Presentación Apostólica en Lausana, Suiza

(Coordinación de Crónica Apostólica) — En una de las naciones más prósperas de Europa, en la ciudad de Lausane,  Suiza, Dios quiso traer el evangelio en el año 2000 cuando la hermana Johana Cárdenas, de origen chileno, se trasladó a vivir en dicha ciudad junto con su familia. Por la oración del Apóstol de Jesucristo, Samuel Joaquín Flores, tuvo la fortaleza para comenzar una nueva vida, echando raíces y abriendo espacio para que entrara el evangelio de Cristo. En 2004  el Apóstol Samuel Joaquín envió a su hijo Naasón para llevarles un mensaje de paz y consuelo. Diez años después lo vuelven a recibir, pero esta vez como Apóstol de Jesucristo.

En el hotel Savoy los hermanos prepararon un salón para el ansiado encuentro. El P.E. Noé Lugo dio inicio al servicio de adoración que irradiaba un sentimiento espiritual que todo hijo de Dios siente cuando la obra de Dios está en su corazón;  emoción que los hermanos de Suiza  manifestaron en plenitud cuando el Apóstol de Dios hizo su entrada a las 10:25 de la mañana. Tras la oración de acción de gracias, la Iglesia entonó una alabanza de bienvenida cuyas palabras refieren:

¡Bienvenido! De corazón le decimos sus hijos de Lausanne, Suiza le llevamos en el corazón con nuestro puño bien en alto en señal de aceptación.

El coro final de este emblemático himno fue entonado en lengua francesa, una de las lenguas oficiales que se hablan en el país. Su ministro a cargo, el hermano Misael Durán,  expresó el gozo de la iglesia por recibirle, dándole la bienvenida como Siervo y Embajador de Cristo.

Saludo apostólico

Manifestó el Apóstol de Dios, una inmensa felicidad en la que su corazón ardía por pisar de nuevo este país, recordando esa primera vez que había sido enviado por un Apóstol a llevarles un saludo y un consuelo de su parte. Ahora venía directamente de parte de Dios para decirles que estaban seguros y protegidos en su Elección, por lo que su saludo fue:

“Que la bendita paz de nuestro Dios y la comunión de su hijo amado Jesucristo reposen en vuestro corazones”

Explicó que su salutación tenía un significado para ellos, pues aunque parecía que estaban solos en  virtud de la distancia geográfica, no había desesperación ni incertidumbre en sus corazones.

“La paz de Dios os reviste y os acompaña. Significa que la unidad que trae el evangelio está con vosotros…que la seguridad de ser llamados hijos de Dios os anima y os fortalece en todo tiempo y en toda circunstancia, por lo cual puedo decir con toda libertad: Hijos míos” señalando que los llamaba así, con el derecho otorgado por Dios el 8 de diciembre de 2014,  cuando lo puso al frente de su pueblo. Engendrados todos en la fe en Jesucristo, sin dejar de reconocer el trabajo del Apóstol Samuel Joaquín en un principio, “pero cuando agradó a Dios” parafraseando las palabras del apóstol Pablo-  apartarlo desde el vientre de su madre, y manifestó por su gracia revelar a su hijo en él para predicar a los gentiles y confirmar en los santos la salvación que había llegado también por una elección apostólica. Por ello desde ese 14 de diciembre del 2014 oyó sus voces aceptando la voluntad del Señor y que su manto de Elección los cubría.  La Iglesia de Suiza, al igual que todo el pueblo de Dios, instruido, educado y evangelizado por el Apóstol de Jesucristo, Samuel Joaquín Flores, sabía que Dios no los iba a dejar solos, por ser su iglesia, no los iba a abandonar cuando el Señor lo llamara a su descanso. Pedían que no los dejara fuera de su gracia, que abriera su corazón  al manifestar su voluntad, lo que el Señor ya venía haciendo desde el 8 de diciembre. Hoy vino a confirmar ese sentir. En esa alegría y orgullo por la obra y crecimiento en Suiza y en el gozo de la Iglesia,  invitó a entonar la alabanza marcada con el número 270 en los himnarios “Iglesia santa, mansión de luz y vida…”

Dijo que entonamos una realidad en el coro: “Cristo… bendice con tus promesas a nuestra gran reunión”. Porque Cristo es el que prometió, trayendo esas promesas desde el inicio de la restauración, primero con el hermano Aarón al cual muchos menospreciaron, luego con el hermano Samuel del cual también dudaron, poniendo pretextos para quitar lo que Dios había otorgado en ellos. Porque el lugar que Dios les da a sus Apóstoles no lo hace el hombre, ni la Iglesia, ni el razonamiento humano basado en la letra que solo confunde, sino que la Elección viene a manifestarse con el poder de Dios, haciendo a un lado la letra para “dar paso al  Espíritu de Dios que viene a penetrar y a obrar directamente en el corazón de cada uno de los hijos de Dios”.

