Presentación Apostólica en Silao, Guanajuato

(Coordinación de Crónica Apostólica).— La Torre de la fe, majestuoso santuario ubicado en el centro del país, en Silao, Guanajuato, fue el recinto en que la mañana del 9 de abril del 2017, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, llevó su mensaje, acerca de la salvación, a la Iglesia del segundo estado que visitó en la décima etapa de su primera Gira Universal, disertación plasmada de sabiduría divina que llenó de júbilo a los cientos de hermanos y hermanas que ese día acudieron a la Escuela dominical para escuchar las enseñanzas apostólicas que el Ungido de Jehová, inspirado por Dios, les impartiría, a fin de consolidar la fe de las iglesias que se congregaron para recibir la bendición de la Palabra y presencia del padre de la fe.

Al connotado santuario fueron llegando, desde temprana hora, la Iglesia anfitriona de Silao, así como las de las ciudades de Irapuato, colonias Niños Héroes, Juárez y Ganadera; de León, colonias La Joya, y las de Celaya, Salamanca, Villagrán, Comonfort, Manuel Doblado, San Francisco, San José Otate, Loma tendida, Cuerámaro, acompañadas de los obreros y obreras de los once batallones que el Siervo de Dios envió a este estado a impulsar la evangelización e impartir el mensaje de salvación en esta entidad, considerado el corazón del catolicismo en México y uno de los escenarios de la Rebelión cristera que empañó de sangre al país con el conflicto fratricida que se llevó a cabo por la intolerancia oscurantista de la jerarquía católica y con la venia de las autoridades del Vaticano; pero este domingo el lugar se vistió de luz, con la veraz exposición de la doctrina que impartió el Embajador del reino de los cielos, líder y guía espiritual de la auténtica Iglesia de Jesucristo, la del Dios Vivo, Columna y Baluarte de la Verdad, La Luz del Mundo.

Los levitas de los coros de jóvenes de Hermosa Provincia y Bethel, de Guadalajara, unidos al del estado de Guanajuato, con sus melodiosos cánticos encendían el fuego espiritual de la iglesia que aguardaba el glorioso momento en que el Apóstol de Jesucristo ingresaría al sagrado recinto. Acudían también a la connotada presentación, numerosas visitas de las incipientes obras que los Batallones están evangelizando en Dolores Hidalgo, Abasolo, San Miguel allende, San Luis de la Paz, San Felipe, Pénjamo, Salvatierra, Uriangato y Romanita entre otras obras que están recibiendo la doctrina de la Iglesia de Cristo.

El espacio de la consagración

La emotiva consagración fue presidida por el hermano P.E. Benjamín Chávez Joaquín, quien invitó a la Iglesia a entonar con entusiasmo el himno n. 509, “Si oscura fue mi vida”, cántico espiritual que Dios inspiró al hermano costarricense Tulio Gómez, y en el que anima a la grey del Dios Vivo a tomar valor en la lucha, porque la espada de la Iglesia es la palabra. Después de la lectura del Salmo 34, “Bendeciré a Jehová en todo tiempo, su alabanza estará de continuo en mi boca…”, los congregados oraron a Dios por el Apóstol, quien en punto de las 10:30 ingresó al atrio de la magna Casa de Oración franqueado por una valla de abanderadas vestidas con atuendos típicos de los países y portando los lábaros patrios de las 54 naciones que han sido conquistadas para Cristo, le acompañaban, su esposa, la hermana Alma Zamora, el pastor de la Jurisdicción Centro, Camilo Sainz Urías, el pastor del Distrito XIV, Nicolás Menchaca Tristán, los Pastores evangelistas Benjamín Chávez Joaquín, Tobías López Rubio y Juan Chávez.

