Presentación Apostólica en Guayaquil, Ecuador

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 8 de octubre, en el marco de la Cuarta Etapa de su Gira Universal, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, se presentó en la Iglesia de Guayaquil, Ecuador.

En esta histórica reunión, que tuvo lugar en el “Centro de Convenciones de Guayaquil” (antiguo aeropuerto), estuvieron presentes las iglesias de Guayaquil, Cooperativa, Quito, Rancho Alto, Guamaní, Delicia, Chambó, Maná, Cuenca, Machaná, Daule, Guasmo, Durán, Prosperina, Quevedo, Babahoyo, Ventanas, El Paraíso, Ambato, Santo Domingo, El Coca, El Guayabo, El Gabo y San Juan.

A las diez de la mañana dio inicio la consagración presidida por el pastor evangelista Felipe Medina. Las hermanas y hermanos de Ecuador, ataviados de vestiduras blancas y con palmas en sus manos, esperaban con alegría el arribo del Apóstol Naasón Joaquín al recinto religioso. El reloj marcaba las 10:27 de la mañana cuando ingresó el Apóstol de Jesucristo. La algarabía y el júbilo espiritual se conjugaron al contemplar su entrada.

Después de elevar su plegaria al Creador, el Apóstol escuchó el himno de bienvenida que cantó la Iglesia en ese momento: “Bienvenido sea usted a esta nación”. Enseguida, el pastor evangelista Arturo Ramos, ministro de Guayaquil, dio la bienvenida al Siervo de Dios a este país sudamericano.

 

Salutación apostólica

“Siento una inmensa alegría por concederme el Señor estar reunido con ustedes esta mañana, bajo el amparo de la roca, la cual es Jesucristo”, fueron las primeras palabras del Apóstol del Señor a la Iglesia congregada. Y agregó:

“Me siento inmensamente agradecido con el Señor en la Cuarta Etapa de la Gira Universal. He experimentado lo mismo que le sucedió al Pueblo de Israel en el desierto, hace alrededor de cuatro mil años. Ellos, de noche disfrutaban de una columna de fuego, que les indicaba el camino que debían seguir, y Dios les enviaba una nube que recubría el resplandor del sol. Además de eso –dice la Escritura– había una roca que los seguía y era Cristo. De esa roca bebían, de esa peña se protegían y aquel peñasco era su refugio y seguridad.

“De la misma manera ha sentido su hermano Naasón: estuve con los hermanos de Bolivia y esa roca me seguía, nos cubrió y protegió y bebimos de ella. Posteriormente, estuve con los hermanos de Perú, y esa roca ha sido nuestro escudo y nuestra protección. Hoy llego a vosotros, hermanos de Ecuador, volteo y miro que sois guardados por esta roca, y por ello exclamó con todo mi corazón: ¡Bendita sea la roca de nuestra salvación! Y le digo al Señor: ‘Permítenos subir a esa roca más alta de nosotros’. Si Cristo con nosotros va, podemos decir: ‘Yo iré y no temeré’”.

 

El manto de la Elección tocó a los ecuatorianos

Sobre el reconocimiento de la iglesia ecuatoriana a la Elección, el Apóstol Naasón Joaquín fue enfático: “Con esa confianza y seguridad he llegado a este país, en donde contemplo la obra de creer en el que Dios ha enviado. Yo no había venido antes a estos lugares; nuestros rostros anteriormente no se habían visto ni nos habíamos conocido materialmente, pero el verlos y contemplar la manifestación de Dios en cada uno de vosotros, me hace sentir una inmensa alegría.

“Desde que llegué a este lugar mi corazón ha sentido esa hermosa obra perfecta que Dios ha puesto en vuestros corazones –de reconocimiento y aceptación– pero también me ha hecho sentir que pasasteis por un momento duro y triste. Llevasteis en tus entrañas aquel doloroso momento cuando Dios decidió recoger a su siervo Samuel Joaquín Flores, pero sin embargo no quedasteis en el dolor: Dios tenía puesto ya un amparo y un consuelo que viniera a vosotros.

“Dios me mandó para decirles que no estáis solos. Aquí está su hermano para servirlos y guiarlos hasta el reino de los cielos”.

