Presentación Apostólica en la colonia Hermosa Provincia, de Guadalajara, Jalisco.

El viernes 23 de octubre, recién llegado de la cuarta etapa de su Gira Universal por Sudamérica y la República de El Salvador, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García se presentó en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara, y habló con los hermanos reunidos en la oración de las seis de la tarde.

Como es conocido de todos, el Huracán Patricia, de categoría cinco, tocará tierra en las próximas horas en las costas de Nayarit, Colima y Jalisco. De acuerdo con el Gobierno federal y sus dependencias, dicho fenómeno meteorológico es el más impactante del que se tiene registro en la historia de la humanidad.

Ante esta situación de peligro y emergencia, el padre de la fe quiso elevar una plegaria al Creador, acompañado de los hermanos de Hermosa Provincia, a favor del pueblo de Dios. Desde el área ministerial, saludó primeramente a la Iglesia congregada y no tardó en expresar su grande preocupación: “Su hermano va llegando de la gira por Suramérica y El Salvador, y vengo con mucha preocupación”.

En relación con el huracán Patricia, expresó: “Hay situaciones que el Señor permite que pasen para dar a conocer su gloria. No que deseamos el mal a nadie, no, pero Dios permite a Satanás tentarnos con el fin de hacernos caer de esta fe que Dios ha puesto en nuestro corazón. Así como Dios hace llover sobre justos e injustos, hoy permite esta situación. El huracán Patricia, que se está acercando cada vez más y que en estos minutos estará ya tocando tierra, no podemos decir que no va a hacer estragos. Claro que los va hacer, hermanos”.

Recordó la información que mencionó en cadena nacional el presidente Enrique Peña Nieto, donde anunciaba que Patricia es el huracán más fuerte en la historia del mundo. Y que, en consecuencia, habrá destrucción de casas, edificios, viviendas, automóviles volcados…

Antes de elevar su plegaria, recordó: “No podemos decirle al Señor: Maestro calma esta tempestad. Él sabe porque la manda y porqué razón, pero una cosa sí quiero decirles: entre las personas que viven en aquellas poblaciones se encuentran nuestros hermanos… desde el día de ayer que se me notificaba de lo anterior, yo le decía a los hermanos que nos acordáramos de esta situación. Que no vaya a venir hacer algo que lamentemos: la vida de los hermanos. De las cosas materiales, ellos no se deben de preocupar, porque somos un pueblo unido y estamos enseñados como hijos de Dios a proveer de las necesidades de aquellos que sufren estas situaciones.

Ante la desgracia va a reinar la fe y el amor

Hizo alusión al temblor que devastó ciertas ciudades en El Salvador, en enero de 2001, y que destruyó las casas de los hermanos. Así abundó: “Lo habéis hecho en un sinnúmero de veces, con mi padre el apóstol Samuel Joaquín, y jamás en alguna calamidad, inundación o huracán que golpeó los lugares en donde estuvo la Iglesia, jamás ésta tuvo necesidad, porque en El Salvador su hermano estuvo en aquellos días en esos lugares, y contempló como el Varón de Dios construyó una colonia completa para sus hijos para que todos tuvieran un lugar digno en donde vivir. Se les destruyó su casita de cartón, de madera, pero el Varón de Dios les construyó casas de construcción de cemento, varilla, para que ellos tuvieran una vida digna.

”Yo se que esa fe, ese sentimiento y esa enseñanza no se ha apartado de ti. Por eso dije, que no me preocupa que pierdan sus casas, no. ¿Me preocupa que pierdan su camita? No. ¿Me preocupa que pierdan su ropa? No. Porque nosotros proveeremos para ellos, y de lo que Dios nos ha dado compartiremos con nuestros hermanos. Se llegará el momento en que te diga: ¿tienes dos chamarras?: compártele una a tu hermano. ¿Tienes dos camisas?: compártele una a tu hermano. ¿Tienes dos faldas?: compártele una a tu hermana. No que seamos viles y que les demos lo que le sobra. No, jamás obraríamos de tal bajeza. Esa ropa, la mejor, se la daremos a nuestros hermanos. A la mejor mi hijo duerme en el piso, ¡no importa! Dios te va a dar más. Y yo tengo en mi sala un juego de tres piezas, tomaré un sillón y lo pondré para que mis hermanos tengan un lugar en donde reposar también. Aquí lo que va a reinar en la fe y el amor”.

Adelantó a la Iglesia que ya dio las instrucciones precisas para que diversas brigadas acudan de inmediato con los apoyos necesarios hasta las costas afectadas: “Ya di indicaciones por medio de la Plataforma de Profesionistas y por medio del Ministerio de Bienestar Social que empecemos con todas las iglesias a prepararnos, porque no podemos esperar a ver qué pasa. Es un huracán que va a golpear de una forma muy dura, como nunca antes se había vivido. Pero ahorita, hermanos, lo material no me interesa, porque vuelvo a repetir: aquel hermano que tenía un silloncito humilde, tendrá un sillón de los que nosotros tenemos y aportaremos. Yo sé que muchos de ellos llegaran a tener hasta más de lo que tenían. Porque de la abundancia del amor y de la fe del Pueblo del Señor se verán reflejados en la invitación que su hermano les está haciendo”.