Consejo espiritual

Esa mañana manifestó que él, al visitar una nación, analizaba primeramente  la situación espiritual de la iglesia de cada lugar para considerar su necesidad y así contribuir en la edificación, firmeza y- si es necesario- consuelo de ella. También se informaba de su origen e historia para  estimularlos en su desarrollo espiritual, por ello con absoluta propiedad, repetía las palabras apostólicas: “Además de otras cosas lo que sobre mí se agolpa cada día, es la preocupación por todas las iglesias”.

Mencionó que la tecnología actual vino a facilitar la labor ministerial de los Siervos de Dios, a diferencia de otros tiempos en que las distancias dificultaban su trabajo. Trajo a colación el ejemplo del apóstol Samuel, que llegó a tardar tres meses en una gira porque que aprovechaba ese espacio de tiempo para atender individualmente a cada iglesia. Con los avances tecnológicos, en los últimos 20 años, la Iglesia ya recibe en forma más general la enseñanza, primero con la señal satelital a través de las antenas parabólicas, como lo fuera en ese entonces y hoy a través de internet. Hoy es posible aprovechar la enseñanza particular de cada lugar, para que la iglesia universal  sea también edificada en el consejo espiritual.

La perseverancia en la Iglesia del Señor

El tema de su presentación fue la perseverancia en la Iglesia del Señor, porque era importante para él que quedara grabado en el corazón y mente de la iglesia del Señor, el verdadero significado de esta virtud,  aclarando que la Iglesia,  no son las cuatro paredes con bancas, sino los miembros que perseveran todos los días

Como texto base de elocución tomo primera carta paulina a los Corintios, capítulo 15, verso 58 “Así que, hermanos míos, amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Enseguida señaló que las tres etapas que conforman la perseverancia aplicada en el camino de Dios, son la firmeza, la constancia y el crecimiento en la obra del Señor.

La firmeza 

En el desarrollo de esta primera etapa,  expuso que ser firmes es tener un cimiento fuerte y estable, una raíz profunda la cual sirve como ancla en la fe del verdadero creyente. En el cristiano –especificó- significa ser estable, seguro, solido, fuerte, invariable e inflexible,  el cual no va a ser movido ni por la corriente del mundo, ni los malos ejemplos de su prójimo, ni una mala conversación, porque su vista está en el blanco perfecto que es Cristo.

Para ilustrar lo que es la firmeza citó la parábola del sembrador narrada por el maestro Jesucristo en el evangelio de  Mateo capítulo 13:19

Señaló que la palabra del reino significa “el evangelio de Cristo, la palabra de salvación, la doctrina que el Señor nos ha dejado por medio de sus apóstoles”. Y que es necesario que esa palabra debe ser entendida en cada persona, ya que la Iglesia no camina por fanatismo,  pues Cristo, nuestro maestro y Salvador, enseña que cualquiera que escucha la palabra y no la entiende, viene el malo y arrebata lo que ha sido sembrado. Porque el enemigo eso es lo que busca, destruir la obra de Dios que entra al corazón por medio del conocimiento de su palabra,  para que no se abra nuestro corazón al Señor y  entendamos.

Subrayó la  responsabilidad  que confiere Dios al hombre  para entender lo que  oye, porque no es solo sentarse en las bancas, sino tener el cuidado y la atención debida para comprender y discernir escuchando la palabra que viene a su pueblo, porque si no es así, esta puede ser arrebatada; sin embargo, cuando ésta se comprende a cabalidad, el espíritu se goza y “entonces nuestra boca glorifica a Dios” explicó.

Caso contrario, es el que fue sembrado junto al camino… ya cuando por el paso de los caminantes la tierra se compacta y endurece, la semilla no puede penetrar en ella. Necesita ser trabajada, removida para que la semilla germine  y la raíz pueda penetrar.  Así el Señor nos está enseñando que aquel que no prepara su tierra, su corazón, no va a prosperar en la fe.

Por su parte –continuó el Apóstol- El que fue sembrado en los pedregales, es aquél que recibe con gozo la palabra pero  cuya raíz tampoco puede penetrar debido la dureza de la piedra,  razón por la que se seca con el calor del sol.

Explicó que en la vida del verdadero cristiano, Dios siempre permite que el enemigo lo esté acechando. Recordó el ejemplo del siervo Job, el cual fue motivo de orgullo para Dios, por su vida y por sus obras, recreándose el Señor ante satanás, permitiendo que lo tentara porque conocía Dios su corazón, su fe, su raíz firme.  Y agregó: “En eso consiste el triunfo de Dios sobre satanás, en  nuestras obras, en nuestra vida, en nuestra conducta… fidelidad, en nuestra perseverancia”. En su prédica aseveró que así como Job, quiere Dios que actúen sus verdaderos hijos, esa es la  firmeza que espera Cristo cuando venga la prueba, el sufrimiento, la tentación, la angustia, el dolor, la enfermedad; pues al comprender y discernir su palabra  ésta  empieza a echar raíces que profundizan cada vez más.