El Apóstol del Señor pidió que se cantara la alabanza 541, intitulada “Tenme brillando Señor”. Antes de unirse al cántico de la Iglesia, expresó: “La verdadera función del cristiano, del hijo de Dios, es ser luminaria en el mundo, pues así nos ha puesto a cada uno de nosotros: nos ha llevado a una roca, nos ha puesto sobre un monte para que seamos visibles ante todo el mundo y éste conozca nuestras buenas obras y le dé la gloria a nuestro Dios”.

 

El papel de la mujer en la Iglesia del Señor

El Apóstol de Jesucristo recordó que durante su primera gira universal –iniciada el 15 de enero en Talca, Chile– ha hablado sobre diferentes temas: la Elección, la defensa de su ministerio apostólico, el valor de la Iglesia, entre otros. En esta presentación, el tema central fue “El papel de la mujer en la Iglesia del Señor”.

Previo a su exposición, lamentó que en Latinoamérica prevalezca el llamado machismo en determinados sectores sociales, y recalcó que en la Iglesia de Jesucristo no es así, ya que ante Dios, el hombre y la mujer tienen el mismo valor.

Recordó que los apóstoles de la Primitiva Iglesia Cristiana (del primer siglo), así como los apóstoles contemporáneos (Aarón Joaquín y Samuel Joaquín), dieron instrucciones y enseñanzas acerca de de este tema y comentó que él también siente la responsabilidad de enseñar sobre este punto doctrinal, en beneficio y edificación de la Iglesia, ya que el papel desempeñado por la mujer en la congregación es de suma importancia.

 

Antecedentes de esta enseñanza

El Apóstol Naasón Joaquín inició su exposición doctrinal, recordando el propósito divino en la creación del hombre: “En el principio Dios creó un ser a su imagen y semejanza con el propósito de que le diera la honra, la gloria y la alabanza por sí mismo. Un ser que quería hacerlo tan perfecto, por lo que creó un lugar especial para que el hombre viviera, conocido como el Edén, y le proveyó de alimento para que pudiera vivir.

“Dios le impartió el espíritu al hombre para que no solamente tuviera la vida sino también sabiduría, inteligencia y libre albedrío, para que fuera un ser agradecido que supiera reconocer los favores recibidos de su Creador y, por ende, darle la gloria, la honra y la alabanza.

”Fue tan hermosa la creación que Dios hizo en el principio, que Él mismo se paseaba en el Edén, y hablaba, convivía y se recreaba con el hombre de una forma continua en aquella perfecta creación que había hecho”.

“Dios hizo también otras creaciones: las aves del cielo, los peces de la mar, las bestias del campo… pero a diferencia del hombre, en ellas no depositó el espíritu de sabiduría; sí les dio vida, pero no fue igual como con el hombre, porque la vida del animal es su propia sangre, y este no tiene la capacidad de comprender, razonar y ser inteligente, aunque Dios le permite tener instinto y por medio de él vive el animal su propia vida”.

En otro momento, el Apóstol del Señor recordó que Dios contempló que el hombre caminaba solo, y dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Le haremos una compañera idónea”.

Refirió que la mujer sería aquella compañía que iba a ser ayuda y complemento del hombre, y con ella se iba a perfeccionar aún más aquella creación de Dios, y así el varón pudiera llevar su vida más completa y acorde al propósito divino.

 

La mujer también fue creada a imagen de Dios

En su exposición doctrinal, el Apóstol de Jesucristo apuntó: “El hombre nada tuvo que ver con la creación de la mujer. Lo dice categóricamente la Escritura: ´Varón y hembra los creó Dios´; además, los bendijo y les dijo: ´Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra´ (Génesis 1:28). Esto quiere decir que también la mujer fue bendecida por Él. Esta es la enseñanza que se predica en la Iglesia del Señor.

“En la creación de Dios, su imagen no corresponde al sexo en sí como hombre o mujer: su imagen no radica en el cuerpo sino en el espíritu, en el soplo de vida que Él introduce dentro del hombre. Es, pues, en la parte espiritual donde radica esa imagen, esa semejanza de santidad, porque Dios ni es hombre ni es mujer: es Espíritu. Ambos, varón y mujer, fueron creados a semejanza de su imagen. No debe existir pues en la Iglesia del Señor una desigualdad entre el hombre y la mujer, porque esa idea no sólo afecta el entender los propósitos de Dios, sino que a veces va más allá y perjudica aún la relación familiar, perjudica los matrimonios”.

