Presentación Apostólica del 1ero de Agosto en Guadalajara, Jalisco

Contexto

El día esperado por la iglesia universal había llegado, se acercaba el glorioso momento de la presentación del apóstol Naasón Joaquín, en la que elevaría su oración intercesora para rogar a Dios su auxilio y protección de los miles de hermanos y hermanas que de más de 50 países empezarían a desprenderse de  sus lugares de origen para venir a Guadalajara, a  conmemorar la muerte del Señor Jesucristo. Se anunció que la ceremonia se  llevaría a cabo a las diez de la mañana del sábado primero de agosto, fecha que marca el inicio del año espiritual en la Iglesia La Luz del Mundo.  Los hermanos de la iglesia local de Hermosa Provincia y de más de 46 iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara acudían presurosos al templo sede de la cristiandad, santuario que antes de la Consagración ya estaba pletórico y la mayoría de las iglesias esparcidas por el mundo, con la mirada  puesta en la Sión espiritual, se congregaban en las casas de oración para ver la trasmisión de la ceremonia, vía  internet.  El pastor evangelista Bartolo Rojo presidió la primera parte  del culto aludiendo el motivo de la solemnidad de tan  anhelada reunión y el cumplimiento de  la promesa que el apóstol de Jesucristo externara en la carta de invitación a la Santa convocación 2015, de elevar su oración por todos los convocados, sagrado momento que la grey esperaba con devoción.

Salutación apostólica

El apóstol de Jesucristo ingresó al sagrado recinto irradiando alegría al  saludar a  la iglesia, feliz de ver en los hermanos de Guadalajara,  la fortaleza y fe  para seguir adelante. Atento y desbordado en ternura departía bendiciones personalizando su salutación al  recibir la amorosa respuesta de la iglesia con demostraciones recíprocas que lo hicieron exclamar: ¡Iglesia madre que estás en mi corazón y de la que recibo con beneplácito el amor que me manifiestas!,  hermanos del Coro que me ayudan a animar a la iglesia a bendecir al Señor, Dios les pague, Dios los bendiga…

Ya en su ministerio y ante el altar de Dios invitó a los congregados a adorar de hinojos a nuestro Dios y con el alma glorificar su santo nombre,  por ser la razón de ese emotivo encuentro. En su invocación exclamó: ¡Brazos míos que desde hoy irán conmigo para poner en alto el nombre de Dios, el Dios que me habló en un llamamiento que aún me hace estremecer… Llamamiento y promesa de expansión por el mundo, -que  expresó el Apóstol-, empieza su cumplimiento con la confirmación de la iglesia a su Elección y la conversión de hermanos de Bélgica y Alemania, que ya son parte de la iglesia del Señor, a la que invito a orar y glorificar a Dios nuestro Padre creador.  A su vez el Varón de Dios doblando sus rodillas agradeció al Altísimo la sublime encomienda que le hiciera aquel 8 de diciembre del año pasado, “…porque Cristo me los ha entregado para que yo ore por vosotros, los cuide, los abrace  y los proteja en representación de Cristo.” Durante la plegaria en que el Apóstol Naasón Joaquín  remitía a Dios la gloria, el coro entonaba una alabanza de elección,  en cuyas estrofas destaca la determinación divina de llamarle apóstol de  la consolación, a lo que la iglesia asentía con reiterados ¡amén, así es!

Enseguida y con evidente regocijo espiritual dio la paz después de recitar una porción de la Escritura, feliz de alegrarse por estar en la casa de Dios. Saludó no sólo a la iglesia de Hermosa Provincia, sino a la iglesia universal.   Destacó que al concluir la tercera etapa de su gira universal, en que regresó con triunfo de su visita a la iglesia de Inglaterra, España y Portugal y en su retorno a América,   en que estuvo con los hermanos de California, sólo esperaba este momento, el primer día de reunión y del año espiritual para orar a Dios por el salir y el llegar con paz de toda la iglesia que vendrá a conmemorar  la muerte del Señor Jesucristo, de los que dejando su casa,  su patria y aún su familia, atiendan  la invitación para participar en la Santa convocación, la máxima festividad religiosa de La Luz del Mundo, “en la que habrá libertad, perdón de pecados para los verdaderos hijos de Dios, para los que se  hayan preparado íntegramente para participar con limpieza de la mesa santa del Señor.” Agregó que está seguro que la iglesia universal ya tiene puesta su vista espiritual en Hermosa Provincia, el gozo de toda la tierra y con equipaje o aún transporte listo, sólo esperan la orden apostólica para desprenderse de sus lugares. He aquí la importancia de este primero del mes esperado por  todos los redimidos y “en el que aseguró: “habrá santa convocación.”

