Pedro, no un ángel. En la época de la gracia, Dios revela su doctrina a sus Apóstoles (1 Corintios 2:6)».

En otro momento, recapituló: «¿Cuál es la diferencia entre la Iglesia La Luz del Mundo y la Iglesia católica? En que la Iglesia de Cristo no acepta una doctrina que engaña y juega con la mente de las personas y después dice: ‘Esto no era cierto. Era mentira’. ¿Y tantos siglos que estuvieron trabajando psicológicamente en la humanidad con el dogma del purgatorio? Todo el engaño y la burla de la fe que hicieron los papas y obispos en perjuicio de sus fieles para que ahora digan que no era cierto.

«No existe el purgatorio ni el limbo. ¿Y todo el lucro, la maldad y la burla que hicieron valiéndose de esta doctrina?… Lo anterior, sin considerar o tomar en cuenta la historia milenaria del catolicismo —la Santa Inquisición, las Cruzadas, la Conquista de América, el uso de los instrumentos de tortura, las Guerras de religión, las persecuciones a disidentes y los crímenes en nombre de la intolerancia religiosa (entre ellos la Guerra Cristera en México), entre otros cuestionados episodios.

 

Despedida

«Cuál es la diferencia entre el cristianismo original y el catolicismo romano: la doctrina. El Señor Jesucristo —ya en la Revelación, en el tiempo que se hablaba la Palabra de Dios— nos dio esa puerta para encontrar el verdadero camino: ‘Escudriñad las Escrituras’ (v. Juan 5:39). Quizá la persona sienta que no pueda encontrar la verdad por si misma, pero sí va a encontrar quién le explique que la mentira no concuerda con la Doctrina te Cristo».

Refirió que cualquier persona que busque con sinceridad la verdadera Iglesia de Cristo, debe pedírselo a Dios en oración y, como a Cornelio, el Señor se encargará de poner en su camino a alguien que le explique y le diga lo necesario para que sea salvo.

Antes de despedirse, afirmó categórico: «Es impostergable que el mundo sepa que existe una opción —la única opción—: la Iglesia de Cristo. ¿Cómo la voy a encontrar? ¡Demandándoselo a Dios! Podrá decir alguna persona: ‘Oiga, pero de aquí a que llegue un hermano de la Luz del Mundo a mi casa? ¿Cómo sabré si lo que me predican es la verdad?’. Hay que pedírselo a Dios en oración y Él va a mostrar cuál es su camino: ‘Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma’ (Jeremías 6:16). ¿Qué quiere decir esto? Que la persona debe comparar si sus creencias van de acuerdo con esos caminos antiguos, a lo que dice la Escritura, o si es diferente a la enseñanza cristiana».

A las 5: 06 de la mañana se despidió de sus colaboradores y de los hermanos de la colonia Bethel. A pesar de que este día ingresó al país una masa de aire polar, por lo que las bajas temperaturas continuarán en los próximos días, la Iglesia de la colonia Bethel sintió un calor espiritual sin par: fue cobijada por el Manto de la Elección.

Próximamente mas información por Coordinación de Crónica Apostólica.