Presentación Apostólica en Río de Janeiro, Brasil

En el marco de su primera gira universal, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García visitó a los hermanos de Río de Janeiro, Brasil el jueves 5 de febrero de 2015.
Al hermano D.E. Atlaí Joaquín le fue encomendado iniciar la consagración previa a la presentación apostólica, a la cual asistieron algunos hermanos que se trasladaron a la ciudad de Río de Janeiro, además de numerosas visitas que se acercaron desde temprana hora a la Casa de Oración del barrio Madureira, donde se encuentra la Iglesia central del país, deseosas de conocer al Apóstol Naasón Joaquín y escuchar su mensaje.

A nivel nacional, la Iglesia Luz del Mundo tiene presencia en Curitiba, Sao Paulo, Navegantes y Espíritu Santo, además de sus obras o misiones y en Río de Janeiro cuenta con dos casas de oración; la principal que está sobre la importante avenida Intendente Magalhaes n. 10, en el barrio Madureira –donde tuvo verificativo la presentación apostólica–, y en Rúa do Chichorro n. 42, en el barrio Catumbi. Por su nombre oficial en Portugués, la “Igreja do Deus Vivo Coluna e Baluarte da Verdade: A Luz do Mundo”, fue inscrita en el Registro Civil Das Pessoas Jurídicas (n. 68. 772.300/0001-22), el 11 de noviembre de 1990.

Salutación apostólica

El reloj marcaba las 19:30 horas cuando, acompañado de los ministros que invitó a su gira universal el Apóstol de Dios ingresó a la Casa de Oración. A su paso, los hermanos brasileños pudieron contemplar con los ojos de la fe, la hermosa gloria que Dios le ha dado, como le diera a los apóstoles que le precedieron, pues el manto de la Elección ha tocado los corazones de los creyentes y ha derramado de sus dones y gracias espirituales. Durante un período prolongado brotaron las lágrimas de los ojos de los hermanos, mientras que con sus manos ondeaban sendas palmas en señal de reconocimiento al que en el nombre del Señor venía entrando. La barrera del idioma no representó un obstáculo para que la bendición de Dios llegara directamente a los corazones como ocurrió, pues la fe es el lenguaje del alma.

La Iglesia recibió al Apóstol del Señor con la alabanza “Hossana, Hossana” en el idioma portugués, que es el que hablan la mayoría de los conversos a la fe en este país y fue entonces cuando la potente voz del Apóstol se escuchó llenar el recinto: “Cuánto anhelaba mi alma pisar estos lugares, y alegrarme con la Obra que tú, Oh Señor, has hecho en sus corazones. Han pasado ya otras naciones y mi corazón se alegra al confirmar esta hermosa obra: el cumplimiento a la palabra que me has dado y que cada vez más confirmo. Esta es tu obra”, fueron las palabras con las que inició su saludo a la Iglesia presente.

–“Grande alegría siente mi corazón al ver sus rostros. Tenía muchas ganas de estar con ustedes y decirles que aquí estoy, que Dios me ha mandado para consolarlos. Me permite pisar por primera vez este enorme y hermoso país de Brasil, que será grandemente bendecido de parte de Dios”.

La corriente del mundo

A lo largo de su explicación, recordó el deseo del Apóstol Samuel Joaquín de visitar la Iglesia de Brasil y que por su estado de salud no le fue posible: –“Aunque la persona del Hermano Samuel ya no está entre nosotros, porque ahora está su hermano Naasón, sí está la Elección de Dios. La promesa de Dios de que no quedaríais solos y que quedaríais abarcados en esta hermosa gracia y misericordia, que es la salvación de Dios, hoy se ha cumplido”–.

Luego, a manera de parábola, citó el ejemplo de una zona ecológica del país para acompañar su consejo:

–“En esta región hay una catarata enorme que arroja millones de litros por segundo. Aparentemente, el río que va cayendo por ella se ve que viene a una velocidad lenta. Sin embargo, si nos aventáramos al río nos arrastraría, aunque se vea lento. Ese río, simbólicamente, lleva millones de pensamientos, deseos y desenfrenos, principalmente en los días que se aproximan –el carnaval de Río de Janeiro–, y puede hacer que nosotros, en una falsa confianza, demos un paso equivocado y caigamos a su corriente, y cuando queramos salir de ella ya no podamos hacerlo. Cuántas veces decimos –A mí la corriente no me va a llevar. Yo puedo meterme a ella y atravesarla y no me va pasar nada–. Sin embargo, no es así”.

Y agregó: “Dios preparó los medios para que tú vinieras a conocer esta hermosa verdad, a pesar de la influencia del mundo. La niñez y la juventud, quienes nacieron en la Iglesia del Señor, se sienten atraídos por esta corriente –nada más me voy a meter poquito, por un tiempo, por unos días, dicen–, sin embargo el río es pesado. Aunque nos pongamos a la orilla puede arrastrarnos y llamarnos a su corriente, que es fuerte. ¿Qué pasaría si en esas inmensas cataratas cayera una persona? Habría un final trágico y doloroso, en el cual no habría ningún tipo de esperanza”.

