Presentación Apostólica en Milán, Italia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Grande gozo se vivió en Milán, Italia, con la presentación del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, el domingo 26 de junio, en el Grand Hotel Villa Torretta, donde se reunieron los hermanos de esta ciudad y de Varesse, quienes dieron la bienvenida al insigne visitante.

Cabe recordar que a esta ciudad fueron enviados en el año 2010 los hijos del Apóstol Samuel Joaquín, quienes fueron portadores de su saludo a los hermanos italianos con el fin de animarlos en la fe. En esta fecha, sin embargo, no recibieron a uno de los hijos del Siervo de Dios, sino al Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín, con la misma fe y el júbilo de los hijos de Dios quienes han sido amparados por el manto de la Elección.

A las diez de la mañana dio inició la consagración previa a la presentación apostólica, presidida por el  P.O. Benjamín Chávez, quien trajo a colación la bendición que vive este país europeo en el que durante siglos imperó el oscurantismo religioso. Citó el testimonio del profeta Elías, cuando oraba y ordenaba al criado que se asomara al horizonte a ver si veía la nube tras la cual venía la lluvia (Cf. 1ª Reyes 18:41). Ahora esa nube espiritual, por el Apóstol, venía derramando bendición sobre este país.

El reloj marcaba las 10:20 de la mañana cuando ingresó al recinto religioso el Apóstol del Señor. Las expresiones de júbilo y algarabía espiritual no se hicieron esperar. Desde el área ministerial invitó a la iglesia a elevar una plegaria al Creador y darle gracias por este hermoso encuentro.

Posteriormente, los hermanos expresaron su sentimiento espiritual a través de un canto: “Hoy nuestras almas rebozan de alegría al contemplarle Varón de Dios. Italia hoy se viste de gala con su presencia, Padre Naasón”. Los hermanos levantaban sus manos empuñadas y cantaban en el idioma italiano.

El ministro de Milán, hermano Gerson Navarro, dirigió unas palabras a nombre de la iglesia de ese lugar y de Varesse, quienes lo han recibido en su corazón. Recordando aquella ocasión memorable cuando recibieron a la familia del Siervo de Dios que los envió. Este glorioso día abrían una vez más sus corazones a un Enviado de Dios.

Saludo apostólico

“Mi saludo de paz para la Iglesia de Milán y de Varesse, Italia, es con las palabras que nuestro Señor Jesucristo le dijera a sus discípulos en Galilea: Vosotros sois la Luz del Mundo. Una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder, ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud sino sobre el candelero para que alumbre a toda la casa” (Cf. Mateo 5:14).

El Apóstol del Señor expresó que su saludo obedecía a la inmensa alegría de llegar a esta nación europea, con la misma ilusión que experimentó el Apóstol Samuel Joaquín cuando escuchó que Italia había abierto sus puertas al Evangelio, donde halló un remanente preparado por Dios que escucha la Palabra del Señor.

Dijo que él experimentaba una  satisfacción al saber que los hermanos de Milán, junto con los de Varesse y el resto de hermanos de Italia, conocían al Dios Vivo, Único, Incomprensible, Omnipotente, Eterno… al único que hoy se le da la gloria y alabanza; por ello repitió las palabras del Maestro: “Vosotros sois la Luz del Mundo, el pueblo escogido por Dios”.

Manifestó el orgullo era llegar a este país y saber que la semilla ha caído y que ha habido un crecimiento; que no estaba mirando lo que la sociedad observa, un grupo pequeño, sino que Dios le ha mostrado un hermoso Pueblo que si bien no se  había desarrollado antes es porque aún no era su tiempo, porque Él es quien establece el tiempo y las circunstancias.

Trajo a la memoria cuando Dios le mostró a Moisés la tierra prometida, en la cual a él no le tocó entrar junto con el Pueblo, hecho que, ante el juicio del hombre, podría ser considerado como una injusticia, en razón de que Moisés fue quien sacó a los israelitas de Egipto y los condujo por el desierto durante cuarenta años. Sin embargo, en su pueblo Dios hace lo que él quiere, como él quiere y cuando él quiere. La confianza está puesta en el que Dios elige, cuando él lo elige y en las circunstancias en que él lo elige.