La feligresía se unía al canto de los Coros que unánimes entonaban la espiritual alabanza de reconocimiento a la Elección: “Hay una llama en mi alma encendida…”. El Pastor Nicolás Menchaca dio la bienvenida al Apóstol, a nombre de los 200 ministros responsables de las iglesias de Guanajuato y expresó que la visita apostólica los llenaba de gloria. El coro de jóvenes, a su vez, reiteró el saludo entonando el canto de Elección: “Bendito el que viene en el nombre de Cristo”, al paso de su Ungido, que con gran emoción espiritual los saludaba y con sus brazos abiertos departía bendiciones a raudales.

Salutación apostólica

Ya en su ministerio, el Apóstol del Señor saludó a la iglesia y aceptó el recibimiento expresando que él se unía a ese hermoso regocijo y expresó que los visitaba para invitarlos a la lucha: “Iglesia entrañable de Guanajuato, mi saludo es con la fuerza del Espíritu de Dios, yo quiero que seas vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del Evangelio, pero sobre todo que tomes el escudo de la fe, el yelmo de la salvación y la espada del espíritu. ¿Y por qué os saludo de esta forma?, mi saludo es una invitación a la batalla espiritual, porque soy consciente que vivís en un estado que hasta hace pocos años era cuna de engaño y mentira en el centro del país, donde era imposible que llegara la Iglesia del Señor, a causa de la intolerancia religiosa.

“En esta tierra de cristeros, Dios inspiró a un Apóstol de Jesucristo para que levantara esta hermosa torre, la cual llamó ‘Torre de la fe’ y fue aquí en Silao, donde Dios le diera un hermoso y precioso triunfo a la Elección en el año del 2012… desde entonces este Estado que se mostraba intolerante y perseguidor de la fe de los santos, abrió sus brazos al evangelio que se predica en este gigante que grita con alegría, ¡aquí esta la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, en cuya Iglesia hay un Apóstol de Jesucristo…”.

Continuó diciendo que acudía a ese lugar con el deseo de que también en Guanajuato se multiplique y engrandezca el amor del Señor, y después de explicar el origen del templo de Silao, cuyo predio adquirió el apóstol Samuel Joaquín e inspirado por Dios impulsó la construcción de este templo asentado en el Centro del país, al que llamó “Torre de la fe”, “…porque se levantó cual gigante para anunciar que aquí está la Iglesia del Señor, recinto sagrado que inaugurado en 2012 y en el que se llevaron a cabo cursos de preparación para la obra, justamente durante la visita de un papa… Espacio sagrado que también su hermano Naasón ha convertido en lugar de trabajo regional y de impulso a la evangelización en la nueva era apostólica, enviando once batallones de obreros y obreras a este lugar y con el trabajo y aceptación que están teniendo, se avecina una lluvia de bendiciones”. Destacó que este santuario también es importante para él, pues aquí Dios le inspiró escribir y enviar la primera carta apostólica, realizar el primer Congreso de jóvenes obreros, el primer Concilio de Pastores, los Cursos de superación para ministros de Estados Unidos y México.

Agregó que acude con frecuencia a este lugar, porque siente la imperiosa necesidad de animar con su presencia y su palabra a los ministros que imparten la doctrina en las iglesias de Guanajuato, cuna de la guerra cristera y de arraigado fanatismo, pero que gracias a Dios y a la visión que el Apóstol Samuel tuvo del futuro de la Iglesia en este lugar y el trabajo que Dios le ha permitido emprender, ahora sobreabunda la gracia, pues la luz de Cristo está disipando las tinieblas: “También su hermano Naasón ha querido que en Guanajuato se multiplique y se engrandezca el amor del Señor, por eso su hermano ha enviado once batallones a este estado, y por ello mi presencia física… no he venido a confirmar la fe ni ha preguntar si han creído en mí; cada uno de vosotros, con su voz, ya me lo ha dicho, he venido para encender aun más los corazones y a decirte que sigáis dando testimonio, que sigáis predicando, porque se avecina una grande lluvia de bendiciones y crecimiento…”.