Recordó además, que no se debe interpretar una “falsa superioridad” del hombre, bajo el argumento de que éste fue creado del polvo de la tierra y la mujer fue tomada de su costilla: “Si Dios quiso formar al hombre del barro de la tierra fue porque él quiso. Y si quiso formar a la mujer de la costilla fue también porque él quiso, no porque necesitaba del barro para poder formar al hombre ni porque necesitaba de la costilla del hombre para formar a la mujer, porque Dios no necesita de nada para hacer lo que él quiera: para Él no hay reglas ni límites”.

Enseguida, citó el siguiente pasaje: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3), y añadió: “Dios no necesita de nada para crear algo, basta su palabra para que se haga lo que Él quiere. Si hubo una razón para formar al hombre del barro fue porque ese cuerpo humano, el material, en los planes de Dios iba a retornar al polvo. Y el espíritu que sale de Dios, iba a retornar a Él”.

 

La mujer en los propósitos divinos

En otro momento, el Apóstol del Señor recordó cómo Dios se manifiesta también a través de las mujeres, y afirmó que no sólo usa al hombre para sus propósitos, sino que también utiliza a la mujer para incluirla en su plan bendito, en sus propósitos.

Refirió que la enseñanza cristiana no viene a deshonrar al hombre ni a levantar a la mujer contra él, así como tampoco pretende humillar a la mujer sobre el hombre: “Dios ha dignificado siempre a la mujer y le ha dado un lugar de honra en la historia de la humanidad”. Citó como ejemplo, que el Creador escogió a muchas mujeres valientes y las llenó de fe, caridad, sabiduría, justicia, valentía y de comprensión para incluirlas en sus planes benditos y hacerlas parte de esa obra perfecta.

Resaltó que hay diversos acontecimientos heroicos que han trascendido a través de la historia, en donde la mujer ha jugado un papel preponderante. “Así como Dios toma a los hombres, lo hace también con las mujeres para cumplir su plan bendito. Y así también las utiliza para poner en ellas espíritu de valentía, lealtad, fidelidad y obediencia”, refirió.

 

Testimonios históricos en el Pueblo de Israel

En otra parte de su exposición, el Apóstol recordó algunos de los sucesos históricos del pueblo de Israel, donde las mujeres tuvieron un papel destacado. Citó, en primer lugar, el testimonio de las parteras a las que Faraón encargó que mataran a los niños de los hebreos: “Aquellas mujeres tuvieron temor de Dios, y aunque Faraón les había dado una indicación, ellas no obraron de tal manera, y permitieron que los hebreos vivieran y el pueblo creciera y se fortaleciera cada vez más, a pesar de que esa desobediencia a Faraón constituía una pena de muerte.

“¿A qué se debió que aquellas mujeres no consumaron ese acto? A que Dios infundió su temor en ellas, porque es Él quien produce en nosotros el querer como el hacer. De ellas solas no nació ese sentir: fue Dios el que puso en sus corazones ese sentir, esa determinación, esa sensatez y esa prudencia para no obrar tal vileza contra aquellos niños, por el temor que había en ellas del verdadero Dios. Él utilizó a aquellas mujeres para que su Pueblo se siguiera multiplicando de acuerdo con su plan que tenía para con Israel” (Éxodo 1: 15-22).

Recordó también a Jahel, una mujer valiente e inteligente que tuvo un papel muy importante en la batalla de liberación del pueblo de Israel. Actuó de una manera estratégica a favor de los judíos, al grado de que fue la primera mujer que Dios proclama su bendición sobre ella: “Bendita sobre todas las mujeres seas Jahel” (Jueces 5:24).

Otra mujer digna de encomio fue Esther –recordó el Apóstol de Jesucristo–, a quien Dios usó para librar al pueblo de Israel de la muerte, ante las pretensiones de Amán de aniquilar al Pueblo de Israel a través de leyes injustas. A través de ella, Dios había preparado el camino para detener la destrucción de los judíos. Por los consejos de Mardoqueo, Esther se había ganado las simpatías del rey y cuando se presenta ante éste para interceder por el pueblo y logró librar del exterminio que procuraba Amán (Esther 2). Así como este ejemplo, existen otros más en las Sagradas Escrituras.

 

Testimonios históricos en la época de Jesucristo

El Apóstol de Dios, siguiendo una cronología sistemática, continuó: “En el tiempo del Señor Jesucristo, cuando él establece su Iglesia, incluyó también mujeres para ayuda de su ministerio. Hubo mujeres involucradas, desde aquellas que le servían con sus bienes, como Juana, la mujer de Chuza –quien fue intendente de Herodes (Lucas 8:3)–, así como una mujer llamada Susana, y otras más que le servirán de sus bienes.