Reiteró la alegría experimentada al ver el remanente de Dios en este país y explicó que remanente significa un porcentaje pequeño que está anunciando una hermosa bendición, por ello dijo sentir satisfacción de decir: “Vuestro tiempo ha llegado”: el tiempo de expandirse y de multiplicarse. Anunció la próxima llegada de un batallón de cien jóvenes que vendrán a la nación italiana, que representa la cuna de la idolatría, para que se alabe y se le dé la gloria a Dios.

Invitó a entonar una alabanza a Dios, a través del canto 189: “En las tinieblas la luz resplandeció”, y, comentando uno de sus párrafos, señaló que este testimonio hoy se cumple más que nunca, porque así como la luz de la aurora resplandece así se seguirá anunciando que en la tierra hay un Enviado de Dios para salvación hasta lo último de la tierra. Esta luz que será notoria, como fue la promesa hecha por Dios para el tiempo de  la Restauración: “Y lo haré notorio….”. El nombre no de Aarón sino el nombre que es para salvación.

Retomó la segunda estrofa: “Levántate, resplandece que llegó la luz de Cristo… y brillarás como la luz de la aurora y alumbrarás como resplandece el sol”. Enseguida recordó la frase insigne de su Ministerio: “Mi tiempo ha llegado”, y explicó ello significa trabajo, expansión y crecimiento; que esta frase trae una responsabilidad, a la cual invitó a la Iglesia sumarse a la batalla espiritual. La presencia del Apóstol en este país enardecerá los corazones de los jóvenes en todo el mundo para salir a inundar a las naciones con la Palabra de Dios.

Consejo apostólico

El tema central del Apóstol de Jesucristo, que es para la edificación y fortaleza de la fe de la Iglesia del Señor, fomentar y crear conciencia, fue referente sobre la importancia de la educación espiritual en la juventud y niñez de la Iglesia.

El Siervo de Dios señaló que desde el inicio de su ministerio los jóvenes se han unido a la batalla espiritual –que es la evangelización a todas las naciones–, sentimiento que denota la fe y el reconocimiento a las cosas de Dios y a la santa Elección que habitan en sus corazones: están unidos al Pueblo, se sienten identificados, aun cuando luchan contra la corriente mundo, igual que los adultos. De la manera con lo expresado en Alemania, acerca de que la identidad en el pueblo de Dios, significa una forma de vida formada por los Siervos del Señor, reiteró que ésta no debe perderse en las nuevas generaciones.

Recordó a la Iglesia que la educación a la juventud y a la niñez corresponde, en primer término, a los padres. Toca a ellos invitar a sus hijos a practicar las obras de Dios a través de la constancia, el consejo y la vigilancia. Destacó, además, que dicho cuidado no concluye ni aun cuando el hijo forma su propio hogar. Por su parte, el respeto, la honra y aun la obediencia de los hijos a los padres en el Señor, es perenne.

En este tenor, el Apóstol del Señor habló de cinco objetivos que los padres de familia deben poner en práctica:

  1. Revisar si se está transmitiendo a los hijos los valores espirituales.
  2. Concientizar a los padres de familia acerca del peligro de crecer sin el debido cuidado de las cosas de Dios.
  3. Fortalecer la relación de los padres con los hijos.
  4. Fomentar la comunicación en la familia, lo que es básico para identificar a tiempo los peligros que amenazan la fe.
  5. Instruir y orientar con la doctrina para conducir a los hijos de la mejor manera.

En este tenor, otro invitó a leer en la primera carta del Apóstol Pablo a Timoteo, capítulo 5, verso 8: «Porque si alguno no provee para los suyos, mayormente para los de su casa, la fe ha negado y es peor que un incrédulo». Recordó la responsabilidad que Dios ha dado a los a los padres en la educación de sus hijos.

Señaló que la invitación que desde el inicio de su Ministerio ha venido haciendo a la juventud de la Iglesia para integrarse a la batalla espiritual tiene un objetivo: expandir el Evangelio de Cristo por el mundo. En contraste, el carnal interpreta que la lucha es material, sin comprender que la Palabra de Dios, que  es para salvación, se transmite por medio del amor, tal y como la predicó Cristo al principio. Lamentó el peligro latente de que  muchos padres de familia, al no estar al pendiente de sus hijos los descuidan, perdiendo con ello la batalla en sus propias trincheras.