“La firmeza en el caminar del cristiano se alcanza mediante el entendimiento de la palabra de nuestro Dios… mediante la comprensión de la doctrina. Estar firmes es comprender en quién hemos creído y en qué hemos creído”  –puntualizó, pues para mantenerse firme se necesita retener la palabra, la doctrina aprendida por un Siervo de Dios.  Cfr. 2ª Tesalonicenses 2:15

La constancia

Una vez entendida la doctrina -señaló- viene la continuidad y persistencia, contrario a la temporalidad e inestabilidad, porque la constancia es la consecuencia de la firmeza y una virtud básica para el cristiano. No hay firmeza si no hay constancia, -sentenció,  porque la  misma firmeza obliga  a ser constante, para que la semilla reciba el agua que necesita a diario. Aclaró que no es lo mismo conocer la doctrina  que conocer la letra, pues conocer verdaderamente la palabra de Dios obliga al creyente a ser constante.

Más adelante citó Proverbios 4:18 “la senda de los justos va como la luz de la aurora, de aumento en aumento”  para señalar que el hermano constante no detiene su desarrollo sino todo lo contrario, aumenta su amor, su comprensión espiritual, sus actividades en la Iglesia, etc. La constancia en el hermano lo hace estar activo, no se conforma con estar sentado, va adquiriendo responsabilidades. Es aquél que dice: yo quiero más y más de Cristo, el que enseguida pone por obra la enseñanza que recibe de los Siervos de Dios.

Resumió que la constancia es actividad, continuidad, persistencia, recordando lo que decían los apóstoles Aarón y Samuel Joaquín que por lo menos una vez al día, (sin ser una regla), ir al templo a agradecer a Dios.

Crecimiento en la obra del Señor. 

Citó la primera carta a los Corintios capítulo 3 versos 6 y 7 Yo planté, Apolos regó pero el crecimiento lo da Dios

Y agregó: “El crecimiento es el resultado de la firmeza, de la constancia, es el fruto del trabajo que constantemente se lleva a cabo… es el estado ideal que Dios requiere de nosotros como su iglesia.  Habiendo discernido lo que es la firmeza, la constancia y el crecimiento, puede afirmar que estos tres estados en conjunto son la perseverancia”

Ser firmes, constantes y crecer. Eso -afirmó- es la perseverancia. No solo se ha plantado, que es cuando llega la palabra de Dios, después viene la constancia que es el agua espiritual que debe ser regada a diario, (por lo menos una vez al día)  porque  así como el cuerpo material necesita ser alimentado todos los días, así esa semilla necesita ser regada.  El Apóstol ha plantado la semilla, enviando al ministro que riega, y aún el miembro que lleva la oración recordando la palabra,  pero cuando el hermano muestra su firmeza y constancia, Dios automáticamente da el crecimiento.

Trajo a colación las palabras que habló a la Iglesia universal en su presentación en Chile: “Donde hay palabra de Dios, viene la fe, donde existe la fe, vienen las obras y donde existen las obras hay crecimiento”

A los hermanos de Suiza les manifestó que era tiempo que se fortalecieran para el cumplimiento de las promesas de Dios, incluyendo a sus hijos para perseverar  en la fe, afirmados para ser constantes porque el crecimiento pronto vendrá, así como su regreso.

Conclusión

Resumió la importancia de la perseverancia del cristiano, la que le permite estar incólume contra las asechanzas del enemigo, además de dar siempre fruto para la vida eterna. Refirió que la perseverancia es la condición ideal del creyente, sin la cual de nada le sirven las demás virtudes como la fe, amor y esperanza. Porque sin la perseverancia se marchitan y se pierden todas ellas, sin agradar a Dios, como dice en Hebreros 10:38 “Más el justo vivirá por fe, pero si retrocediere no agradará a mi alma”.

Con relación a los aspectos contrarios a la perseverancia y que la frenan o la ahogan, el tiempo puede ser una causa-dijo. El hermano se cansa de esperar la venida del Señor y llega a dudar.

La segunda epístola del Apóstol Pedro capítulo 3 verso 9 recuerda que la esperanza sigue viva hasta el día de hoy.  Algunos la tuvieron por tardanza, porque creían que en su tiempo vendría el Señor, pero mientras más  tarda,  es una prolongación del tiempo para disfrutar de su gracia…

Recordó que nuestro pago no es aquí en la tierra, no es para este tiempo terrenal, ese está en el reino de los cielos como herederos y coherederos juntamente con Cristo. Como lo dijo en Washington cuando habló de la virtud de la esperanza, donde explicó que el cristiano tendrá el mismo lugar, la misma bendición y herencia,  que Dios le dio a su hijo. Por ello no debe el cristiano cansarse o desesperarse por su tiempo en la tierra, aún si perdiera la vida aquí… allá con Cristo la encontrará.