Objetivo de la presentación apostólica

Para  dar curso al desarrollo de la reunión que culminaría con la poderosa oración intercesora del Ungido de Dios por la iglesia y seguir preparando el corazón de la grey, los invitó  a entonar el himno 580; “Ya resuena alegre la canción”, cuyas estrofas parafraseó  e hizo suyas asegurando  sentir  que el Espíritu de Dios y la presencia del Señor ya van a su lado y al igual que los discípulos de Emaús, arde su corazón desde hace un mes en que se está preparando para esta conmemoración, “ en la que alzaremos todos el pendón glorioso  de la santidad…para siempre santidad …” Momento en el que también invitó a la iglesia a asentir y expresar:  hermano mío, ahí te quiero ver.  Anhelado banquete espiritual por el que instó a los convocados, a reafirmar el deber de santificarse en fe, amor y obediencia; no obstante que en el trayecto habrá tropiezos que Satanás estará poniendo, pero como el Señor Jesús, aconsejó decir: “No se haga mi voluntad sino como tú quieras, prestaré, atenderé y hospedaré  a mis hermanos…” Con esta ejemplar incitación al negamiento  y a la hospitalidad, por la que algunos sin saberlo, hospedaron ángeles, los congregados asentían,  con la certeza que Dios los  entregó al Apóstol Naasón Joaquín para que los cuide en representación de Cristo aquí en la tierra y las aguas no los anegarán, aunque vengan sufrimientos y ruja la tempestad y nos veamos en  la angustia, como el dolor que sobrevino a la iglesia el 14 de agosto pasado, en que  lloraba inconsolable al escuchar el trabajo sobrehumano del apóstol Samuel Joaquín deteriorado en su salud y después en las endechas por  su partida el pasado 8 de diciembre.  

Con esta alusión a los padecimientos del amado Apóstol, el Coro empezó a entonar el alegórico himno “Maestro se encrespan las aguas”, que nos insta a clamar la ayuda de Cristo en los momentos de peligro, a no atemorizarnos, porque cual hijos de Dios, no vamos solos, Cristo va con nosotros. En las difíciles circunstancias vas a decir, -ordenó el Varón de Dios-, ¡Señor, levántate, sálvanos!, que este canto sea nuestra bandera en nuestro paso por los aires, por los mares, por las carreteras, porque sabemos que el Cristo al que los elementos obedecen, va con su iglesia y cuando vea la gente, diga: ¿quién es este pueblo y el poderoso Dios en que confían?, ahí nos sintamos privilegiados de ser guiados por el poderoso Dios vivo, el único Dios verdadero  y  por su hijo Jesucristo.

Con esta seguridad el apóstol de Jesucristo instó categórico a la audiencia,  a aquilatar el  gran amor que  ha tenido el Señor por su Iglesia y en recuerdo de su  sacrificio ordenó: “celebremos  la conmemoración con un grito de alabanza y aún en el trayecto a la Sión espiritual, desde los confines de la tierra, si pasásemos por las aguas y los ríos, lo hagamos confiados que Cristo en mí estará…”  Categórica afirmación con la que invitó a los congregados   a doblar las rodillas ante el Padre celestial, había llegado el momento de orar por sus hijos engendrados en la preciosa fe de Jesucristo, por los que han creído y reconocen que Dios y Jesucristo lo han puesto al frente de la Iglesia, con la suficiente fe para creer y obedecer su voz.

Desde luego su ferviente plegaria fue primeramente  por los hermanos que en otros países de otros Continentes y ciudades de la República mexicana estaban esperando que se elevara la oración poderosa del Ungido de Dios, para iniciar su periplo hacia Guadalajara, ya   preparado corazón y viajen, como lo requiere la solemnidad de  la conmemoración, no con la incertidumbre de los discípulos que aunque iban en la barquilla con el Señor, desconocían el alcance de su poder e ignoraban que con ellos iba el que a su sola voz, los elementos obedecen.  Refirió que también cuando vivía el apóstol Samuel Joaquín, los elementos y los caminos se abrían portentosamente para que pasaran los hermanos,  “porque yo  fui testigo del poder de Cristo por la oración apostólica; que ahora está vigente en su hermano Naasón y por cuya oración se abrirán las fronteras,  los mares, los ríos y las olas del embravecido mar de las adversidades no los amedrantarán…”

El momento de la oración intercesora

El lapso más solemne de  la ceremonia había llegado para toda la cristiandad de la Luz del Mundo, el momento en que el apóstol levantó sus manos para suplicar la protección para la iglesia universal, los presentes crepitando de fervor y con el fuego espiritual avivado glorificaban a Jesucristo, la bendición se derramó en caudales y del interior y exterior  del templo se escuchaba el ruido como de muchas aguas. Era el instante propicio que el apóstol del Señor dedicó para  elevar su sacratísima oración. Ya de hinojos la iglesia también oraba, en tanto  él externó su petición a Dios diciendo: ¡Levántate  oh Jehová y sean dispersados los enemigos, que huyan de tu presencia,  que una nube se levante y cubra a tu pueblo, que  el sol inclemente no queme sus rostros ni sus ropas y que no se atemoricen ante las acechanzas de Satanás, porque tu vas con ellos, que  tu presencia los proteja, que una columna de fuego los alumbre en la oscuridad, que tu presencia les infunda el aliento necesario…