Destacó que un padre de familia que ha sido negligente en la educación de sus hijos, que no ha estado al pendiente las necesidades principales de los suyos, como son las espirituales,  no se puede considerar un hermano de fe, y recordó lo que expresó en Chile: «Donde hay palabra de Dios, nace la fe; donde hay fe, existen obras; y donde hay obras hay prosperidad». Y una de esas obras es cuidar de lo nuestro, a nuestros hijos, remarcó.

Comentó que no es posible afirmar que se entiende la doctrina, que se goza en ella, que se vive y se práctica, y a los padres de familia y no les interesa el caminar de su hijo, sabiendo que esta palabra trae salvación y conduce a la vida terna. Así como el padre cuando ve a su hijo cruzar una vía en la que hay peligro de ser arrollado por un auto, por salvarle lo lastima, sea con un grito o un empujón que le sirve para que aquel niño tome conciencia de lo que le va a pasar y en lo futuro lo agradece, aunque en su momento le haya dolido la forma para salvarlo. Semejante es en lo espiritual.

A veces es necesario alzar la voz a nuestros hijos para señalarles el peligro, porque pueden ser arrollados por la corriente del mundo y en ello existe peligro de muerte. Lamentablemente, es difícil rescatar al hijo que ya se ha inclinado al mundo, de lo cual el padre es responsable al no estorbarle ni estar a su lado aconsejándole de continuo.

Es triste que el padre de familia no aprovechó el respeto y admiración de su hijo para instruirlo en el servicio a Dios, ya que nuestros hijos son el futuro de la Iglesia. Alabó a aquellos padres que enseñan a sus hijos desde pequeños a tener temor reverente, que no miedo humano, sino el conocimiento de Dios, ya que Él es nuestro Padre celestial y debemos acercarnos con confianza, sabiendo que Él nos ampara, protege y cobija en su seno.

Para analizar la situación individual de cada uno, hizo una pregunta que todo padre debe contestar: ¿en qué estado espiritual está tu familia? ¿Su condición en la que están los hijos? Si se alegran cuando los invitan a la Casa de Oración o muestran disgusto.

El Apóstol subrayó que la obra que hace Dios en los creyentes inicia en el hogar cristiano: los padres transmiten el sentir a sus hijos. Así como los niños al nacer comienzan a desarrollar sus sentidos para reconocer sonidos, conforme reciben la instrucción espiritual también se desarrolla su conciencia. En caso contrario, con ciertas actitudes irreverentes como dar comida, dulces o juguetes a los niños en el templo, se está transmitiendo no el temor de Dios, sino la indiferencia a las cosas sagradas: a no ser cristianos.

En el amor que tiene para las almas, el Apóstol de Jesucristo habló sobre el peligro que el cristiano corre cuando decide no toma en cuenta a Dios en todos los aspectos y situaciones de la vida; como cuando enferma, su primera opción, ordenada por Dios, es acudir al templo con los ancianos de la iglesia a que los presenten, luego buscar al médico (Cf. Santiago 5:14), en razón de que Dios es la fuente de salud, bienestar, prosperidad, armonía familiar y dicha inmortal.

Para robustecer lo anterior, citó el siguiente pasaje: «Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican (Romanos 1:28-32).

En esta cita, el Apóstol Pablo señala las características de algunos de los romanos los que se alejaron de Dios. Invitó a la reflexión preguntando cómo es que llegaron a ese estado de insensibilidad, de maldad, de aborrecer a Dios… lo cual es una situación muy delicada. Sin duda, se olvidaron de quien han recibido la fuerza y la capacidad, creyendo que era por su fuerza o por su inteligencia.

En otro momento, el Apóstol del Señor destacó que él se consideraba un hombre afortunado y agregó: “Porque vivo en Dios, y vivo con Dios y aunque no tenga abundancia, Él me provee día a día lo necesario para que yo viva; en primer lugar, necesitando de Él toda mi vida y en segundo lugar, siendo agradecido. Estas dos virtudes son las que le pido a Dios que nunca falten en mi corazón; que siempre sienta y tenga yo la necesidad de Él y que siempre experimente la gratitud hacia nuestro Dios”.