“Sus maridos, quienes habían creído en el Señor, en los cuales Él había hecho su obra perfecta para que aceptaran a Jesucristo como su Salvador, les daban todo el apoyo a sus compañeras, para que, de aquella riqueza y tesoro que guardaban en su vida –por sus trabajos que ellos tenían y las haciendas que trabajaban–, de ahí sirvieran al hijo de Dios”.

Destacó que mujeres como Marta y María, atendían a Jesucristo cuando él llegaba a Jerusalén. Y cómo Juana, Susana y otras mujeres, recibían al maestro en aquellos lugares con abundancia. Estas mujeres también fueron usadas por Dios para servir, para estar al pendiente del hijo de Dios. Y esta entrega no sólo fue en lo material sino también en lo espiritual, porque fueron ellas las primeras que anunciaron y predicaron la resurrección del hijo de Dios. Aún en la predicación fueron tomadas para anunciar el evangelio de Jesucristo.

 

Testimonios históricos en la época de los apóstoles

En el tiempo del apóstol Pablo, Dios permitió que mujeres colaboraran en su ministerio, recordó el Apóstol Naasón Joaquín y agregó: “No mencionamos a los demás apóstoles porque el resumen o testimonio de ellos es mínimo. Lo que se logró guardar de aquellos documentos –sus cartas– que siguen perdidos, sabemos que en el ministerio del Apóstol Pablo había mujeres que le ayudaban, entre ellas la hermana Febe, quien fue una diaconisa, que prestaba un servicio a la Iglesia y que había sido ayuda para muchos y aún para el propio apóstol (Romanos 16:1-2). Dios la usó para llevar parabienes a su Iglesia.

“Otra mujer, Priscila, esposa del hermano Aquila, fue colaboradora del Apóstol Pablo. Una mujer sabia, inteligente, madura en su fe, colaboradora importante en el ministerio apostólico, instrumento de Dios… En suma, el Señor utiliza también a la mujer y la convierte en influencia para ayuda”. A continuación, citó el siguiente pasaje: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1 Corintios 11 11-12).

 

El hombre y la mujer son iguales ante Dios: enseñanza apostólica

En su extenso estudio, el Apóstol de Jesucristo señaló que el varón y la mujer son iguales ante Dios: “El hombre no es un ser de primera ni la mujer un ser de segunda. Somos iguales ante el Señor. Si los hombres en sus naciones hace apenas unos años han reconocido la igualdad de la mujer, la palabra de Dios desde hace mucho tiempo nos lo enseñó.

“Desde el tiempo de la gracia, tanto la mujer como el hombre, para el Señor son exactamente lo mismo y están en un mismo nivel: ´Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús´ (Gálatas 3:28).

“En el Señor hay igualdad para salvación, pues corporalmente cada uno lleva obligaciones diferentes porque así el Señor lo quiso. El hombre y la mujer en su constitución corporal son diferentes”.

 

Mandamientos de Dios para el hombre y la mujer

El Apóstol de Dios recordó el papel que el Señor Jesucristo estableció para el hombre en la familia: “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:23-24).

Recalcó, sin embargo, que cabeza “no quiere decir el que manda, ordena u obliga sino el que dirige”. Y agregó: “Hay grande diferencia entre ordenar, obligar y dirigir. El que Cristo sea la cabeza ¿hace que la Iglesia se sienta menos o sin valor? Al contrario, nos hace sentirnos seguros, protegidos, cuidados… Y el que Cristo sea la cabeza, ¿ha sido para maltratar a la Iglesia? ¿Para pisotearla, ofenderla o violentarla? Al contrario, Cristo nuestra cabeza y nuestro Señor, murió por nosotros, aboga por nosotros, cuida de nosotros, protege de nosotros… Y todavía nos va dar la salvación.

“¿El que el hermano sea cabeza lo hace superior a su esposa? Dice el mandamiento: ´Maridos, amad a vuestras mujeres…´, no dice ´obliga a tu mujer a que te obedezca´, sino que la ames. A la mujer le dejó el mandamiento de obedecer a su marido en el Señor. Al esposo no le dio el mandamiento de obligarla a que le obedezca (´Marido, obliga a tu mujer a que te obedezca…´).