“¿Quién te garantiza cuando dices: Yo me voy al mundo ahorita y luego regreso? ¿No hemos visto niños, jóvenes y hombres maduros morir? ¿O nada más se mueren los ancianos? Jóvenes y señoritas que fueron elegidos para esta gracia: qué tristeza sería que cuando Dios te llame a cuentas te encuentre siendo llevado por el río –la corriente del mundo–, porque al término de nuestra vida en la tierra se acabó la oportunidad que Dios nos dio”.

En relación con lo anterior, el Apóstol trajo a la memoria la oración del Señor Jesucristo en el Monte de los Olivos cuando pidió al Padre: “No te ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal” (Juan 17:15).

Sed luminarias del mundo en medio de la oscuridad

Más adelante, en su exposición, el Enviado de Dios destacó una de sus más profundas preocupaciones:

–“Dios quiere que seamos verdaderas luminarias del mundo, y así como una luciérnaga pequeñita, alumbremos en medio de la oscuridad. En este país, donde la oscuridad de las carnalidades prevalece, tus obras deben brillar. Esa lucecita que tú representas es una semilla que va a germinar. Y ahí donde la siembres va a florecer una plantita, que luego se convertirá en rama, y después será un tronco ensanchado del que saldrán hojas, flores y sombra. Y ese tronco fuerte no podrá ser derribado por la corriente del río. Quiere Dios que este lugar, símbolo de las carnalidades humanas, el día de mañana sea un símbolo del crecimiento de la iglesia del Señor”.

Nación santa. Pueblo adquirido por Dios…

El Siervo de Dios recordó a la Iglesia reunida el significado de ser llamados hijos de Dios:

–“En tu cuerpo habita el espíritu de Dios y se manifiesta. Ahora somos su templo ¿o ignoráis que sois templo del espíritu de Dios? Su nación santa; Su pueblo adquirido; Su real sacerdocio… ¡Qué dignidad tan grande! Ahora eres un sumo sacerdote; eres santísimo, porque en ti se manifiesta el Espíritu de Dios. Qué bendición tan grande, hermanos”.

–“No debemos olvidar los favores recibidos de parte de Dios: el de ser aptos para la vida eterna –tener la posibilidad de entrar un día al reino de los cielos–; tener una dignidad y una gloria no dada por el mundo, y el ser hijos de Dios, título que ni aún a los ángeles del cielo les ha dado el Señor. Practicar la gratitud nos ayuda a no olvidar y nos impulsa a corresponder a ese beneficio espiritual que Dios nos ha dado”.

No estáis solos

Al igual que en Chile, Argentina y Uruguay, el Apóstol reiteró: “Hermanos de Brasil: Dios quiere que en el lugar en el que Él cultivó esta hermosa planta, aquí florezca la Iglesia del Señor. No quiere que sea trasladada a otro lugar. Quiere que aquí, en este lugar de desenfreno, esa plantita empiece a crecer, y se convierta en un árbol que ni aún el río pueda arrastrar. Porque en la orilla de aquel río también habrá árboles, con troncos enormes, firmes”

–“Su hermano ya está organizando a los jóvenes de todo el mundo, y enviaré a un grupo de ellos a colaborar, apoyar y respaldar la obra que el Señor ha hecho en este país. Así es que no están ni estarán solos, ellos te ayudarán, te apoyarán, caminarán juntamente contigo para animarte al amor y a las buenas obras. Pero mientras llega eso, este es mi consejo para vosotros: esforcémonos. ¿Que la corriente es muy fuerte? Sí, pero nada más veámosla de lejos. Démosle la espalda, como lo hizo Lot, quien no volteó hacia atrás para ver dónde estaban las ciudades inmundas y pecadoras de Sodoma y Gomorra”.

–“Estoy muy contento con vosotros. Créanme que mi alma ardía por venir a conocerlos y venir a decirles que no están solos. Que son parte de la iglesia que Dios ha puesto en mis manos para administrarla: la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad; que sois hijos de Dios muy amados. Y en ese amor te vengo a decir que éstas son las joyas que Dios te manda. Aprovéchalas, guárdalas en tu corazón y mente, y practícalas. Que Dios te ayude hermano de Brasil”.

Despedida

Antes de despedirse, el Siervo de Dios dejó una enseñanza más, a través de la invitación a cantar el himno 315: “Le dio Jesús a mi vida”, del cual comentó algunas de sus estrofas, para agregar finalmente:

–“Su hermano se quiere despedir de ustedes, y decirles: ¿Salisteis a ver al desierto una caña sacudida por el viento? ¡No! ¿A un hombre con vestiduras delicadas? ¡No! ¿Saliste a ver a un profeta? Yo os digo a vosotros: más que un profeta: Naasón Joaquín, siervo del Dios vivo.

Al final de su exhortación, como lo ha venido haciendo en las Iglesias visitadas durante la gira, saludó personalmente a los hermanos y repentinamente, en un acto surgido de la auténtica inspiración de Dios, distinguió al hermano Víctor López de origen colombiano, quien estuvo nueve años como encargado en la Iglesia de Río de Janeiro, ungiéndolo con el ministerio del diaconado, acción que inundó de gozo los corazones de los ahí presentes, quienes unánimes y de rodillas alabaron el nombre del Señor.