Efectos de la falta de educación cristiana en el hogar

En otro momento, refirió que la nula, mala y deficiente educación en los hijos no solo trae consecuencias espirituales —el hermano se expone a perder la salvación, no es apto para el reino de los cielos…—; trae también consecuencias materiales como problemas familiares, enfermedades  y desolación. Recordó a un joven de su generación que dejó su familia biológica y espiritual en Guadalajara, y se entregó a una vida de libertinaje en Ámsterdam, Holanda, donde se contagió de una enfermedad incurable. Por rechazar servir a Dios fue desechado por Él y perdió todo.

Citó el libro de Jueces 1:28, donde se menciona que una nueva generación que surgió después de la de Josué, no conoció a Jehová ni su obra por Israel. Mientras el Pueblo estuvo bajo el mando de Josué, prosperó, hubo bendición, paz y triunfos. Pero después, con la generación que sirvió a otros dioses, dejando al Dios de sus padres, vino la aflicción y cesó la paz.

El Pueblo de Israel se olvidó que Dios cumplía sus promesas, como las victorias y triunfos alcanzados por su mano cuando cayeron las murallas de Jericó. Cuestionó la razón de su olvido. La respuesta es sencilla: los padres olvidaron del mandamiento de Dios: «Y recordarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos, por generaciones todas estas palabras que hoy yo te he dado…».

Así como en Israel la Ley de Moisés era recordada de continuo, ahora en la Iglesia la doctrina de Cristo debe ser recordarla todos los días: al acostarse, al levantarse, en el camino… Así como los padres tienen cuidado para con sus hijos en la escuela, obligándolos incluso a no faltar por el esmero de darles una preparación para que tengan un mejor futuro, exhortó a los presentes a no olvidar que hay un futuro mejor: el espiritual, sin que esto signifique que tengan que sacrificar su futuro profesional, porque los dos se pueden ir juntos. Lo académico no estorba para servir en la espiritual, antes al contrario, es complementario. Para aquél que estudia, es indispensable tener en cuenta a Dios y Él no solo le permitirá terminar su carrera sino que lo hará mejor, lo hará destacar entre todos, porque así es el Señor: toma de lo más bajo para avergonzar al mundo.

Los ídolos modernos

Por otra parte, mencionó que para algunos, los «dioses contemporáneos» pueden ser el internet, la tecnología, el dinero, la propia persona, la ilusión humana… porque todo aquello que roba el tiempo para servir a Dios, es un ídolo.

Hizo además un señalamiento muy importante a sus hijos espirituales: que sin Dios no son nada, a diferencia de los hijos de los hombres, quienes si necesitan de la salud, de la inteligencia, de las oportunidades, de la suerte o del dinero para poder sobresalir en la vida. Los hijos de Dios solo lo necesitan a Él, quien ha demostrado que cumple sus promesas. Y agregó: «No nos da lo que queremos: nos da lo que necesitamos y a veces lo rebasa…traspasa lo que nosotros hubiéramos deseado en la vida».

Mencionó la importancia de no dejar de sentir la necesidad de Dios, de mayor valor que tener riqueza, fama o estudios. Recordó las palabras del rey David: «Mi alma tiene sed de Dios…» (Salmo 42:2), e invitó a que todos los días, al despertar, cada hermano experimente el deseo de ir a la Casa de Oración a agradecer la bondad divina.

En otro momento, hizo alusión a los padres que, al descuidar la instrucción espiritual en sus hijos, quieren que los ministros corrijan el daño. Citó Proverbios 22:6: «Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará», y agregó: «Si descuidamos su educación cristiana y no compartimos con ellos esta hermosa enseñanza, que es el  evangelio de Cristo,  ni les infundimos la doctrina de la Iglesia ni les instruimos en el buen camino desde niños, ese hijo que hoy tanto amas, será vergüenza para su padre, porque sus acciones serán hechas con soberbia, necedad, deslealtad, sin afecto natural, llegando el día que no reconozca a Dios, ni la Elección, ni se sujete a la doctrina». Contó el testimonio de una joven que en escuela defendió su fe ante la burla de su maestro, al señalar que su vestimenta era decisión personal, de su propia capacidad de discernimiento para escoger servir a Dios.