“¿Cuál mandamiento te dejo a ti, hermano?, ¿Y cómo comparar el amor que tú le debes tener a tu mujer? Como amó y ama Cristo a su Iglesia, entregándose por ella… Tu esposa debe recibir tu amor, tu atención y tu cuidado. Si tu mujer no te ha llegado a respetar, tú debes preguntarse: ¿estaré faltando a mi mandamiento? Porque alguien puede pensar de una forma machista y decir: ‘A mí el Señor me puso como cabeza, y me tienes que obedecer’. ¿Cuándo el Señor nos dijo cuál era este derecho? Este derecho se gana solo.

“Hay alguien que cuida de nosotros y ese cuidado hace que yo ame a mi Señor; hay alguien que nos protege nosotros, y esa protección hace que yo ame a mi Señor; hay alguien que nos perdona y ese perdón y misericordia hacen que yo ame a mi Señor y que siempre viva esforzado para hacer su voluntad. ¿Cómo se ganó Jesucristo nuestra obediencia? ¿Cómo se ganó Jesucristo nuestro respeto? ¿Cómo se ganó Jesucristo nuestra sujeción a su Palabra? Por sus cuidados, su amor, su protección… es por ello que hombre debe tratar a su mujer como el vaso más frágil.

“El mandamiento que dejó Jesucristo a la mujer fue obedecer y sujetarse en el Señor a su marido. Si la mujer ve que en la doctrina el marido hace algo incorrecto, ella puede servir de estorbo. La obligación de la mujer de estar sujeta y en obediencia al esposo termina hasta que éste deje de hacer la voluntad de Dios. Hasta ahí se acabó el compromiso, porque la mujer le merece al marido obediencia, sujeción, respeto en el Señor…

“El compromiso del marido con su mujer, es el de protegerla, amarla y cuidarla, tanto en la abundancia como en la escasez; en la salud como en la enfermedad; en la riqueza como en la pobreza; en la necesidad como en el bienestar… El hermano prometió a Dios cuidar, amparar y amar a su esposa, y a ella se le preguntó si estaba dispuesta a sujetarse a él, respetarle, verlo como su cabeza, en lo que es el orden del Señor… Y ambos dijeron: amén.

 

El respeto dentro del matrimonio cristiano

En la parte final de su exhortación apostólica, el Siervo de Dios dio un consejo a la Iglesia: “Para que tú, hermano, logres que tu compañera te respete ocupas primero amarla. Y si tu marido te ama, te protege, te cuida y provee lo necesario, no es para que tú cometas la ofensa y el pecado de estar sobre de él, porque ese no es el lugar que Dios te dio. Al hombre le dio Dios una obligación y a la mujer le dio otra”.

Recordó que hay quienes desvirtúan los textos bíblicos para demeritar a la mujer, descontextualizando el suceso cuando el apóstol Pablo ordenó callar a las mujeres de la Iglesia de Corinto: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación” (1 Corintios 14: 34-35).

Destacó la importancia de analizar el contexto en que fue escrita esta epístola: “En Corinto se vivía una situación muy difícil: una revuelta muy triste, a causa de un ministro deshonesto llamado Apolos, quien ambicionaba el lugar del Apóstol del Señor, y había creado en Corinto una situación de división muy lamentable. Entonces, unos decían: ´Yo soy de Apolos’; otros decidan, ‘yo soy de Cefas…´ Y claro, no solamente eran los hombres sino también las mujeres. Y es que en ocasiones la mujer se llena de valor porque sabe que un hombre no puede agredirla, y eso permite que sea la que más se atreva a estar levantando la voz. Ese fue un factor importante para que el apóstol Pablo dijera que la mujer calle en la congregación, porque ya en las mismas congregaciones se oía este desorden”.

Invitó a hacer la diferencia entre lo que es una mujer sabia para enseñar y la que no lo es… Ya que justamente la situación anterior se prestaba para muchas cosas, al grado de que el apóstol Pablo tuvo que hacer uso de su facultad para dar aquella orden en la Iglesia de Corinto y las hermanas de aquel lugar dejaron un poquito de intervenir en los asuntos de la Iglesia del Señor.

 

La mujer cristiana debe buscar la superación continua

El Apóstol Naasón Joaquín, por último, destacó que en el aspecto espiritual el Señor Jesucristo estableció el ministerio en el hombre: “Dios usó también a la mujer para sus propósitos, pero siempre lo ha hecho bajo la vigilancia del que Él ha establecido para guiar a su Iglesia, pero eso no quiere decir que la mujer no hable la congregación”.