La importancia del bautismo, fuente de salvación en la iglesia

Para dar curso al coyuntural tema que ese domingo impartió el Apóstol, por medio de un canto instó a la grey presente y la iglesia universal que le escuchaba por internet, que recordara de dónde los trajo el Señor y exhortó a no olvidar la situación vergonzosa en que espiritualmente los encontró el Señor antes del bautismo, cuando adoraban a lo que por naturaleza no es Dios. Con esta intención los invitó a entonar el himno n. 114,”Cuando Cristo me encontró perdido en la iniquidad, él su mano me tendió y me dio la libertad, que libertad siento hoy para mi Cristo Jesús, su vida entregó por mí ahí clavado en la cruz…”. Hermosas palabras que al entonarlas llenaban de gratitud a los congregados, y al Apóstol le hicieron exclamar: “Entonémoslo con gran orgullo y satisfacción, para que el mundo escuche nuestra voz de alegría.

Después de la alabanza, el Siervo de Dios exclamó: “Hemos sentido esa libertad y esa gracia, tú la has vivido… entonces digamos: bendito sea nuestro Señor Jesucristo, que nos ha dado esta hermosa gracia… Ahora quiero dejarte una palabra que edifique vuestra fe, que fortalezca nuestro camino para seguir adelante hacia la vida eterna. ¡Qué hermosa bendición que por la Elección, como en Jericó, se van destruyendo esas murallas¡, que han ido cayendo como el poder de ese gran inicuo, que tantos años había gobernado la tierra y había creado su propio imperio… “.

Destacó el Varón de Dios con orgullo, que en cambio, la iglesia del Señor ya tiene presencia en 54 países y hoy ya no es el pequeño grupo que era vituperado, mas ahora, agregó: han de ser cientos de almas que bendigan a Dios y vivan en la fe de la doctrina de la iglesia que los rescató y dio a conocer el camino de la salvación, medular enseñanza que el Apóstol llevó en esta presentación.

Mensaje a las visitas que acudieron a la presentación apostólica

Antes de desglosar su tema se dirigió a las numerosas visitas que por primera vez acudían a escuchar el mensaje de un Apóstol, a quienes dijo que fue Dios el que utilizando algún medio u otro, les permitió acudir: “Hoy han venido a donde reina la fe, que significa creer en lo que entiendo, contrario al fanatismo, que es ignorancia e induce a aceptar sin investigar el origen de aquella creencia…”. Les explicó que la Iglesia del Señor se rige por las enseñanzas y consejos del Señor Jesucristo, que en Lucas 13: 23 invita a ” escudriñar las Escrituras, porque ellas dan testimonio de Cristo y su doctrina de salvación, porque para eso vino el Señor, a traer salvación, para que el que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna”, e invitó a los congregados a hacer uso de esa chispa milagrosa de inteligencia espiritual que Dios da para comprender y discernir lo que Él quiere de nosotros.

La salvación, tema doctrinal de la disertación apostólica en la Torre de la fe

El Apóstol del Señor introdujo la magistral exposición del tema de la salvación, calzando sus afirmaciones con el texto aludido previamente y para anclar el mensaje en la audiencia que atenta le escuchaba, leyó el siguiente texto: “Señor, ¿son pocos los que se salvan? Jesús les dijo: esforzaos en entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar, pero no podrán” (Lucas 13:23). Acotó que este tema siempre ha inquietado al hombre que le preocupa salvarse, pero no tiene un criterio definido en cómo alcanzar la salvación; unos dicen que sólo basta creer en Cristo, otros que Dios es bueno y salvará a todos, otros aseguran que si quieres ser salvo basta con levantar la mano y decir ¡creo en Cristo!