Un nuevo mandamiento para la Iglesia

En esta fecha histórica para la Iglesia de Milán, el Apóstol de Jesucristo estableció un nuevo mandamiento para la Iglesia Universal, en relación con el inicio de la educación a los hijos. Recordó que si  la ciencia establece que desde el vientre de la mujer el embrión ya percibe sonidos y voces, y los médicos recomiendan a la futura madre hablarle y ponerle música para influir en sus gustos, ¿por qué no comenzar a cantarle cantos y leerle la Biblia en voz alta, más que la música profana y las palabras vanas?

El salmista David decía: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas» (Salmos 139:16); quiere decir que en cuanto el embrión comienza a formarse, Dios deposita el espíritu que le ayuda a formarse dentro del vientre de la madre.

La responsabilidad de educar, entonces, no comienza cuando los padres presentan a su hijo a los cuarenta días, cuando se comprometen delante de la Iglesia, sino desde la misma concepción. Por lo anterior, estableció que a partir de esta fecha cada matrimonio, en el momento que saben que van a tener la bendición de tener un hijo, se presenten ante la Iglesia y canten una alabanza. Ahí darán la buena noticia y pedirán la oración para que Dios les dé un buen corazón a los padres y puedan transmitir a su hijo la enseñanza cristiana: “Es allí donde empieza, en los padres, la educación de los hijos”, asentó.

Añadió que es Dios quien dará a aquellos padres la sabiduría que los guiará por sendas de rectitud y de  justicia, solo que se ocupen de engendrar la santísima fe que habita en sus corazones y de esta manera se creará un ser hermoso: «Aquel embrión, desde antes de nacer, ya está identificado con su nación, con su gente, con su patria y con sus alabanzas».

Un ejemplo de lo anterior es el niño que desde pequeño lleva el buen ejemplo de imitar al padre en tomar sus libros para ir al templo y cantar. Para ello es necesario ir creando un ambiente cristiano, comenzando por los mismos padres, para que Dios forme un ser con temor de Dios y conocimiento.

Mencionó tres etapas que hay en la educación de la niñez, comenzando por la gestación y el alumbramiento, momento en que los padres se convierten en arquitectos del nacimiento de sus hijos. Preparan en lo material el ambiente en el que vivirá el hijo, desde el lugar donde dormirá, pero cuestionó si en lo espiritual hay una preparación previa, la cual debe ser con el mismo cuidado que se tiene para lo material.

Exhortó a revisar el ambiente que los padres observan en sus hogares, si es solo la música profana o en la pérdida del tiempo en las redes sociales, que no trae beneficios. Aprovechó para mencionar que el internet sirve como medio para conocer lo que los hermanos hacen en diferentes lugares. En ese aspecto las redes sociales son útiles para lo bueno y no para fomentar las inclinaciones mundanas de los hijos, las cuales algunos padres hasta celebran.

La educación cristiana comienza desde que el embrión comienza a desarrollarse: el ambiente que le rodea debe ser cristiano

En la segunda etapa de la niñez, cuando los hijos están desprotegidos y es necesario atenderlos —cuando ocupa el alimento que sea nutritivo para su desarrollo y crecimiento—, es cuando los padres le enseñan a caminar, aun cuando hay riesgo de caídas, pero no por eso detienen esa lección muy indispensable en la vida. Se le obliga a ir a la escuela también, porque saben sus progenitores que eso representa un conocimiento que le ofrecerá más oportunidades en un futuro. Así la enseñanza espiritual, el conocimiento de las cosas de Dios le dará oportunidades para obtener la vida eterna, mejor que en la material.

Asegura que si los padres garantizan la fe de sus hijos, Dios garantiza la bendición en ellos en este mundo. La promesa de Dios es: «Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien  y vivas muchos años». Garantiza el Señor aún la bendición material, la salud, una larga vida si se cumple con sus mandamientos. Con Él se tendrá todo, pero si le fallamos…

En otro momento hizo hincapié en que los hijos de Dios no pertenecen al mundo. Los hijos de los hombres sí necesitan de su salud y su fuerza, porque dependen de sí mismos. La herencia que les corresponde a ellos no es la misma que a los hijos de Dios, cuya herencia está en los cielos, como peregrinos y extranjeros que son. Con todo y eso, también hay bendición materia y prosperidad. Lo dijo el Señor: «… os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia» (Deuteronomio 30:19). Y añadió: «Sin Dios no somos nada, pero con Dios a nuestro lado, ¿quién contra nosotros?».