Recordó que el apóstol Aarón Joaquín González estableció la oración de nueve de la mañana, con el propósito de que la hermana casada, mientras sus hijos se iban a la escuela, su esposo salía a trabajar y ella tenía tiempo libre, asistiera a la casa de Oración para consagrase y pedir por los suyos. Fue el mismo apóstol Aarón Joaquín, quien viendo lo anterior dijo: ´Si ya se reúnen, por qué no se exhortan al amor y las buenas obras entre ustedes´. “Hoy en día acuden también hombres, en donde escuchan aquellas palabras que también son dirigidas por el Espíritu de Dios para edificación de la Iglesia, ya que toda palabra de Dios edifica”, agregó el Siervo de Dios.

La mujer, pues, tiene un papel muy importante en la Iglesia del Señor, afirmó el Apóstol de Jesucristo y enfatizó: “Nosotros tenemos que obedecer el mandamiento que Dios nos da: ´Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo´ (1 Pedro 3:7). Por ello, el hombre no debe caer en la vileza de golpear a una mujer. Un hombre tiene que darle un honor a su mujer y comportarse como un verdadero cristiano: un cristiano es un seguidor de Cristo, por eso, así como Cristo amó a su Iglesia y se sacrificó a sí mismo por ella, así el hombre debe sacrificarse y entregarse a su mujer”.

A las esposas dijo: “Invito a las hermanas a honrar el lugar que Dios les ha dado como coherederas de la gracia de Cristo”. A los esposos exhortó: “Debes estar en armonía con tu compañera para que tus oraciones sean escuchadas por Dios. Cuántas veces al estar juzgando y criticando a nuestra compañera nos estamos viendo viles como hombres, porque ella es la madre de nuestros hijos, y lo único que estamos haciendo es denigrándonos a nosotros mismos”. Y concluyó: “Al igual que la mujer, cuando está hablando mal de su marido no solo lo está denigrando: está destruyendo su familia, su casa y sus hijos, porque aunque no quiera sujetarse a su marido, sus hijos lo aman, los respetan… Por eso tenemos que vivir entre nosotros con sabiduría, porque así como nosotros somos coherederos de la salvación, así nuestras hermanas.

“Practiquen la sujeción a sus maridos en el Señor, porque ellos son vuestra cabeza. Si tu marido hace algo que ofende al Señor, tu obligación es reportarlo con tu ministro. La mujer es la ayuda idónea que Dios puso al marido para complementar y a hacer a este matrimonio perfecto: ´Si estás bien en el Señor yo me alegraré contigo esposa, pero si ofendes al Señor, yo seré el primero en reportarte con mi ministro para que te nos dé un consejo y de su ayuda y así volver a hacer las cosas correctas del Señor.

“Mujeres, ocupen el lugar de honra que Dios les ha dado en ser maestras del bien, para aconsejar a sus hijos y a la juventud de la Iglesia del Señor (Tito 2:3)”. “La mujer sabia edifica su casa y la necia con sus propias manos la derriba” (Proverbios 14:1).

 

Despedida

Antes de concluir su presentación, el Siervo de Dios expresó: “Mujeres: en mi ministerio apostólico vosotras también tenéis un lugar, un trabajo. Su hermano Naasón desea que colaboréis también conmigo, en la tarea de infundir principios y valores a vuestros hijos; educar a vuestra simiente para que cuando fueran viejos no se aparten de la Iglesia del Señor; sean compañeras idóneas y complementos a vuestros maridos; formen hogares que teman a nuestro Dios; se superen intelectual y académicamente para poner en alto en nombre de nuestro pueblo; pero sobre todo, se ejerciten en las cosas espirituales y prediquen con el ejemplo. Vosotras sois de mucho valor para Dios: son coherederas de la gracia y de esta salvación. Las palabras que hoy he hablado, Dios las engrandezca en vuestra mente y corazón”.

Invitó a la Iglesia a cantar la alabanza 302, “La esposa se viste de gala”, y adelantó que en breve enviará un batallón de jóvenes misioneros para que inunde a Ecuador de la Palabra del Señor. Concluyó así la visita del Apóstol de Jesucristo a este país sudamericano para iniciar la siguiente ruta de su periplo pastoral: la República de El Salvador.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.