El Ungido de Dios enfatizó que “esos pensamientos son mentirosos, dado que Cristo fue el primero que dijo que para salvarse hay que esforzarse, porque la salvación es lo que sigue a la gloria y bienaventuranza del hombre que se aparta de la iniquidad y sirve a Dios —como lo expresara el Apóstol Pablo a Tito 3:3–, ‘porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos y obstinados, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros’ De ahí que nuestras costumbres no eran conforme lo que Dios esperaba del hombre y para rescatarnos envió a su hijo, por eso se manifestó Cristo y vino a morir por la humanidad.

“Dios nos llamó, no por obras de justicia, porque éramos abominables para Él, dados a la concupiscencia y a la idolatría, desconociendo que Dios es Espíritu y así es como le debemos de adorar, no en a través de una imagen… sino en el corazón agradecido por la bondad, el amor y la misericordia de Dios para con el hombre, que nos salvó sin importar nuestra condición. ¿Cuándo vino la salvación? –interrogó a los congregados y enseguida explicó claramente– Dios, por medio del bautismo en el nombre de su hijo Jesucristo te lava, te purifica, te deja sin pecado y te llena de la gloria que sólo Él puede dar… después te hace su hijo. Así es como Él rescata al hombre y le da la salvación.”

Por lo tanto, aclaró: “No está en el hombre querer ser hijo de Dios, sino en el que Él quiere abarcar en su gracia al creer en Jesucristo, dando su primer paso de obediencia, que es el bautismo que salva, no quitando los malos deseos, pero sí dándonos una nueva conciencia, en tanto que los que no quieren tener noticia de Dios, ni escuchar las nuevas de gozo, Dios los deja…”. Incluso, afirmó que el hecho de que un misionero de la Luz del Mundo haya visitado en su hogar a una persona y ésta se resista a escuchar que Cristo vino a manifestar la salvación, cuando aquel comparezca ante el tribunal de Cristo, ahí el Señor les recordará que los llamó para abarcarlos en su gracia. Sin embargo, aclaró que nuestro Señor Jesucristo no es juicio, sino que su doctrina es para salvación y vida eterna. Tampoco Él incita a que el oyente siga adelante sin preguntar, sin comprender, sin entender, sin tener plena convicción de lo que se le ha dicho, sino que él mismo les reitera que para poder lograr esta bendición, primero deben entender para creer y bautizarse.

Cristo vino a manifestar la salvación

Con la autoridad de Cristo, el Apóstol de Jesucristo aseguró que no era coincidencia que estuviesen las visitas en ese lugar, sino que el Señor las estaba llamando a su Iglesia: “Es Dios quien ha puesto estos medios, fue la forma de atraerte, porque tú eres una alma de Dios y Él te está llamando a formar parte de este grupito que antes era despreciado, ¡mas hoy es una hermosa Iglesia que se ha levantado, causando gran asombro y alegría en todo este estado!; además esta Iglesia que yo veo no es sólo una nubecita del tamaño de una palma, ¡en un futuro en esta hermosa Iglesia habrá miles y miles de almas, que servirán y adorarán al verdadero Dios Vivo¡”.

Por ello aclaró que la explicación doctrinal de esa mañana no sólo era para los que Dios rescató y dio la oportunidad de aceptar esta verdad, “también es para aquel hermano y hermana que hoy nos honran con su presencia y que nos han visitado…”. A los que invitó a que conforme a las Sagradas Escrituras verificaran que hoy es el tiempo aceptable, el día de salvación, en que la luz resplandece en el mundo y “tú ya estabas en el plan de Dios, para que vinieras y escucharas e hicieras un balance de lo que oyes”.

Como la palabra viene a tiempo, el Apóstol afirmó categórico a esas personas que “en La Luz del Mundo no somos cristianos: ¡somos la iglesia de Cristo, que vino a manifestar la salvación!”. Aclaró que ya muchos de los presentes son nacidos en la Iglesia del Señor y les tocó vivir en el inicio de la evangelización en el estado de Guanajuato, cuando todavía había gente que buscaba la forma de ofenderlos y menospreciarlos, incluso agredirlos, únicamente porque era de un grupo diferente al de la Iglesia mayoritaria.