La petición concluyó en  que Dios los traiga con vienen esperando  verles el 9 de agosto en que les dirá bienvenidos, porque como hombre de Dios confía en lo que le suplicó al omnipotente, ese memorable medio día del primero de agosto de 2015, en que con sumo respeto externó sus ruegos: “Bendito Padre celestial, ¡cuánto anhelaba que llegase este día y tu pueblo también esperaba esta oración que los abarcase en tu misericordia!,  vengo a suplicarte, a rogarte humillado ante tus plantas, ¡cuida de tu pueblo, abre las ventanas de los cielos!,  que los millares y millares de ángeles rodeen esta tierra, porque de todos sus confines vendrán tus hijos a celebrarte, ¡no los abandones!, cuida de ellos… tú me pusiste al frente de ellos para que yo hable por ellos, hoy quiero hacer uso de este ministerio para pedirte, cuídalos, que lleguen con bien a este lugar, te lo pido en el nombre glorioso de tu hijo amado Jesucristo”

Reiteró que con su oración iniciaba el éxodo del pueblo de Dios, daría comienzo el caminar de los hermanos; aunque también su preocupación de que   algo les ocurriera, como la zozobra que año con año experimentaba el apóstol Samuel Joaquín; pero como él,  también tiene la certeza que el Señor  va en las aguas y nada les impedirá llegar con bien; por lo que les  aseguró que habrá Santa Convocación.

Entre tanto,  recordó a la iglesia el deber de vivir apartados de las cosas que estorban la santidad, de mantenerse en continua consagración del alma, en estado de gratitud, de alabanza, de fiesta y  seguros del gozo espiritual que disfrutarán en la Santa cena. Para arraigar esa confianza y anclar la fe de la audiencia que seguía la trasmisión porque cree en  su palabra,  -el apóstol de Jesucristo aseveró categórico:  “¡Yo os digo, vean cómo mis brazos  se  levantan y mi puño cómo se afirma con la confianza que Dios los protegerá, crean en Dios, en, Jesucristo y en su hermano Naasón y llegarán seguros a este lugar!”

El epílogo de la reunión

De igual manera, y como un postre de alta repostería espiritual, se dirigió a los hermanos de la iglesia de Guadalajara, a quienes expresó  el deseo que le había dictado su corazón, al prometer  visitarlos, transitar por las calles de sus colonias, entrar a sus casas para que le cuenten sus testimonios y él Varón de Dios narrarles las vivencias de los ocho meses de su ministerio;  hermoso deseo que hizo glorificar a la feligresía y exclamar reiteradamente, ¡amén!, sólo que  este hermoso deseo lo cristalizarían, como lo asegurara el Señor Jesucristo, simbólicamente representado en los cientos de hermanos y hermanas que cada feligrés hospedara en su hogar. Así lo afirmó el apóstol Naasón Joaquín después de preguntar a la iglesia si le permitía que fuera a sus casas, que tocara a sus puertas y  le ofreciéramos un vaso  con agua o algún alimento, lo que significaba recibirlo a él en cada hermano o hermana que hospedáramos; . Aseguró que lo recibirán los que han creído que Dios lo envió. Quien así lo haga, será de los que le ayudarán a levantar sus brazos cuando ya esté fatigado y Dios les dará bendición en su hogar. Esto lo reiteró en el corolario de la reunión en que amoroso levantó sus brazos y oró fervorosamente por los hermanos de hermosa provincia y de la zona metropolitana de Guadalajara, a fin que Dios moviera  los corazones de esta iglesia  que  se distingue por su lealtad al ministerio apostólico;  plegaria en que  pidió ablandara los corazones de todos para que abrieran sus hogares y recibieran a los invitados a la mesa del Señor, no sin retribución espiritual que es la más valiosa;  porque el apóstol Naasón Joaquín oró por los que atenderán esta necesidad y para concluir su ruego a Dios, le pidió al Divino, que su bendición se derramara sobre cada hogar supliendo toda necesidad, quitando toda tribulación o enfermedad y que sólo reine el amor de Dios  que Cristo ha sembrado en el corazón de la iglesia.

Despedida

Para retirarse del templo recordó el deber de orar continuamente por los peregrinos y se comprometió a visitar los grupos en consagración, a ir a las iglesias de la ZMG empezando por ir a acompañar a los hermanos del Kilómetro quince; en donde además de acompañarles en las consagraciones se alegrará al ver que le están sosteniendo sus brazos. Abandonó el recinto sagrado departiendo bendiciones  seguido de algunos  pastores y ministros, dejando el  agradable óleo  de sus consejos y palabras de confianza en el Sublime y eterno Padre.