La evangelización: tarea fundamental del obrero

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El martes 27 de febrero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:26 de la mañana cuando, acompañado de algunos de sus colaboradores — cuatro pastores, seis diáconos y seis encargados—, salió de su casa con dirección al recinto sagrado.

En el interior del templo, el Coro de Hermosa Provincia, una parte de la iglesia y los colaboradores citados acompañaron al Enviado de Dios en su plegaria.

Como cada mañana, el Orfeón local, en cumplimiento con su ministerio —ser el corazón de la Iglesia—, se dio cita desde temprana hora para elevar sus cánticos espirituales al Creador (v. 1 Corintios 14:15). Durante la plegaria apostólica, se escucharon sucesivamente los himnos «Somos La Luz del Mundo», «Cristo, tú eres mi consuelo» y «A solas al huerto yo voy». Por su parte, los ministros y la iglesia congregada —hombres, mujeres y niños— doblaron sus rodillas y se unieron con singular fervor a la oración del justo.

Al término de su plegaria, el Apóstol de Jesucristo se despidió de los integrantes del Coro, y salió del templo con dirección a su casa. En la Glorieta Central, calle que circunda el templo de la colonia Hermosa Provincia, un numeroso grupo de hermanos le saludaron a su paso: «Dios lo bendiga», «Le amamos, Apóstol de Jesucristo»… Estas expresiones son parte del reconocimiento del creyente a la Obra de Dios: creer en el que Dios ha enviado (v. Juan 9:29).

En la puerta de su casa, platicó con sus colaboradores. En primer lugar, recordó que el día anterior, después de la oración de cinco de la mañana, despidió a los ministros que lo acompañarán en la doceava etapa de su Gira Universal, que inicia el primero de marzo en el estado de Zacatecas y continúa en cuatro más: San Luis Potosí, Durango, Coahuila y Sinaloa. Los pastores, diáconos e invitados a este periplo, abordaron el autobús conocido como «El Mensajero».

La capacidad y suficiencia del ministro no son propias: provienen de Dios

Al recordar la despedida del día anterior, evocó recuerdos de las generaciones de obreros en la Historia de la Iglesia, en su época de Restauración. Mencionó que por lo menos cinco autobuses —los «mensajeros»—, se han utilizado a partir de la década de 1960 como trasporte para los ministros, obreros e invitados a las giras apostólicas a diferentes destinos de la República Mexicana y el extranjero.

Entre sus colaboradores, algunos de ellos recordaron algunos testimonios de sus inicios en la Obra espiritual, siendo aún adolescentes. El hermano P.E. Rogelio Rojas —quien salió como joven a la obra en 1971— recordó que al término de los estudios bíblicos impartidos a los noveles misioneros, se leía una lista de los lugares a los que serían asignados.

Luego de escuchar algunos testimonios de sus colaboradores, el Apóstol Naasón Joaquín expresó categórico que la capacidad y suficiencia de los jóvenes obreros —de antaño y contemporáneos— no proviene de ellos ni por cualidades o méritos: la suficiencia viene de parte de Dios. Por ello, el obrero —pastor, diácono y encargado— siempre debe darle a Él la gloria y el reconocimiento, y no «creer» que es por alguna capacidad particular o mérito.

Enseguida, comentó que cada época tiene su historia: «En la década de 1980, el crecimiento y expansión de la Iglesia se desbordó, en gran medida, por el trabajo evangelizador de los jóvenes obreros… Dios daba testimonio a través de ellos», asentó. En este tenor, citó al rey David: «De la boca de los niños y de los que maman, fundaste tu fortaleza…» (Salmos 8:2). Sin embargo, hubo también obreros que al llegar a iglesias establecidas y vivir en la comodidad de las casas pastorales, comenzó a manifestarse en ellos un conformismo en el trabajo espiritual.

La formación de los obreros: deber imperativo de cada ministro

Por lo anterior, expresó: «Cuando un hermano es enviado a levantar Obra, en donde la Iglesia aún no se ha establecido, aprende a amar a las almas». Recordó que los batallones espirituales —a quienes envió a la Obra el 12 de noviembre de 2016, en Amozoc, Puebla—, luego de un año y tres meses de ser enviados a levantar iglesia en donde no había, han demostrado una vocación firme y un amor genuino por la Obra. Entre los matrimonios en activo, se encuentran algunos profesionistas, quienes dejaron su estatus económico y de confort para servir al Señor y, ahora, con la ayuda de Dios, han destacado en el trabajo espiritual.

Y abundó: «La Obra es una vocación para ellos y han trabajado… Si agregamos a eso el esfuerzo y sacrificio que han vivido por las almas, van a valorarlas por siempre. De entre ellos, quienes vayan destacando, se irán enviando a pequeñas obras. Aunque no haya casa pastoral, pero hay membresía; si van a un lugar donde antes no había nada y ahora hay quince almas, el hermano de vocación va a velar y a cuidar de ellas con alegría…».