Por ello, agradeció amablemente a las visitas la oportunidad que se daban de escuchar la enseñanza que Dios le inspiró impartirles, a fin de que comprendiesen que no tenían razón en lo que creían, que únicamente han recibido una enseñanza religiosa que no comprendían, “mas ahora has venido a la Iglesia del Dios Vivo, donde no reina el fanatismo, que es creer en lo que no se comprende, en lo que no se discierne, en lo que les dicen: tú tienes tu fe y no preguntes”.

Enseñanza distinta a la que dejó el Señor, quien aconsejaba escudriñar las Escrituras; incluso Él mismo contestaba todas las dudas que tenían los que le seguían. Al respecto, los evangelistas refieren que una persona entre la multitud se le acerca y le hace esta pregunta: “¡Señor!, ¿son pocos los que se salvan?”, y Cristo, que vino para eso al mundo, lo exhorta a luchar por la salvación. ¿Para qué vino Cristo al mundo?, preguntó a la iglesia el Siervo de Dios, y a la vez respondió enfático: “¡Para salvar al mundo, para traer salvación, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna¡”, y enseguida, aconsejó: “Vamos a ir entendiendo, razonando y quitando el fanatismo del corazón y de nuestra mente; el fanatismo que significa ignorancia, creencia en lo que no se entiende, lo que no se sabe… y vamos a hacer un comparativo con esa chispa de inteligencia que Dios puso en nuestra mente”.

Asimismo, para ir sembrando la fe en las nuevas almas, el Apóstol del Señor les aconsejó evitar cerrar el corazón y decir: ‘Yo ya tengo esta fe y aquí voy a permanecer’, y en su lugar decir: ‘Tengo inteligencia para comprender, entender y discernir lo que realmente contestó Cristo: esforzaos’. ¿Qué fue la primero que les dijo el Señor? Que en todo aquel que ha alcanzado esta gracia debe haber un esfuerzo humano; desde el momento en que nos dice esforzaos, está manifestando que la salvación no solamente es decir ‘soy salvo, y ya’, sino que es hacer un esfuerzo, un sacrificio, un trabajo… dice el Señor: ‘Esforzaos para entrar por la puerta angosta’. ¿Quién lo está diciendo?, ¿la Iglesia La Luz del Mundo?, ¿el Hermano Naasón lo está diciendo? Lo afirmó Cristo: ‘Porque os digo, que muchos procuraran entrar y no podrán…”.

Precisó que para alcanzar la salvación hay varios requisitos que es menester cumplir; primero, el bautismo que rescata al ser humano del mundo, de las concupiscencias y perdona los pecados. Posteriormente, la recepción del Espíritu Santo y hacer obras de fe para alcanzar la vida eterna. De aquí que el Señor Jesucristo le dijo a Zaqueo: ‘La salvación ha llegado a tu casa’; es decir, que antes no la había obtenido aún. Sin embargo, tras el bautismo que rescata y trae perdón de pecados, Dios nos hace aptos para la vida eterna, porque “el bautismo que ahora corresponde nos salva…” (2a. Pedro 3:21).

En este nuevo nacimiento, el Señor forja en sus hijos una nueva conciencia, en la que gobierna su bondad, amor y misericordia. Al nacer un nuevo ser, el hijo de Dios es apto para hacer las obras que conducen a la vida eterna, negarse a sí mismos y servir al Creador.

Al respecto, el Siervo de Dios agregó que el propio Apóstol Pablo era perseguidor de la Iglesia, como hebreo muy consciente de la Ley y siempre buscando cumplirla, pero cuando vino la gracia de Dios, se dio cuenta que vivía bajo una ley que no lo amparaba, sino que esta lo llenaba de soberbia, insensatez y maldad”.