Informó también que ya las Iglesias de la República Mexicana se están movilizando, y dijo: “A ti no te había invitado todavía porque yo deseaba llegar ya a este lugar y decirte: hermano, ¿estás también conmigo? ¿Hermano de Hermosa Provincia, hermano de Guadalajara, me acompañas también para sentir la seguridad de la certeza que lo material no les hará falta nada a ninguno de nuestros hermanos? Aunque sobreabunde, no importa, que vea el mundo entero que esta Iglesia está unida y que como un solo cuerpo velamos los unos por nosotros.

En otro momento, el Apóstol de Jesucristo reiteró: “Me preocupa mucho la situación de la vida de ellos; ¿Dios tendrá pensado recoger a alguno de ellos? No lo sabemos. Que por su edad, por su enfermedad o por algún susto en algún peligro, puedan tener alguna situación o complicación del corazón… ¡Tantas cosas que pueden suceder! Y ahí sí su hermano se entristece. Pero también tenemos que entender, porque podrán decir, bueno, si de veras creen en Dios, oren para que lo desaparezca. No. El señor Jesucristo fue a orar al Monte del Olivar, y aunque él fue a pedir una opción para que Dios lo librase de su sufrimiento y sus palabras fueron: “Si es posible…”, porque en su cuerpo humano él tenía miedo, se atemorizaba por saber –porque ya lo sabía– a lo que se iba a enfrentar, y su cuerpo se amedrentaba. Pero luego decía, “mas no se haga como yo si no sea tu voluntad”.

“Subió la primera vez, y ¿recibió en esa primera ocasión que subió al Monte a orar con su Padre –estoy hablando de Jesucristo, el hijo de Dios– recibió contestación de su Padre? Pareciera que es algo increíble de aceptar… ¡No! Como que fue a refugiarse con su Padre y no lo escuchó, no lo oyó. ¡No! Sí lo escucho. Y lo estaba oyendo. Pero en la primera oración que hizo no lo confortó. Él se levantó desesperado, angustiado y triste hasta la muerte. Quiso refugiarse con sus amigos y los encontró durmiendo.

El derecho de los hijos de Dios

El Apóstol Naasón Joaquín trajo a la memoria una cita de la Palabra de Dios y así la explicó: “Recuerdo que nuestro Dios nos ha dicho: ‘Clámame en el día de tu angustia y yo te responderé’. Y yo sí estoy angustiado por mis hermanos, yo si siento aflicción por ellos, porque yo se qué este huracán que se aproxima va a traer situaciones muy lamentables. ¿Tú no te sientes angustiado? ¿Tú no te sientas afligido? ¿Tú no te sientes desesperado, en buscar la forma que Dios cuide sus hijos? Entonces, si Dios nos ha dicho ‘Clama a mi’, hoy quiero clamarle. Yo quiero suplicarle, alzar mis brazos y decirle: Señor, cuida a tus hijos.

“No podemos decirle al Señor: ‘Si tú quieres desaparecer ese huracán hazlo, y si no, no lo hagas. Pero por tus hijos te rogamos y suplicamos: Señor libra a tus hijos (…) Yo sé que mi Dios es fuerte y poderoso. Yo sé que Dios a veces permite las cosas porque Él hace llover sobre justos e injustos, pero también lo hace para que su gloria, su poder y su grandeza sea manifiesta al mundo entero. Y si este huracán que Él ha traído es para demostrar a la humanidad que el es grande y poderoso, y que nosotros no somos nada a comparación de Él, que así lo haga. Para que el mundo entero sepa que nuestro Dios es el único Dios vivo, poderoso y fuerte. Pero que ese Dios también cuida a sus hijos y los protege.

“¿Me acompañas Iglesia del Señor? ¿O sientes una carga con lo que te estoy pidiendo?! Con la voz quebrada y con lágrimas en sus mejillas, el Apóstol de Jesucristo expresó: “Cuando los hermanos de Colima pregunten: ¿y dónde está su padre?, yo estaré allá orándole a mi Padre. Le estaré clamando y suplicando: ‘Ahí están tus hijos’, y ellos te están diciendo: Dios de Naasón Joaquín.

“Cuídalos, líbralos, protégelos y en medio de aquella tristeza y angustia, que el mundo diga y ¿qué les pasó a los hermanos? Y que oigamos aquella noticia: ‘Ni a uno sólo le ha pasado nada’. No podemos nosotros condicionar a Dios y ponerle reglas. Por eso estoy diciendo: ‘Manifiesta tu poder, Señor’. Le rogaremos, le suplicaremos…

“Porque Dios no se sujeta a lo que nosotros le exijamos o queramos; Él hace lo que Él quiere. Pero vamos a apelar al derecho que tenemos como hijos de Dios. A rogar, a suplicar, a clamar, porque este derecho Dios no lo otorgó a nosotros, sus hijos, Y le diremos: ‘Si así está en tu voluntad, hazlo Señor, si fuese posible y no sale de tu deseo y de tu voluntad, protege a tus hijos. Y si a alguno de ellos tú has decidido recogerle la vida, que aquella calzada de la cual nos hablaba el apóstol Samuel Joaquín, se forme en el cielo para darle la bienvenida a aquellos que duerman en ti, y lleguen a ese descanso espiritual y eterno.