Es un derecho y una obligación que los padres tienen de inculcar en sus hijos los principios cristianos, derechos que nadie les puede quitar, así como también se respeta y se obliga a una formación escolar y académica.

La tercera etapa es la de a adolescencia, la de la juventud, en la que peligran más por la idea de buscar mayor independencia. Es un tiempo en que se avergüenzan de sus padres frente a sus amigos, con los cuales buscan encajar, haciendo más caso de lo que ellos hablen, hagan y digan, que el consejo de sus progenitores. Busca la realización en los vicios, en las modas juveniles, así como en el lenguaje atrevido, tatuajes, modas y todo lo que le hagan sentirse integrado a ellos. Resultado de la falta de atención y descuido de los padres.

El trabajo de los padres no termina aunque sus hijos sean mayores de edad o casados. Para ilustrar su mensaje puso el ejemplo de un hermano encargado a quien su padre le llamó la atención delante de los hermanos por una falta hecha hacia un caballo. El hijo avergonzado bajó su cabeza pero no respondió por el respeto a su padre.

No importa que el hijo esté casado y que no quiera sabe nada de la Iglesia, su deber es siempre recordarle: «Acuérdate de tu Creador».

Despedida

Por último, el Apóstol de Jesucristo resaltó la importancia que tiene para él que se comprenda la grande responsabilidad que los padres tienen. Esta es la bendición que él trajo no solo a Italia sino a toda la Iglesia Universal, porque en la educación de los hijos se fortalecerá la Iglesia, porque ellos son el futuro, quienes el día de mañana anunciarán el Evangelio, porque cada uno de sus ellos representará miles de almas y cada uno formará parte del cumplimiento de la promesa que Dios le hiciera el 8 de diciembre de 2014.

Para despedirse invitó a la Iglesia a entonar la alabanza 234: «Grandes bendiciones tengo yo a tu lado…». Afirmó que si los padres de familia aceptaban el consejo, lo recibían y lo ponían por obra, habría bendición en sus hijos, para fomentar en ellos el temor de Dios y que de nunca olviden la enseñanza.

Citó como ejemplo al joven José, quien estando lejos no consintió en pecar contra Dios (Génesis 39: 1-23). Su pensamiento fue de guardarse en ofender a Dios, aunque nadie lo vigilaba, sin duda su padre le había enseñado el temor reverente. Entendió que todo lo que tuvo que atravesar era porque Dios le tenía preparado una gran bendición, de ser el segundo de Faraón. Así sea en los hijos que estarán solos en las escuelas, allí brille la luz del Evangelio y sean ejemplo, den testimonio con sus obras y que los hijos contesten a las invitaciones a pecar o a los cuestionamientos sobre su creencia, su manera de hablar o de vestir, con el orgullo espiritual: «Porque soy un hijo de Dios. Porque soy miembro de la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Baluarte de la Verdad».

Después de la alabanza comentó que para él tiene un significado muy importante este país, porque no solamente los pies del Apóstol Samuel Joaquín pisaron esta nación, como símbolo de que había llegado el Evangelio; ahora, en esta nueva era, como parte de las promesas que Dios le hiciera al Apóstol Naasón Joaquín el 8 de diciembre de 2014, que él traspasaría los mares, las fronteras y llegaría los cinco continentes.

A la Iglesia le dirigió unas palabras de exhortación: «Hermanos de Italia, nuestro tiempo ha llegado». Enseguida, elevó su oración para que el Señor les diera fortaleza y anunció el envío de un batallón de jóvenes para que en Italia, cuna del paganismo, exista un Pueblo que alabe al único Dios Vivo. Externó el deseo de ir con el Señor para pedirle bendición por sus hijos en la fe.

Al terminar la oración expresó que si cumplían con el consejo, al educar y transmitir a sus hijos la instrucción, entonces cada joven y niño representará mil almas en esa nación. «¿Creéis en mi palabra?¿Creéis en esta promesa?», preguntó. La respuesta fue unánime.

Los hermanos de Milán y Varesse, Italia, tuvieron la oportunidad de saludarlo. A cada uno el Apóstol de Dios concedió de su tiempo para repartir su bendición: a unos animó, a otros consoló o aconsejó, a las personas que se acercaron por invitación de los hermanos también les agradeció que estuvieran presentes. La estela de bendición permanece en este país europeo.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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