En cuanto a la Iglesia, agregó: “También éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias, maliciosos, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros… pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, al enviar a su hijo Jesucristo Cristo a la tierra a morir por nosotros, alcanzamos la esperanza de salvación”. Él hijo de Dios ya no está en esa condición humana, ahora está junto al Padre y dejó la doctrina a sus Apóstoles. En las lluvias tardías levantó a los Apóstoles Aarón Joaquín, Samuel Joaquín y actualmente al Apóstol Naasón Joaquín, llamado para guiar a la Iglesia y encaminarla a la vida eterna, porque así ha sido a lo largo de la historia del Pueblo de Dios.

Destacó que en la antigüedad sólo un Pueblo gozaba de ese privilegio santo: Israel; que fue guiado por hombres singulares, mas al no aceptar a Cristo, Dios extendió esa bendita gracia a toda la humanidad, permitiendo a su hijo pagar por la salvación de todos, y al respecto agregó: “Como cordero fue inmolado y aunque sufrió, permaneció fiel a su Padre… Cuando anduvo en la tierra impartía esta doctrina y por medio del Evangelio, Dios quita de nosotros la insensatez, la rebeldía, el extravío, la esclavitud de concupiscencias, la malicia, la envidia y el aborrecimiento que se acabó con el bautismo. que trae la salvación, no por obras de justicia para que nadie se gloríe, sino por gracia, para que demos gloria a Dios.”

A fin de interiorizar el mensaje doctrinal en la mente y corazón de la iglesia universal, que lo escuchaba através de la Internet, y cumplir con el santo propósito de su alocución entre los congregados, el Apóstol de Jesucristo mencionó las ofensas que muchos de ellos le hacían a Dios: “¡Cuantos de vosotros, hasta inclinándose a lo que por naturaleza no es Dios! La idolatría es el acto que más aborrece Dios, el inclinarse ante una imagen o ídolo, aunque el hombre diga que representa una deidad, mientras que la Palabra de Dios nos ha enseñado, desde el principio, que Él es espíritu y la adoración a Él no es a través de imágenes ni representaciones, sino en Espíritu y en verdad” (Juan 4:24).

En este tenor, el Apóstol del Señor recalcó su mensaje: “Cristo, por su amor a la humanidad, nos salvó y llamó a su camino. No lo hizo por obras de justicia, porque no las hubiéramos teníamos, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración en el bautismo y el Espíritu Santo”. Con el deseo de dejar bien arraigado el mensaje en el corazón de los fieles, el Apóstol de Jesucristo, con plena certidumbre insistió en el bautismo en agua como uno de los requisitos de salvación, manifestación de la bondad, del amor, de la misericordia de Dios para con el hombre. “En el bautismo, Dios nos rescató y nos salvó de aquel mundo donde vivíamos extraviados y éramos esclavos de nuestras concupiscencias; por eso, cuando bajamos a las aguas bautismales, lo primero que se nos preguntó fue si estábamos dispuestos a dejar el mundo y sus halagos y nosotros levantamos nuestra mano derecha y dijimos: amén, así lo haremos”.

La importancia del bautismo para perdón de pecados

En referencia al primer paso de obediencia en la fe, el Apóstol Naasón expresó con toda libertad: “Allí, en ese bautismo, Dios te santificó y te perdonó todo pecado, por más grande que este haya sido, y no solamente te justificó: te llenó de una gloria que únicamente Él puede dar al ser humano: el ser llamado Hijo de Dios”. Destacó que, erróneamente, se dice que todos somos hijos de Dios, cuando en realidad no es así. Los hijos de Dios son los que Él engendra al revestirlos del Espíritu Santo y esta dádiva es una bendición que no es del que quiere ni del que corre, sino del que Él tiene misericordia”.

