Presentación Apostólica en Cancún, Quintana Roo

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El pasado domingo 19 de abril, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó a la iglesia del estado de Quintana Roo, en el marco la segunda etapa de su primera gira universal en el sureste de México. La sede del anhelado encuentro fue Cancún, destino turístico por excelencia, enclavado en la península maya.

La  consagración previa a la presentación apostólica fue presidida por el P.E. Benjamín Chávez J., Pastor Jurisdiccional de la zona y ministro en la capital de la República de El Salvador.

El reloj marcaba las 10:40 a.m., cuando el Apóstol de Jesucristo ingresó a la Casa de Oración del puerto quintanarroense. Los hermanos reunidos, provenientes de los diferentes municipios de la localidad, saludaban con regocijo y júbilo espiritual al que viene en el nombre del Señor. Las lagrimas brotaban de las mejillas de los creyentes. El consuelo y la bendición espiritual se conjugaban. El Manto de la Elección tocó el corazón de los hermanos de Quintana Roo.

Al arribar al área ministerial, acompañado por los pastores invitados a esta segunda etapa de su gira universal por el sureste mexicano, el Apóstol del Señor invitó a los presentes a elevar una oración al Creador. Posteriormente, la Iglesia con todo fervor la alabanza: “Bienvenido el que viene en el nombre del Señor….”.

El hermano D.E. Mario Durán Solórzano, encargado de la iglesia de Cancún, dio la bienvenida al Apóstol a nombre de los hermanos quintanarroenses. En forma emotiva, expresó no hay palabras suficientes para manifestar la grandeza de la Elección Apostólica, pero aseguró que los rostros de los niños, de los jóvenes y de todos los presentes, aún de aquellos que se alejaron un tiempo del camino, manifestaban el reconocimiento y la alegría de recibirlo como un Enviado del Señor.

 

Salutación apostólica

Al hacer uso de la palabra, el Apóstol de Jesucristo invitó a la Igleisa a no olvidar todos los favores y las misericordias recibidas de parte de Dios. A cuatro meses de distancia de la Manifestación Apostólica, que tuvo lugar el 14 de diciembre de 2014, a las 2:43 de la mañana, en la ciudad de Guadalajara, el Siervo de Dios saludó a la Iglesia de Quintana Roo.

Posteriormente, pronunció: “Te amo oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, mi libertador, Dios mío, fortaleza mía. En Él confiaré, escudo mío y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado. Me rodearon ligaduras de muerte y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del seol me rodearon y me tendieron lazo de muerte.

“En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo y mi clamor llegó delante de Él a sus oídos. Tronó en los cielos Jehová y el Altísimo dio su voz y me dijo: ‘¡Naasón, tú estarás al frente de este pueblo!’ Envió desde lo Alto, me tomó, me sacó desde las muchas aguas y me sacó a un lugar espacioso. Me libró porque se acordó de mi. ¡Viva Jehová y bendita sea mi roca! Y enaltecido sea el Dios de mi salvación.

“Grandes triunfos dio a su Rey y hace misericordia a su Ungido. A sus siervos Aarón y Samuel, y a su descendencia para siempre”. Después del saludo a su amada Iglesia, el Apóstol Naasón Joaquín refirió: “Ya quería estar entre vosotros y decirles: ¡Que os amo en Cristo Jesús!, ¡que soy vuestro y para vuestro servicio!, ¡para consuelo, defensa y dirección de su Iglesia!”.

Al señalar que con esta visita culmina la segunda etapa de su gira universal, enseguida invitó a la Iglesia a dar la gloria a Dios con el Salmo 136: “Alabad a Jehová porque él es bueno, porque para siempre su misericordia”. Al terminar de referir la salmodia, invitó a elevó una oración de adoración:

“¡Padre eterno…. vengo ante ti para decirte que te adoro como primer principio, que te deseo como mi último fin!… a ti, el único Dios perfecto…  para ti Señor se abren mis labios y los labios de  tu iglesia para decirte: ¡A ti sea la gloria!”.