¡Maestro se encrespan las aguas!

Antes de hacer su oración intercesora, invitó a la Iglesia a cantar la alabanza n. 336, “Maestro se encrespan las aguas”, y agregó: “Yo quiero que entonemos esta alabanza en donde el Señor nos dio la mayor muestra de fe y confianza que debemos de tener en Él”.

“Sin duda a estas horas ya están oyendo los hermanos el rugir de la lluvia, el rugir del viento… para estas horas tal vez ya haya tocado tierra el huracán, pero nosotros le rogaremos a Dios. No vamos a reclamarle, no vamos a exigirle, solamente el hombre impío y el que no tiene conocimiento de Dios –necio y soberbio– dice por qué lo hace así, o por qué lo hacen de esta forma y quiere condicionar y ponerle reglas a nuestro Dios.

“Nosotros, sus hijos, no vamos a ponerle reglas a Dios ni a condicionarlo ni a decirle que es lo tiene que hacer, porque Él lo prometió, no. Le vamos a rogar, como su hijo Jesucristo nos enseñó: ‘Si fuese posible, Señor, te rogamos, te suplicamos en este momento, en este tiempo de angustia, te rogamos y te suplicamos que pases de nosotros esta copa, que pases este dolor y sufrimiento de tus hijos. Y no me refiero a lo material, reitero. Eso a mí no me interesa. Porque están nuestros hermanos para posteriormente darles a ellos en abundancia. Me refiero de su vida de ellos. Entonaremos nuestra alabanza Y posteriormente a ella le pediremos adiós de su ayuda en el nombre de Cristo Jesús

Después de la fervorosa alabanza, el Apóstol de Jesucristo elevó su plegaria al Creador: “Bendito padre que estás en el Cielo, hoy tus hijos que están en aquellas costas de Nayarit, Colima y Jalisco están clamando a ti, Señor, con dolor, porque en tu bendita voluntad has deseado mandar este huracán, pero ellos creen y confían en ti. No están inconformes, no. No están renegando, no, Señor: porque nosotros aceptamos tu voluntad, sea cual sea. Sin ponerte reglas, sin ponerte obstáculos, sin ponerte condiciones… pero apelamos Señor a tu misericordia.

“Apelamos a tu bondad y a tu amor. Apelamos, Padre, a aquellas palabras que tú nos dejaste cuando dijiste: ‘Clámame en el día de tu angustia y yo te responderé’. Aquí estamos ante ti, clamándote, suplicándote, rogándote: cuida a tus hijos, protégelos, ampáralos, cuántos de ellos están ahorita postrados de rodillas ante ti, Señor, en la enseñanza que tus apóstoles nos han dejado. Y están clamando: Dios de Aarón Joaquín, Dios de Samuel Joaquín, Dios de Naasón Joaquín…

Protégelos, hoy venimos ante ti para rogarte, suplicarte, si fuese tu voluntad, si lográsemos Señor moverte a misericordia, cuídales sus vidas, que ninguno de ellos se pierda, Y si tú tienes preparado para ellos recogerles la vida, que tus brazos allá en el cielo se abran, y los recibas en aquella calzada espiritual donde los santos que han triunfado y tus ángeles les dén la bienvenida. Pero si tu oído Señor se inclinara a nuestra súplica, te pedimos una vez más: sé con tus hijos, y entonces vendremos aquí y pagaremos nuestros votos y diremos que para siempre es tu misericordia!.

Oración continua por los damnificados

Antes de despedirse, el Apóstol de Jesucristo invitó a los grupos de Hermosa Provincia para que se turnarán en una oración continua de 24 horas. Inició el rol de consagraciones las hermanas de la tercera edad.

Invitó a la Iglesia a recabar víveres, alimentos no perecederos, ropa, etcétera, para los hermanos damnificados por el huracán Patricia, y agregó: “No puedo decir que regresé con alegría, aunque todo fue triunfo en el señor Jesucristo, porque la angustia y la preocupación está en mí como yo sé que está en ti, pero ya nos alegraremos y nos gozaremos, y ya estaremos con libertad. Pero ahorita, nuestros hermanos nos necesitan. No sabemos si en algún momento ellos luchan por su vida, que no tengan pendiente, que si llegase en algún momento una situación difícil tengan la certeza de que ahí está su Siervo orando por nosotros. Hoy está la Iglesia de Guadalajara, la de la República Mexicana y la del mundo entero, pidiéndole a Dios, rogándole y suplicándole que sea compasivo con nosotros. Hagámoslo hermanos en el nombre de Cristo el Señor. Dios los bendiga en el nombre del Señor”, fueron sus palabras de despedida mientras el coro de Guadalajara entonaba la alabanza “Al amparo de la roca salvo soy”.