Finalmente -apuntó- El sufrimiento también es otra de las causas adversa a la perseverancia. Cuando el hermano es carnal y no entiende por qué hay tentaciones, luchas, obstáculos. Mencionó que él se había alegrado cuando  vio a los hermanos de Suiza levantar su puño en señal de aceptación, expresando que van a estar con él siempre.

Pero ese siempre –dijo- representa trabajo, esfuerzo, tribulaciones y angustias y aun sabiendo eso, preguntó si seguirían levantando su puño como lo dijeron en su canto de bienvenida. Los hermanos de Lausane que no dejaban de llorar ante el gozo, no tardaron en responder con un amen y levantando su mano empuñada, en señal de confirmación.

En este contexto Dios le inspiró recordar a estos hermanos del continente europeo aparentemente lejanos, lo que dice el apóstol Pedro en su carta primera, capítulo 5 verso 9, “sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.  Todos los miembros de la Iglesia del Señor padecerán, incluyendo a sus apóstoles. La historia nos refiere del sufrimiento del hermano Aarón, del hermano Samuel, y yendo más atrás de los apóstoles Pedro y Pablo  quien incluso pidió al Señor que le quitar ese aguijón (enfermedad) de su cuerpo, pero la respuesta de Dios fue: Bástate mi gracia y es en ese momento, cuando nos sentimos más débiles, cuando viene el poder de Dios a darnos fuerza para seguir adelante.

La prosperidad material es otra causa, cuando la bendición del Señor les hace daño, olvidando de dónde viene su bonanza creyendo tenerlo todo pero quedándose con nada, como lo dice en Apocalipsis a aquella Iglesia, que no alcanzaba a notar la pobreza, ceguedad y miseria en que vivía, paradójicamente con  aquel pensamiento hermoso: De lo recibido de tu mano, de eso te damos. Pues la bendición de Dios no es para olvidarlo a él sino para ayudar a su pueblo.

Concluyó su presentación histórica en este país diciendo que el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra del Señor… Lo malo no es la riqueza y prosperidad material en sí, si no olvidarse de Dios, que por esa riqueza deje de regar su fe todos los días; por eso hay  a quien  Dios los tiene en necesidad para que siempre lo busquen. Por ello nunca debemos dejar de sentir la necesidad de Dios, como dice el salmista: Mi alma tiene sed de Dios. Exhortó a ser fieles al Señor sin permitir que el tiempo, el sufrimiento, la prosperidad o el conformismo nos aparte del amor de Dios. Ni tristeza, ni angustia, ni tribulación, ni hambre… “Ante todo esto decimos otra vez, con nuestro puño en alto: Seremos más que vencedores, y si Dios con nosotros ¿quién contra nosotros?  ¡Somos valientes! ¡Somos guerreros! ¡Somos triunfadores en Cristo nuestro Señor!”

Despedida

Al término de su enseñanza pidió entonar el himno 465 “Quiero serte fiel Señor, perseverando hasta el fin”, como una petición a Dios.

“Hermanos de Suiza, iglesia universal ¿creéis que soy hombre de Dios?  Confiad en mis palabras, sigamos adelante, perseverando siempre  fiel a nuestro Señor y algún día le veremos venir con poder y gloria y nos reuniremos con él y entonces diremos: ¡Bendito seas Señor, por guardarnos en esta fe!”

Invitó a sellar ese compromiso con una oración, suplicándole a Dios que nos perfeccione en su poder y en su gracia, aconsejando a los hermanos de Suiza que cuando crean estar de nuevo solos, cierren sus ojos y vean los millares de ángeles estarán unidos a ellos que les acompañan junto con él.

Al término de la oración manifestó a la Iglesia que no les garantizaba el fin de las aflicciones ni los sufrimientos, o que el enemigo los deje de provocar, pero como le dijo el Señor al Apóstol Pablo: “Bástate en la gracia del Señor y cuando te sientas más débil, allí Dios te fortalecerá y manifestará su poder  en la fe que ha sido engendrado en ti por medio de la palabra del evangelio del reino”.

Se alegró de nuevo de estar entre ellos y ver de nuevo sus rostros,  los bendijo en prosperidad y crecimiento, confirmando nuevamente un próximo regreso a este país

Mientras el coro de New York, invitado para la ocasión, entonaba alabanzas, los hermanos tuvieron la bendición de pasar a saludar personalmente al apóstol de Dios. A cada uno de ellos les prodigó  bendiciones y palabras de aliento, así como agradecimientos a las personas que honraron con su presencia la reunión.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.