Sin embargo, para que el Señor obre –afirmó el Siervo de Dios–, interviene la voluntad del hombre, cuando este da la oportunidad a Dios y escucha su voz, a través de los medios que Él le provee. Acerca de esto, recordó el Apóstol que cuando era joven y salía a la obra, lo primero que hacia era llegar a una casa a tocar y veía una calcomanía que decía: “Este hogar es católico y no se admite propaganda protestante”, y añadió: “Cuántas veces le dijimos a aquellas personas: ‘Señores, tan siquiera denos la oportunidad para que algún día ustedes no digan: ¡Nunca me hablaron de Cristo!’ Ellos nos decían: ¡Yo ya tengo mi fe, aquí nací y aquí me moriré! ‘Entonces lo hago a usted responsable –les decíamos–, porque Cristo vino a manifestar salvación en raudal, pero vosotros no quisisteis escuchar'”.

Mencionó que en esos casos los hermanos decían: “Sacudamos el polvo de nuestros pies: hemos cumplido; la familia de esta casa no puede decir: ¡Nunca me hablaron de Cristo! Cuanto estén en el tribunal de Cristo, Él les recordará: este grupo de hermanos fueron a anunciarte las Buenas Nuevas, pero tú cerraste tu puerta y no quisiste escucharlos… ¡La luz vino al mundo! Hoy es el tiempo aceptable, el día de salvación!, pero el mundo endurece su corazón”.

Por ello, valoró en gran manera la asistencia de las numerosas visitas, a quienes reiteró su agradecimiento, asegurándoles que, como Zaqueo, aquel hombre de baja estatura que subió a un árbol para ver a Jesucristo, “la salvación hoy ha venido a su casa… Dios te va a rescatar este día, a ti y a tu casa, del pecado, del mundo, de tus carnalidades, porque con la salvación nos hace aptos para la vida eterna”.

Agregó que el bautismo dota al cristiano de una buena conciencia delante de Dios, con el fin de que sea fiel y persevere en el bien hacer, lo cual implica: caminar guiado por la doctrina y disciplina del Señor, aceptar la Elección y recibir, si fuere el caso que algún día nos retiraremos de la Iglesia, al ministro para que dé un consejo y hacerle volver al camino. Así abundó: “Está Palabra nosotros se la dimos al Señor, por lo cual yo le digo a la juventud de la Iglesia: ¡No digas que es tu vida!, que tú vas a hacer lo que tú quieras… recuerda que tú cediste ese derecho a Jesucristo el día que bajaste a las aguas bautismales… ahí tú dijiste que serías de Cristo y que te sujetarías a su doctrina”.

Por tanto, el consejo apostólico para la juventud fue una invitación a perseverar en la Iglesia y en su doctrina y para ello especificó contundente: “El mundo tiene sus reglas, pero la Iglesia del Señor tiene sus propias reglas y en estas tú prometiste al Señor serle fiel para heredar la vida eterna, para entrar al reino de los cielos”.

Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida eterna

En virtud de que el segundo requisito para obtener el galardón prometido por Dios es perseverar, el Apóstol Naasón Joaquín ratificó el consejo: “El Señor viene a decirnos que si ya fuisteis salvos, ahora continúa otra responsabilidad más; cumplir la promesa que le disteís al Señor: perseverar en el bien hacer; lo cual significa no sólo ser honesto, no robar, no decir falsos testimonios, no adulterar –eso es el bien, según el hombre–.

“Al que Dios llama, le ordena además lo que le pidió a Cornelio: hacer las obras de justicia, recibir y creer en los que Dios envía para darnos a conocer su voluntad: que Cristo vino a la tierra para traernos salvación y a la par trajo una doctrina, un evangelio, en el que hay que vivir, a fin que en el día postrero no le digamos al Señor: ‘Me bauticé en tu Iglesia, en tu nombre prediqué’, y que no acontezca que Él nos diga: ¡Apartaos de mí obradores de maldad!'”.