En este estado espiritual de fervor y devoción a Dios, aunada a la gratitud, las voces de la Iglesia se unieron de nuevo en el canto “Suenen dulces himnos gratos al Señor y óiganse en concierto universal…”

 

Consejo apostólico

El Apóstol Naasón Joaquín, en el consejo que dio a la Iglesia de Quintana Roo, trajo a la memoria las enseñanzas recibidas de los siervos de Dios, Aarón Joaquín y Samuel Joaquín, en referencia a la verdadera adoración a Dios. Recordó la adoración que corresponde al que hizo los cielos y la tierra, al que sabemos es Todopoderoso, que merece le tributemos glorias y loores con la verdadera adoración, porque, advirtió: “… esta manifestación es cuestión de vida espiritual y menester realizarla con toda reverencia, pues por ella nos comunicamos con nuestro Padre celestial…”, e instó a la Iglesia a  tomar el consejo como mensaje de un verdadero apóstol y dádiva dispensada por Dios, y por la que él está profundamente agradecido, porque así le agradó al Señor…”. Para ello recordó a la Iglesia que esta obra, la de creer en el que Dios ha enviado, no se hizo sola en los corazones, ni es como piensa el hombre carnal, que fue por su  inteligencia o sagacidad humana. A los que piensan así, les agradeció como hombre por darle un mérito que dijo no tener, el de la inteligencia o capacidad de mover los sentimientos que sólo Dios puede hacer. En su caso -aseveró enfático- fue Dios el  que  le  entregó el corazón de la Iglesia para Cristo, enorme bendición por la que él está en deuda con el Señor y se lo manifiesta en  adoración, la cual debe ser en Espíritu y verdad, porque en la Iglesia La Luz del Mundo es Dios el que graba su nombre  en el corazón de cada uno de sus hijos, quienes sabemos cómo le agrada al Señor que le adoremos, como lo expresara Jesús a la samaritana (Mateo 22: 35).

 

Adorar a Dios en espíritu y en verdad

En su presentación apostólica, reiteró: “Cristo nos enseñó a adorar a Dios, a reverenciarlo con sumo respeto, con todo nuestro ser, con toda nuestra mente; pero se requiere conocerle y creer en Él, como lo refiere el apóstol Pablo en su epístola a los Hebreos, Cap. 11: 16 -agregó-, no vayamos a estar como los atenienses que adoraban en un altar al dios no conocido, o como los samaritanos que adoraban lo que no sabían, incluso como los judíos cuya forma superficial de adorar a Dios ya no era grata, aunque conocían el mandamiento. Nosotros adoraremos a Dios de corazón, ya que es el mayor mandamiento; lo cual significa adorarle reconociendo su inconmensurable grandeza, agradecer sus bondades con todo nuestro corazón como Él lo desea; porque Él es amor, es el Ser perfecto, poderoso, omnipresente, supremo y merecedor de todo nuestro amor”.

 

La verdadera adoración a Dios es un legado 

El Apóstol del Señor destacó con firmeza que la feligresía debe practicar el consejo como  la mayor enseñanza de Cristo, adorar a Dios, pero en la forma adecuada, según lo refiere Juan 2:23 al 24, por cuanto es un legado del cristiano.

El haber sido traídos del mundo para ser los verdaderos adoradores de Dios, por esencia, e invocar y adorar a Jesucristo por obediencia. Para ello, aludió a la carta a los Hebreos Cap. 1:6. La adoración nunca debe ser a través de imágenes, porque el auténtico cristiano conoce que Dios es Espíritu. Fuimos enseñados por los hombres de Dios a adorarle en espíritu, dándole glorias desde el alma, con el corazón humillado aceptando que sin ser nada ni nadie, Él nos escogió para que le adoremos por lo que es: el santo Padre celestial, el ser supremo y vivo, eterna roca de nuestra salvación; como leemos en el Salmo 95:1 a 7.

 

Forma de adorar a Dios

¿Cómo hemos de  adorarle?- respondió- “con la alabanza, fruto de labios que confiesan su nombre, porque Él es el Creador de todo”. Para esto, recordó la epístola a los Romanos Cap. 1:21: “¿Cómo manifestaremos la adoración a Dios?, postrados y de rodillas”. Un aspecto medular de su mensaje fue que Dios autoriza la adoración a Jesucristo, porque se está reconociendo a Dios al hacerlo. Al valorar el sacrificio de su hijo, estamos confiando en el poder del Señor, en el hijo amado de Dios, en el cual tiene toda su complacencia, según Mateo 2:2 y Juan 5:23, textos bíblicos en los que los evangelistas demuestran la forma de adorar al Creador. Por lo tanto, Dios autoriza adorarle por medio de Jesucristo, a quien introdujo a los cielos y sentó a su diestra para nuestro favor, aseveró el Siervo de Dios.