En otro momento, lamentó que antaño hubo jóvenes y señoritas que, teniendo la vocación para la Obra, se dedicaban de tiempo completo a los quehaceres del hogar. De hecho, había ministros que pedían obreros no para el trabajo espiritual, sino para labores domésticas, con lo cual confundieron el concepto y significado de lo que debe ser un obrero evangelista. Si bien es cierto que el obrero tiene deberes materiales, su tarea fundamental es trabajar en la obra espiritual, en pro de la expansión de la Iglesia.

Y agregó: «Es deber de todo ministro dedicar tiempo para la formación de los obreros que recibe. Si bien es cierto que el obrero debe ser probado en distintas áreas de su trabajo —entre ellas la material—, también deben ser preparados por los ministros para el trabajo espiritual: saber dar testimonio, defender la doctrina, platicar con una alma, presidir oraciones…».

El amor por las almas: característica del buen pastor

El hermano P.E. Rogelio Rojas comentó que durante los cursos de capacitación para los matrimonios y jóvenes aspirantes a salir a la obra en Amozoc, Puebla, los temas expuestos fueron, entre otros, el que el aspirante a la Obra este consciente que habrá sufrimientos. El Siervo de Dios dijo: «Algunos se regresaron, pensando que serían enviados a una pequeña obra donde se les iba a dar ayuda económica… Prefiero que sigan como buenos miembros… Gracias a Dios: ¡La gran mayoría permanece! De esos hermanos se tomarán para que estén al frente de una Iglesia: ¡Ellos ya me demostraron que de verdad tienen vocación!».

En este sentido, el Embajador de Cristo asentó: «Cuando al obrero le toca iniciar de la nada, gana mucho amor por las almas; y lo más hermoso es que le toca ver maravillas y manifestaciones hermosas». Dijo que estas manifestaciones se presentan de distintas maneras: cuando el joven se encuentra desanimado y dobla sus rodillas y ora a Dios. Enseguida se manifiesta la respuesta divina: el Señor pone los medios para proveer el alimento, la salud, la vivienda… Y eso fortalece aún más la fe y la vocación de ellos.

«Las maravillas son un complemento a nuestra fe; el milagro no es lo principal, como en las iglesias falsas, quienes predican el ‘milagro’ como lo más importante. En nosotros no, es solo un complemento». Enseguida, recordó la enseñanza de Cristo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33); y añadió: «¿Hay milagros en la iglesia?, si, todos los días. Y no un solo milagro. Vean al hermano que está presentado a los enfermos, y estos hermanos —casados, solos, jóvenes y niños— que acuden a ser presentados reciben un milagro de Dios. Y día a día se convierte en algo común, no por la falta de importancia, por que son maravillas para darle la gloria a Dios; sin embargo, el milagro no se convierte en un punto central de nuestra fe».

La vocación se demuestra con los hechos

Uno de los ministros comentó que entre los batallones han acontecido numerosas manifestaciones: ¡Abundan los testimonios! Ante tales portentos, el Embajador de Cristo abundó: «Eso es necesario para la formación de su fe y la vocación a la que se van a dedicar: servir a la Iglesia. Sin eso, invalidarían su servicio a la iglesia —se harían acomodaticios, mantenidos, perezosos—. Las manifestaciones divinas alimentan la fe, ánimo y vocación de los misioneros: saber que no recurre a la iglesia para pedirle… Y cuando hay alguna carencia, viene la vecina, a quien Dios mueve el corazón, y le trae alimento. ¡Ese es un milagro de Dios! Cuando alguno enferma, llega una persona y le dice al hermano: ‘Soy médico, ¿en qué puedo ayudarle? ¿Es un factor de suerte? No, ¡es una maravilla!, la Iglesia cumple el objetivo de Dios: «… esperamos que conforme crezca nuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla» (2 Corintios 10:15).

Antes de despedirse, mencionó que durante las once etapas de su Gira Universal ha escuchado innumerables maravillas de diferentes hermanos. En suma, dijo, «las manifestaciones nos hacen, primeramente, confiar en Dios, y en consecuencia, trabajar. Ya Dios proveyó, ahora tengo que seguir adelante. En cambio, el que es ocioso no trabaja. La presteza que la Iglesia nos proporciona en diversos sentidos, nos hace tener una falsa confianza. La vocación se demuestra con los hechos». Uno de los ministros dio el testimonio de un hermano invidente que se convirtió a la Iglesia por la predicación de los batallones espirituales. En este sentido, el Apóstol de Jesucristo comentó: «A los pobres es anunciado el reino de los cielos. A todos se les debe dar testimonio, que no haya alguno que diga: ‘Nunca me hablaron de Cristo’».

El reloj marcaba las 5:04 de la mañana cuando el Embajador de Cristo se despidió de sus colaboradores: «Dios los bendiga, hermanos». A lo lejos, se escuchaba la voz del ministro que presidía la oración de cinco, quien invitó a cantar el himno n. 476, «Santo, Santo, Santo».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

Album Not found