“Qué orgullo contemplar esta Casa de Oración y su hermosa colonia”: saludo del Apóstol Naasón Joaquín a la iglesia de Mezcales

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 26 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, recorrió las Iglesias de Mezcales, Monte Sinaí y Mezcalitos, todas ellas en Bahía de Banderas, Nayarit, dejando gran bendición a su paso.

A las 4:44 de la tarde, arribó a la Iglesia de Mezcales, cuyo ministro es el hermano P.E. Jesús García, quien con anticipación había preparado a la Iglesia para recibir al insigne visitante. El templo se encontraba pletórico de hermanos y visitas, entretanto el Orfeón local entonaba alabanzas y el coro de niños hacía lo propio en la entrada principal de la Casa de Oración, además de portar carteles alusivos al reconocimiento a la Elección Apostólica.

A su arribo al templo, el Apóstol de Jesucristo fue acompañado por algunos de sus colaboradores –pastores de grado–. Saludó a los hermanos que se encontraban en el exterior del recinto sagrado, donde se encontraba un grupo de niños. Cuando la Iglesia se percató de su presencia, experimentó el júbilo espiritual por la bendición de tener entre ella a quien viene en nombre del Señor.

El Siervo de Dios recorrió el pasillo central y dejó su bendición apostólica a los hermanos nayaritas. Cuando llegó al ministerio, inició su mensaje: “¡Qué hermoso es llegar a esta hermosa Casa, que dignifica a la Iglesia de Dios! Cada persona que pasa por esta transitada carretera, cuando voltea a ver el templo dice: ¿Y qué lugar es ese? ¡No es otra cosa más que Casa de Dios y puerta del cielo! ¿Un templo más de La Luz del Mundo? No, aquí hay una hermosa colonia de Hijos de Dios”.

Enseguida, el Apóstol alabó el esfuerzo de los hermanos por dignificar la Iglesia y su colonia: “Hoy vengo a verlos, a alegrarme con ustedes y a decirles: ¡Qué orgulloso me hacen sentir al contemplar esta Casa de Oración y su hermosa colonia!… la que cada día estáis embelleciéndola más… Déjame doblar mis rodillas, hablar con mi amigo y decirle: ‘Señor, sigue bendiciendo a la Iglesia de Mezcales, síguela prosperándola y engrandeciendo; que muchas almas vengan a este lugar y, algún día no muy lejano, aquí se levante una inmensa Casa de Oración, que albergue miles de almas para la gloria y alabanza del Señor”.

Al término de la oración, el Embajador del reino de los cielos dijo a los hermanos que estaba seguro que, en la fe que Dios ha dado a los miembros de esta iglesia para recibir su apostolado con amor y reconocimiento, él deseaba de ellos algo más: “No solamente quiero ver esta hermosa fe… Hubo un momento en que el Señor Jesucristo decidió llamar amigos a sus discípulos. ¡Yo quiero ser también su amigo, tener la confianza, buscar el pretexto para pararme en este lugar y estar entre vosotros! ¡Qué orgulloso me siento de contemplar esta Casa de Oración!, ¿me permites, entonces, que cada vez que pase por estos lugares pueda decir: ‘Ahí está mi amigo, tomaré un vasito de agua, comeré un pedazo de pan, pasaré con ellos un momento para alegrarme en este triunfo y esta Casa que están haciendo para la gloria de Dios?’”.

La uniforme respuesta no se hizo esperar: “Amén así sea”… con ello se confirmaba el acuerdo con el deseo apostólico. Al oír su decidida respuesta, el Amigo de Dios les dijo: “Así lo haré, entonces, en el nombre de Cristo Jesús. Os espero el próximo domingo para que estéis con su Hermano Naasón en el Centro Internacional de Convenciones y allá, unidos, nos alegremos en el Señor. Que la paz que Dios me ha dado para vuestra enseñanza y edificación, quede en vosotros. Dios los bendiga”.

Al bajar del ministerio, se despidió de los hermanos llevando sus manos a su boca y ofreciendo un ósculo santo a sus hijos en la fe, quienes rebosaban de regocijo espiritual. Luego de su presentación, el Apóstol del Señor fue invitado a participar de los alimentos, en compañía de algunos de los ministros que le acompañan en la undécima etapa de su gira universal. Al concluir salió de la casa pastoral agradeciendo a los hermanos su hospitalidad y rogando la bendición de Dios para ellos y toda su casa.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.