Creer en Cristo y su doctrina es obedecer

Enfatizó que Cristo no sólo vino a darse porque si; Él vino a rescatarnos y dejarnos una ley que escribe en el corazón del creyente para que este persevere en la doctrina de los Apóstoles, como le anunció el Señor a Cornelio por medio del ángel: “tus oraciones, tus ofrendas, tus limosnas, todo lo que has hecho ha llegado para la memoria de Dios –porque era una buena persona, conforme al concepto humano–, y te ordena ahora que, además, seas bueno para Él, que creas para que seas digno y merecedor de la gracia de Cristo, a fin que puedas recibir la salvación de Dios, pues en el bautismo Cristo da la salvación, mas no la eternidad: esta hay que ganarla y sólo se obtiene creyendo en Dios, en Jesucristo y en su Enviado… les vengo a anunciar como se busca la salvación, porque esta sólo se alcanza si haces la voluntad del Señor”

Creer en Cristo por medio de su Apóstol

El Apóstol del Señor aclaró que Cornelio no se opuso a la orden del ángel ni le dijo “yo no ocupo a Pedro para salvarme, ni creer en Cristo, pues ya soy un hombre bueno”. La Sagrada Escritura refiere que Cornelio, luego de reunir a su familia, mandó llamar al Apóstol para que escuchara el mensaje, porque eso es justamente lo que Dios demanda, que la gente no diga que practican buenas obras, que no tienen pecados y que no necesitan a la Iglesia ni al Enviado; que servirán a Dios como ellos quieran y no como enseña la Palabra del Señor.

El Apóstol de Jesucristo, en esta magistral exposición, espera que la Palabra del Señor abra el entendimiento de los oyentes y les permita recibir y perseverar en la doctrina apostólica que enseña lo que es menester hacer para agradar a Dios y obtener la salvación y la vida eterna. (1a. de Timoteo 4:16)

La verdadera misión de Cristo es salvar las almas

El Apóstol del Señor espera que su palabra no les sea escándalo, porque como el Señor Jesucristo, no le predica milagros ni prodigios, “porque la principal misión de Cristo fue y es salvar las almas y como él, yo vengo a anunciar cómo se busca la salvación, que se alcanza si haces la voluntad de Dios, que es la que Él ha puesto en mis labios… El Señor no quiere que recemos avemarías o padrenuestros, sino que comprendamos y hagamos la voluntad de Dios; no que seáis perfectos, pues mientras estemos revestidos de carne le ofendemos y ponemos en peligro la vida eterna por medio de la soberbia, el hinchamiento, la corrupción, la ira, el enojo, el adulterio… pecados que nos apartan de la comunión con Dios”. Esta comunión, que ciertamente recuperamos por la oración apostólica, si perseveramos y nos sujetamos a la doctrina, la perfección nos la da Cristo.

La fe sin obras es muerta

Asimismo, el Siervo de Dios reordó que “la fe sin obras es muerta” (v. Santiago 2:14), y por ende, ¿de qué aprovecha la fe sin obras?… Y agregó: “Es necesario hacer las obras de justicia. Estas no son fuego extraño: son el sacrificio del hermano o hermana, ofrendas aceptas al Señor si se reconoce y pide perdón a Dios cuando, por descuido, le haya ofendido. Para ser fieles y perseverar en la doctrina apostólica, nos debe animar el que en aquel día le veremos tal cual es Él, lo cual sucederá porque Cristo nos hizo aptos para salvarnos y ser su orgullo”.

Para concluir su exposición doctrinal, el Apóstol invitó a la Iglesia a entonar la alabanza “Por fe voy a alcanzar la vida eterna”, e instó a los congregados a tener presente que el reconocimiento y el arrepentimiento también son obras de fe que tenemos que practicar.

Finalmente, destacó que Dios es bueno y para siempre es su misericordia, digno de toda honra, gloria y alabanza e invitó a los congregados, a que con gratitud reconozcamos que somos la Iglesia de Cristo y en oración le glorificaron.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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