Presentación Apostólica en Hermosa Provincia — Berea Internacional

diciembre 12, 2015
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El sábado 12 de diciembre, a las 4:28 de la mañana, de manera sorpresiva para la mayoría de los hermanos que asistieron a la oración de 5:00 am, se presentó el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, en el templo de Hermosa Provincia en la ciudad de Guadalajara.

El Coro de Hermosa Provincia, los hermanos que ya se encontraban en el interior de la Casa de Oración y los que iban arribando al recinto religioso, se colmaron de gozo al oír el hermoso saludo y consejo apostólico.

No en todo el país se practica la idolatría

Después del emotivo saludo, el Apóstol del Señor pidió a la Iglesia que cantara el himno número 1, titulado: “Abre tu oído”, del que refirió que es una alabanza que incita a no olvidar los momentos tan especiales que el Pueblo de Dios ha vivido y vive a cada momento.

Recordó que este día –12 de diciembre– la población que rinde culto a las imágenes religiosas, se levanta a temprana hora y dirige sus alabanzas a estos ídolos contemporáneos (Cf. Baruc 6), aunque cada vez son menos los mexicanos que practican estas tradiciones: ni son todos los que viven en la Ciudad de México –en donde se practica tal devoción–, ni son todos los tapatíos… En contraparte, dijo: “Hoy, en todo el país, hay personas que se levantan a temprana hora y no dirigen sus pasos a aquel ídolo muerto. Dirigen sus pasos al verdadero Dios vivo, fuerte y poderoso (Juan 4:24) para decirle: ‘¡Oh, Señor, solo a ti se debe de adorar!’”.

En otro momento, destacó el privilegio que tienen aquellos que fueron rescatados por Dios de aquel mundo pagano y supersticioso, y que ahora disfrutan la bendición de adorar al único Dios verdadero. “¡Qué bendición tan grande: Dios no permitió ni siquiera, a algunos de nosotros, nacer en aquellas tradiciones!”, expresó, al recordar las palabras de desprecio que el Apóstol Aarón Joaquín ocupaba para referirse a los días que vivió en el catolicismo romano.

Dios siempre cumple sus promesas

El Apóstol Naasón Joaquín recordó a la Iglesia que un día como hoy, pero de hace 89 años, un hombre llamado Aarón Joaquín arribó a la ciudad de Guadalajara, donde encontró a una población entregada a la idolatría. Sin embargo, cuando se encontraba ante aquel panorama adverso a la encomienda que Dios le había dado, oyó una voz que le decía: “Aquí tengo un grande pueblo”, promesa divina que aquel 12 de diciembre de 1926 parecía una total y absurda mentira, pero que hoy es una realidad cumplida. Y añadió: “Hoy vemos, confirmaos y constatamos que aquella promesa que Dios le hizo a aquel hombre, del cual muchos se burlaron en un principio, hoy la estamos disfrutando porque somos parte de ella”.

Al referirse a las promesas de Dios, hizo un paralelismo con su experiencia personal, en virtud de encontrarse exactamente en la misma vivencia del hermano Aarón aquel 12 de diciembre. La promesa que Dios le hizo hace un año, de multiplicar este Pueblo de manera prodigiosa, tendrá de la misma manera su fiel cumplimiento porque hoy como ayer, Dios es fiel para cumplir.

Con relación al citado himno, que refiere en su coro: “Vive en nuestra mente, su enseñanza siempre”; trajo a la memoria la enseñanza que el Apóstol de Jesucristo Aarón Joaquín dejó, acerca de “la oración de oro”, que en la Iglesia del Señor los hermanos ofrecen al Creador, todos los días, a las cinco de la mañana, y agregó: “No porque ésta oración –la de cinco de la mañana– tenga más valor que la oración de las nueve de la mañana o seis de la tarde, sino por el sacrificio que representa, pues a esa hora es cuando el cuerpo más desea estar durmiendo y, sin embargo, antes de que salga el alba el hermano acude a darle las gracias y pedirle la ayuda a nuestro Dios”.

Afirmó que la oración de la cinco de la mañana fue una revelación de Dios al hermano Aarón, que enseñó el hermano Samuel y que en la actualidad él mismo, como Apóstol de Jesucristo, sigue enseñando, pues dicha enseñanza consiste en adorar a Dios todos los días y no bajo un calendario institucional con determinadas fechas que se celebren como una obligación. Por ello precisó: “Yo quería estar con los que tienen esa enseñanza y la guardan todos los días… tú estás aquí, no porque se te dijo que se iba a presentar tu hermano Naasón; tú estás aquí porque viniste a la oración de cinco. ¿Enseñanza de quién? Enseñanza del hermano Aarón”.

La verdadera adoración es a Dios

Antes de despedirse de los hermanos, el Apóstol del Señor dijo a la Iglesia que al hacer su oración de esa mañana iba a pedir por aquellos hermanos que asisten a Guadalajara, quienes le acompañarán en la celebración del primer aniversario de su Llamamiento a ejercer el Apostolado –el 14 de diciembre–, pero también pediría por aquellos que se quedarían en sus lugares. Por la Iglesia de Guadalajara, por su esposa, por su hijos, por el Cuerpo Ministerial, “porque es la oración que todas las mañanas me incita a levantarme para venir a pedir al Señor la ayuda para que Él siga guardando y cuidando a su Pueblo como hasta el día hoy lo ha hecho; pero también quiero clamar al Señor con alegría y quiero alzar mi voz con júbilo y decir: ‘Señor, este día que el mundo va a alzar a su ídolos para decirles que los aman y que los reconocen, yo vengo a alzar mi voz ante ti y a decirte, por aquella santa y hermosa enseñanza que recibimos de Aarón Joaquín y de Samuel Joaquín, y hoy de Naasón Joaquín: ¡Oh Dios poderoso, Creador del cielo y de la tierra. Oh Señor, solo a ti se debe de adorar!”.

Mientras el Apóstol de Jesucristo elevaba su oración, acompañado de toda la Iglesia –que a esa hora ya había llenado la imponente Casa de Oración–, y del Coro, este entonó los himnos: “A solas al Huerto yo voy” y “Hay una oración”, que enmarcaron perfectamente ese momento tan sublime de comunión íntima entre Dios y su enviado.

Despedida

Tras su oración, enmarcada en un total contexto de espiritualidad, se despidió de los bienaventurados de esa mañana y, aún con las voces del Coro de fondo, preguntó: “¿Verdad que es hermoso venir adorar e inclinarte ante el único Dios vivo?… Me retiro con esa satisfacción, de haber cumplido un día más con mi Dios, de haber venido a darle su honra, su gloria y su a alabanza. Que la paz de Dios y la gracia de nuestro Señor Jesucristo en la cual fuisteis abarcados sea con cada uno de vosotros”.

A su paso por el pasillo central del recinto santo, los corazones desbordaron en voces de júbilo, lágrimas y gestos de regocijo espiritual por el regalo tan hermoso que Dios les hizo participar esa mañana del 12 de diciembre del año 2015.