Para reforzar el propósito del consejo de ese día, el Apóstol Naasón Joaquín, apoyado en la Sagrada Escritura y en la misión que Dios y Jesucristo le encomendaron, recordó a la iglesia, y sobre todo a la juventud, el deber de luchar por Jesucristo, para que su nombre y su Iglesia sea conocida y reine el Señor en todo el mundo: que todos sepan que se adora a Dios adorando a Jesucristo.

La iglesia, al escuchar la invitación a la lucha espiritual, glorificaba con ferviente devoción y se repetían el  amén y el gloria a Dios entre los congregados quienes, pese al sol y clima, se mostraban participativos y felices de corroborar que en la Iglesia La Luz del Mundo siempre se ha adorado a Dios y a su hijo, en la forma correcta y de la manera en que a Dios le agrada.

Por su parte, el Varón de Dios insistió en agradecer siempre los favores recibidos: expresarlos cuando vayamos al jardín de la oración, a engrandecer a Dios con obra y voz, para adorarle con glorias, orando siempre en nuestro pensamiento y corazón, incluso en lenguas, don que nos legó Dios al adoptarnos por hijos —acotó— y nos abarcó en su Gracia. Para cerrar su explicación invitó a la iglesia a entonar el himno 395: “Oh cuán precioso es adorar a Jesucristo”, alabanza con la que dijo expresamos el anhelo de vivir en comunión, estado espiritual que además nos prepara para adorar a Dios en los cielos en donde seremos consolados eternamente.

 

Mandamiento apostólico

Para fomentar este nivel espiritual de acercamiento sublime de su iglesia con el Padre celestial, “…establezco a partir de este momento, la oración de adoración al final de cada culto de oración,  pues justo es rendirnos a Él, abrir nuestros labios, mente y corazón para glorificar a Dios, de honrarle después de habernos reconciliado, escuchado nuestros ruegos por el Apóstol del Señor, por el Cuerpo ministerial…”.

Después de la oración, el Apóstol del Señor, como hombre de Dios refirió que sabe que pocos en la Iglesia no lo han aceptado, y con tristeza lamentó la incredulidad de ellos: “Yo te digo con toda libertad que lo que yo escuché fue de Dios, y mi deber es hablarte la verdad: soy Naasón Joaquín, Siervo de Dios, y si tienes temor o no has creído no lo digas; pero los que han creído démosle gracias a Dios por las dádivas y bendigamos a Jehová…”.

 

Despedida

Para concluir su presentación y la segunda etapa de su primera gira universal, anunció que en mayo estará con los jóvenes en Silao, Guanajuato, en donde se reunirán los nuevos soldados espirituales de Jesucristo, que de México se integrarán a la lucha por el engrandecimiento de la Iglesia; en el Ecosantuario, la juventud de El Salvador; y en Bello, la juventud de Colombia. Finalmente, pidió a la iglesia que ore por sus compañeros que lo acompañaron y lo apoyan en su trabajo y por Él, que preside la batalla. Envió saludos a la Iglesia universal, a los hermanos de Argentina, de Hermosa Provincia, de Europa y de Australia. Dio las gracias al Coro de Honduras que lo acompañó durante esta etapa de su gira, y se despidió agradeciendo a los hermanos de Quintana Roo su caluroso recibimiento, pidiéndoles lo lleven en su corazón, como él los lleva en el suyo. Asimismo, agradeció la presencia de las numerosas visitas que acudieron a escucharle, a los jóvenes y a los niños que lo despedían entonando el canto “Soy yo soldado de la cruz…”, a quienes les aseguró: “Seréis mis guerreros e irán conmigo conquistando al mundo”.

Antes de despedirse, el Apóstol de Jesucristo reiteró el consejo apostólico de adorar siempre a Dios y dar gracias por todas las bendiciones que el Altísimo regala a su iglesia, porque los hijos de Dios son los que el Omnipotente buscó y eligió para ser sus verdaderos adoradores, mensaje en el que centró su presentación de este día con entusiastas palabras de alabanza, gloria y merecido reconocimiento al Creador y Eterno Padre celestial.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.